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El Precio De Tu Amor

El Precio De Tu Amor

Status: Terminada
Genre:Romance / Venganza / Traiciones y engaños / Completas
Popularitas:4k
Nilai: 5
nombre de autor: Baudilio Smith Burgos

Laura dejó la universidad y su país por amor. Creyó que Michel era el hombre de su vida, pero su madre, Maritza, la humilló hasta hacerla huir. Sola, sin dinero y sin papeles, Laura empezó desde abajo: limpiando pisos y durmiendo en un albergue. Hasta que un hombre llamado Alfred McCormick vio en ella algo que nadie más había visto: talento, inteligencia y una fuerza indomable.

Ahora Laura es economista, esposa de un CEO, y el rostro de una empresa millonaria. Pero el precio de su amor ha sido alto. La mafia rusa, un exnovio arrepentido, una suegra que la odia, y una misión encubierta en Cuba pondrán a prueba todo lo que ha construido. Porque cuando el pasado regresa, no siempre viene solo. A veces trae balas.

NovelToon tiene autorización de Baudilio Smith Burgos para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

La Imprudencia del Inversionista

Capítulo 10: La Imprudencia del Inversionista.

Seis meses después de la boda, la vida de Laura McCormick era un torbellino organizado. Se levantaba a las cinco de la mañana, respondía correos mientras tomaba café, pasaba revista a las brigadas de limpieza en tres ciudades diferentes, y regresaba a casa cuando el sol ya se había ido. Pero no se quejaba. Cada hora extra era un ladrillo más, en el muro de independencia que había jurado construir. Alfred mientras tanto, había descubierto un nuevo vicio: invertir.

—Mira esto —le dijo una noche extendiéndole una Tablet, con gráficos de colores brillantes—. Importadora de piezas para autos. El dueño es un tal Salvatore Rizzo. Me lo presentó un amigo del club de golf.

Laura dejó el plato de pasta que estaba comiendo, tomó la Tablet y estudió los números: daban márgenes de ganancia del cuarenta por ciento, contratos con talleres mecánicos en tres estados, un crecimiento proyectado del veinticinco por ciento anual. Demasiado bueno para ser verdad.

— ¿Quién es ese Rizzo? —preguntó, arqueando una ceja.

—Un italiano de Nueva Jersey. Emigró hace veinte años, y empezó desde abajo como todos. Es simpático porque siempre está sonriendo, y te invita a comer pasta como si tú fueras su hermano.

—Los italianos simpáticos que empezaron desde abajo, suelen tener primos incómodos —dijo Laura, devolviéndole la Tablet—. Investiga bien antes de meter plata.

Alfred sonrió. Le encantaba cuando su esposa se ponía en modo economista.

—Ya investigué Laurita, y resultó que ese negocio está limpio. El amigo del club de golf es un contador jubilado que trabajó para la ciudad, y me dijo que Rizzo es un tipo serio.

—Los contadores jubilados también se equivocan.

— ¿Por qué tu eres siempre tan desconfiada?

—Siempre —respondió ella, y volvió a su pasta—. No me gusta lo que no entiendo. Y esas ganancias no las entiendo.

Alfred no le hizo caso. Al día siguiente transfirió cincuenta mil dólares, a la cuenta de Importadora de Piezas Rizzo LLC. Una semana después, recibió su primer retorno: cinco mil dólares limpios. Luego otro retorno, y otro… En ese negocio, el dinero entraba con una puntualidad que mareaba.

— ¿Ves? —le dijo a Laura, mostrándole el extracto bancario—. Esto es mejor que tener el dinero estancado en el banco.

Laura mordió su labio inferior. Algo le olía mal, pero no podía negar que la contabilidad que Alfred le mostraba era impecable. Las facturas, los comprobantes de pago, las declaraciones de impuestos. Todo era perfecto. Demasiado perfecto.

— ¿Y la otra inversión? —preguntó—. La de computadoras.

—Ah, esa es todavía más jugosa —respondió Alfred, frotándose las manos—. Importadora de componentes electrónicos de Asia. La maneja un ruso nombrado Viktor Dragunov. Vive en Chicago pero tiene bodegas en Milwaukee, y necesita inversionistas para expandirse.

