Gabriel lo tiene todo apellido fortuna y un magnetismo por las mujeres implacable sin embargo detrás de esa fachada de hombre frío déspota y mujeriego se esconde el trauma de la muerte de su madre, su padre lo obligó a esconder bajo una armadura de desconfianza su tristeza y dolor.
para él las personas solamente son piezas de ajedrez y el amor una debilidad que no se puede permitir.
pero el juego cambia cuando es obligado a casarse con Sara.
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la noche de bodas parte 1
Entre la gente ví a Sofía mi mejor amiga y caminé hasta ella, nos apartamos de la gente y ella me abrazó y yo a ella tan fuerte que mis lágrimas salieron de inmediato.
—Tranquila, Sara, por favor, mírame... —susurró Sofía, rompiendo el abrazo con delicadeza pero manteniendo sus manos firmes sobre mis hombros. Sus ojos reflejaban una profunda preocupación al ver el rastro de las lágrimas arruinando el polvo blanco de mi rostro—. Dios mío, estás temblando. Sabía que no querías esto, pero verte entrar del brazo de ese hombre... Parecía que caminabas hacia tu propio funeral.
—Es que es un funeral, Sofía —confesé en un hilo de voz, limpiándome la mejilla con rapidez antes de que alguien notara mi llanto—. Es el funeral de mi libertad. No tienes idea de lo que es estar cerca de él. Detrás de esos modales perfectos que le muestra a mi padre, hay un hombre oscuro, déspota... Ya me advirtió que su único propósito en esta casa va a ser doblegarme. Me tiene repulsión, Sofía. Me lo dijo en la cara.
Sofía ahogó un grito ahogado con la mano, mirando de reojo por encima de mi hombro hacia los patios principales, asegurándose de que nadie nos estuviera prestando atención. A lo lejos, la música de la orquesta seguía sonando con fuerza, ocultando nuestros susurros.
—¿Te dijo eso? Qué maldito arrogante... —siseó con indignación, pero luego volvió a clavar sus ojos en los míos, obligándome a respirar—. Pero escúchame bien, Sara. Tú no eres una mujer que se deje pisotear.
Eres la persona más fuerte e inteligente que conozco. Si ese infeliz cree que compró a una muñeca de porcelana para adornar su hacienda, se va a dar el golpe de su vida. No le demuestres tu miedo, porque de eso se alimenta su ego, así que no llores más eres muy hermosa y el debería de estar feliz de tener una esposa como tu.
—Eso mismo me dijo Eleonora... —susurré, sintiendo cómo el nudo de desesperación en mi pecho se aflojaba un poco gracias a sus palabras—. Que cambie de estrategia, que no use el mismo veneno porque terminaré destruida.
—Tienen razón. Juega con su mente, Sara. Conoce su terreno, descubre sus debilidades, porque todos los hombres poderosos tienen una. Y cuando la encuentres, úsala a tu favor —Sofía me dedicó una sonrisa pequeña pero feroz, sacando un pañuelo de su bolso para retocar con cuidado las comisuras de mis ojos—. Ahora, límpiate esas lágrimas, ponte derecha y regresa allá como la reina que eres. Que no te vea derrotada.
—Gracias, Sofía. No sé qué haría sin ti.— dije limpiando mi rostro rápidamente y respirando profundamente.
—Siempre voy a estar aquí, Sara.— dijo Sofi conmina sonrisa
Cuando regrese al salón ví a Gabriel en uno de los pasillos una mujer le estaba llorando lo abrazaba de la cintura como si le estuviera rogando.
Me detuve en seco, oculta tras una de las grandes columnas de cantera del pasillo. El corazón, que apenas se estaba calmando gracias a las palabras de Sofía, volvió a acelerarse, pero esta vez no fue por miedo. Fue por pura indignación.
La mujer le lloraba abiertamente, con las manos aferradas a su cintura con una desesperación desgarradora, ocultando el rostro en su pecho. Gabriel, inmóvil como una estatua de mármol, ni siquiera la rodeaba con sus brazos; mantenía una copa de cristal en una mano y la otra apoyada en el costado, mirándola desde arriba con una frialdad implacable, casi aburrida.
Sin embargo, no la apartaba.
—Por favor, Gabriel... —alcanzó a llegar a mis oídos el eco de su llanto ahogado entre la música del salón—. Me juraste que esto era solo un negocio, que nunca la ibas a querer. No me dejes, te lo ruego... No me dejes por esa niña.
Una de sus amantes. No me cupo la menor duda. Recordé de inmediato sus hirientes palabras en el corral: «Te aseguro que ninguna de ellas tiene el orgullo tan alto como tú». Al parecer, la realidad de su mundo me estaba golpeando en la cara mucho antes de lo esperado, y en su propia fiesta de bodas.
Las palabras de Eleonora y Sofía resonaron en mi mente como un eco de guerra: «No le demuestres tu miedo... Juega con su mente... Descubre sus debilidades».
Caminé a dónde estaban todos los invitados.
— Sara bienvenida a la familia, puedes contar conmigo incondicionalmente.— me dijo don Alejandro alado de mi padre.
— Pero donde estaba Gabriel.— pregunto mi padre.
Cuando de repente siento los dedos de Gabriel tocando mi cintura.
