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Fragmentos De Un Alma Bajo La Lluvia.

Fragmentos De Un Alma Bajo La Lluvia.

Status: En proceso
Genre:Amor-odio / Maltrato Emocional
Popularitas:1.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Ely Vazquez

"Aitana creció bajo el ruido de los pleitos de fin de semana y el silencio de un abuso que nadie vio; esta es la historia de cómo una niña rota buscó su hogar en manos ajenas, descubriendo que el pasado siempre reclama su lugar bajo la lluvia."


Me llamo Aitana y mi vida se divide en fragmentos. El primero se rompió cuando tenía seis años en el baño de una casa ajena; el último, cuando entregué la llave de mi alma a quien juró protegerme. He vivido entre el ruido de botellas vacías y el silencio de un secreto que me quemaba la garganta. Si buscas una historia de finales felices, sigue de largo; pero si quieres saber cómo se siente amar hasta quedar vacía y cómo se sobrevive cuando tu 'casa' se derrumba, quédate conmigo bajo la lluvia.


si sientes que esta historia no te gusta a favor de solamente dejar de leerla y absténgase a denuncias.

NovelToon tiene autorización de Ely Vazquez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

La Aniquilación de la Existencia

NARRADOR

Había una frase que martilleaba la mente de la joven de diecisiete años: el silencio protege. Durante años, ella había creído que guardando su secreto bajo llave, el mundo seguiría girando con una normalidad aparente, una normalidad que, aunque era de cristal y estaba llena de grietas, era lo único que conocía. Pero el silencio es traicionero; no es un escudo, es una bomba de tiempo. Y el día que esa bomba estalló, no fue por su propia mano ni por un acto de valentía, sino por una traición de sangre que la dejó desnuda y despojada de su propia piel frente a quienes más amaba.

Todo comenzó con una escena que parecía sacada de una pesadilla cotidiana. La casa era un hervidero de gritos. Su hermana, cargando a su propio hijo y sus muebles, intentaba regresar con aquel hombre que no le daba nada, mientras Roberto y su madre intentaban detenerla. En medio de ese torbellino de reproches, de padres señalando los errores de una hija y de una hija defendiéndose con las uñas, ocurrió el disparo.

— ¿Y ustedes qué me reclaman? —gritó la hermana, con los ojos inyectados en rabia y la voz quebrada por la desesperación—. ¿Sabían que a su hija la violaron? ¿Sabían eso? ¡Claro que no lo saben, porque nunca están!

El tiempo se detuvo. El sonido de los platos, la lluvia de insultos, el llanto del bebé... todo se desvaneció en un vacío blanco y sordo. La joven sintió que la tierra se abría bajo sus pies, pero no para tragársela, sino para escupirla fuera de la existencia. Roberto y su madre se quedaron petrificados, con las manos suspendidas en el aire, girando lentamente la cabeza hacia ella. En ese instante, la joven dejó de ser una persona para convertirse en un objeto de horror. Quiso correr, quiso que sus moléculas se desintegraran y se esparcieran por el aire, pero estaba clavada al suelo por el peso de las miradas de sus padres.

— No... —balbuceó ella, con la garganta cerrada por un nudo de ceniza—. No es cierto...

Pero la verdad ya estaba afuera, flotando en el aire de la sala como un gas venenoso. Su hermana se fue, dejando tras de sí un incendio que nadie sabía cómo apagar. Roberto, con el rostro descompuesto por una mezcla de ira y confusión, la tomó del brazo y la llevó al cuarto. No hubo un abrazo, no hubo una pregunta suave de "¿estás bien?". Lo que hubo fue un interrogatorio que se sintió como una segunda violación.

— Dinos la verdad. ¡Dinos la verdad ahora mismo! —presionaban sus padres, rodeándola en la pequeña habitación que de pronto se sentía como una celda de castigo.

La joven, en un intento desesperado por proteger lo poco que le quedaba de paz, intentó mentir.

— Fue en la prepa... fue un callejón solitario regresando de la escuela —dijo, inventando una escena de extraños, de sombras sin nombre, porque sabía que la verdad familiar era un tabú que nadie en esa casa estaba listo para romper.

Pero la presión era demasiada. Las preguntas caían como martillazos: "¿Quién?", "¿Cuándo?", "¿Dónde?". Y finalmente, el nombre salió de sus labios como un vómito amargo: el primo. El hijo de la tía que se llamaba igual que ella. El niño con el que creció. La habitación quedó sumergida en un silencio podrido. Sus padres, en lugar de envolverla en consuelo, empezaron a hablar de médicos y análisis. Querían "comprobar" el daño, como si su palabra, su dolor y sus lágrimas no fueran evidencia suficiente. La llevaron al médico, pero las palabras del doctor sobre la bicicleta y el himen fueron la excusa perfecta para que la duda se instalara en el comedor de su casa.

Días después, el infierno personal se trasladó a la calle. Su tía la llamó. Roberto ya había hablado con ella, y la tía, en lugar de pedir perdón por lo que su hijo había hecho, citó a la joven en su casa para un careo. Era una noche cerrada y calurosa. La tía sacó unos bancos y se sentaron afuera, en la banqueta, bajo la luz mortecina de un farol que apenas iluminaba la frialdad de sus rostros.

— Él dice que es mentira —soltó la tía, mirándola con una fijeza inquisidora—. Dice que tú estás inventando cosas. Cuéntame cómo pasó, si es que pasó.

