Sus ojos eran azules como el mar. Y Noah Lobo quedó atrapado desde el primer instante en que la vió.
Noah tiene poder, domina parte de la mafia italiana y rusa, y nada se le resiste. Pero ella es Eliza Romano: una mujer curvilínea, de belleza deslumbrante, esposa de otro hombre. Lo que nadie sabe es que ese apellido es una cadena. Que ella fue arrancada de su tierra, raptada a los dieciocho y obligada a casarse. Y que cada día finge ser feliz para proteger a su pequeña hija.
Cuando la niña le confiesa que su padre maltrata a su madre, Noah decide que ya basta. Luca Romano tiene una reputación… pero Noah tiene a la familia más temida de Europa. Y esta vez no se trata de negocios.
Ella no es de nadie. No cuando él está dispuesto a quemar el mundo entero por tenerla.
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¿Cuál es el precio?
Eliza 🩵
Me separo de él suavemente y Noah sale de la habitación sin hacer ruido, cerrando la puerta tras de sí. Me quedo sola, de pie en medio de la habitación, el pecho aún subiendo y bajando con la respiración entrecortada. Me duele todo el cuerpo, pero más me duele el alma, ligera por primera vez en siete años, como si hubiera soltado una cadena que me arrastraba por el suelo.
Me siento en el borde de la cama y en ese movimiento, Marisol se remueve y abre sus ojitos. Parpadea, me mira, y una sonrisa enorme se dibuja en su rostro al instante. Se sienta de un salto y se lanza a mis brazos. Yo la recibo, la aprieto con todas mis fuerzas, inhalo su olor a dulzura y siento que podría llorar otra vez.
—Mami —dice contra mi hombro—, estoy feliz. El señor guapo nos salvó. Él me escuchó y fue por nosotras.Cumplió su promesa.
Me quedo quieta, acariciando su espalda, y algo se me remueve por dentro. Mi pequeña tiene siete años. Siete años y fue más valiente que yo. Más decidida. Mientras yo me encerraba en mi dolor y mi miedo, ella… ella hizo algo que yo no me atreví ni a imaginar.
—¿Qué quieres decir, princesa? —le pregunto suavemente, apartándola un poco para mirarla a los ojos—. ¿Cómo supo el señor Noah que lo necesitábamos?
Marisol se acomoda entre mis brazos y me lo cuenta con naturalidad, como si fuera lo más sencillo del mundo.
—El día que fuimos al parque —empieza, y se me rompe el corazón al recordar esa tarde—, conocí al señor guapo. Él se me acercó y me regaló me dio una tarjeta con su número. Me dijo que si papá malo te hacía llorar otra vez, que lo llamara. Que él vendría. Así que… cuando papá te empujó y te gritó mucho, yo me escondí en la habitación y llamé. Él contestó rápido. Y vino. Como dijo que haría.
Me tapo la boca con la mano, las lágrimas brotando solas. Todo este tiempo… cuando yo creía que ella estaba escondida asustada, rezando, lo que estaba haciendo era pedir ayuda. Estaba luchando por nosotras mientras yo me quedaba esperando a que el infierno terminara solo. Mi niña, mi bebita de siete años, fue más valiente que su propia madre.
—Perdóname —le digo con la voz quebrada, besándole la frente, las mejillas, sus manitas—. Perdóname, mi amor. Fui cobarde. Fui débil. Debí haberte sacado de ahí hace mucho tiempo. Debí haber encontrado la forma de irnos. Debí protegerte yo a ti, no tú a mí.
Marisol me llena el rostro de besos rápidos y tiernos, acariciándome las mejillas para secarme las lágrimas.
—No llores, mami. Ya no estamos ahí. El monstruo no puede venir. Ahora sí seremos felices. Las dos solitas, lejos de él. ¿Verdad?
—Sí mi niña —asiento, abrazándola con fuerza—. Seremos felices. Te lo prometo.
Alguien toca suavemente la puerta.
—Pase —digo, secándome la cara.
Entra un empleado, un hombre mayor con amable sonrisa.
—Señora, pequeña —dice con respeto—. Las habitaciones están listas. Si me permiten acompañarlas.
Tomamos la mano de Marisol y seguimos al hombre por amplios pasillos de suelos pulidos y cuadros hermosos en las paredes. Se detiene ante dos puertas contiguas y las abre con un gesto.
—Aquí están. Una para la pequeña princesa y la otra para usted, señora. Conectadas por una puerta interior, por si las necesitan.
Entramos y nos quedamos sin palabras. Las habitaciones son enormes, luminosas, con muebles hermosos, alfombras suaves, camas grandes y ventanales que dejan entrar la luz de Florencia. No hay nada que falte. Y luego seis empleadas entran detrás de nosotros y dejan todo con cuidado, con sonrisas amables. sobre cada cama, sobre los sillones, sobre las mesas… hay montones de bolsas, cajas, fundas de ropa.
