La chica invisible del colegio soporta el bullying del más lindo hasta que él se enamora de ella por celos, que pasará con ellos???
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Capítulo 21: Agosto
Agosto vino con viento que te secaba los labios y con el cumpleaños de Thiago el 11. Cumplía dieciocho. Me lo dijo en julio pero recién en agosto me cayó: dieciocho. Yo seguía en dieciséis. Dos años. Antes me parecía un montón, ahora no.
El 9 me mandó mensaje: “el lunes cumplo. mi vieja hace torta a la noche. venís?”
Le puse: “sí.” Después: “qué querés?”
“nada. que vengas.”
“algo.”
“alfajor.”
Le compré una caja de seis. No le dije.
Mamá no me dijo nada cuando le pedí ir. Solo: “volvés antes de las diez y me mandás cuando salís”.
El lunes salí del colegio y pasé por casa a cambiarme. Me puse jean limpio y el buzo que no tiene agujeros. Me acomodé la trenza dos veces y me la dejé suelta.
Llegué a las ocho. Marcela había puesto globos y una torta de chocolate con “Feliz 18 Thiago” en dulce de leche. Estaban Jorge, Cami, una tía, el abuelo y tres amigos del club: Lautaro, Nico y uno que no conocía.
Thiago abrió la puerta con la remera del club y el pelo mojado.
—Viniste —dijo.
—Te dije.
—Ya sé.
Me dio un beso rápido en la mejilla porque estaba el padre atrás.
—Pasá, Emi —dijo Marcela.
Comimos pizza y después la torta. Jorge le dio una camiseta nueva y Marcela un par de botines. Cami le dio una carta. Los amigos le trajeron una pelota firmada.
Yo le di la caja de alfajores.
—Te dije que no quería nada —dijo.
—Ya sé.
—Sos porfiada.
—Vos también.
La abrió ahí. —Son seis. Uno para cada día hasta que me veas de nuevo.
—No seas boludo.
Se rio. Marcela nos miraba y no decía nada.
A las nueve y media los amigos se fueron. Quedamos nosotros, Marcela, Jorge y Cami mirando tele. Thiago me llevó a la pieza “a mostrarme algo”.
—Si tardan mucho voy a buscarlos —dijo Marcela sin levantar la vista.
—Sí, ma —dijo Thiago.
En la pieza no me mostró nada. Cerró la puerta y se quedó parado mirándome.
—¿Qué? —le pregunté.
—Nada. Gracias por venir.
—De nada.
—¿Te aburriste?
—No.
—Bueno.
Se acercó y me abrazó. No rápido. Largo, con la cabeza apoyada en mi hombro.
—Dieciocho —dijo.
—Sí.
—Soy viejo.
—Sos un boludo.
—Eso también.
Me besó. Despacio primero. Después me apretó contra la puerta y yo le pasé las manos por la espalda y le sentí la camiseta nueva.
—Te amo, Ríos —me dijo en el oído.
—Yo también, Benítez.
Nos quedamos así hasta que golpearon.
—Cinco minutos y salen —dijo Marcela del otro lado.
—Ya vamos —contestó Thiago.
Salimos. Comimos lo que quedaba de torta. A las diez me fui. Thiago me acompañó hasta la esquina.
—Gracias por los alfajores —dijo.
—De nada.
—¿Mañana te veo?
—Sí.
Me dio un beso y se quedó en la esquina hasta que doblé.
En casa mamá me esperaba despierta.
—¿Bien?
—Sí.
—¿Te trataron bien?
—Sí.
—¿Y él?
—Contento.
—Bueno.
Me fui a la pieza. En el cuaderno escribí: 11/8. Cumplió 18. Le di alfajores. Me dijo gracias por venir y te amo en la pieza con la puerta cerrada. La madre golpeó y dijo cinco minutos. No pasó nada más. Tiene 18 y yo 16 y no se siente raro.
El miércoles Thiago volvió a entrenar con el equipo. Solo trote y pases, nada de trabar. Cuando salió me mandó foto: él con la camiseta transpirada y la rodilla vendada. “no me dolió.”
Le puse: “bien.”
Me contestó: “te extraño aunque te vi ayer.”
Le puse: “yo también.”
El sábado fui a verlo. Jugaban amistoso y él no entraba pero estaba en el banco con el buzo del club. Yo me senté en la tribuna con Marcela.
—¿Nerviosa? —me preguntó ella.
—Un poco.
—No lo dejan entrar todavía. Por las dudas.
—Está bien.
—Él se muere por entrar.
—Ya sé.
Cuando terminó se acercó transpirado.
—Ni toqué la pelota —dijo.
—Igual te vi.
—Bien.
Marcela nos llevó a los tres en el auto. En el camino Thiago me agarró la mano abajo del asiento.
En casa, antes de bajarme, me dijo:
—Che.
—¿Qué?
—En octubre cumplo dieciocho de carnet. Mi viejo me deja manejar.
—¿Y?
—Te llevo a donde quieras.
—¿A dónde quiero?
—Sí.
—A la plaza.
—A la plaza.
Me reí. —Boludo.
—Vos más.
Me bajé.
Esa noche escribí: agosto. Cumplió 18. Volvió a entrenar. Me dijo que en octubre maneja y me lleva a la plaza. Le dije boludo. Me dijo vos más. Me gusta que me diga esas cosas.
El lunes en el banco me dio un alfajor.
—Quedan cinco —dijo.
—Gracias.
Nos besamos y me fui al colegio.
En Literatura Susana nos hizo escribir sobre “algo que haya cambiado este año”. Yo escribí sobre los anteojos. No sobre Thiago. Pero cuando terminé abajo puse, chiquito: y también él.
me gustaría una segunda parte
si quisiera saber de Lautaro pero que no intervenga en la vida de ellos el ya fue historia