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Dueño De Todas, Esclavo De Una

Dueño De Todas, Esclavo De Una

Status: En proceso
Genre:Romance
Popularitas:4.1k
Nilai: 5
nombre de autor: liligacaño

A sus 36 años, Alessandro De Luca es el heredero del imperio de moda más importante de Italia. Dueño de una prestigiosa agencia de modelos con sedes en Milán y Colombia, vive rodeado de lujo, poder y mujeres. Es un hombre frío, arrogante y mujeriego. Ninguna mujer ha logrado conquistar su corazón.
Desde niño, su padre decidió su futuro. Lo comprometió con Bianca Conti, una reconocida modelo italiana e hija de su mejor amigo y socio de la empresa. Para Alessandro, Bianca nunca ha sido el amor de su vida, solo la mujer perfecta para mantener la imagen de la familia ante la alta sociedad.
Antes de entregarle el control absoluto del imperio familiar, su padre le impone una última condición:
—Si quieres convertirte en el único dueño del Grupo De Luca, tendrás que casarte con Bianca. De lo contrario, jamás recibirás la presidencia ni la totalidad de la herencia.
Lo que Alessandro desconoce es que Bianca nunca ha permanecido a su lado por amor. La fortuna de su familia ha desaparecido y están

NovelToon tiene autorización de liligacaño para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 11: Una apuesta peligrosa

Después de recorrer toda la agencia junto a Marco, regresamos a mi oficina. Aún teníamos varios asuntos pendientes relacionados con la nueva campaña publicitaria.

La decisión ya estaba tomada.

Valentina sería la imagen principal de la campaña de verano .

Sobre el escritorio había varias carpetas con propuestas, fotografías de prueba y el cronograma de trabajo. Mientras revisábamos algunos detalles, alguien llamó a la puerta.

—Adelante.

La secretaria asomó la cabeza.

—Señor Alessandro, la señorita Laura pregunta si puede pasar.

Miré inmediatamente a Marco.

—¿No se suponía que estaba de viaje?

Él sonrió.

—Tal vez llegó anoche. Amigo... qué felicidad la tuya.

Negué con la cabeza mientras sonreía.

—Hazla pasar.

—Con gusto.

Unos segundos después, la puerta volvió a abrirse.

—Buenas tardes, señores.

Laura entró con la elegancia que siempre la había caracterizado. Vestía un conjunto blanco que resaltaba su figura. Seguía siendo una mujer muy atractiva y sabía perfectamente cómo llamar la atención al entrar en cualquier lugar.

Marco y yo nos levantamos.

Ella saludó primero a Marco con un beso en la mejilla y un abrazo amistoso.

Luego caminó hasta mí.

Sin importarle que estuviéramos en la oficina, rodeó mi cuello con los brazos y me besó suavemente en los labios.

Correspondí el beso con naturalidad.

—¿Cómo estás, Laura?

La observé de arriba abajo.

—Veo que cada día estás mejor.

Ella soltó una pequeña carcajada.

—Súper bien, mi querido Aless. Y ahora mucho mejor al saber que por fin estás en Colombia. Pensé que ya te habías olvidado de nosotros.

—Jajajaja... No exageres. Pensé que sería imposible encontrarte. Me habían dicho que estabas en Nueva York.

—Lo estaba. Llegué anoche y esta mañana me enteré de que habías venido. Así que dije: voy a visitar al amor platónico de mi vida.

Marco comenzó a reír.

—¿Amor platónico? Pues aprovecha y diviértete con ese amor antes de que vuelva a Milán.

Laura volvió a mirarme.

—Claro que vamos a divertirnos... como en los viejos tiempos.

Y volvió a besarme.

Marco levantó las manos en señal de rendición.

—Bueno, yo mejor me voy. Los dejo ponerse al día. Nos vemos mañana, amigo.

—Nos vemos mañana.

Cuando Marco salió, Laura tomó asiento frente a mi escritorio.

Hablamos durante varios minutos recordando campañas antiguas, viajes y algunas anécdotas.

Era una mujer que conocía desde hacía años.

Habíamos compartido muchas noches, muchos viajes y demasiados secretos.

Siempre existió química entre nosotros.

Aunque, siendo sincero, lo que sentía por ella nunca había sido amor.

Solo deseo.

Con el paso de los años seguía siendo una mujer hermosa, incluso más interesante que antes, pero ya no despertaba en mí la misma emoción de otros tiempos.

Tal vez era la costumbre.

O simplemente había dejado de sorprenderme.

Mientras tanto, en el estudio fotográfico, la sesión de entrenamiento de las nuevas modelos había terminado.

Ya eran casi las cinco y media de la tarde.

Juliana y yo nos cambiamos de ropa y salimos rumbo al ascensor.

Cuando las puertas se abrieron, Alessandro entró acompañado por una mujer muy elegante.

Era realmente hermosa.

Alta, segura de sí misma y con una sonrisa llena de confianza.

—Buenas tardes, señoritas.

Alessandro nos saludó con una sonrisa enorme.

Juliana y yo respondimos al mismo tiempo.

—Buenas tardes.

Él apenas nos dedicó unos segundos de atención.

Toda su concentración estaba puesta en la mujer que lo acompañaba.

No dejaba de sonreírle ni de coquetear con ella.

Cuando el ascensor llegó al primer piso, ambos salieron juntos.

Desde el ventanal vimos cómo subían al mismo automóvil y se marchaban.

Juliana soltó una sonrisa.

—Ya llegó Laura.

La miré confundida.

—¿Quién es Laura?

—Ella... la mujer que iba con el jefe. Es una de las modelos más antiguas de la agencia.

—Ah...

—Siempre que Alessandro viene a Colombia terminan juntos.

La observé unos segundos.

