Descubre con Carlos y Emma, que para que nazca el amor, un tropieso y dos miradas que se cruzan son suficientes.
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Con mi vida si es necesario.
-¿Hacia dónde vamos? - pregunté mientras buscaba algo de ropa.
-A la playa. Usa este - Señaló un vestido blanco que se encontraba en mi armario.
-Si eso quieres.
-Que linda eres cuando no protestas.
-¿Eso es un halago?
-Es una realidad. Por cierto, no olvides que volvemos mañana, lleva ropa extra.
-Está bien.
Salimos del apartamento y bajamos al parqueadero, Carlos abrió la puerta del copiloto para mí y dejó nuestras pertenencias en el baúl del carro, luego subió al asiento del conductor.
-Pensé que habías traído la camioneta. - Comenté al ver su BMW serie 8 convertible, era lo último, todo un sueño.
-No, hoy nos toca convertible- Me dijo mientras se colocaba sus gafas de sol, yo hice lo mismo, el viaje fue muy cómodo, sentir el aire mientras él conducía, era maravilloso, sobre todo cuándo tomaba mi mano y me miraba fugazmente, sé que mi rostro se sonrojaba, él podía ocasionar eso y mucho más en mí solo con mirarme, sabía que lo disfrutaba, pues varias veces lo vi sonreír.
-Llegamos - Dijo mientras detenía el coche en... ¿Un establo?
-Carlos, esta no es la playa.
-Lo sé, pero el resto del camino no será en coche - Tomó mi mano y me guió a una especie de recepción.
-Buenas.
Señorita, me gustaría rentar un caballo. - Entregó los datos pertinentes para qué le entregarán un hermoso ejemplar y canceló el valor establecido, además de un monto como garantía de la devolución. Una vez hecho esto, nos dirigimos a las caballerizas.
-Carlos, espera... Yo no... Yo no sé.
-Pará eso está tu caballero. Yo me aseguraré de que todo esté bien - Se giró y abrazó mi cintura mirándome a los ojos.
-Tal vez no tenga espada y armadura de hierro, pero tengo la nobleza, la valentía y los sentimientos suficientes para protegerte, Con mi vida si es necesario, ¡y bueno! El caballo no es mío, pero si tú lo pides, lo tendrás... El que quieras. - Solo pude sonreír y abrazarme a él lo más fuerte que pude, él levantó mi rostro y me besó dulcemente, lento, suave, con calma, un suspiro se me escapó y él sonrió sin separar nuestros labios.
-¡¿Lista?!
-No.
-Yo te ayudo.
-Está... Está bien - Me ayudó y luego subió detrás de mí.
-Esa es mi chica - Carlos tomó las riendas del caballo, le dio un pequeño golpe y vi que aflojó un poco la rienda, luego este empezó a galopar en un ritmo lento, era fantástico
-¿Ves que sencillo es? Si quieres que pare solo tensionas la rienda, pero si quieres ir a prisa, afloja, así... - El caballo apresuró el paso y yo sentí que flotaba. Pronto estuvimos en la playa y anduvimos lentamente, era precioso, no había otro lugar en el que quisiera estar...
Sus brazos sosteniéndome, sentir como su aliento sobre mi cuello se mezclaba con la brisa del mar... hubiese querido detener el tiempo.
El sitio en el que nos encontrábamos, al parecer era privado, puesto que no había turistas, solo los dos y aquel hermoso semental.
-¡Mira Carlos! Que hermosa cabaña.
-Ese es nuestro destino.
-Estás jugando conmigo.
-No sería capaz.
-Pensaste en todo ¿de quién es?
-De un amigo, está en el exterior y ya hace un par de años que no viene. Se mantiene intacta porque me dejó a cargo y aunque no la uso, asigné un par de trabajadores para que no se deteriore.
Bien. Parece que es hora de bajar, su majestad.
-Está bien, ¿podrías ayudarme?
-Por supuesto - Acaricié al caballo una vez estuve en el suelo, era realmente hermoso y suave.
- ¿Dónde lo vas a dejar?
- No te preocupes, ya uno de los escoltas se hará cargo de alimentarlo, dejarlo descansar y luego devolverlo.
- ¿Y en qué vamos a salir de aquí?
- Olvidas que no estamos solos, uno de mis hombres trae nuestro vehículo.
- Vamos, quiero conocer el interior - Le dije mientras caminaba hacia la entrada principal.
- ¿Y quién te dijo qué eso es lo qué haremos en este momento? - Me cargó repentinamente y caminó conmigo en brazos hacia el agua.
-¡Carlos, deja que me coloque el vestido de baño!
