El rey Adrien tiene cinco esposas por obligación, sin amor en su corazón. Todo cambia cuando conoce a Elara, la última esposa, quien no busca agradarle y despierta en él sentimientos desconocidos. Mientras el amor crece lentamente, los celos, las traiciones y la guerra amenazan con destruirlo todo. Adrien deberá decidir entre el poder… o el amor.
NovelToon tiene autorización de cindy angulo montoya para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
La caída de una reina
El silencio en la habitación era denso, casi irrespirable. El rey Adrien permanecía inmóvil, observando cada rincón, cada prueba, cada detalle que confirmaba una traición que nunca quiso ver.
Isolda.
De pie frente a él, aún conservaba esa sonrisa segura que siempre la había caracterizado… pero en sus ojos ya no había control, solo tensión.
—Esto no prueba nada —dijo con firmeza, aunque su voz traicionaba un leve temblor.
Elara no habló. Sabía que ese momento no necesitaba más palabras.
Adrien avanzó lentamente.
—Hay armas, mapas, símbolos… todo conectado con los rebeldes.
Isolda lo miró fijamente.
—¿Y crees que yo haría algo así?
—No lo creía —respondió él—. Hasta ahora.
El golpe fue directo.
Por primera vez, Isolda perdió la sonrisa.
—Ella te está manipulando —insistió, señalando a Elara—. No sabes quién es realmente.
—Lo mismo podría decir de ti —intervino Elara con calma.
Las miradas se cruzaron como espadas.
—Cállate —espetó Isolda—. Esto no es asunto tuyo.
—Lo es cuando intentas matarme.
Adrien levantó la mano.
—Basta.
El silencio volvió de inmediato.
El rey respiró hondo, como si ese momento pesara más de lo que estaba dispuesto a mostrar.
—Isolda… —su voz fue firme—. Quedas arrestada por traición al reino.
Los guardias avanzaron sin dudar.
Isolda retrocedió.
—No puedes hacer esto.
—Ya lo hice.
—¡Adrien! —su tono cambió, desesperado—. Yo luché por ti, por este reino.
—Luchaste por el poder —respondió él—. Y casi destruyes todo por eso.
Los guardias la sujetaron.
Pero antes de ser llevada, Isolda giró el rostro hacia Elara.
—Esto no ha terminado —susurró con odio.
Elara no respondió.
Solo la observó irse.
Cuando la puerta se cerró, el silencio cayó como una losa.
Adrien permaneció de pie unos segundos, procesando todo.
Luego miró a Elara.
—Tenías razón.
—No se trataba de tener razón —respondió ella—. Se trataba de la verdad.
El rey dio un paso hacia ella.
—Pude haberme equivocado.
—Pero no lo hiciste.
—Estuve cerca.
Elara lo sostuvo con la mirada.
—Eso te hace humano.
Adrien soltó una leve risa.
—No es algo que suelo escuchar.
Un pequeño silencio se formó entre ellos.
Diferente.
Más cercano.
—Te debo una disculpa —añadió él.
—¿Por dudar?
—Por todo.
Elara inclinó levemente la cabeza.
—Aceptada.
Y por un instante… la tensión desapareció.
Pero no por mucho tiempo.
Un guardia irrumpió en la habitación.
—¡Majestad!
Ambos se giraron.
—¿Qué ocurre?
—La prisionera… Isolda… ha escapado.
El aire pareció detenerse.
Adrien apretó la mandíbula.
—¿Cómo?
—Tenía cómplices dentro del castillo.
Elara sintió un frío recorrer su espalda.
—Entonces esto no ha terminado…
Adrien negó lentamente.
—No.
Su mirada se endureció.
—Esto… apenas comienza.
Porque una reina caída…
Es mucho más peligrosa cuando está libre.
Elara sintió cómo la calma se rompía nuevamente. Sabía que la huida de Isolda traería consecuencias. Nada sería sencillo a partir de ahora. Adrien, en silencio, entendía que la guerra no solo estaba fuera del reino, sino dentro de sus propios muros. Y esta vez, el enemigo conocía cada debilidad.
El peligro sigue creciendo