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Protege Mi Corazón

Protege Mi Corazón

Status: Terminada
Genre:Mafia / Amor eterno / Completas
Popularitas:66.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Vanesa Casarino

Elena Rossi, la princesa consentida de los Rossi, tras la disolución de la trinidad, busca un nuevo comienzo académico en Manhattan. Sin embargo, el pasado de los Rossi es un lazo de sangre imposible de cortar, y las mafias locales no tardan en rastrear sus pasos en Nueva York.

Para sobrevivir en este nueva etapa de su vida, Elena no estará sola. Cuenta con el amparo constante de Christopher Sterling, un frío y letal custodio profesional encargado de su seguridad perimetral. En medio de balaceras en callejones húmedos y persecuciones a alta velocidad, la estricta relación jerárquica y el protocolo de un contrato laboral por su padre empiezan a desmoronarse.

Entre la adrenalina del peligro y la soledad de las noches, un sentimiento profundo e indomable transformará a la heredera y a su sombra en un equipo indestructible y un amor que atravesará todas las barreras que les pondrá la vida en el camino.

NovelToon tiene autorización de Vanesa Casarino para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 11

El regreso al departamento de Manhattan se desarrolló bajo un silencio que no se parecía en nada al de los días anteriores. Ya no era la calma profesional de dos personas concentradas en el mapa perimetral, sino una tensión espesa, casi asfixiante, que llenaba el interior del sedán gris plata

Christopher manejaba con la vista clavada en el asfalto húmedo de la avenida, con las facciones de la cara tan rígidas que parecían talladas en piedra. Sus manos, que apenas unos minutos antes habían temblado de pura desesperación al sostenerme contra su pecho en el muelle de descarga, ahora se aferraban al volante con una fuerza desmedida, intentando recuperar a la fuerza ese control que se le había escapado entre las garras de la niebla

Cuando el ascensor de servicio nos dejó en el piso alto, crucé la puerta arrastrando el cansancio de la balacera, pero con la mente funcionando a mil revoluciones por minuto. Me quité el blazer, sintiendo todavía el roce frío de la funda de la pistola en la cintura, y me di la vuelta dispuesta a hablar de lo que había pasado bajo la llovizna

Sin embargo, antes de que pudiera pronunciar una sola palabra, Christopher se paró en seco junto a la entrada del departamento, colocándose las manos por detrás de la espalda y bajando la vista con esa postura reglamentaria que creía haber disuelto para siempre en el playón de la aduana este

— Le pido disculpas por mi comportamiento en el sector portuario, señorita Elena — pronunció con una voz helada, impostada, que me golpeó el pecho como un balde de agua fría — El quiebre del protocolo perimetral y la cercanía de la amenaza activa alteraron mis respuestas estándar. No debí tomarme atribuciones que no corresponden a mi puesto en la firma. Le aseguro que un incidente de esta naturaleza no volverá a repetirse en el transcurso de nuestra estadía en Nueva York

Se refirió a mí como "señorita Elena", volviendo a levantar ese muro de concreto que la adrenalina del peligro había derribado. Lo miré fijo a los ojos, buscando al hombre que me había susurrado al oído que se moría si me pasaba algo, pero solo encontré la mirada opaca de la sombra que mi padre Fabián pagaba cada mes para cuidar mis espaldas

— ¿Atribuciones, Christopher? Casi te matan por meterte en la línea de fuego para cubrirme y tu única preocupación ahora es el manual de procedimientos de la oficina de Chicago — le recriminé, dando dos pasos hacia él, acortando esa distancia protocolar que él intentaba restablecer con tanta insistencia

— Mi única preocupación es cumplir con las órdenes impuestas por el señor Fabián y asegurar su integridad, señorita Rossi — contestó, dando un sutil paso hacia atrás para mantener los metros reglamentarios entre los dos, una maniobra que me dolió más que el golpe del atacante en la muñeca — Los refuerzos de la cuadrilla norte ya están custodiando el subsuelo y la rampa de acceso. Si me lo permite, voy a retirarme a la habitación de servicio para procesar el informe diario de daños y limpiar el armamento

Después de decir eso, se dio la media vuelta y se fue dejándome ahí parada, con las palabras en la boca y aún más confundida de lo que ya estaba.

