Para el mundo, Ada Medina de 35 años es una ingeniera en sistema muy exitosa en un campo dominado por hombres, pero para su familia, es solo la hermana que nunca superó a su amor de la infancia Sebastián Hernández, sin embargo, bajo la sombra de la etiqueta de “pagafantas” que su hermana Victoria con malicia se encargó de difundir, la realidad es que Ada guarda un secreto.
Desde hace años Ada vive un romance clandestino con Damián Hernández un valiente bombero de 37 años, y hermano mayor de Sebastián.
Al ser ambos los eternos postergados y los “segundos” de sus respectivas familias, han preferido mantener en secreto su “vínculo” bajo la imagen de una simple amistad para evitar el estallido de conflictos muy dolorosos.
Pero el silencio tiene un límite y Ada está a punto de demostrar que no es el plan B de nadie, y que el amor de su vida siempre estuvo ahí, esperando el momento adecuado para salir a la luz.
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Capítulo XVI:Satisfacción en las sombras
Ada conocía muy bien el corazón de Damián y sabía que, tras su imponente físico y su aparente imagen de “bruto”, era una persona muy noble, y que él solo le propinaría un par de merecidos golpes a Gerardo para darle una lección y marcar un límite, pero jamás se excedería al punto de provocar una desgracia que arruinara su propio futuro.
Sin embargo, al otro lado de la calle el drama del cambio de carrera de Sebastián pasó a un segundo plano cuando unos gritos desgarradores y maldiciones comenzaron a escucharse desde la casa de los Medina, rompiendo la quietud de la noche.
Pamela aguzó el oído y de inmediato reconoció la voz grave y potente de su hijo Damián, y resopló con una mezcla de ira y mucha frustración; pensó para sus adentros que ese bruto de Damián, como siempre, pretendía solucionar el mundo a base de golpes.
Caminó a toda prisa hacia la casa de sus vecinos mientras Sebastián la seguía de cerca, y al cruzar el umbral la escena que encontraron los dejó petrificados.
Damián con el cuerpo tenso y lleno de furia, miraba a Gerardo y con una voz cortante le dijo:
—¿Por qué no me golpeas a mí con la misma fuerza con la que lo hiciste con ella? Eres un maldito cobarde que descarga su violencia contra quien cree más débil, usando la falsa excusa de la disciplina. ¿Por qué no me disciplinas a mí? ¡Hazlo, levántate!
Los rostros de Pamela y de Sebastián se volvieron lívidos en ese momento, porque Gerardo que era un hombre soberbio por naturaleza, yacía en el medio de su sala, sangrando y temblando debido a la humillación.
Y en ese momento sucedió algo inaudito porque Pamela que no era fan de su hijo mayor, pero tampoco toleraba la violencia y menos contra una chica tan menuda y frágil como Ada, así que, con un tono de voz gélido, pero a la vez muy protector, miró a Damián y le ordenó:
—Suéltalo y lárgate de aquí antes de que te metas en un problema legal del cual no puedas salir.
—¡Pero mamá! —protestó Damián, encarándola con impotencia y los ojos cargados de dolor—No tienes idea de lo que este infeliz le acaba de hacer a su propia hija. No sabes cómo la trató…
—Ese es un asunto que voy a resolver yo ahora mismo con este hombre —lo interrumpió Pamela, sosteniéndole la mirada con una severidad implacable—Así que lárgate ya, Damián, y déjame encargarme a mí.
Damián apretó los dientes, y a pesar de que todo su ser le exigía quedarse, subir esas escaleras y comprobar con sus propios ojos que ella estaba bien, sabía que su presencia en ese momento solo empeoraría más la situación para ella
Sin decir una sola palabra más, le dedicó una última mirada de desprecio a Gerardo, se dio media vuelta y caminó con paso firme hacia la salida.
Sin decir una palabra más, Damián se dio la vuelta, salió de la casa y subió a la motocicleta para emprender el viaje de tres horas, y mientras recorría cada kilómetro una pregunta no dejaba de rondarle la cabeza: ¿Acaso su madre de verdad lo había defendido para evitar que fuera a la cárcel, o era solo una ilusión suya?
Entre tanto Ada en la oscuridad de su habitación poco después, escuchó la voz tensa de Pamela llegó desde la planta baja, seguida por el pesado silencio que sepultó la discusión.
Quizás lo que más le sorprendió a Ada, y le provocó una sonrisa muy irónica, fue notar que ni Mónica, Victoria, y mucho menos Mateo, se habían molestado en salir en defensa de Gerardo.
Ada siguiendo un impulso, se acercó a la ventana y descorrió el pestillo, abrió el cristal justo a tiempo para observar la silueta de Damián subiendo a la motocicleta, el motor rugió en la penumbra y la figura comenzó a alejarse a gran velocidad perdiéndose en la noche.