—Aquí estoy, señor —la voz de Gabriel resonó justo detrás de mí, baja y con esa cadencia arrastrada que me erizó la piel. Sus dedos se ciñeron sobre mi cintura con una presión firme, posesiva, obligándome a dar un paso hacia atrás para quedar casi pegada a su amplio pecho—. Disculpen la demora. Me distraje un momento en los pasillos de la hacienda asegurándome de que todo estuviera en orden, pero ya veo que mi hermosa esposa ha vuelto al salón.
— Todo bien con la mujer que lloraba en el pasillo.— dije mirándolo haciendo que el perdiera un poco la compostura.
—¿Una mujer llorando? —repitió Gabriel con una risa baja, un sonido perfectamente ensayado que pretendía restarle cualquier rastro de importancia al asunto—. Ah, te refieres a la hija del capataz, querida. Pobre muchacha, vino a buscarme rota en llanto porque uno de los caballos finos enfermó esta mañana y temía que mi padre la despidiera. Le aseguré que no pasaría nada. Eres sumamente observadora, Sara... y muy compasiva por preocuparte por ella.
Don Alejandro soltó una bocanada de aire, riendo con evidente alivio.
—¡Vaya, muchacho! Me asustaste por un segundo. Ya sé de qué caballo hablas, mañana mismo lo revisará el veterinario. Me alegra saber que estás al pendiente de todo, y que tu esposa comparta esa atención —dijo el viejo terrateniente, totalmente convencido por la mentira de su hijo.
Mi padre asintió, visiblemente satisfecho por la "nobleza" de su nuevo yerno.
— Me imagino que ya quieren ir a descansar y como no si es su noche de bodas.— dijo don Alejandro y yo sentía que aire se acababa a mi alrededor no quería estar a solas con el.
— Sara debe de estar muy cansada, creo que ya es hora de irnos, el camino es muy largo.— dijo Gabriel.
Miré desesperadamente a mi padre, buscando aunque fuera un destello de la protección que me había brindado toda la vida, pero él solo sonreía, complacido, despidiéndonos con un ademán. Mi madre, a unos metros de distancia, me dedicó una mirada cargada de complicidad y una sonrisa que pretendía ser alentadora. Nadie iba a salvarme.
Gabriel se despidió de los presentes con su impecable cortesía habitual, pero en cuanto nos giramos hacia la salida, sus dedos en mi cintura me soltaron de inmediato.
El trayecto fue un suplicio de silencio sepulcral. El espacio cerrado del carruaje se sintió de inmediato asfixiante, impregnado de su perfume y de esa abrumadora cercanía que me hacía mantener la guardia en alto. Gabriel se recostó contra el respaldo de terciopelo, mirándome de arriba abajo con una fijeza pesada a la luz de los faroles. El vaivén de las ruedas sobre el camino de tierra marcaba los últimos minutos de mi libertad.
Cuando el carruaje finalmente se detuvo frente al casco principal de la imponente propiedad de los de la Vega, el corazón me dio un vuelco violento. Los criados abrieron las puertas en silencio, y Gabriel bajó primero, ofreciéndome la mano con movimientos lentos y calculados.
Me guio en silencio a través de los amplios pasillos coloniales de la casa, donde las sombras se alargaban con la luz tenue de los candiles. Subimos las escaleras de madera tallada hasta detenernos frente a una enorme puerta doble de madera oscura. Gabriel sacó una llave, abrió la cerradura y empujó la puerta, revelando la enorme habitación principal, dominada por una cama con dosel y un gran balcón que daba hacia los campos oscuros.
te pasas Gabriel así como va querer tener tus hijos
se vienen trillizos 🤔
muchacho malo
🙎🙎🙎 todo hubiera sido diferente si ese animal no se te hubiese salido del cuerpo.
ellla quiere amor respeto confianza fidelidad, pero al parecer no quieres darle todo 🤦🤦🤦 entonces como no quieres que ese muro aparezca.
🤷 empieza a usar tu inteligencia
cómo sabe 🙎🙎🙎
y Sarita que es nueva 😝 cayó rendida
pero
se que ambos pueden llegar a extrañarse
Gabriel no puede dejar de desear a su mujer y Sara desea a su hombre 🔥🔥🔥❤️❤️❤️ fuego con amor
le dijo amor? hacemos el amor? eres mi mujer? soy tuyo? demasiadas frases no creo que las diga en balde 😡 algo dentro de Gabriel está un poquito raro esos celos esa manera de ser posesivo de no querer dejarla salir sola 🤔 sospechoso.
Gabriel celoso pero ya pusiste en su sitio el otro día Julián 🤦 dios santo olvídate de él
que cambi de actitud
sino cuentas tazas deberás tomar Sara🙎🙎 hay que tener cuidado
sara es una mujer fuerte e inteligente si te dieras la oportunidad de conocerla
o es por ese trauma que te cargas 🤦🤦🤦 mira si no nos cuentas no vamos a entenderte porque para nosotros estás posesivamtnte loco
🤷ni modo
Sara estoy de acuerdo sobre el te 😬 pero tengo que lo descubra
esto va para mal
y si no quiere solo quedarse en casa cuidando hijos como este pendejo dice es mejor que entres en razón y te tomes algo antes de que sea tarde pero a si como va esta historia ya valió
no se por que primero nos vende a una prota decidida y nos entregan a una que se deja que le hagan lo que quieran 🙄