— ¿Un ruso? —Laura dejó el tenedor—. ¿No te parece sospechoso que justo ahora, aparezcan dos inversionistas millonarios ofreciéndote negocios redondos?

—Son contactos, amor. Así funciona el mundo de los negocios. Alguien te presenta a alguien, ese alguien te presenta a otro, y de repente tienes una cartera diversificada.

Laura quiso insistir, pero vio la chispa en los ojos de Alfred que no era de codicia. Era de aburrimiento. El negocio de limpieza ya le aburría; por eso lo había delegado casi por completo en ella. Necesitaba emociones fuertes, nuevos desafíos. La adrenalina de apostar y ganar.

—Está bien —cedió ella—. Pero quiero revisar los contratos personalmente.

—Como quieras, jefa —dijo él, besándole la frente.

Esa noche, Laura se quedó despierta hasta las dos de la madrugada, leyendo los documentos de ambas empresas. Las hojas olían a tinta fresca, como si las hubieran impreso el día anterior. Los números no tenían errores aritméticos, pero había algo en las direcciones fiscales que le llamó la atención. Tanto Rizzo como Dragunov usaban la misma firma de abogados en Delaware, un estado conocido por su flexibilidad en las leyes sobre el secreto corporativo. Tomó nota mental y decidió investigar al día siguiente.

Pero al día siguiente no investigó nada. Una crisis la esperaba en BrightClean: tres empleadas se habían enfermado al mismo tiempo, dos clientes cancelaron contratos, y un camión de limpieza se averió en medio de la autopista. Laura pasó doce horas apagando incendios, y llegó a la casa con los pies hinchados y la cabeza a punto de estallar. Alfred ya estaba durmiendo. En la mesa de noche, su teléfono vibraba con un mensaje entrante. Laura no era de revisar celulares ajenos. Pero el nombre del remitente la inquietó: Salvatore Rizzo.

El mensaje decía: "Alfred, el cargamento del jueves necesita más cobertura. Habla con Dragunov, porque no quiero que el fisco meta las narices". Laura sintió un escalofrío que le recorrió la espalda. Ese no era el lenguaje de un importador legítimo. Era el lenguaje de alguien que esconde algo. Dejó el teléfono donde estaba, pero no durmió en toda la noche.

A la mañana siguiente sin decirle nada a Alfred, Laura fue a la oficina de BrightClean y pidió una reunión virtual con un amigo de la universidad en Cuba, que ahora trabajaba en una auditora en Miami. Le pasó los nombres de las empresas y los socios, sin dar muchos detalles.

—Dame una semana —le dijo el amigo—. Si hay gato encerrado, yo lo encuentro.

Mientras esperaba, Laura observó a su esposo con ojos nuevos. Lo vio más inquieto de lo normal, revisando su teléfono a cada rato, contestando llamadas en voz baja. Una noche lo sorprendió en el garaje hablando por el móvil, mientras miraba hacia la calle como si temiera ser vigilado.

— ¿Todo bien? —preguntó ella.

Alfred guardó el teléfono rápido.

—Todo perfecto. Solo cosas de los negocios.

No era cierto. Algo andaba mal. Una semana después, el amigo auditor le envió un correo con tres palabras: "Llámame ya". Laura marcó el número con manos temblorosas. Él respondió al primer tono.

—Sal de ahí, Laura —dijo sin preámbulos—. Esas empresas son fachadas. Rizzo y Dragunov lavan dinero para la mafia rusa. Tu esposo está metido en un lío, que le va a costar la vida o la cárcel. He visto los movimientos. Hay cuentas en paraísos fiscales, transferencias fraccionadas, facturas falsas... todo el paquete. Laura se sentó en la cama porque las piernas le fallaron.

— ¿La mafia rusa? —susurró.

—Sí. Dragunov es un pez gordo. Tiene antecedentes en Europa, pero aquí está limpio en los registros oficiales. O sea, limpio de papel. En la realidad mueve millones sucios. Y tu esposo sin saberlo, les está dando cobertura.

