Alina siempre creyó que era una chica común, hasta que una noche de primavera un encuentro inesperado en el campo de cerezos cambió su vida para siempre.
Un extraño de mirada intensa comienza a aparecer entre las sombras del bosque. Él guarda secretos, conoce peligros que nadie en el pueblo imagina y parece estar ligado a algo que despierta una inquietud desconocida dentro de ella.
Pronto, sueños extraños, aullidos en la noche y recuerdos que nunca vivió empiezan a perseguirla. Mientras intenta descubrir quién es realmente Kael, Alina también deberá enfrentarse a una verdad que su propio padre le ocultó durante años.
Entre cerezos, luna llena y secretos de sangre, Alina descubrirá que algunas primaveras no solo traen flores… también despiertan destinos dormidos.
NovelToon tiene autorización de Crismeldy Vásquez P para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capitulo 11: Lo que el cerezo guardo
Aquella noche, Alina no volvió a casa de inmediato.
Después de escuchar la verdad de labios de Kael, permaneció inmóvil bajo los cerezos, intentando ordenar el torbellino que llevaba dentro.
Eres una loba.
Las palabras seguían vibrando en su mente.
Cada vez que las repetía para sí misma, una parte de ella quería rechazarlas. Otra parte, más profunda y silenciosa, las reconocía como algo antiguo. Como una verdad enterrada que siempre había estado allí, esperando el momento de salir.
Kael la observaba en silencio.
No intentó acercarse más.
Tal vez entendía que necesitaba respirar.
El viento movía los pétalos sobre sus cabezas. El campo entero parecía diferente. No más oscuro, sino más nítido. Más vivo. Podía distinguir el roce de los tallos, el murmullo lejano de los insectos, incluso el aroma húmedo de la tierra removida.
Era demasiado.
Se llevó una mano al pecho.
El latido seguía allí.
Fuerte.
Profundo.
Como si algo dentro de ella hubiera abierto los ojos.
—Necesito estar sola —murmuró.
Kael tardó unos segundos en asentir.
—No te alejes demasiado.
Alina no respondió.
Comenzó a caminar hacia el cerezo más grande, el mismo que aparecía una y otra vez en sus sueños.
Sus pasos se hicieron lentos.
Había una extraña atracción en aquel árbol.
Como si la llamara.
Se detuvo frente al tronco.
Las ramas se inclinaban suavemente bajo la noche.
Sin pensar demasiado, alzó la mano y apoyó la palma sobre la corteza.
El cambio fue inmediato.
Un escalofrío violento recorrió su cuerpo.
La respiración se le cortó.
Y de pronto el mundo desapareció.
El aire cambió.
La noche cambió.
El campo cambió.
Ya no estaba sola.
Era de día.
La luz del sol atravesaba las ramas y los pétalos caían lentamente.
Alina sintió que el corazón le golpeaba con fuerza.
No estaba viendo el campo.
Estaba dentro de un recuerdo.
Se vio a sí misma.
Era pequeña.
Tenía quizá seis años.
Llevaba un vestido claro y corría entre los árboles riendo.
El aire le abandonó el pecho.
—No… —susurró.
A pocos pasos, una mujer la observaba.
Cabello oscuro.
Ojos profundos.
Una sonrisa suave.
La misma mujer del sueño.
Su madre.
El pecho le dolió.
La niña corrió hacia ella.
La mujer se arrodilló y la recibió en sus brazos.
—Más despacio, pequeña luna —dijo con una voz cálida.
Alina sintió que las lágrimas le ardían en los ojos.
Recordaba esa voz.
No como un sonido exacto.
Como una sensación.
Como algo que siempre había vivido escondido en el fondo de su memoria.
La niña alzó la cabeza.
—¿Siempre estaremos aquí?
La mujer acarició su cabello.
—No siempre. Pero este lugar siempre sabrá encontrarte.
El viento sopló.
Los pétalos giraron a su alrededor.
La escena comenzó a temblar.
La luz se apagó poco a poco.
Y el recuerdo cambió.
La noche había caído.
El mismo campo.
El mismo cerezo.
Pero el aire estaba lleno de miedo.
Alina sintió el cuerpo entero tensarse.
Su madre estaba allí.
Ya no sonreía.
Miraba hacia el bosque con el rostro pálido.
Entre las sombras apareció un hombre.
Alto.
Vestido de oscuro.
Su presencia era pesada.
Amenazante.
La niña estaba escondida detrás del tronco.
Alina sintió su propia respiración acelerarse.
—No puedes seguir ocultándola —dijo el hombre.
La voz era fría.
Controlada.
Su madre dio un paso atrás.
—No la tendrás.
El hombre inclinó apenas la cabeza.
—No decides eso.
Un escalofrío recorrió a Alina.
Aunque nunca lo había visto antes, supo de inmediato quién era.
Darian.
El nombre golpeó su mente con la fuerza de un recuerdo prohibido.
Su madre apretó los puños.
—Ella no te pertenece.
Darian avanzó un paso.
—Lo que lleva en la sangre sí.
El miedo le cerró la garganta.
Su madre giró apenas el rostro.
Miró hacia el tronco.
Hacia la niña escondida.
Y habló con una urgencia que parecía atravesar el tiempo.
—No salgas. Pase lo que pase, no salgas.
La niña se llevó una mano a la boca.
Las sombras comenzaron a moverse.
El bosque entero parecía despertar.
La imagen se quebró.
Todo se volvió oscuro.
Alina abrió los ojos de golpe.
Cayó de rodillas sobre la tierra húmeda.
El corazón le latía tan fuerte que le dolía.
La respiración salió entrecortada.
—Alina.
Kael estaba a su lado.
Le sostuvo el brazo antes de que perdiera el equilibrio.
—¿Qué pasó?
Ella tardó varios segundos en recuperar la voz.
Las manos le temblaban.
—Lo vi.
—¿Qué viste?
Lo miró con los ojos brillantes.
—A mi madre.
Kael permaneció inmóvil.
—Y a Darian.
El aire se volvió más frío.
—¿Estás segura?
Alina asintió.
Sentía el cuerpo entero estremecido.
—Él vino por mí… desde entonces.
Un crujido sonó entre los árboles.
Ambos levantaron la cabeza.
Kael se puso tenso.
—No estamos solos.
Y esta vez, desde la oscuridad, una voz profunda rompió la noche.
—Al fin empiezas a recordar.