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La Mujer Sin Rostro

La Mujer Sin Rostro

Status: En proceso
Genre:Reencarnación(época moderna) / CEO / Posesivo
Popularitas:2k
Nilai: 5
nombre de autor: Jesse25

Hay amores para toda la vida y todas las vidas que sigan.

NovelToon tiene autorización de Jesse25 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

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Acto II: La Doble Vida

Capítulo 21: Él (Las cicatrices)

No dormí esa noche.

Después de que ella se fue, después de que la puerta del ascensor se cerrara llevándose su olor, su calor, su presencia, me quedé solo en el ático. Madrid brillaba abajo, indiferente, y yo apoyé las manos en el ventanal sintiendo el frío del cristal.

Había hecho lo correcto.

Tenía que hacerlo.

Cuando tenía quince años, le conté a mi padre lo de Iliv.

Fue un error. Nunca debí hacerlo.

—¿Una mujer de otra vida? —dijo, con esa mezcla de desprecio y cansancio que usaba siempre conmigo—. ¿Estás loco, Marcos? ¿O solo quieres llamar la atención?

No estaba loco. No quería llamar la atención. Solo quería que alguien me creyera.

Nadie lo hizo.

Crecí aprendiendo a callar. A guardarme mis recuerdos, mis sueños, mi obsesión. Pero el dinero, el poder, la posición... todo eso hace que la gente hable. Y pronto, demasiado pronto, mi secreto dejó de serlo.

En los círculos del arte, se sabía. El joven Moncada buscaba a una mujer con una marca en forma de estrella en la espalda. Una obsesión de infancia. Un amor de otra vida. Una locura.

Y las mujeres empezaron a llegar.

La primera se llamaba Raquel.

Morena, pelo largo, manos delicadas. Apareció en una exposición, se las arregló para quedarse a solas conmigo, y cuando nos acostamos, "descubrió" que tenía una marca en la espalda. Una estrella.

No era igual. Lo supe en cuanto la vi. Demasiado grande, demasiado oscura, demasiado... nueva. Pero quería creer. Necesitaba creer.

—¿La has tenido siempre? —pregunté.

—Claro —dijo ella, sonriendo—. Desde que nací.

Mentira. La marca desapareció con alcohol y maquillaje tres días después, cuando intenté volver a verla y ella ya había conseguido lo que quería: un pago, un silencio, un acuerdo.

Me costó veinte mil euros callarla.

Luego vino Paula.

Luego Silvia.

Luego Natalia.

Todas morenas. Todas con "marcas" que se desvanecían, que cambiaban de forma, que resultaban ser tatuajes temporales, maquillaje, cicatrices viejas que no se parecían en nada a la estrella de mis sueños.

Aprendí a desconfiar.

Aprendí a no creer.

Aprendí que cuando alguien dice tener la marca, lo más probable es que quiera mi dinero, mi posición, mi poder.

Hoy, mientras huía de Irene, sonó el móvil.

Número conocido. Elena.

—Marcos.

—Elena.

—¿Cómo estás?

—Bien. ¿Tú?

—He pensado en nosotros. En lo que pasó. En lo que hice.

—No hiciste nada. Fui yo.

—Lo sé. Pero quizá... quizá podría intentarlo otra vez. Si tú quieres.

La miré. Su voz, suave, cuidadosa. La mujer que huyó de mí porque la encerraba. La única que se fue antes de que pudiera destruirla del todo.

—No —dije—. No puedo.

—¿Por qué?

—Porque he encontrado a alguien.

—¿Alguien?

—La mujer que busco. La de siempre.

Silencio. Luego su voz, más fría:

—¿Otra con una estrella en la espalda?

—Esta es diferente.

—Todas lo son, Marcos. Hasta que no lo son. ¿Cuántas han sido ya? ¿Seis? ¿Siete?

—Esto es distinto.

—Siempre dices lo mismo. Y luego descubres que es un tatuaje, o maquillaje, o una estafa. Y vuelves a empezar.

—Elena...

—No quiero hacerte daño. Pero mírate. Llevas treinta años buscando a un fantasma. Y cada vez que crees encontrarla, te destrozan. ¿Hasta cuándo?

Colgó.

Me quedé mirando el teléfono.

Sus palabras resonaban en mi cabeza como un eco. ¿Hasta cuándo?

Y entonces pensé en Irene.

En su estrella. En mi reacción. En cómo la besé, la toqué, la recordé. En cómo lloré contra su espalda.

¿Y si era otra? ¿Y si su marca también era falsa? ¿Y si todo esto era una elaborada estafa para... para qué? ¿Para acostarse conmigo? ¿Para conseguir un cheque? ¿Para qué?

No lo sabía.

Y no podía arriesgarme.

Por eso hice lo que hice.

Cuando entré en el ático y la vi allí, con mi camisa puesta, esperándome como una esposa paciente, sentí pánico. Pero no el pánico de perderla. El pánico de estar repitiendo la misma historia de siempre.

—Fue un error —dije.

—¿El qué?

—Esto. Lo de anoche. Nosotros.

Ver su cara desmoronarse fue como un puñal. Pero necesitaba distancia. Necesitaba tiempo. Necesitaba pensar sin su olor en mis sábanas, sin su cuerpo en mi memoria, sin la posibilidad de estar cayendo otra vez en la misma trampa.

—¿Un error? —repitió—. ¿Me estás diciendo que lo de anoche fue un error?

—Sí.

Cada palabra me costaba. Cada sílaba me destrozaba. Pero tenía que hacerlo.

—Me viste la estrella —dijo—. Lloraste. Me dijiste que me buscabas desde otra vida.

—Estaba confundido.

—¿Confundido?

—Irene, por favor. No lo hagas más difícil.

Se fue. La puerta se cerró. Y yo me quedé solo, con el eco de sus pasos y la certeza de que acababa de hacerle daño a la única mujer que podría ser real.

Pero no podía arriesgarme.

No otra vez.

El cheque lo había preparado esa mañana.

No era un pago. Era una prueba. Si lo aceptaba, si lo cobraba, sabría que era como las otras. Que todo había sido una estrategia. Que la estrella era otro tatuaje, otro truco, otra mentira.

Si lo rechazaba...

Si lo rechazaba, tendría que enfrentarme a la posibilidad de que fuera real.

Y eso daba más miedo que cualquier estafa.

Ahora estoy aquí. En mi coche. Frente a su portal.

Son las tres de la madrugada. Las luces de su estudio están apagadas. Duerme. O quizá no.

En el asiento de al lado, el cheque roto. Lo recogí de la papelera de su portal. Lo rompió. Lo tiró. Como si no valiera nada.

Como si yo no valiera nada.

—Ojalá seas real —susurré—. Ojalá no seas como las otras.

Pero aunque lo sea, ya la he perdido.

Como siempre.

1
Olivia Uribe
muy bueno, gracias¡¡¡¡
Olivia Uribe
la historia me gusta mucho, no se porque tiene tan pocos votos, ojala y la termines autora, no nos dejes a medias de la trama
Fernanda Gutierrez
el yo de otra bida
Romina Fernanda Paez
necesito saber el final!! no puede quedar ahi
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