—Alfred no sabe nada —dijo Laura, con una certeza que dolía—. Él no es un criminal.

—De todas maneras lo van a investigar, y lo van a implicar en el negocio de estos mafiosos. Mi consejo: consigue un abogado bueno, y prepárate para desligarte de todo eso. Ah, y una cosa más.

—Dime.

—El FBI ya está tras la pista. Tengo un contacto dentro que me aseguró, que ya abrieron un expediente hace dos meses. El nombre de tu esposo, aparece en la lista de las personas de interés.

Laura cerró los ojos. Margaret la madre de Alfred trabajaba en el FBI. Si había un expediente abierto, ella lo sabía. Y si lo sabía, ¿Por qué no había hecho nada? ¿Por qué no había advertido a su propio hijo?

Colgó y se quedó mirando la pared. Frente a ella en la cómoda, estaba la foto de su boda. Alfred sonreía con esa confianza de hombre que cree tener el control. Pero no lo tenía, y nunca lo tuvo. Esa noche Laura llamó a su madre a Cuba. Andrea como siempre, respondió al primer timbrazo.

—Mami —dijo Laura, y su voz se quebró—. Creo que Alfred se metió en algo muy feo.

—Cuéntame, hija. Cuéntame desde el principio.

Laura habló durante una hora. De Rizzo, de Dragunov, de las empresas fachada, del expediente del FBI, de

la madre que no advertía. Andrea escuchó sin interrumpir, y cuando Laura terminó soltó un suspiro largo.

—Hija, tú sabes lo que tienes que hacer.

— ¿Qué?

—Hablar con él. Y si él no te escucha habla con la madre. Aunque ellos no se lleven bien, esa mujer no va a dejar que su hijo se pudra en la cárcel o que lo maten. Las madres por malas que sean, siempre quieren salvar a sus crías.

Laura pensó en Margaret McCormick. En su silencio. En su ausencia. ¿Estaría su suegra dispuesta a tenderles una mano, o los dejaría caer para demostrar que tenía razón al no creer en su hijo?

—No sé si pueda, mami.

—Puedes, Laura. Has hecho cosas más difíciles. Dejaste tu carrera, tu país, tu familia. Huiste de una suegra víbora y un novio cobarde. Te levantaste desde abajo. Esto también lo vas a superar pero no sola. Pídele ayuda a Dios, y si no te responde, pídesela a la Virgen. Ella nunca falla.

Laura no era particularmente religiosa, pero aquella noche rezó. No con palabras bonitas, sino con el corazón hecho trizas.

—Virgencita —susurró—. Ya pagué el precio de un amor. No quiero pagar otro.

Afuera, un coche negro con vidrios polarizados pasó lentamente frente a su casa. Dentro iba Salvatore Rizzo, que fumaba un puro y sonreía.

—La señora McCormick —le dijo a su acompañante—. Más bonita que en las fotos. Una lástima por lo que va a tener que pasar.

El coche aceleró y se perdió en la noche. Laura sin saberlo, acababa de ser marcada.

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BsB
Hola Beatriz ! Soy el escritor de la novela y te adelanto que ya tengo listos el ochenta por ciento de las capítulos. Te agradezco mucho que hayas leído algunos de los que están publicados, y aunque no lo manifestaste abiertamente, que esperes a que esté termina significa que tal vez te gustó. Me complacería muchísimo saber tu opinión de lo que has leído, y si tienes alguna sugerencia que hacerme. Fue un placer interactuar con usted.
Beatriz
Cuando esté terminada la leo. Está inconclusa
Saily Smith
me en
Sarai Smith
Me encanta esta novela!! Que sucederá con Laura?
BsB: Laura es una mujer luchadora, una guerrera dispuesta a enfrentarse a todos, por defender a su familia y a la empresa. La mafia la amenaza y la coacciona para que forme parte de su nómina, pero ella se resiste. Laura cederá ante la mafia, o trabajará con el FBI para acabar con los mafiosos? Qué tu harías si fueras la escritora de la novela? Tu opinión es muy importante para mí. Gracias por leer y apreciar mi obra.
total 2 replies
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