Y la joven, sentada en ese banco, sintiéndose asqueada de sí misma, tuvo que empezar a narrar su propia deshonra.

— Fue en el baño de aquí abajo, tía... en la planta baja —comenzó, con la voz apenas audible—. Luego pasó en tu propia recámara... y aquella vez de la pijamada, en el cuarto de él.

Cada palabra era un clavo más en su propia cruz. Describió los rincones de esa casa, los momentos en que el miedo la paralizaba, los toques que nunca pidió. Su tía escuchaba sin inmutarse, con una expresión de piedra que solo decía una cosa: no te creo. Aquella mujer prefería creerle a su hijo agresor que a la sobrina que llevaba su propio nombre. Al final, la tía solo dijo: "Está bien", y dio por terminada la charla, como quien despacha a un vendedor ambulante.

Ese fue el momento en que la joven comprendió que la verdad no libera; la verdad a veces te entierra.

Buscando un rastro de empatía, buscó a su abuela paterna y a una prima mayor. Pensó que en el matriarcado de la familia encontraría justicia, pero lo que encontró fue un muro de granito.

— No digas eso —le respondió su prima, con una cara de espanto—. Él no es capaz de algo así. Mira a mi hija, yo se la dejo y nunca le ha hecho nada. Estás mintiendo, él tiene mucho peso en esta familia para que vengas con estas historias.

Nadie. La palabra se instaló en su pecho como un bloque de plomo. A sus diecisiete años, la joven miraba a su alrededor y se daba cuenta de que ya no existía. Sus padres seguían visitando a la tía como si nada hubiera pasado; su padre Roberto seguía hablando con el agresor con la misma normalidad de siempre. Al médico no le importó, a su hermana no le importó más que para ganar una discusión, y a su familia no le importó porque la reputación de un hombre valía más que la integridad de una niña.

Fue entonces cuando, por primera vez, la idea de la muerte dejó de ser un pensamiento lejano para convertirse en una opción dulce. Miraba las manos que habían sido tocadas, el cuerpo que había sido ignorado y la voz que había sido silenciada, y deseaba que todo se apagara. Caminaba por la casa como un fantasma, sintiendo el vacío de ser alguien que respira pero que ya no está presente para nadie.

Nadie la abrazó para decirle: "Te creo". Nadie golpeó la mesa para exigir justicia. Simplemente la dejaron ahí, con su herida abierta, mientras la familia seguía celebrando fiestas y compartiendo mesas con el monstruo que ella había señalado.

Aquella joven de diecisiete años aprendió la lección más cruel de su vida: en su mundo, ella no era alguien. Era una incomodidad, un error estadístico, una mentirosa necesaria para mantener la paz familiar. Y mientras se miraba al espejo, con las "risas aprendidas" que usaba para sobrevivir ante Ricardo —a quien nunca le contó nada por miedo a que él también la borrara—, se dio cuenta de que estaba sola en un desierto de gente. El capítulo más oscuro de su existencia no fue el abuso en sí, sino el día en que su familia decidió que su dolor no era verdad, y ella, sencillamente, se convirtió en nadie.

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1
Sakura
y si no hablas nunca vas a volver a tener tu casa para ustedes dos
Sakura
hablar mija
Sakura
por dios niña cuando vas a soltarte tienes que dejar de pensar así y abrirte hablar con un sicólogo que te ayude por que vas a venir perdiendo a tu pareja
Mary Ney
Hasta cuando
Sakura
por diós mujer si sigues como vas lo vas a peder
Mary Ney
Aitana deja que la luz envuelva tu oscuridad ama Julian estudia en linea ocupa tu espacio ☺️
Sakura: tienes que empezar a soltarte querida a darte la oportunidad más con el sienta que lo quiere la palabra amor no es algo que va a salir a la primera es algo que se empieza a sentir con el tiempo con la convivencia tienes que abrirte más si miedo se Por todo lo que a pasado pero es tiempo de sanar tanto tu cuerpo alma y a ti misma
total 1 replies
Mary Ney
Que encuentre su amor hasta ser viejitos 🤭
Mary Ney
Que bueno que encontró su nido
Sakura
eso es poco a poco
Sakura
ahora te toca a ti empezar a sentir y no pensar ni deja que el miedo te controles ya es hora de que seas feliz y sin miedo
Sakura
que bueno es hora de soltar el pasado
Mary Ney
Ojalá Julian sea indicado y le de amor y la familia de Julian la quiera como una hija, pueda dejar todo atrás y tener una familia y ya no se rompa más. Todos merecemos una oportunidad siempre queremos que aunque llueva mucho vuelva salir el sol 🥰☺️
Sakura
eso así es es hora de despertar y ser feliz por primera vez tener esa felicidad que te hab negado
Mary Ney
Si sigue así no la llevan si no a una tragedia, se levanta ella se retira del mundo 😭😭
Sakura
cuando vas a despertar
Sakura
enserio de nuevo
Sakura
😭
Mary Ney
Que horible su vida los adolescentes se quintana la vida los padres no se dan cuenta que ellos llevan a ese destino 😭😭😭😭
Mary Ney
Qué dolor su hermana tampoco un apoyó , los padres terrible y ni siquiera madre 😭😭😭más capítulos
Sakura
que asco de padres te toco
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