—¿Son pareja?

Juliana se encogió de hombros.

—Nunca lo han confirmado, pero todos aquí dicen que tienen su cuento desde hace años.

Volví la mirada hacia la calle.

Ahora entendía por qué Alessandro parecía tan feliz.

—Con razón iba tan sonriente.

Juliana siguió hablando.

—La verdad, Laura es como la oficial aquí en Colombia.

Solté una pequeña risa.

—¿Oficial?

—Bueno... ya sabes cómo es Alessandro. Tiene fama de mujeriego. Sale con muchas modelos, pero con Laura siempre termina regresando.

Asentí lentamente.

No dije nada.

Pero, por alguna extraña razón, aquella conversación me dejó un pequeño vacío.

Me molestó más de lo que debería.

"Qué tontería..."

Pensé mientras caminábamos hacia el estacionamiento.

"Él no tiene por qué interesarme."

Ni siquiera era alguien importante para mí.

O eso quería creer.

Aquella noche, Alessandro y Laura cenaron en uno de los mejores restaurantes de la ciudad.

Después fueron a tomar unas copas.

Rieron.

Recordaron viejos tiempos.

Y terminaron pasando la noche juntos en un exclusivo hotel.

Al día siguiente, ambos llegaron juntos al edificio de la agencia.

Al entrar, Alessandro la acompañó hasta el área de vestidores.

—Nos vemos luego.

—No tardes en buscarme.

Ella le guiñó un ojo antes de desaparecer por el pasillo.

Él sonrió y caminó hacia su oficina.

Apenas abrió la puerta encontró a Marco esperándolo.

—Buenos días, amigo.

—No hace falta que te pregunte cómo amaneciste.

Con esa sonrisa es más que suficiente.

Alessandro dejó el maletín sobre el escritorio.

—¿Tan evidente es?

—Demasiado.

Los dos comenzaron a reír.

—¿La llevaste al penthouse?

Alessandro negó inmediatamente.

—¿Estás loco?

Tú sabes que jamás llevo a mis aventuras donde vivo.

Para eso existen los hoteles.

Marco soltó una carcajada.

—Sigues siendo el mismo de siempre.

—Eso nunca va a cambiar.

Marco volvió a sentarse.

—Y dime... ¿qué tal sigue Laura?

Alessandro permaneció unos segundos en silencio antes de responder.

—Igual que siempre.

—¿Solo igual?

—Sí.

Pensé que volver a verla despertaría algo diferente... pero no.

Ya no siento lo mismo.

Marco arqueó una ceja.

—Entonces te toca buscar emociones nuevas.

Por ejemplo...

Valentina.

Alessandro levantó la vista.

—No empieces.

—¿Qué?

—Ella no es mi tipo.

Marco sonrió divertido.

—Claro... entonces explícame por qué no dejas de mirarla.

—No imagines cosas.

Lo único que me llama la atención es que no actúa como las demás.

No intenta impresionarme.

No busca acercarse.

Ni siquiera parece interesarle quién soy.

Eso es lo que me intriga.

Marco cruzó los brazos.

—Precisamente por eso te gusta.

Porque es diferente.

Y esa sí sería difícil de conquistar.

Alessandro soltó una risa orgullosa.

—Perdón, pero ninguna mujer me queda grande.

—¿Seguro?

—Completamente.

Marco apoyó los codos sobre el escritorio.

—Entonces apostemos.

Los ojos de Alessandro brillaron.

—¿Qué propones?

—Cinco mil dólares.

A que no logras conquistar a Valentina.

Alessandro sonrió con confianza.

—Acepto.

—Pero con una condición.

Debes conquistarla antes de regresar a Milán.

Si se acaba tu viaje y no lo logras...

Pierdes.

Alessandro extendió la mano.

—Trato hecho.

Ambos estrecharon sus manos.

Sin saber que aquella apuesta cambiaría mucho más que sus vidas profesionales.

Alessandro volvió a hablar.

—Por cierto...

Valentina y Juliana son muy amigas.

Fue Juliana quien la recomendó para trabajar aquí.

Incluso viven juntas respondió marco .

Alessandro asintió lentamente.

Aquella información le resultaba útil.

Muy útil.

Continuaron revisando algunos asuntos de la empresa hasta que la mañana terminó.

Por la tarde, Valentina llegó nuevamente al estudio para continuar con las prácticas.

Llevaba varias horas trabajando cuando Marco apareció.

—Valentina.

Ella levantó la mirada.

—¿Sí?

—El señor Alessandro quiere hablar contigo.

Frunció ligeramente el ceño.

—¿Conmigo? ¿Para qué?

—Quiere hablar sobre tu contratación para la nueva campaña.

—Está bien.

Antes de irse, caminó hasta donde estaba Juliana.

—Juli, voy a la oficina del señor Alessandro. Dice Marco que quiere hablar conmigo sobre el contrato.

Juliana le sonrió.

—Ve tranquila. Mucha suerte.

Valentina respiró profundamente y caminó hacia las oficinas.

Mientras tanto, Alessandro observaba por la ventana de su despacho.

Ya había tomado una decisión.

Él mismo se encargaría de todo el proceso de contratación de Valentina.

Era la excusa perfecta para acercarse a ella.

Pensaba pedirle disculpas por la discusión del primer día.

Bajar un poco el orgullo.

Hacer las paces.

Y, poco a poco, comenzar a ganarse su confianza.

Después de todo...

Estaba convencido de que tarde o temprano terminaría conquistándola.

Porque, según él, ninguna mujer era imposible.

Lo que Alessandro todavía no imaginaba era que Valentina sería la primera capaz de poner en duda todas sus certezas.

1
Genesis Paez
Que historia tan mala, pura habladera de paja
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