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EL ANGEL DE LA MAFIA

EL ANGEL DE LA MAFIA

Status: En proceso
Genre:Mafia
Popularitas:1k
Nilai: 5
nombre de autor: Paula Mariana Jurado Ramirez

SIN ESPOILER

NovelToon tiene autorización de Paula Mariana Jurado Ramirez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

EL HOMBRE QUE LE DEVOLVIÓ LA ESPERANZA

La noche había quedado atrás.

Pero para Lia…

Parecía que todavía seguía atrapada dentro de ella.

Caminaba sin saber hacia dónde.

Sus piernas apenas podían sostenerla.

El frío de la calle atravesaba la ropa que llevaba puesta y cada paso le costaba más que el anterior.

A su lado caminaba aquel hombre desconocido que había encontrado poco antes.

No hacía demasiadas preguntas.

No intentaba tøc@rl@ más de lo necesario.

Simplemente permanecía cerca.

Como si hubiera entendido que, después de todo lo que había vivido, Lia necesitaba sentir que alguien podía estar a su lado sin exigirle nada.

—Ya casi llegamos —dijo él con voz tranquila.

Lia apenas pudo responder.

—¿A dónde…?

—A un lugar donde puedas descansar.

Ella quiso preguntar más.

Pero no tuvo fuerzas.

De pronto, su visión comenzó a nublarse.

Las luces de la calle se mezclaron.

Sus piernas dejaron de responder.

—Yo…

El hombre alcanzó a sostenerla antes de que cayera completamente.

—¡Lia!

Ella ya no pudo escuchar nada más.

Todo se volvió oscuro.

---

Cuando abrió los ojos…

Lo primero que sintió fue calor.

Un calor agradable.

No el frío de la calle.

No el suelo.

No aquella casa donde había pasado los últimos meses.

Abrió lentamente los ojos.

El techo sobre ella era de madera oscura.

Parpadeó.

Una vez.

Dos veces.

Intentó incorporarse.

Entonces se dio cuenta de que estaba acostada en una enorme cama.

Una habitación elegante.

Amplia.

Iluminada tenuemente por lámparas cálidas.

Las ventanas ocupaban gran parte de una de las paredes y desde ellas podían verse las luces de la ciudad.

Lia miró alrededor, confundida.

—¿Dónde… estoy?

Intentó levantarse.

Pero una voz la detuvo.

—No lo hagas.

Lia giró rápidamente la cabeza.

A un lado de la cama había un hombre con bata blanca.

Un médico.

Estaba revisando algunos documentos mientras observaba de vez en cuando los instrumentos que tenía cerca.

Pero no estaba solo.

En una esquina de la habitación se encontraba el hombre que la había encontrado.

Lia lo reconoció inmediatamente.

Era él.

El desconocido de la calle.

Sus ojos se encontraron.

—Despertaste —dijo él.

Lia tragó saliva.

—¿Dónde estoy?

Él se acercó unos pasos, aunque mantuvo cierta distancia.

—En mi casa.

Lia frunció el ceño.

—¿Tu casa?

—Sí.

Hubo un pequeño silencio.

Entonces él decidió presentarse.

—Mi nombre es Kiran Navares.

Lia abrió ligeramente los ojos.

El apellido no le decía nada.

Pero el nombre quedó grabado en su memoria.

—Kiran…

Él asintió.

—No tienes que preocuparte. Nadie va a hacerte daño aquí.

Aquella frase provocó algo extraño en Lia.

Porque hacía mucho tiempo que nadie se la decía.

Y mucho más tiempo desde que alguien realmente había cumplido una promesa así.

El médico dejó los documentos sobre una mesa.

—Necesito revisarte nuevamente.

Lia asintió lentamente.

Kiran se apartó para darle privacidad.

El médico comenzó a realizar la revisión.

Primero comprobó sus signos vitales.

Después observó cuidadosamente algunas de las lesiones que tenía.

Lia bajó la mirada.

No quería hablar de ellas.

No quería recordar.

Pero el médico podía notar que aquellas heridas no habían aparecido por accidente.

—¿Quién te hizo esto?

Lia permaneció callada.

El médico no insistió.

—Está bien. No tienes que responder ahora.

Kiran observaba desde cierta distancia.

Su expresión cambió ligeramente.

No preguntó.

No quería presionarla.

El médico continuó con la evaluación.

Hasta que encontró algo que hizo que su expresión se volviera mucho más seria.

—¿Cuándo fue la última vez que diste a luz?

Lia levantó la mirada.

Aquella pregunta la golpeó emocionalmente.

—Hace… una semana.

El médico se quedó quieto.

—¿Una semana?

Lia asintió.

—Sí.

—¿Y dónde está tu bebé?

Lia sintió que el pecho se le cerraba.

—Mvr1ø.

La palabra salió apenas como un susurro.

Kiran bajó la mirada.

El médico guardó silencio durante unos segundos.

No sabía que aquella respuesta estaba basada en una mentira.

—Lo siento mucho —dijo finalmente.

Lia apretó las manos sobre la sábana.

El recuerdo de aquella noche volvió a su mente.

Su bebé entre sus brazos.

Su pequeño llanto.

La sensación de haberlo perdido.

Y después…

La mentira de Brayan.

Lia cerró los ojos.

—No pude protegerlo.

Kiran la observó desde lejos.

—No fue tu culpa.