- ¿No has entendido qué el cheque lo lleno yo?
- Claro, que despistada soy.
-Nada bueno para una psicóloga.
- ¡No seas tonto!
- Tú me vuelves así - nos fuimos sumergiendo al agua poco a poco, una vez esta era apropiada para cubrir mi cuerpo hasta la altura de mis seno* Carlos me ayudó a ponerme en pie, mi vestido flotaba en el agua, ya que era amplio, dejando expuesto mi cuerpo bajo el agua. Carlos levantó una ceja.
- De ahora en adelante este va a ser nuestro vestido favorito.
-¿Nuestro? Dije alzando ambas cejas.
- Está bien, está bien, estoy de acuerdo, te ves mejor sin el - Dijo mientras reía - ¿Alguna vez has hecho el amor en el mar? Cierto, no te lo he hecho, pero de inmediato lo soluciono - Dicho aquello devoró mi boca, bajando por mi cuello, luego me levantó para que enredara mis piernas en sus caderas, me abracé a su cuello para sostenerme.
-Carlos... Aquí no, alguien nos puede ver.
- No te preocupes, los guardaespaldas no están cerca, solo rodean el predio.
- ¿Y los empleados de la cabaña? - Dije entre jadeos, mientras él continuaba en su labor.
-Les di el día libre, llegan mañana temprano. Cada rincón es nuestro para darle el mejor uso posible - Dijo con voz ronca a causa del deseo.
- ¿Y el preservativo?
- Emma... Mañana lo solucionamos, ¿has escuchado hablar de la pastilla del día después? - Suspiré y me rendí ante sus deseos, que también eran los míos... Al tenerme convencida y dispuesta a dejarme llevar por él, sonríe, sus manos se aferraron a mi trasero y la poca voluntad que me quedaba desapareció. Aún con la ropa puesta, pega lo más que puede su masculinidad a mi sex* y hace movimientos que simulan una penetració*, separé su rostro del mío que en ese momento estaba más elevado y lo obligué a mirarme.
— Te necesito...
— ¿Dónde? — Preguntó con gran oscuridad en sus ojos.
— Te necesito dentro, necesito que te muevas de manera salvaje en mi interior. — Me sostiene con un brazo y usa su mano libre para liberar su miembro, luego hace mi braga a un lado, con la punta me estimula, mientras su boca devora la mía.
— Ahhh... — Mis jadeos se ahogaron en su boca cuando el se funde en mi interior. Su mano libre vuelve al igual que la otra a mi trasero y con ellas me levanta una y otra vez y yo tomo impulso con mis brazos sobre sus hombros para ayudarlo, en ningún momento su boca abandona la mía y es así como en medio de aquel paradisíaco paisaje, me hace una vez más suya... completamente suya.
Una vez salimos del mar, entramos a la cabaña, era realmente hermosa y acogedora, los pisos en madera al igual que el cielo razo le daban un toque rústico sin dejar de ser elegante y moderna, me perdí en un espacio decorado con conchas de mar, era maravilloso, pero la mejor vista la tuve cuando me encontré con los ojos de Carlos, quien me miraba detenidamente.
- ¿Quieres tomar una ducha? Ya son más de las tres de la tarde y aún no almorzamos.
- Cierto, ¿Dónde puedo bañarme?
- Sígueme - tendió su mano y yo la tomé, subimos las escaleras, al llegar al segundo piso, había un corredor dónde conté cinco puertas, dos de cada lado y una al fondo.
- ¿Todas son habitaciones?
- Así es, pero la nuestra es la del fondo.
-Ok. - Abrió la puerta y me invitó a seguir. Era realmente hermosa y amplia. En el centro una cama cuyo modelo era campestre y antiguo con barrotes de madera gruesa, sobre ella había toldos, un nochero a cada lado que conservaban el estilo de la cama al igual que el tocador y toda la decoración en general.
- ¿Te gusta?
-Me encanta ¿y los girasoles? - Pregunté, al mirar que por lo menos había doce ramos de estas flores en la habitación.
-Yo las pedí, ¿sabías qué el girasol es el símbolo del Sol y representa el amor y la admiración, Pero también la felicidad?
-No, pero es un dato interesante.
-Ven conmigo - volvió a tomar mi mano y me llevó al balcón. Si la vista dentro era maravillosa... Desde allí era simplemente perfecta.
cuando se trata de un amigo se disculpa pero cuando es una mujer siempre será la manzana 🍎🍎🍎 de la discordia
no sé yo pero creo que hay bebé a bordo porque tuvieron sexo sin protección y se olvidaron de la pastilla del día después y no una sino varias veces