Alguien ocupo su lugar ¿estara dispuesto a perder todo para recuperarlo?
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Sin descanso
La noche cayó sobre el refugio.
Después de la conversación de aquella mañana, el ambiente se había vuelto más tranquilo.
Arlen seguía descansando.
Ailén había permanecido cerca durante varias horas antes de regresar a su habitación.
Por primera vez en mucho tiempo parecía que el grupo podía relajarse.
Pero estaban equivocados.
Muy equivocados.
La medianoche llegó en silencio.
El refugio permanecía sumido en la oscuridad.
Todos dormían.
Todos menos Adrián.
Como de costumbre, estaba leyendo.
Los viejos libros descansaban sobre la mesa de la cocina mientras tomaba notas.
Entonces escuchó algo.
Una voz.
Lejana.
Débil.
Adrián levantó la cabeza.
Escuchó nuevamente.
La voz provenía del pasillo.
Se puso de pie.
Y comenzó a caminar lentamente.
A medida que avanzaba pudo reconocerla.
Era Arlen.
Pero no estaba despierto.
La puerta de la habitación permanecía entreabierta.
Adrián observó desde afuera.
Arlen seguía dormido.
Sin embargo sus labios se movían.
Susurraba algo.
Palabras extrañas.
Un idioma que Adrián jamás había escuchado.
Sonidos antiguos.
Imposibles.
Entonces una de las frases cambió.
Y fue pronunciada con claridad.
—La puerta... está volviendo a abrirse...
El corazón de Adrián se aceleró.
Corrió inmediatamente a despertar a Kael.
Minutos después ambos regresaron.
Arlen seguía dormido.
La temperatura de la habitación había descendido.
Una tenue energía azul flotaba alrededor de la cama.
—¿Qué está diciendo? —preguntó Kael.
—No lo sé.
Entonces Arlen volvió a hablar.
Esta vez su voz sonó diferente.
Más grave.
Más vieja.
Como si otra persona estuviera hablando a través de él.
—Ya me encontraron.
Kael sintió un escalofrío.
—¿Escuchaste eso?
—Sí.
En ese momento Luna y Dorian aparecieron.
También Ailén.
Todos observaban en silencio.
Arlen siguió pronunciando aquellas palabras incomprensibles.
Hasta que Adrián abrió los ojos de golpe.
Había reconocido algo.
Corrió hacia la cocina.
Regresó pocos segundos después con el viejo libro.
Comenzó a pasar páginas frenéticamente.
Una.
Dos.
Tres.
Hasta detenerse.
Su rostro perdió el color.
—No puede ser.
—¿Qué ocurre? —preguntó Luna.
Adrián levantó lentamente la vista.
—Estas palabras...
—¿Qué tienen?
—Aparecen en el libro.
El silencio fue absoluto.
—Eso es imposible —dijo Kael.
—Lo sé.
—Nadie habla ese idioma desde hace siglos.
—Lo sé.
—Entonces explícame cómo Arlen lo conoce.
Adrián no respondió.
Porque no tenía una respuesta.
Y eso era precisamente lo que más miedo le daba.
Finalmente, cerca del amanecer, Arlen dejó de hablar.
La energía azul desapareció.
Y todos regresaron lentamente a la cocina.
Nadie pudo volver a dormir.
El sol comenzaba a salir cuando ocurrió algo todavía peor.
Kael estaba preparando café.
Luna discutía una teoría con Adrián.
Dorian limpiaba unas armas.
Ailén observaba por la ventana.
Entonces Adrián se quedó congelado.
Mirando la mesa.
—¿Quién dejó eso ahí?
Todos se giraron.
Había algo en el centro de la mesa.
Un sobre.
Negro.
Nadie lo había visto antes.
—¿Es una broma? —preguntó Dorian.
—No estaba ahí hace un segundo —respondió Luna.
Kael se levantó inmediatamente.
Inspeccionó el lugar.
No había rastros de energía.
No había presencia extraña.
No había señales de intrusión.
Y eso era justamente lo aterrador.
Porque todos habían estado despiertos.
Toda la noche.
Nadie había entrado.
Nadie había salido.
Sin embargo el sobre estaba allí.
Aparecido de la nada.
Ailén sintió un mal presentimiento.
—No me gusta esto.
Kael abrió lentamente el sobre.
Dentro encontró una única hoja.
La sacó.
Y todos quedaron paralizados.
La carta estaba escrita con sangre.
Sangre real.
Las letras parecían haber sido trazadas a mano.
Una por una.
Con paciencia.
Con intención.
Kael comenzó a leer.
Su voz sonó más baja que nunca.
—"El Heredero ha despertado."
El silencio fue absoluto.
—"Durante siglos permaneció oculto."
La respiración de Ailén se aceleró.
—"Durante siglos estuvo dormido."
Dorian apretó los puños.
Kael continuó.
—"Ahora lo hemos encontrado."
Una gota de sangre cayó desde la hoja.
Como si acabara de escribirse.
Y la última línea hizo que nadie pudiera pronunciar una palabra.
—"Díganle a Arlen que esta vez no podrá escapar."
El refugio entero quedó inmóvil.
Porque aquello significaba una sola cosa.
No estaban buscando a Arlen.
Ya lo habían encontrado.
Y quien había dejado esa carta...
El equipo después de eso corren a ver las camaras de seguridad
Las cámaras muestran la mesa vacía.
Y de un fotograma al siguiente...
El sobre simplemente aparece.
Sin persona.
Sin sombra.
Sin puerta abriéndose.
Como si hubiera surgido de la nada.
En eso Kael dice
—No estamos lidiando con un asesino...
—Estamos lidiando con algo mucho peor.