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TE ODIO, Pero Te Deseo

TE ODIO, Pero Te Deseo

Status: Terminada
Genre:Amor-odio / Amor de la infancia / Romance / Completas
Popularitas:56k
Nilai: 5
nombre de autor: SilvinaTracy

Kristen Whittaker y Dante Macade se conocen desde que tenían seis años. Se han odiado desde entonces. Un odio a primera vista que, con los años, solo se ha vuelto más divertido… y mucho más peligroso.

Porque Dante sabe exactamente qué decir para hacerla enfurecer, y Kristen sabe perfectamente cómo devolverle el golpe. Han crecido peleando, provocándose y jurando que jamás sentirían nada diferente el uno por el otro.

Hasta que una noche, algo entre ellos cambia.

Algo que ninguno de los dos esperaba. Algo que ambos creyeron que podían olvidar.

Pero no todo se olvida tan fácilmente.

Ahora Kristen tendrá que decidir si confía en Dante lo suficiente para descubrir qué significa realmente lo ocurrido entre ellos.

Porque quizá aquella noche no cambió solo su relación.

Quizá cambió todo.

NovelToon tiene autorización de SilvinaTracy para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

NO TE ACOSTUMBRES

KRISTEN WHITAKER

La amabilidad y la consideración de mi insoportable vecino duraban muy poco tiempo. Él no era una buena persona, eso lo tenía bastante claro. Tal vez por esa razón, cualquier tregua entre nosotros terminaba convirtiéndose en una nueva oportunidad para que volviéramos a molestarnos.

Durante nuestro último año en la escuela primaria, se había ocupado de hacerme la vida imposible, tal como siempre. Yo lo detestaba con todas mis fuerzas y, aunque no podía negar que en algunas ocasiones era capaz de tener buenos gestos, eso no cambiaba en absoluto lo que pensaba de él.

Por aquella época, ambos comenzamos a tener acné, algo completamente normal a nuestra edad. Nuestras madres, que siempre habían sido amigas y compartían prácticamente todas sus decisiones, tuvieron una idea maravillosa. Al menos, así parecía según sus propias opiniones, porque para nosotros dos aquella ocurrencia estaba muy lejos de ser agradable.

La primera en sufrir las consecuencias fui yo. Mi madre me hizo sentar mientras me aplicaba una mascarilla negra en el rostro. Dante, que estaba a mi lado, se reía con muy poco disimulo de mi desgracia, hasta que su madre abrió su bolso y sacó otra mascarilla.

--Ahora te toca a ti, cariño

Él la miró espantado e incluso tuvo la intención de alejarse, pero no consiguió escapar de la decisión que las dos mujeres habían tomado.

Diez minutos más tarde, seguíamos mirándonos con odio, aunque ahora ambos teníamos el rostro tirante debido a aquella desgracia compartida.

No entendía por qué nuestras madres se empeñaban en reunirnos y organizar actividades que ninguno de los dos quería hacer. ¿Cómo era posible que no se hubieran dado cuenta de cuánto nos odiábamos?

Desgraciadamente, aquella sesión de limpieza facial se convirtió en una costumbre semanal. Después de las primeras tres reuniones, ya ni siquiera éramos capaces de reírnos de la desgracia ajena. Ambos estábamos demasiado ocupados soportando nuestra propia tortura.

Mientras tanto, nuestra rivalidad no hacía más que empeorar. Seguíamos compitiendo por absolutamente todo y las travesuras que nos hacíamos eran cada vez peores. Si Dante me hacía alguna maldad, yo encontraba la manera de vengarme y, cuando finalmente conseguía saldar mis cuentas, él volvía a hacer algo para que todo comenzara de nuevo.

Como si nuestras madres no tuvieran suficiente con aquellas sesiones de belleza, se les ocurrió una nueva actividad que terminaría convirtiéndose en otra tortura para mí: visitar al odontólogo.

Lo peor de todo fue que nos obligaron a acompañarlas a un lugar que ninguno de los dos conocía.

Cuando nos sentamos en la sala de espera, noté que Dante estaba bastante nervioso. Tenía la expresión de alguien convencido de que iba a pasar un mal rato dentro del consultorio. No lo culpaba. Después de todo, si no había sido capaz de peinarse correctamente en todos esos años, yo estaba bastante segura de que tampoco debía de ser muy cuidadoso con sus dientes.

En cambio, yo estaba completamente tranquila. Siempre había sido cuidadosa con mi higiene personal y, a medida que crecía, desarrollaba nuevos hábitos beneficiosos. Por eso, no tenía motivos para preocuparme.

Minutos después, Dante salió de la consulta con una expresión de absoluto alivio. Al parecer, había sobrevivido a su visita al odontólogo sin mayores inconvenientes. Sin embargo, cuando llegó mi turno, descubrí que mi suerte sería muy diferente.