El fin de semana se transformó en una verdadera guerra de posiciones dentro del departamento de Manhattan. Christopher se había recluido en su rol con una disciplina militar que rozaba lo absurdo, ya no compartía el café de la mañana en la barra de la cocina, sino que se limitaba a dejar la cafetera encendida antes de que yo me levantara y a dejarme las rutas alternativas manuscritas sobre el granito negro. Si yo entraba al living, él encontraba una excusa técnica para revisar los cerrojos de las ventanas del frente o para chequear las frecuencias de radio en el pasillo de entrada. Sabía perfectamente lo que estaba haciendo: estaba huyendo de mí, asustado por la magnitud de un sentimiento que ponía en riesgo su cabeza

Él no era ningún tonto, conocía de sobra cómo funcionaba el entramado de nuestra familia. Los Rossi no permitían fisuras en su estructura de poder, y un custodio que ponía los ojos en la heredera del búnker central era un hombre con los días contados si mi hermano Franco o mi padre se enteraban de la situación. Pero lo que Christopher no entendía es que yo no era una pieza de ajedrez que se quedaba quieta en el tablero esperando las decisiones de los demás

El lunes por la tarde, la monotonía de las lecturas contables en el living me resultó insoportable. Cerré la carpeta con los balances trimestrales de un golpe seco que resonó en todo el piso y caminé decidida hacia el sector de servicio, un área que técnicamente nunca pisaba. Cuando abrí la puerta de su pequeño despacho, lo encontré sentado frente a los monitores de vigilancia, con el saco oscuro colgado en el respaldo de la silla y las mangas de la camisa blanca arremangadas hasta los codos, revelando los tatuajes de las cuadrillas del puerto que cruzaban sus antebrazos

Al verme ingresar, se puso de pie de inmediato, acomodándose los puños con ese apuro profesional que me estaba empezando a enfurecer

— Señorita Elena, este sector no cuenta con las comodidades adecuadas para usted... Si necesita alguna modificación en la agenda del campus o requiere que prepare el almuerzo, puede solicitarlo a través del intercomunicador de la barra

— Dejá de llamarme así, Christopher... Estamos solos y acá no hay ninguna cámara de la firma transmitiendo en directo a las oficinas de Chicago — le espeté, cerrando la puerta a mis espaldas y plantándome frente a su escritorio con los brazos cruzados — ¿Hasta cuándo vas a seguir con este simulacro de la distancia jerárquica? Lo que pasó en el muelle fue real, tus palabras fueron reales y el miedo que tuviste de perderme no tiene nada que ver con el contrato que firmaste con mi familia

Christopher clavó los ojos en el suelo de madera, manteniendo las manos firmes a los costados del cuerpo. La mandíbula se le tensó tanto que temí que fuera a romper la compostura en cualquier instante, pero cuando levantó la vista, sus ojos oscuros reflejaban una tristeza profunda que me frenó el impulso

— No es un simulacro, Elena... Es la única manera que tengo de mantenerte con vida y de seguir estando en esta puerta — admitió en un susurro áspero, abandonando por primera vez el tratamiento formal, aunque sus palabras intentaran empujarme lejos — Tu familia no es una sociedad común, tu padre Fabián me pegaría un tiro en la nuca en mitad de la frontera si se entera de que te miré de otra manera, y tu hermano Franco vaciaría los cargadores de la central en mi pecho antes de dejar que un empleado de los muelles se acerque a vos. Sos una Rossi de Illinois, estás destinada a manejar las carteras de inversión del centro y a vincularte con la gente que maneja las aduanas del norte. Yo solo soy la sombra que borra las manchas de sangre del parabrisas

