Después de la devastadora pérdida de su madre, Ayla se ve obligada a vivir con su padrastro en el Morro da Rocinha, en Río de Janeiro, donde es sometida a innumerables formas de abuso y violencia. En medio de la desesperación, busca consuelo en noches de alcohol, hasta que un encuentro casual con un grupo de amigos, liderado por Sombra, el dueño del morro, cambia el rumbo de su vida.
Con la ayuda de Sombra, Ayla finalmente logra liberarse de las garras de su padrastro.
Enfrentando traumas del pasado y nuevos desafíos, Ayla descubre que su historia está lejos de terminar. La batalla por la paz y estabilidad apenas comienza, y tendrá que superar muchos obstáculos para encontrar finalmente la tranquilidad que tanto anhela.
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Capítulo 13
Capítulo Trece
William (Sombra)
Sentí el cuerpo blando de Ayla en mis brazos, la miré y estaba desmayada, había sangre por todo su vestido, sacudí su cuerpo y ella no respondía.
—Ayla, pequeña, háblame. —Sentí mis lágrimas caer por mi rostro.
—Sombra, tenemos que llevarla al hospital. —Ctreze grita.
Me levanté con la ayuda de Ctreze y la cargué hasta el coche, ni siquiera había notado que estaba herido, solo quería saber de ella, arrancaron y aceleraron hasta el hospital.
Me quedé en el asiento de atrás con ella en mis brazos, la respiración era muy débil, mi pequeña se estaba muriendo, le prometí que la iba a proteger y ahora se está muriendo. ¿Por qué, Dios mío?
—Mi pequeña, despierta por favor, no me hagas esto. —No consigo controlar el río de lágrimas que desciende por mi rostro.
Llegamos al hospital y los médicos ya corrieron para llevársela. Me senté en la recepción y sentí que mi mundo se iba a derrumbar.
—Ctreze, llama al BN y ve cómo está mi hermano, pide también que alguien busque a mi madre y a mi hermana, ellas están en el asfalto. —Digo
—William, te gusta ella ¿verdad? —Ctreze pregunta.
Levanto mi rostro y lo encaro.
—Sí, ahora ve a hacer lo que te pedí. —Digo bajando la cabeza de nuevo.
—Ella va a estar bien, hermano. —Él dice colocando la mano en mi hombro. —Voy allá y ya vuelvo.
Ctreze sale y yo no consigo parar de pensar en Ayla, ella cambió mi vida de una manera tan buena, no solo la mía como la de mi familia, ella trajo luz para dentro de nuestra casa, hacía semanas que no nos juntábamos como una familia, pero después de que Ayla llegó todos comenzaron a juntarse, para el café, para el almuerzo, cena.
Verla todos los días por la casa se había convertido en algo bueno.
Mi madre ganó una nueva hija, mis hermanos consideraban a Ayla una hermana, pero yo la consideraba mi amor, me enamoré de ella de una forma única, nunca pensé que podría sentir el amor, pero cuando la conocí ese pensamiento cambió.
Una enfermera notó que también estaba mal y me llevó a la enfermería para llevar algunos puntos, después volví a la recepción y me quedé esperando noticias de mi pequeña.
Las horas se pasaron y nadie me traía noticias de ella, Ctreze volvió y mi hermano estaba bien, mi madre llegó aquí desesperada y ahora estaba abrazada conmigo llorando.
Ctreze también estaba mal, queriendo o no todos tenían un afecto por Ayla, todos se preocupaban con ella. Ctreze y BN se volvieron grandes amigos de ella y vivían yendo allá en casa a fastidiarla.
BN llamaba de media en media hora para preguntar de ella, hasta Pedro que despertó hace algunos minutos ya me llamó para saber de ella.
Ya pasaban de las siete horas que habíamos llegado y nada, ya estaba quedando estresado, necesitaba saber alguna cosa, me levanté ya para ir en la recepción cuando el médico apareció.
Miré para cara de él intentado buscar alguna respuesta anticipada, pero fue en vano.
—Parientes de Ayla Fernandes. —Él llama.
—Aquí. —Digo yendo hasta él.
—Bueno familia, la cirugía fue de alto riesgo, Ayla llevó dos tiros, uno en la espalda y el otro pegó en la lateral, el tiro en la espalda por un milagro no atingió la columna, pero tuvimos una cierta dificultad para poder remover la bala, el de la lateral fue el más serio, acertó su pulmón y la bala quedó presa próxima al corazón. —Él hace una pausa y respira. —Tuvimos que colocarla en coma inducido, pues ella está débil de más. Vamos a dejarla así por una semana y vamos a observar como va a ser la mejora de ella.
—¿Ella va a estar bien, doctor? Solo me habla eso por favor. —Digo asustado.
—Señor, eso solo depende de ella, Ayla tiene que intentar ser fuerte para poder pasar por eso, vengan a quedarse con ella todos los días, conversen con ella, den cariño, eso ayuda mucho, ella necesita de motivación para poder recuperarse. —Él termina de hablar y apenas me alejo y me siento de nuevo en la silla.
Mi madre termina de hablar con el doctor y se sienta a mi lado.
—William, va a quedar todo bien, nuestra Ayla va a volver para nosotros, vas a ver mi niño. —ella dice y me abraza.
No consigo controlar y me derrumbé en los brazos de mi madre. Nunca fui un hombre para demostrar sentimientos, pero el dolor que estaba sintiendo era tan fuerte, me sentía tan culpable por eso, ella me pidió para quedarme, ella dijo que estaba con miedo y yo la dejé.
—Hijo, usted necesita ir para casa, para tomar un baño y cambiar de ropa. —Mi madre habla.
—No voy a salir de aquí, no voy a dejarla sola. —Digo triste.
—Hijo yo sé que te gusta Ayla, yo pude notar por la forma que usted mira para ella, sé bien lo cuanto se preocupa con ella. —Mi madre me abraza. —Usted necesita descansar y tomar un baño, comer alguna cosa, no va a conseguir cuidar de tu chica de ese modo.
Miro para ella y veo que ella está llorando, abrazo ella más una vez y concuerdo en ir para casa.
Subí el morro andando, ya estaba de noche y en medio del camino sentí gotas de lluvia que comenzaron a caer, continué andando y la lluvia comenzó a espesar, me sentía mal, solo de pensar en llegar en casa y no ver ella allí, ya hacía mi corazón doler.
Después de algunos minutos llegué en mi goma y estaba un silencio mortal, subí directo para mi cuarto y tomé un baño caliente, me quedé un tiempo en la ducha, después de casi una hora salí, me cambié y me acosté en mi cama.
Me quedé rodando de un lado para el otro, sin conseguir dormir, Ayla invadía mis pensamientos a todo momento.
Me levanté de la cama y bajé las escaleras hasta la sala, fui en la cocina y aún tenía el pastel que ella hizo de mañana, agarré un pedazo y comí, tomé un poco de jugo, así que terminé organicé lo que yo ensucié y cuando iba a subir de nuevo, paré y miré para el cuarto de ella.
Caminé hasta allá y abrí la puerta despacio, el olor de Ayla me invadió por completo, cerré mis ojos imaginando ella aquí conmigo. Entré en el cuarto y cerré la puerta, caminé hasta su cama y me acosté, agarré la almohada que ella usaba y abracé él sintiendo su olor.
—Vuelve luego para casa mi amor. —Hablo bajito