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Todo Empezó En Navidad

Todo Empezó En Navidad

Status: En proceso
Genre:Traiciones y engaños / Romance entre patrón y sirvienta
Popularitas:26.1k
Nilai: 5
nombre de autor: @ngel@zul

Una tarde fría de diciembre, Lucía se cruza con una niña perdida en la calle. Sin dudarlo la consuela y protege, sin imaginar que ese pequeño acto cambiará su vida para siempre. Su padre, Alejandro Ferrer, un poderoso empresario, no puede ignorar la angustia y la felicidad que Lucía despierta en su hija.
Mientras Alejandro busca desesperadamente a alguien que cuide a Emma, se da cuenta de que ninguna niñera parece estar a la altura… se da cuenta de que su hija no deja de mencionar a “la chica de la bufanda”. Y decide contratarla. Entre tensiones, celos y secretos, Lucía tendrá que marcar sus límites mientras Alejandro se debate entre lo correcto y lo que su corazón comienza a desear.
Una historia de amor, familia y segundas oportunidades, donde la Navidad no solo trae luces y regalos, sino también destinos que no pueden ignorarse.

NovelToon tiene autorización de @ngel@zul para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Un plan fallido

​Alejandro terminó de desabrocharse los puños de la camisa sin dejar de mirar a Valeria. Sus ojos eran dos pozos de frialdad, oscuros y profundos, donde se reflejaba una determinación que ella no había sabido leer. El hecho de haber visto a su hija con rastros de llanto, con las mejillas surcadas por lágrimas secas que brillaban bajo la luz tenue de la lámpara de noche, lo tenía en un estado de irritación latente que su cuñada acababa de encender con su sola presencia.

​—En primer lugar, Valeria —dijo él, con una voz peligrosamente baja, de esas que usaba para cerrar acuerdos hostiles en la junta directiva—, cualquier decisión sobre Emma, sobre quién la cuida, quién le da de comer y quién entra en esta casa, es absolutamente mía. Yo soy su padre. Mi autoridad sobre su bienestar no es algo que esté a discusión con nadie, y mucho menos contigo.

​Valeria abrió la boca para protestar, con el nombre de su hermana muerta en la punta de la lengua listo para ser usado como escudo, pero Alejandro no le dio espacio ni para un suspiro.

​—Y en segundo lugar —continuó él, dando un paso hacia ella—, te he dicho más de una vez que este es mi dormitorio, mi lugar privado. No tienes nada que hacer aquí, y mucho menos a estas horas de la noche. Si quieres discutir sobre el personal, sobre tus quejas o sobre cualquier nimiedad, hazlo en mi despacho, en horario laboral y con una cita previa gestionada por mi secretario. Sal de aquí. Ahora.

​Valeria se puso rígida, el color subiéndole a las mejillas en una mezcla de vergüenza y furia contenida. La humillación de ser tratada como una intrusa en la casa de su cuñado le escocía más que cualquier insulto. Dio media vuelta sin decir palabra, haciendo que sus tacones resonaran con una violencia rítmica contra el suelo de madera antes de cerrar la puerta de un golpe que hizo vibrar los cuadros de la pared.

​A la mañana siguiente, el sol aún no se asomaba por las colinas de Bel-Air cuando Lucía ya estaba en pie. Había dormido poco, con la mente dividida entre la imagen de Emma y la preocupación constante por la salud de su madre, quien enfrentaba su tercer día completo en la clínica. A pesar del cansancio, se obligó a poner su mejor cara; sabía que la niña necesitaba estabilidad, no más caras largas.

​Bajó a la cocina, y con el permiso silencioso de Rosa, la cocinera jefa que la observaba con ojos maternales, preparó un desayuno especial. No era el menú sofisticado de huevos benedictinos que solían servir, sino unas tortitas con formas de animales y un zumo de naranja recién exprimido.

​—Eso sí que la pondrá contenta —comentó Rosa con una sonrisa cómplice, viendo cómo Lucía decoraba el plato con trozos de fruta—. Esa niña necesita más de esto y menos de... bueno, ya sabes.

​Lucía asintió agradecida, tomó la bandeja de plata y comenzó el ascenso hacia el piso superior. Caminaba con un cuidado extremo, casi sin respirar para que el zumo no se derramara sobre la loza fina. Estaba terminando de doblar la esquina del pasillo principal cuando el caos ocurrió.