No tenía caries ni ningún otro problema grave. Lo que sí tenía era algo capaz de arruinar mi vida escolar durante los siguientes dos años.

¡Necesitaba brackets!

--No usaré eso-- Protesté desde el sillón del consultorio, mirando al odontólogo como si acabara de anunciarme una condena

El hombre no pareció sorprendido. Probablemente estaba acostumbrado a atender a personas que, al igual que yo, se negaban rotundamente a aceptar semejante desgracia.

Mi madre, por supuesto, no compartía mi indignación. Me miró con una paciencia que en aquel momento me resultó absolutamente insoportable.

--Kristen, tienes que hacerlo, cariño. Es por tu bien

--No. No es por mi bien

--Los usarás

Su respuesta terminó con cualquier posibilidad de negociación. Aun así, pensé que tal vez podría convencer a mi padre para que hablara con ella y consiguiera que cambiara de opinión. Sin embargo, mientras escuchaba todas las indicaciones del odontólogo, comprendí que mis problemas no terminarían con aquellos aparatos metálicos.

¡Mi alimentación también acababa de morir!

¿Qué persona de mi edad podía vivir sin comer dulces o masticar goma de mascar? ¡Era completamente injusto!

Salí de la consulta tan enfadada que ni siquiera tenía ganas de hablar. Mi madre, por el contrario, parecía encantada de conversar con la señora McCade durante todo el camino. Ambas comentaban las indicaciones del odontólogo, los cuidados que debía tener y los costos de aquellos aparatos dentales que, desde mi punto de vista, estaban a punto de arruinar mi vida social.

Dante caminaba varios pasos por delante de nosotras. Supuse que no estaba prestando atención a aquella conversación interminable, pero me equivocaba.

Los primeros días después de que mis padres aceptaran torturarme de aquella manera fueron terribles. Me sentía profundamente triste y, para colmo, tenía que soportar las limitaciones de mi nueva vida. No podía comer todo lo que me gustaba y debía tener muchísimo cuidado con mis dientes.

Además, algunos compañeros de clase comenzaron a burlarse de mí. Aquello terminó de convencerme de que mi situación era insostenible. Incluso llegué a considerar la posibilidad de mudarme con mi tía Carol hasta que pudiera volver a sonreír sin sentir vergüenza.

Por suerte, o quizá por desgracia, Dante tuvo una de sus inesperadas ocurrencias durante uno de los recreos.

Lo vi acercarse con una bolsa de dulces en la mano. Mi primera reacción fue pensar que quería burlarse de mí, mostrándome todas aquellas cosas deliciosas que ya no podía comer. Intenté alejarme antes de que comenzara con sus provocaciones, pero él me siguió.

Podía escuchar cómo revolvía la bolsa mientras caminaba detrás de mí. Cada vez que sacaba un dulce, parecía examinarlo cuidadosamente, lo que solo conseguía aumentar mi indignación.

--Este no. Este tampoco...-- Comenzó a murmurar para sí mismo

Me detuve, intrigada a pesar de mis esfuerzos por ignorarlo.

--Este sí lo puedes comer

Cuando me di vuelta, lo encontré extendiendo la mano hacia mí. Entre sus dedos tenía un dulce de fresa.

Lo miré sorprendida. Entonces comprendí que había estado escuchando las indicaciones que nuestras madres habían comentado durante el camino. Sabía perfectamente cuáles eran los dulces que podía comer y cuáles estaban prohibidos.

--¿Me lo vas a dar de verdad?

Era completamente razonable que desconfiara. Dante jamás se caracterizaba por ser amable conmigo y, aunque aquel gesto parecía sincero, no podía descartar que estuviera preparando alguna de sus habituales bromas.

--Toma

Acepté el dulce rápidamente y cerré la mano alrededor de él, por si acaso mi insoportable vecino decidía arrepentirse y quitármelo.

--Gracias-- Le dije, todavía un poco desconfiada

--No te acostumbres

Y, como si aquel pequeño gesto de amabilidad hubiera agotado toda su buena voluntad, salió corriendo antes de que pudiera responderle.

Así era Dante McCade. Podía tener un buen gesto conmigo, concederme una pequeñísima tregua y, apenas unos segundos después, volver a demostrarme lo estúpido que podía llegar a ser.

Cuando cumplimos trece años y comenzó oficialmente nuestra etapa en un nuevo colegio, quise creer que finalmente tendríamos la oportunidad de estar separados. Después de tantos años soportándonos, me parecía justo que cada uno pudiera continuar con su vida sin tener que encontrarse con el otro a cada momento.

Sin embargo, nuestras madres tenían otros planes.

Ambas habían decidido que aquella preparatoria era la mejor opción para nosotros y, como era de esperarse, terminamos matriculados en el mismo establecimiento. Para entonces, ya éramos lo suficientemente grandes como para no necesitar que nuestros padres nos acompañaran hasta la escuela, pero eso no significaba que hubiéramos conseguido librarnos de sus decisiones.