Marisol suelta mi mano y corre hacia las bolsas de su habitación. Empieza a abrirlas con ojos brillantes, sacando prendas de colores suaves, vestidos hermosos, pantalones, camisetas, zapatitos de todos los estilos, lazos y cintas para el cabello, perfumes que huelen a flores dulces…
—¡Mami, mira! —exclama sacando un vestido azul precioso—. ¡Es hermoso! ¡Y hay zapatitos que combinan! ¡Y esto! ¡Y esto otro!
Me acerco a ella, maravillada también, y justo entonces la puerta se abre y entra Noah. Marisol suelta todo y corre hacia él sin dudarlo un segundo. Él se agacha y la recibe en brazos, levantándola en el aire como si pesara nada.
—¡Señor guapo! —grita ella feliz.
—Hola, pequeña —le dice con una sonrisa que la hace brillar—. ¿Te gusta lo que llegó?
—¡Me encanta! ¡Es todo tan bonito! —le responde, y le planta un beso sonoro en la mejilla—. Gracias, gracias, gracias.
—Me alegra muchísimo que te encante —dice él acariciándole el cabello—. Y si necesitas algo más, cualquier cosa, no dudes en pedírmelo. ¿Trato hecho?
—Trato hecho —asiente ella seria, extendiéndole la manita para estrechar la suya.
Dos de las empleadas se acercan con respeto.
—Nosotras nos encargamos de todo, señorita —dice una—. Vamos a ordenar todo en el clóset, acomodar la ropa… usted solo disfrute.
Noah me mira y hace un gesto hacia la puerta contigua.
—¿Vemos lo que llegó para ti? —me pregunta suavemente.
Entramos a mi habitación y me quedo igual de asombrada. Hay vestidos de todos los estilos, desde elegantes hasta sencillos y cómodos, pantalones, faldas, pijamas suaves como nubes, ropa interior delicada, zapatos para cada ocasión, joyas discretas y hasta un neceser lleno de maquillaje de las mejores marcas. Todo perfecto, todo hermoso.
Me doy la vuelta hacia él, con el corazón latiéndome un poco más rápido, y trago saliva antes de hablar.
—Noah… —empiezo, bajando la mirada hacia las prendas—. Todo esto… es demasiado. ¿Cuánto le debo? ¿Cuál es el precio? —alzo la vista y lo miro a los ojos—. ¿Qué tengo que dar a cambio?
Él me mira fijamente, sin apartar la vista, y da un paso hacia mí.
—No me debes nada, Eliza —dice con voz firme pero suave—. Nada. No tienes que darme nada. No hay precio. No hay trato. Lo hice porque quise. Porque te mereces esto y mucho más. Solo quiero que sanen. Que sean felices. Que disfruten la vida sin miedo a que nadie les quite nada ni les haga daño. Eso es todo.
—¿Está seguro? —pregunto, y la voz me tiembla un poco—. Nadie hace algo así sin esperar nada a cambio.
—Yo sí —responde sin dudar—. Y si no te sientes cómoda compartiendo la casa conmigo, solo dilo. Me voy. Les dejo la casa solo para ustedes dos. O les compro otra, donde quieran. Lo que necesiten. Sin nada a cambio, Eliza. Te lo juro por mi honor de Lobo Novikov. No tienen que estar conmigo si no quieren. Solo quiero que estén bien.
Me quedo callada, procesando cada palabra. Nadie me había hablado así en años. Nadie me había dado algo sin pedir algo a cambio. Nadie me había dicho que mi bienestar importaba.
—No sé qué decir —susurro—. Gracias. Noah, de verdad… gracias.
—No digas eso —sonríe levemente—. Descansa, acomódate, ponte cómoda. Aquí estás segura. Y lo que sea que necesites, solo pide. Estoy aquí.
Asiente y sale de la habitación, dejándome rodeada de belleza, de calidez, de libertad. Me acerco a la puerta que conecta con la habitación de Marisol y la abro. Ella está sentada en la cama, viendo cómo las empleadas acomodan sus cosas, y al verme, me sonríe radiante.
—¿Ves, mami? —me dice—. El señor guapo cumple sus promesas.
Me acerco y me siento a su lado, tomando su manita pequeña entre las mías.
—Sí, mi amor —respondo con una sonrisa que por fin se siente real—. Lo cumple. Y ahora nosotras también vamos a cumplir la nuestra. Vamos a ser felices. De verdad.
Hermosos capítulos donde tantas mujeres lo recibe como su familia ya no se va sentir sola.
Y ya esta cerca de encuentro 🔥🔥🔥 con Naoh, ya lo dos sienten esa química
Que emoción todas juntas¡