Lia abrió los ojos.

Lo miró.

—Tú no sabes nada de mí.

—No.

Kiran habló con calma.

—Pero sé que una persona que ha sufrido no necesita que le agreguen culpa a su dolor.

Lia no respondió.

El médico continuó examinándola.

Cada vez estaba más preocupado.

Su cuerpo estaba extremadamente debilitado.

Su alimentación había sido insuficiente durante demasiado tiempo.

La recuperación después del parto había sido deficiente.

Y las lesiones que presentaba mostraban que había recibido golpes repetidos.

—Lia —dijo el médico con cuidado—, ¿has estado comiendo normalmente?

Ella negó con la cabeza.

—No.

—¿Desde hace cuánto?

Lia no supo responder.

Quizá meses.

Quizá más.

El médico respiró profundamente.

—Estás muy desnutrida.

Lia bajó la mirada.

No necesitaba que se lo dijeran.

Sentía que su cuerpo ya no le pertenecía.

Estaba cansada.

Demasiado cansada.

El médico revisó nuevamente sus estudios.

Después habló con mucha seriedad.

—Hay algo más que necesito explicarte.

Lia levantó la mirada.

—¿Qué pasa?

El médico dudó unos segundos antes de hablar.

—Tu cuerpo ha pasado por una situación extremadamente difícil. El embarazo, el parto, la falta de alimentación y las lesiones han dejado consecuencias importantes.

Lia sintió miedo.

—¿Estoy enferma?

—Estás muy debilitada, pero vamos a tratarte.

El médico hizo una pausa.

—Sin embargo, respecto a futuros embarazos…

Lia se quedó completamente quieta.

—¿Qué pasa?

El médico eligió cuidadosamente sus palabras.

—Sería muy difícil que pudieras volver a tener hijos.

Lia sintió que el corazón le daba un vuelco.

—¿Muy difícil?

—Sí.

El médico continuó.

—No puedo decirte que sea absolutamente imposible. Sería irresponsable afirmarlo sin conocer cómo evolucionará tu cuerpo con el tiempo. Pero después de lo que has atravesado, las posibilidades podrían ser muy bajas y un futuro embarazo podría representar un riesgo importante para ti.

Lia no dijo nada.

Sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas.

No porque hubiera estado pensando en tener otro hijo.

Sino porque la noticia le hacía sentir que incluso su propio cuerpo había pagado un precio demasiado alto por todo lo que había sufrido.

—Yo… ni siquiera sabía que estaba embarazada hasta que ya era demasiado tarde…

El médico la observó con compasión.

—Lo sé.

Lia apretó la sábana.

—Y cuando finalmente tuve a mi bebé…

Su voz se quebró.

—Me dijeron que había mv3rtø.

Kiran cerró lentamente las manos.

No sabía toda la historia.

Pero sabía suficiente para entender que aquella mujer había pasado por algo terrible.

El médico terminó de revisar sus heridas.

—Necesitas descansar. También necesitas alimentarte correctamente y recibir tratamiento. No puedes seguir viviendo en las condiciones en las que estabas.

Lia miró a Kiran.

—¿Por qué me ayudaste?

Kiran permaneció en silencio unos segundos.

Después respondió:

—Porque te encontré sola en la calle y necesitabas ayuda.

—¿Eso es todo?

—Eso es todo.

Lia lo observó.

Esperaba alguna condición.

Alguna petición.

Algo.

Pero Kiran no pidió nada.

—No tienes que pagarme —añadió él—. No tienes que contarme tu historia hoy. No tienes que confiar en mí inmediatamente.

Lia sintió que una lágrima bajaba por su mejilla.

—Entonces… ¿por qué haces esto?

Kiran se acercó un poco.

—Porque nadie debería estar sola cuando está sufriendo.

Aquellas palabras fueron suficientes para romper la última barrera que Lia había mantenido.

Comenzó a llorar.

No gritó.

No hizo ningún escándalo.

Simplemente lloró.

Como si hubiera estado guardando todas aquellas lágrimas durante años.

Kiran no intentó abrazarla.

No la obligó a aceptar consuelo.

Simplemente permaneció allí.

El médico se retiró unos minutos después para preparar el tratamiento que necesitaría.

Lia volvió a mirar hacia la ventana.

La ciudad seguía despierta.

Millones de personas continuaban con sus vidas.

Y nadie sabía lo que ella había vivido.

Por primera vez en mucho tiempo, sin embargo…

Lia estaba en un lugar seguro.

No sabía cuánto duraría.

No sabía quién era realmente Kiran Navares.

No sabía qué iba a ocurrir al día siguiente.

Pero aquella noche había descubierto algo que creía perdido para siempre.

Todavía existía alguien capaz de ayudarla sin pedir nada a cambio.

Kiran caminó hasta la puerta.

Antes de salir, se detuvo.

—Descansa, Lia.

Ella lo miró.

—Kiran…

Él giró.

—Gracias.

Kiran asintió.

—De nada.

Y salió de la habitación.

Lia volvió a recostarse.

Cerró los ojos.

Por primera vez desde que había sido expulsada de aquella casa…

No tenía miedo de quedarse dormida.

Y aunque todavía llevaba demasiadas heridas por dentro y por fuera…

Una pequeña esperanza comenzaba a aparecer.

Quizá su vida no había terminado.

Quizá…

Por primera vez…

Estaba comenzando de nuevo.

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