Josué Elian Morel solo quería empezar de nuevo.
Mudarse al Residencial Horizonte 9 parecía una buena idea... hasta que sus vecinos decidieron convertirlo en el principal sospechoso de absolutamente todo.
Una señora con demasiado tiempo libre, un anciano filósofo, un millonario excéntrico y una ilustradora que siempre aparece en sus peores momentos están convencidos de que oculta algo.
El problema es que Josué no es un villano.
Tiene muy mala suerte.
Aunque, siendo honestos...
ya está cansado de intentar explicarlo.
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Capítulo 11 — Mi hermana decidió que Aileen debía ser mi novia... y nadie pudo detenerla
Hay personas que llegan a una fiesta, saludan y comen pastel.
Emma Morel no era una de esas personas.
Ella llegaba...
Observaba.
Analizaba.
Y sacaba conclusiones peligrosamente rápidas.
Apenas vio a Aileen en la puerta...
sonrió.
Esa sonrisa.
La que Josué conocía perfectamente.
—No...
—susurró.
Emma lo miró.
—¿Qué?
—No pongas esa cara.
—¿Cuál?
—La cara de "acabo de tener una idea".
Emma sonrió todavía más.
—No sé de qué hablas.
Mentía.
Descaradamente.
Aileen levantó la pequeña caja que llevaba entre las manos.
—Solo vine a dejar esto.
Josué la recibió sorprendido.
—¿Para mí?
—Sí.
—Pero... ¿cómo sabías que era mi cumpleaños?
Aileen señaló discretamente a Tomás.
El niño levantó la mano.
—Se me escapó.
—Lo publicaste en el grupo de WhatsApp, Tomás.
—Quería que todos te felicitaran.
Emma le dio una palmada en el hombro.
—Me caes bien.
Tomás sonrió orgulloso.
—Gracias.
Emma volvió a mirar a Aileen.
—Pasa.
—No quiero molestar.
—Molestar sería venir sin regalo.
Como trajiste uno...
ya eres invitada oficial.
Josué quiso intervenir.
—Emma...
—Cállate un momento.
Estoy socializando.
Aileen soltó una pequeña risa.
Entró al apartamento.
Emma observó todo.
Cómo Josué le apartó una silla.
Cómo Aileen dijo "gracias".
Cómo ambos evitaban mirarse demasiado tiempo.
Y llegó a una conclusión.
"Estos dos son un desastre."
Cinco minutos después...
Emma ya estaba sentada al lado de Aileen.
—Entonces...
¿Hace cuánto conoces a mi hermano?
Josué casi se atragantó con el refresco.
—¡Emma!
—¿Qué?
Estoy conversando.
Aileen respondió con tranquilidad.
—Tres días.
Emma abrió mucho los ojos.
—¿Solo tres?
—Sí.
—Y ya te trajo a su apartamento.
—¡TÚ VINISTE SOLA!
—gritó Josué desde la cocina.
—Los detalles no importan.
Todos comenzaron a reír.
Emma siguió interrogando.
—¿Y qué piensas de él?
Josué dejó caer una cuchara.
—¿Podemos cambiar de tema?
—No.
Aileen pensó unos segundos.
—Es...
Josué sintió que el corazón le latía demasiado rápido.
—Muy amable.
Emma sonrió.
—Ajá.
—Muy torpe.
—También.
—Y tiene la peor suerte que he visto.
Emma soltó una carcajada.
—¡Eso sí es verdad!
Josué cruzó los brazos.
—Qué bonito sentirse apoyado por la familia.
Los presentes rieron nuevamente.
Mientras tanto...
En el apartamento 604...
Doña Milagros observaba la escena con sus binoculares.
—Marta...
—¿Qué ocurre ahora?
—Entró otra mujer al apartamento.
—Es la vecina del quinto.
—¿Y si forma parte del grupo?
Marta respiró hondo.
—Milagros...
—¿Qué?
—Hace diez minutos dijiste que era un cumpleaños.
—Sí.