—Gracias… —susurró Ada, soltando un largo suspiro contra el vidrio.
Ada sintió que el aire contenido en su pecho finalmente se liberaba, estaba profundamente conmovida y con el corazón acelerado, y se hizo la promesa inquebrantable, de que pasara lo que pasara en el futuro, y sin importar las vueltas que diera la vida, jamás olvidaría el día en que Damián Hernández desafió la distancia y la ley solo para defenderla.
En la sala de los Medina, en cuanto el rugido de la moto se perdió en la distancia, Gerardo se levantó con mucho esfuerzo, limpiándose la sangre con el dorso de su mano, estaba muy furioso y se sentía muy humillado, así que con pasos torpes caminó hacia el teléfono fijo.
—Voy a llamar a la policía —escupió, con los ojos inyectados en sangre—Ese animal va a pagar por esto en prisión.
Pamela no se inmutó, pero lo miró con una frialdad tan aplastante que lo detuvo de inmediato, porque si bien ella desaprobaba la impulsividad de su hijo, tampoco estaba de acuerdo con la violencia ejercida en contra una joven con el pretexto discurso de la disciplina.
—Gerardo, si llamas a la policía, te aseguro que tú también terminarás tras las rejas —le advirtió con voz pausada— Porque me voy a encargar de que te acusen formalmente de violencia doméstica por lo que le hiciste a Ada, y de abuso de menores por los golpes que recibió Mateo.
Pamela, aunque siempre mostró desinterés hacia Damián, sabía que era el mejor de su equipo, y no podía permitirse la deshonra de que fuera expulsado del cuerpo de bomberos por culpa de su incorregible necesidad de jugar al héroe.
Además de que usar a Mateo era un tecnicismo, debido a que tenía quince años, sin embargo, era suficiente para hacer reaccionar a Gerardo.
El hombre se quedó sin palabras con el auricular en la mano debido al comentario de su vecina y comprendió con amargura, la gravedad de su situación, no solo sufriría la vergüenza pública de admitir que un joven de veinte años lo había hecho papilla en su propia casa, sino que enfrentaría unas consecuencias legales muy devastadoras.
Aunque eso no era lo peor de todo, sino que el escándalo llegaría inevitablemente a oídos de Don Aurelio, el único hombre ante el cual le importaba su reputación. Así que el silencio se convirtió en su única salida.
Pamela era una mujer fría y calculadora y en cuanto regresó a su casa, estaba muy agitada, porque seguía profundamente disgustada con sus hijos, en su mente se repetía que lo que hizo Damián estaba mal; irrumpir a golpes en una propiedad ajena era un acto temerario que pudo terminar en un problema legal o en una desgracia.
Sin embargo, al evocar la imagen de Gerardo Medina de rodillas y sangrando en su propia sala, había un sentimiento muy satisfactorio en su interior.
A Pamela le agradaba mucho Ada, pero jamás permitiría que Sebastián se rebajara a tal acto de violencia, aunque, en lo más profundo de su ser, sabía que Gerardo se merecía cada uno de esos golpes.
Sebastián, caminaba tras su madre intentando procesar el caos y no perdió la oportunidad de sembrar cizaña en contra de su hermano.
—¿Por qué lo defendiste? —preguntó con resentimiento— Defendiste a ese bruto después de lo que hizo. ¿Por qué, mamá?
Pamela que seguía enojada con él no se giró para mirarlo y continuó avanzando, ignorándolo por completo.
—Lo hice únicamente para evitar que las cosas se compliquen más —respondió con voz llana— Son nuestros vecinos, Sebastián, y un escándalo policial de esa magnitud nos habría arrastrado a todos.
Pamela jamás admitiría en voz alta que estaba protegiendo a Damián, aunque en el fondo así fuera, y al entrar en la casa, se detuvo, se dio la vuelta y clavó en su hijo una mirada muy fría, y la indulgencia de la que Sebastián siempre había disfrutado se había esfumado por completo esa noche.
—Estás castigado —sentenció ella, con un tono que no admitía réplicas—. Voy a respetar tu estúpida decisión de cambiar de carrera y de alejarte de Ada, pero ten por seguro que te vas a arrepentir el resto de tu vida. Y no te preocupes por tu padre; yo misma hablaré con él para convencerlo de que no intervenga cuando regrese de su viaje de negocios.
Sebastián tragó saliva porque su padre que se había marchado esa misma mañana por un viaje de negocios y cuando regresara seguramente estaría muy enojado porque había perdido su lugar en el cuadro de honor de la promoción debido al fraude, además de que la idea de que su madre manejara la situación lo dejaba sin aliados en esa casa.
hermosa me encantó 💕
en ningún momento ella se dejó almedendrar x esos atorrantes poca cosa , dejan mucho q desear como personas especialmente el padre