​No fue un accidente fortuito. Valeria apareció como una ráfaga, interponiéndose en su camino con un paso decidido y calculado. Justo al pasar al lado de Lucía, le propinó un golpe firme y seco con el hombro, con la fuerza suficiente para desestabilizarla.

​La bandeja se inclinó violentamente. Lucía intentó sostenerla con un esfuerzo desesperado, pero la física fue implacable. El estruendo del cristal rompiéndose contra el suelo resonó en todo el ala de la mansión, y el zumo de naranja se extendió como una mancha brillante sobre la inmaculada alfombra blanca.

​—¡Oh, por Dios! —exclamó Valeria, deteniéndose y mirándola desde su altura con una sonrisa cruel y victoriosa—. Qué torpe eres. Supongo que es lo que pasa cuando traes gente de la calle a vivir en un palacio; no saben ni cómo sostener una bandeja sin romper algo. Eres una vergüenza para el servicio.

​Lucía, con el corazón martilleando en sus oídos, se arrodilló de inmediato para recoger los vidrios, sintiendo la humillación quemándole la garganta. Levantó la vista, encontrando los ojos de odio de la otra mujer.

​—Señora, esto no ha sido mi culpa —dijo Lucía con la voz temblorosa pero clara—. Usted se atravesó a propósito.

​—¡No me repliques! —le cortó Valeria, su voz subiendo de tono—. Te lo advertí ayer y te lo repito hoy: tú no perteneces aquí. Eres una simple empleada, una pieza reemplazable, y deberías estar agradecida de que no vaya ahora mismo donde Alejandro y le exija que te eche a patadas por este desastre. Mírate, ni para limpiar sirves.

​—Ella no va a ir a ninguna parte.

​La voz de Alejandro tronó desde el final del pasillo, cargada de una potencia que detuvo el tiempo. Ambas mujeres se tensaron. Él se acercaba con paso rápido, vestido ya con su traje impecable de sastre, pero con una expresión de furia absoluta que Lucía nunca le había visto. Se detuvo frente a Valeria, ignorando por un segundo el desastre de comida y vidrios en el suelo.

​—Vi lo que hiciste, Valeria. Estaba saliendo de mi habitación y vi perfectamente cómo te cruzaste en su camino para provocar esto —dijo Alejandro, su voz vibrando de una autoridad gélida—. También he notado que anoche no fui lo suficientemente claro: Lucía está en esta casa por una única razón, que es cuidar de mi hija. Y te aseguro que lo hace mil veces mejor de lo que cualquiera de nosotros lo ha hecho.

​—¡Alejandro, por favor! ¡Es solo una niñera, estás defendiendo a esta mujer por encima de la memoria de mi hermana, por encima de tu propia familia! —gritó Valeria, recurriendo a su táctica habitual de manipulación emocional.

​—No te atrevas a meter a tu hermana en tus bajezas —respondió él, acortando la distancia hasta que Valeria tuvo que retroceder hasta chocar con la pared—. Mi esposa amaba a nuestra hija más que a nada en este mundo, y sé que ella querría ver a Emma feliz y tranquila, no llorando hasta quedarse dormida por el miedo que tú le infundes. Ayer decidiste alejarla de la única persona que la consuela, y eso es algo que no voy a perdonar.

​Valeria temblaba de rabia, sus manos se cerraban en puños, pero Alejandro no había terminado de imponer su ley.

​—Escúchame bien: si no eres capaz de respetar a Lucía y, sobre todo, si no puedes entrar en esta casa con buenas intenciones hacia mi hija y hacia quienes la rodean, entonces no regreses. No quiero volver a verte por aquí hasta que entiendas de una vez por todas que en esta casa mando yo, y que Lucía tiene mi total respaldo.

​—¡Te vas a arrepentir de esto, Alejandro Ferrer! ¡Esa mujer te va a arruinar! —chilló Valeria antes de salir huyendo hacia las escaleras, derrotada.

​El silencio volvió al pasillo, un silencio que pesaba. Alejandro suspiró profundamente, tratando de calmar los latidos de su propio corazón, y bajó la vista hacia Lucía. Ella seguía en el suelo, tratando de limpiar el zumo con una servilleta de tela, con la cabeza baja. Sin decir nada, él se agachó a su lado, reduciendo la brecha de poder entre ambos, y le tomó suavemente la mano para que dejara de recoger los cristales.

