Dieciocho años han pasado desde que un collar de luna y un león de ónix sellaron un destino en la terraza de la Torre Vane. Lo que comenzó como una conexión infantil en medio de una guerra de mafias, se ha transformado en algo mucho más oscuro y complejo.
Aria Vane ya no es la bebé que buscaba refugio en los brazos de Eithan Smirnov. Ahora es una mujer con la inteligencia gélida de su padre, Killian, y la belleza indomable de su madre, Elara. Pero para Eithan, el heredero de la Bratva italiana, ella sigue siendo su única prioridad, su "Luna". Y el León está listo para reclamar su trono.
Tercera parte de:
__Mis hijos hackearon al CEO
__Heredero del pecado
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Capítulo 16: Cenizas del Pasado y Fuego en el Presente
La persecución en el jardín terminó de forma abrupta cuando el teléfono de Killian y el de Damián emitieron una señal de alerta roja simultánea. Killian se detuvo a pocos metros de un Ethan que todavía protegía a Aria con su cuerpo, jadeando no de cansancio, sino de pura indignación.
—Esto no ha terminado, Smirnov —amenazó Killian, señalándolo con un dedo tembloroso mientras intentaba recuperar el aire—. Pero tenemos un problema en la entrada principal.
Un camión de mensajería blindado se había detenido frente a los portones de la mansión Vane. No había conductor. El vehículo simplemente estaba allí, con el motor encendido y una pantalla LED en el costado que mostraba un temporizador en cuenta regresiva: 05:00 minutos.
Toda la familia se reunió en la sala de monitores en segundos. La atmósfera de juego había desaparecido, reemplazada por la frialdad profesional de dos imperios en guerra.
—¡Evans, Edans! ¡Díganme que eso no es lo que creo que es! —ordenó Killian, ya con su arma en la mano.
—Es un "regalo" de Cassandra —respondió Evans, sus dedos volando sobre el teclado—. El camión está cargado con C4, pero hay algo más... hay un transmisor de video activo. Ella quiere vernos.
La pantalla principal parpadeó y apareció el rostro de Cassandra Forrest. Estaba sentada en una oficina de cristal, con una copa de vino y una sonrisa que recordaba a la de un tiburón.
—¿Les gustó la gala? —preguntó Cassandra con voz sedosa—. Me pareció que el servicio de camareros era un poco... deficiente. Especialmente el del bigote. Pero no he venido a hablar de etiqueta. He venido a devolverles el favor por lo de las Bahamas.
—¿Qué quieres, Cassandra? —intervino Aria, dando un paso al frente, con su mano entrelazada con la de Ethan.
—Quiero que vean cómo arde el legado de sus padres —respondió ella—. Ese camión no solo tiene explosivos. Tiene los archivos originales de la traición de Killian Vane a mi madre. Si el camión explota, la red de noticias recibirá automáticamente una copia. Si no explota, significa que han aceptado mi invitación para una "negociación" en el puerto.
El reloj marcaba 02:00 minutos.
—Es una trampa —dijo Edans, analizando el pulso de Cassandra en la pantalla—. Quiere sacarnos de la mansión para emboscarnos en el puerto. Pero si dejamos que el camión explote, el escándalo mediático destruirá nuestras alianzas políticas.
—Yo iré —dijo Ethan con una calma gélida—. Puedo desactivar la carga. Evans, pásame los planos del camión a mi lente táctico.
—¡Ni hablar! —saltó Killian—. ¡No voy a dejar que el hombre que le "apagó la chimenea" a mi hija sea el héroe de mi casa! ¡Iré yo!
—¡Papá, no es momento para celos! —exclamó Aria—. Ethan es el experto en explosivos de la Bratva. Tú quédate aquí y coordina la defensa. Si Cassandra envió esto, tiene francotiradores cerca.
Ethan miró a Aria, le dio un beso rápido y feroz en la frente y salió corriendo hacia la entrada.
Ethan se deslizó bajo el camión mientras el reloj marcaba 00:45 segundos. Desde la ventana, Killian observaba con el corazón en un puño, aunque nunca lo admitiría.
—Si explota —murmuró Killian—, juro que lo mato por arruinarme el jardín dos veces en un día.
—Killian, cállate y mira —le reprendió Elara, apretando su mano.
Ethan cortó el cable rojo con la precisión de un cirujano. El temporizador se detuvo en 00:03 segundos. El silencio que siguió fue absoluto, hasta que Evans gritó por el comunicador:
—¡Carga desactivada! ¡Pero Ethan, muévete! ¡Hay un misil térmico en camino!
Un proyectil cruzó el cielo de Nueva York, impactando en el bosque a pocos metros de la entrada. La onda expansiva lanzó a Ethan contra el pavimento.
Aria salió corriendo de la mansión antes de que nadie pudiera detenerla, seguida de cerca por Leo y las gemelas Vera y Nadia, que ya habían sacado sus armas de los compartimentos ocultos del salón.
—¡Ethan! —Aria llegó a su lado y lo ayudó a levantarse. Él estaba aturdido, con sangre corriendo por su sien, pero sus ojos estaban llenos de una furia asesina.
—Estoy bien, Luna —gruñó Ethan, poniéndose de pie y cargando su fusil—. Pero Cassandra acaba de cometer su último error. Intentó matar a la familia en su propia casa.
Damián y Killian salieron juntos, hombro con hombro. La rivalidad por el cuarto de Aria había quedado en segundo plano. Ahora eran los dos líderes que una vez pusieron al mundo de rodillas.
—Mañana no habrá gala, ni vestidos, ni bigotes falsos —dijo Killian, mirando hacia el puerto—. Mañana, los Forrest dejan de existir para siempre.
—Dimitri, prepara el equipo pesado —ordenó Damián—. Evans, quiero la ubicación exacta de Cassandra. No quiero un rastro de ella para el amanecer.
Aria miró a Ethan. Él la tomó de la nuca y la besó frente a todos, esta vez sin que Killian dijera una sola palabra. La guerra total había comenzado, y la Dinastía del León y la Luna estaba lista para quemar Nueva York si era necesario con tal de proteger su amor.