Aurora, la ladrona
En una época de castillos, reyes y caballeros, una joven desafía las leyes del reino con una única regla: jamás derramar sangre inocente.
Aurora es la líder de la temida Banda del Cuervo, un grupo de ladrones que roba las riquezas de nobles corruptos y comerciantes deshonestos para ayudar en secreto a quienes más lo necesitan. Su habilidad para desaparecer entre las sombras y dejar una pluma negra como única pista la ha convertido en una leyenda.
Mientras el capitán de la guardia moviliza a todo el reino para capturarla, el príncipe Daniel inicia una implacable persecución sin imaginar que la misteriosa ladrona es muy distinta de la criminal que todos describen.
Entre robos imposibles, conspiraciones, traiciones y secretos que podrían cambiar el destino del reino, Aurora descubrirá que el mayor desafío no será escapar de sus enemigos, sino decidir entre proteger a su banda o seguir los dictados de su corazón.
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El refugio entre las ramas
La muerte de Marta había cambiado el ambiente del palacio.
Los corredores estaban más vigilados que nunca. Los soldados revisaban las entradas, los documentos y hasta a los sirvientes que entraban y salían de las habitaciones.
El rey Fernando había ordenado investigar lo ocurrido.
—Una persona fue asesinada dentro de mi propio palacio —dijo con gravedad—. Quiero saber quién está detrás de esto.
Elizabeth permanecía junto al general Andrés.
—Marta sabía algo —dijo ella—. Y alguien se aseguró de que no pudiera contarlo.
Andrés asintió.
—Y eso significa que el enemigo conoce nuestros movimientos.
La reina Isabel miró a Daniel.
—¿Y Aurora?
Daniel negó con la cabeza.
—No la he visto desde hace días.
—¿No sabes dónde está?
—No.
Intentó mantener la calma, pero la preocupación comenzaba a ser evidente.
Mientras tanto, en el bosque, Aurora caminaba con Mateo.
Habían salido temprano para revisar los alrededores de la cabaña.
De pronto, Mateo se detuvo.
—Espera.
Aurora miró hacia él.
—¿Qué ocurre?
Mateo señaló el suelo.
Había huellas.
Varias.
No pertenecían a ninguno de ellos.
Aurora se agachó.
—Alguien estuvo aquí.
Diego llegó corriendo desde el otro lado.
—Encontré algo más.
Les mostró una rama rota.
—Hay huellas alrededor de la cabaña.
Aurora sintió un escalofrío.
—Nos encontraron.
Pablo salió de la cabaña.
—¿Quién?
—No lo sabemos —respondió Mateo—. Pero debemos irnos.
Lili miró la pequeña construcción.
—No podemos seguir cambiando de refugio cada pocos días.
Aurora observó el bosque.
Entonces levantó la mirada.
—¿Y si dejamos de escondernos en el suelo?
Todos la miraron.
Pablo frunció el ceño.
—¿Qué quieres decir?
Aurora señaló los enormes árboles que rodeaban la zona.
—Arriba.
Mateo comprendió.
—Una casa en los árboles.
—Exactamente.
Durante los siguientes días, la Banda del Cuervo trabajó en secreto.
Mateo consiguió madera.
Diego encontró cuerdas y herramientas.
Pablo, como siempre, consiguió algunas cosas de maneras que ninguno quiso preguntar.
Lili buscó plantas resistentes que pudieran utilizar para cubrir las paredes y ocultar la construcción.
Aurora dirigió todo.
Eligieron un árbol enorme, rodeado por otros más pequeños.
Su copa era tan espesa que desde el suelo apenas podía verse el tronco.
Construyeron una plataforma elevada y después levantaron paredes de madera.
La entrada estaba escondida entre ramas.
Desde abajo parecía solamente una parte del bosque.
Incluso había una cuerda que podían retirar para que nadie pudiera subir.
—No está mal —dijo Pablo después de observar el resultado.
Aurora sonrió.
—No está mal.
—Es la primera vez que tenemos una casa que literalmente nadie puede encontrar.
Lili miró hacia el bosque.
—Si tenemos cuidado, será difícil que nos descubran.
Mateo añadió:
—Y podemos observar los caminos desde aquí.
Aurora asintió.
Ese era precisamente el objetivo.
La nueva casa no solo era un escondite.
Era un lugar desde donde podían vigilar.
Aquella noche, Aurora subió hasta la plataforma.
Desde allí podía ver las luces lejanas de la ciudad.
Pensó en Daniel.
No sabía si él estaría buscándola.
No sabía qué estaba ocurriendo en el palacio.
Y tampoco quería ponerlo en peligro.
—¿Estás pensando en él?
Aurora se voltió.
Lili estaba detrás de ella.
—Quizá.
Lili sonrió.
—Te gusta.
Aurora suspiró.
—No empieces.
—No dije nada malo.
Aurora miró nuevamente hacia la ciudad.
—Es complicado.
—Porque él es un príncipe.
—Y yo soy una ladrona.
Lili se encogió de hombros.
—Eso nunca te ha detenido.
Aurora sonrió.
—Buenas noches, Lili.
—Buenas noches.
En el palacio, Daniel caminaba por los corredores.
Había enviado hombres a buscar información, pero nadie había encontrado a Aurora.
Ni a Mateo.
Ni a Lili.
Ni a Diego.
Ni a Pablo.
Aquello comenzaba a preocuparlo seriamente.
Entró en una sala donde Elizabeth revisaba documentos.
—¿Tienes alguna noticia?
Elizabeth levantó la mirada.
—Todavía no.
Daniel suspiró.
—Hace días que no sé nada de Aurora.
—Quizá simplemente se está escondiendo.
—Eso es lo que me preocupa.
Elizabeth lo observó.
—¿Por qué?
Daniel tardó en responder.
—Porque si alguien encontró su antiguo escondite, podría estar en peligro.
Elizabeth comprendió.
—Daniel...
—No puedo dejar de pensar que quizá Ricardo los encontró.
Andrés entró en la sala.
—Alteza.
Daniel se volvió.
—¿Qué ocurre?
—Encontramos algo en el bosque.
Daniel se acercó rápidamente.
—¿Qué?
Andrés extendió un pequeño trozo de tela.
—Estaba cerca de la antigua cabaña de la Banda del Cuervo.
Daniel lo reconoció.
Era una parte del vestido que Aurora había usado días atrás.
Su preocupación aumentó.
—Tenemos que encontrarlos.
Elizabeth se levantó.
—Pero debemos tener cuidado. Si Ricardo también los está buscando, cualquier movimiento puede llevarlo directamente hasta ellos.
Daniel apretó el trozo de tela entre sus dedos.
—Entonces los encontraré sin que nadie más sepa que los estoy buscando.
Muy lejos de allí, en lo alto del árbol, Aurora observaba el bosque desde una pequeña abertura.
Abajo, entre los árboles, una figura pasó lentamente.
Aurora tomó su daga.
—Hay alguien.
Mateo se acercó.
—¿Soldados?
Aurora negó.
—No lo sé.
La figura se detuvo unos segundos y después continuó su camino.
Nadie dijo una palabra.
Esperaron hasta que desapareció.
Aurora respiró profundamente.
Su nuevo refugio era difícil de encontrar.
Pero ahora sabían algo importante:
alguien seguía buscando a la Banda del Cuervo.
Y mientras Daniel se preocupaba cada vez más por Aurora, Ricardo estaba cada vez más cerca de descubrir dónde se escondían.