​—Deja eso, Lucía. Rosa enviará a alguien del servicio de limpieza con el equipo adecuado —dijo él. Por primera vez, su mirada hacia ella era diferente; ya no era la del jefe distante, sino la de un hombre que empezaba a ver la humanidad y la fortaleza de la mujer frente a él—. Siento mucho lo que acabas de pasar. No deberías haber sido blanco de su odio.

​Lucía lo miró a los ojos, notando la calidez de su mano sobre la suya. El contacto la hizo sentir una seguridad que no había experimentado desde la muerte de su padre.

​—Gracias, señor Ferrer... pero no quiero ser la causa de que usted se pelee con su familia —susurró ella.

​Alejandro la ayudó a ponerse en pie, pero no soltó su mano de inmediato. La miró con seriedad, fijando sus palabras en la mente de la joven.

​—Escúchame bien, Lucía. Te pido, no, te ordeno, que no vuelvas a permitir que Valeria, ni nadie en esta casa, te dé órdenes que no me correspondan a mí. Y mucho menos —añadió con énfasis— que permitas que te menosprecien. Estás aquí porque eres valiosa, porque tienes algo que todo mi dinero no pudo comprar: el corazón de mi hija. No agaches la cabeza ante nadie, ¿entendido?

​Lucía asintió, sintiendo que un nudo de gratitud se formaba en su garganta. Alejandro le dedicó una última mirada intensa antes de soltarla.

​—Ve a ver a Emma. Yo me encargaré de que te preparen otra bandeja. Hoy va a ser un buen día, a pesar de este comienzo.

​Lucía caminó hacia la habitación de la niña sintiendo que el aire de la mansión, antes gélido y hostil, empezaba a calentarse con una luz nueva.

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Carmen Palencia
está novela está súper buenísima 👏 nos puedes regalar más capitulos de esta hermosa historia 👏👏
Melisuga
Valeria debería atragantarse con su propio veneno y morir.
Nairobis Cardozo Portillo: Totalmente de acuerdo contigo
total 1 replies
Melisuga
Me alegra que Alejandro esté tan bien enfocado en sus objetivos y tenga planes de contingencia para todo. Valeria no sabe de lo que es capaz un hombre enamorado cuando tiene que proteger a su familia.
Mine Romero
Esta buenísima, por favor nos puedes regalar más capítulos muchas gracias 👏👏
Susy Chris Niz 🇦🇷🇰🇷🇨🇳
me encantó mucho la historia y en la forma de escribir de la autora te transmite tanto emoción y reflexión. Que te trasportar a la historia. Mis felicitaciones autora
Susy Chris Niz 🇦🇷🇰🇷🇨🇳
Mis respeto autora. Desde que empeze a leer quedé atrapada. 👏 Es la primera vez que estoy leyendo una de sus novelas y la expectativa me dejo con ganas de más.
Erika Estrada
Valeria te arrepentir de lo que hiciste
Erika Estrada
/Sob/ hay que perdida vamos a sufrir
Carmen Palencia
gracias por actualizar por favor denos más capitulos seguidos de esta hermosa historia que me encanta
Mariela Alejandra Gonzalez
hay que exponer a Valeria sacar los trapitos sucios porque seguro que los tiene. es que hdp!!!!
Mine Romero
👏👏👏Muchas gracias por actualizar , excelente novela, felicidades 👏
Nairobis Cardozo Portillo
😔😔😔😔
Melisuga
Espero que Alejandro haga caer al lodo a Valeria y que esta se revuelque y trague tanto que quede hundida por el peso de su propia podredumbre y miseria.
Nairobis Cardozo Portillo: Totalmente de acuerdo contigo
total 1 replies
Melisuga
Un capítulo muy triste.
Tere Jimenez
gracias por compartir esta hermosa felicidades
Luz Ines Puerta Rojas
Lastima que el final no es el esperado, quedó corto el final, pues le faltó el final de que pasa con Valeria???
Tere Jimenez
muy hermoso capitulo gracias
Tere Jimenez
muy interesante el capítulo felicidades
Nairobis Cardozo Portillo
❤️❤️❤️❤️❤️❤️
Erika Estrada
gracias por el capitulo 🥰
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