—Entonces deja que el muchacho coma pastel en paz.
Doña Milagros guardó silencio.
Era un argumento razonable.
Pero la curiosidad pudo más.
Volvió a levantar los binoculares.
En el apartamento...
Emma le entregó a Josué una pequeña caja.
—Ábrela.
Josué retiró el papel con cuidado.
Dentro había un llavero.
De madera.
Tallado a mano.
En un lado decía:
"Nuevo hogar."
En el otro:
"Empieza de nuevo."
Josué pasó el pulgar sobre las letras.
Durante unos segundos...
no dijo nada.
Emma habló en voz baja.
—Pensé que te gustaría.
Él levantó la mirada.
Sonrió con sinceridad.
—Me encanta.
El ambiente se volvió más tranquilo.
Más cálido.
Aileen observó la escena en silencio.
Por primera vez...
comprendió que Josué no era simplemente un vecino con mala suerte.
Había algo más.
Algo en su forma de sonreír.
Algo en la manera en que sostenía aquel pequeño llavero.
Como si ese "nuevo comienzo" significara mucho más de lo que decía.
Y, sin darse cuenta...
su porcentaje volvió a cambiar.
"Nivel de sospecha: 35%."
No porque hubiera encontrado pruebas.
Sino porque, poco a poco...
estaba conociendo a la persona detrás de los rumores.
Al despedirse, Aileen caminó hacia la puerta.
—Gracias por invitarme.
Josué sonrió.
—Gracias por venir.
Ella dio dos pasos...
pero se detuvo.
Giró ligeramente la cabeza.
—Por cierto...
—¿Sí?
—La próxima vez...
Josué esperó la frase.
Una pequeña sonrisa apareció en el rostro de Aileen.
—...esconde la pala.
Josué soltó una carcajada.
—Prometido.
Cuando la puerta se cerró...
Emma cruzó los brazos.
Miró fijamente a su hermano.
—Te gusta.
Josué casi dejó caer el plato que estaba recogiendo.
—¿Qué?
—La vecina.
—No digas tonterías.
Emma sonrió con absoluta confianza.
—Está bien.
No tienes que admitirlo hoy.
Se acercó a él y le dio un ligero codazo.
—Pero yo apostaría dinero...
Hizo una pausa dramática.
—...a que esa chica va a cambiar tu vida.
Hay personas que llegan a una fiesta, saludan y comen pastel.
Emma Morel no era una de esas personas.
Ella llegaba...
Observaba.
Analizaba.
Y sacaba conclusiones peligrosamente rápidas.
Apenas vio a Aileen en la puerta...
sonrió.
Esa sonrisa.
La que Josué conocía perfectamente.
—No...
—susurró.
Emma lo miró.
—¿Qué?
—No pongas esa cara.
—¿Cuál?
—La cara de "acabo de tener una idea".
Emma sonrió todavía más.
—No sé de qué hablas.
Mentía.
Descaradamente.
Aileen levantó la pequeña caja que llevaba entre las manos.
—Solo vine a dejar esto.
Josué la recibió sorprendido.
—¿Para mí?
—Sí.
—Pero... ¿cómo sabías que era mi cumpleaños?
Aileen señaló discretamente a Tomás.
El niño levantó la mano.
—Se me escapó.
—Lo publicaste en el grupo de WhatsApp, Tomás.
—Quería que todos te felicitaran.
Emma le dio una palmada en el hombro.
—Me caes bien.
Tomás sonrió orgulloso.
—Gracias.
Emma volvió a mirar a Aileen.
—Pasa.
—No quiero molestar.
—Molestar sería venir sin regalo.
Como trajiste uno...
ya eres invitada oficial.
Josué quiso intervenir.
—Emma...
—Cállate un momento.
Estoy socializando.
Aileen soltó una pequeña risa.
Entró al apartamento.
Emma observó todo.
Cómo Josué le apartó una silla.
Cómo Aileen dijo "gracias".
Cómo ambos evitaban mirarse demasiado tiempo.