El primer día, busqué mi apellido en el listado de la primera aula. No aparecía. Pasé entonces a la segunda opción y allí lo encontré. Por un momento me sentí aliviada, hasta que descubrí quién compartiría conmigo aquella clase.

¡Dante!

De las tres aulas disponibles para los estudiantes de primer año, tenía que tocarme precisamente la misma que a él. No entendía qué había hecho para merecer semejante castigo, pero estaba convencida de que el universo tenía algo personal en mi contra.

Al menos, hubo algo que consiguió tranquilizarme un poco. En aquella escuela había muchos adolescentes que también llevaban brackets y, a diferencia de lo que había ocurrido en primaria, nadie parecía prestarles demasiada atención. Por primera vez desde que me habían colocado aquellos aparatos, sentí que podía relajarme y que tal vez no sería tan terrible como había imaginado.

Lamentablemente, mi tranquilidad duró muy poco.

Bastó con que algunos de nuestros compañeros nos vieran caminar juntos todos los días para que comenzaran a hacer comentarios sobre nosotros. Según ellos, Dante y yo éramos novios. Incluso llegaron a inventar historias sobre nuestra supuesta relación, como si no fuera evidente que apenas podíamos soportarnos.

Lo negamos hasta el cansancio. Cada vez que alguien insinuaba que éramos pareja, nos apresurábamos a desmentirlo, pero nuestros esfuerzos no servían de nada. Al parecer, para nuestros compañeros resultaba mucho más entretenido imaginar que estábamos enamorados que aceptar que nos detestábamos.

Y tampoco ayudaba que aquel estúpido tuviera la costumbre de perseguirme por todas partes para provocarme.

Aunque ambos nos odiábamos, siempre había algún tonto dispuesto a pensar exactamente lo contrario.

1
Laura Coronel
Hermoso final y❤️❤️❤️❤️
Monica Pedrozo
muy buena la recomiendo
Gracias autora por compartir tu talento con nosotros 🙏👏
Nairobis Cardozo Portillo
Gracias Silvina me encantó la historia de Dante y Kristen es hermosa muy real y divertida bendiciones y éxitos 🙏
Heidy🦋
jajajajjaja jaja hasta yo pensé tragame tierra 🤭
Claudia Torres
Querida gracias por deleitarnos con tus maravillosas obras son todas muy buenas.....q mi en lo personal me super encanto y los protagonistas espectaculares se merecían su amor infinito 💝❤️💪 te felicito querida mil bendiciones 🙏😇😘
Kim Nava
buen final a un que esperaba el nacimiento de la nena 🙏🤣🤭💐
Heidy🦋
Al fin reconoció que está enamorada y se vale arriesgarse y disfrutar el amor 😻
HILDA BENÍTEZ ALFONSO
Ame estos 2 personajes muy bella persona los 2 y también los padres
Eli Cardona💘💘
😍😍🥹🥹
Eli Cardona💘💘
Calladita quedas más bonita 🤣
Eli Cardona💘💘
Hasta yo siento vergüenza 🤭🤭
Amarilis Venegas 🇻🇪❤️‍🩹
Extraordinaria historia, Kristen y Dante me hicieron reír muchísimo y disfrute mucho su loca loquisima historia de amor-odio jajajajajaajaja Felicidades Silvy como siempre nos regalas una trama espectacular, con un fenomenal coherencia y redacción!!! Aquí seguiré leyendo tus maravillosas historias!!! 🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰
Vanessa Fernandez Ocando
excelente me encantó me gustó mucho
Dorita Lopera Betancur
Felicidades es una gran historia me divertí mucho
meidi aguiar
excelente amiga te felicito espero disfrutar de muchas más
margarita prentt
Una historia diferente, muy bonita y entretenida ❤️
mariana arreola
Una bella y linda historia de principio a fin
Betty Saavedra Alvarado
Dante y Kristen estaban tan concentrados que no escucharon nada de nada sus padres si ahora están llenos de vergüenza pero a lo hecho pecho y a poner la cara
Betty Saavedra Alvarado
Silvina una historia que tuvo de todo como en la vida real emociones sentimientos de Dante y Kristen que se pelearon desde niños el amor llegó a sus vidas y los unió para siempre tuvieron un amigo muy especial Justin Silvi gracias por tu talento e imaginación por tus historias que leemos cuando descansamos de nuestra rutina diaria o se nos va el sueño de madrugada Un abrazote desde mi Piura Perú
Betty Saavedra Alvarado: Silvi un pedido termina Lo que no se puede Callar
total 1 replies
Iza Lozano
Gracias Silvina por compartir tus historias, como siempre son hermosas. Felicidades por el talento que tienes
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