— Me importa un bledo lo que mi padre o Franco piensen sobre mi destino, Christopher — le respondí, dando un paso crucial que eliminó por completo el espacio que nos separaba, obligándolo a sentir la cercanía de mi respiración — Toda mi vida dejé que ellos decidieran con quién hablaba, qué cuentas auditaba y dónde tenía que vivir. Me mandaron a Manhattan porque pensaban que acá iba a estar guardada en un rincón deprimente mientras ellos se repartían las ganancias del puerto este. Pero se equivocaron, en estas calles encontré mi propia fuerza, y la encontré porque estabas vos al lado mío cuidándome las espaldas de verdad

Extendí la mano y, con una lentitud que buscaba desarmar su resistencia técnica, apoyé mis dedos sobre su antebrazo desnudo, justo encima de las marcas de tinta del puerto. Sentí cómo sus músculos se tensaban al extremo bajo mi tacto, un escalofrío que delató que toda su distancia no era más que un escudo de paja frente al fuego que nos venía quemando desde la balacera del callejón

— No me dejes sola en esto, Christopher... No intentes esconderte detrás de los reportes perimetrales porque yo sé perfectamente quién sos y lo que sentís cuando me sostenés en tus brazos — le manifesté en un murmullo, sosteniéndole la mirada con esa determinación indomable que ninguna banda local de Nueva York había logrado quebrar

Christopher se quedó inmóvil, mirando mis dedos sobre su piel como si estuviera contemplando el detonador de una bomba a punto de estallar. Sus ojos oscuros pasaron de la frialdad del soldado a una confusión salvaje, una lucha interna entre el terror de ponernos en peligro frente al búnker de los Rossi y el deseo inmenso de mandar el protocolo manuscrito al mismísimo fondo del río

Lentamente, levantó su mano derecha y rozó mis dedos con la punta de los suyos, un contacto suave, cargado de una electricidad adictiva, antes de volver a apartarla con un esfuerzo que le costó un suspiro pesado

— Mañana la jornada en la biblioteca norte arranca a las ocho, señorita... El auto ya tiene el combustible verificado — pronunció, regresando a esa voz baja y formal que intentaba ser su última línea de defensa contra mí, aunque sus ojos me estuvieran diciendo todo lo contrario — Por favor, regrese a la sala principal, tengo que terminar de revisar las frecuencias del circuito cerrado antes de la medianoche

Sonreí de manera sutil, dando la vuelta para salir del despacho de servicio sin sentirme derrotada en absoluto. Christopher Sterling podía intentar levantar todas las murallas y protocolos del mundo en las próximas horas, pero la brecha en su blindaje ya estaba abierta, y yo era una Rossi experta en detectar las fisuras de los números y de los hombres. El peligro que nos rodeaba en Manhattan ya no era solo por las bandas del puerto, el verdadero desafío estaba adentro de este departamento, y yo estaba dispuesta a jugar mis mejores cartas para demostrarle a mi custodio que su amparo ya no era una cuestión de negocios, sino el inicio de una historia que íbamos a escribir juntos, sin importar el precio que la central de Illinois intentara cobrarnos por romper las reglas de la herencia.

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Veronica Araceli Salinas cabrera
al parecer este par ya decidieron estar juntos
KCCC
hermoso
mariel⚘️
linda novela 😘
mariel⚘️
🤭🤭🤭🤭😘😘😘😘hermoso bebe
mariel⚘️
😘😘😘😘😘😘😘
mariel⚘️
🤭🤭😘😘😘😘
mariel⚘️
🤠🤠😘
mariel⚘️
🤭🤭🤭🤭
mariel⚘️
👍👍
mariel⚘️
l😘
mariel⚘️
🤭🤭🤭
mariel⚘️
🤠🤭
mariel⚘️
👍
Gavy Berrío
hermosa novela la recomiendo
Geo Guzmán
muy buena historia gracias
Geo Guzmán
👏👏👏👏 bonito cap muy tiermo
Gavy Berrío
buen cap me gustó
mariel⚘️
🤭🤭🤭
mariel⚘️
😘
mariel⚘️
😘😘😘
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