Y llegó a una conclusión.
"Estos dos son un desastre."
Cinco minutos después...
Emma ya estaba sentada al lado de Aileen.
—Entonces...
¿Hace cuánto conoces a mi hermano?
Josué casi se atragantó con el refresco.
—¡Emma!
—¿Qué?
Estoy conversando.
Aileen respondió con tranquilidad.
—Tres días.
Emma abrió mucho los ojos.
—¿Solo tres?
—Sí.
—Y ya te trajo a su apartamento.
—¡TÚ VINISTE SOLA!
—gritó Josué desde la cocina.
—Los detalles no importan.
Todos comenzaron a reír.
Emma siguió interrogando.
—¿Y qué piensas de él?
Josué dejó caer una cuchara.
—¿Podemos cambiar de tema?
—No.
Aileen pensó unos segundos.
—Es...
Josué sintió que el corazón le latía demasiado rápido.
—Muy amable.
Emma sonrió.
—Ajá.
—Muy torpe.
—También.
—Y tiene la peor suerte que he visto.
Emma soltó una carcajada.
—¡Eso sí es verdad!
Josué cruzó los brazos.
—Qué bonito sentirse apoyado por la familia.
Los presentes rieron nuevamente.
Mientras tanto...
En el apartamento 604...
Doña Milagros observaba la escena con sus binoculares.
—Marta...
—¿Qué ocurre ahora?
—Entró otra mujer al apartamento.
—Es la vecina del quinto.
—¿Y si forma parte del grupo?
Marta respiró hondo.
—Milagros...
—¿Qué?
—Hace diez minutos dijiste que era un cumpleaños.
—Sí.
—Entonces deja que el muchacho coma pastel en paz.
Doña Milagros guardó silencio.
Era un argumento razonable.
Pero la curiosidad pudo más.
Volvió a levantar los binoculares.
En el apartamento...
Emma le entregó a Josué una pequeña caja.
—Ábrela.
Josué retiró el papel con cuidado.
Dentro había un llavero.
De madera.
Tallado a mano.
En un lado decía:
"Nuevo hogar."
En el otro:
"Empieza de nuevo."
Josué pasó el pulgar sobre las letras.
Durante unos segundos...
no dijo nada.
Emma habló en voz baja.
—Pensé que te gustaría.
Él levantó la mirada.
Sonrió con sinceridad.
—Me encanta.
El ambiente se volvió más tranquilo.
Más cálido.
Aileen observó la escena en silencio.
Por primera vez...
comprendió que Josué no era simplemente un vecino con mala suerte.
Había algo más.
Algo en su forma de sonreír.
Algo en la manera en que sostenía aquel pequeño llavero.
Como si ese "nuevo comienzo" significara mucho más de lo que decía.
Y, sin darse cuenta...
su porcentaje volvió a cambiar.
"Nivel de sospecha: 35%."
No porque hubiera encontrado pruebas.
Sino porque, poco a poco...
estaba conociendo a la persona detrás de los rumores.
Al despedirse, Aileen caminó hacia la puerta.
—Gracias por invitarme.
Josué sonrió.
—Gracias por venir.
Ella dio dos pasos...
pero se detuvo.
Giró ligeramente la cabeza.
—Por cierto...
—¿Sí?
—La próxima vez...
Josué esperó la frase.
Una pequeña sonrisa apareció en el rostro de Aileen.
—...esconde la pala.
Josué soltó una carcajada.
—Prometido.
Cuando la puerta se cerró...
Emma cruzó los brazos.
Miró fijamente a su hermano.
—Te gusta.
Josué casi dejó caer el plato que estaba recogiendo.
—¿Qué?
—La vecina.
—No digas tonterías.
Emma sonrió con absoluta confianza.
—Está bien.
No tienes que admitirlo hoy.
Se acercó a él y le dio un ligero codazo.
—Pero yo apostaría dinero...
Hizo una pausa dramática.
—...a que esa chica va a cambiar tu vida.
Muy bueno!