En un mundo futurista del año 3300, Catalina renace como una mujer de belleza casi divina: cabello blanco como la nieve, piel de porcelana y ojos azules que esconden un pasado de dolor. A su lado, un hombre tan atractivo como peligroso, de mirada intensa y ojos rojos, la envuelve en un abrazo que mezcla destino, poder y misterio. Entre luces de neón y ciudades avanzadas, su historia comienza… donde el amor y el peligro se entrelazan.
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Capítulo 11: Entre dos mundos
El día comenzó como cualquier otro, pero había algo en el ambiente que Catalina no lograba explicar. No era tristeza, ni miedo exactamente… era una sensación extraña, como si algo estuviera por romperse.
Estaba de pie frente al ventanal, observando la ciudad que antes le parecía tan ajena y ahora comenzaba a sentirse… familiar. Las luces, los edificios, el movimiento constante… ya no la sorprendían como al principio.
Y eso la inquietaba.
Porque significaba que estaba dejando atrás algo.
O peor aún… que ese mundo estaba empezando a volverse su realidad.
—Catalina… —la voz de Emiliana la sacó de sus pensamientos.
Giró lentamente.
—¿Qué pasa?
Noa apareció a su lado con una sonrisa.
—Queríamos preguntarte algo.
Catalina frunció levemente el ceño, curiosa.
—¿Qué cosa?
Las dos intercambiaron miradas cómplices antes de hablar.
—Queremos salir.
—¿Salir?
—Sí… —dijo Emiliana— a un shopping.
Catalina parpadeó.
—¿Para qué?
Noa dio un pequeño paso adelante.
—Para comprar un regalo.
Catalina ladeó la cabeza.
—¿Para quién?
Ambas sonrieron.
—Para Henry.
El nombre quedó suspendido en el aire.
Catalina desvió la mirada casi de inmediato, como si no quisiera que notaran el leve cambio en su expresión.
—No es necesario…
Pero su voz no tenía la misma firmeza de siempre.
Emiliana sonrió con suavidad.
—Tal vez no… pero queremos hacerlo.
Noa la miró con dulzura.
—Y creemos que tú también quieres.
Catalina guardó silencio.
Por un momento, no respondió.
Pero en su mente apareció su imagen.
Henry.
Su forma de mirarla.
Su forma de cuidarla… incluso cuando decía que no creía en el amor.
Suspiró.
Y sin darse cuenta… sonrió.
—Está bien.
El shopping era enorme, lleno de luces, pantallas flotantes y tiendas que parecían sacadas de otro planeta. Todo brillaba, todo era elegante, todo transmitía lujo.
Pero esta vez, Catalina no miraba con asombro.
Miraba con intención.
Caminaba despacio, observando cada detalle, cada objeto, buscando algo que realmente tuviera significado.
—¿Qué le gustaría? —murmuró en voz baja.
—Algo elegante —dijo Emiliana.
—Algo que use siempre —agregó Noa.
Catalina miró relojes, accesorios, tecnología avanzada, objetos exclusivos… pero nada parecía suficiente.
—Tiene todo… —susurró.
—Entonces no tiene que ser algo caro —dijo Noa— sino algo que tenga valor.
Catalina se quedó quieta.
Valor.
No material.
Sino emocional.
Sus ojos se suavizaron.
—Entonces lo voy a encontrar.
Siguieron caminando, entrando y saliendo de tiendas, riendo, comentando cosas pequeñas, como si por un momento todo fuera normal.
Como si no existieran los problemas.
Como si no hubiera peligro.
Y quizás…
ese fue el error.
Porque el destino no avisa.
El sonido llegó primero.
Un motor.
Fuerte.
Fuera de lugar.
Catalina giró la cabeza.
Y lo vio.
Un coche de lujo avanzando sin control.
Demasiado rápido.
Demasiado cerca.
—¡Catalina!
El grito de Noa fue lo último que escuchó.
El impacto fue seco.
Brutal.
El mundo se volvió blanco por un segundo.
Y luego…
negro.
Su cuerpo cayó al suelo sin resistencia.
Inmóvil.
—¡CATALINA!
Las voces se volvieron lejanas.
Distorsionadas.
Como si estuviera bajo el agua.
Y luego…
nada.
Cuando Henry recibió la llamada, no hubo reacción inmediata.
El silencio se instaló primero.
—Señor… hubo un accidente.
Su expresión no cambió.
—La señora Catalina…
No terminaron la frase.
No hacía falta.
Porque algo dentro de él ya lo sabía.
El hospital fue tomado en cuestión de minutos. Todo se movía con rapidez, precisión, miedo.
Porque cuando Henry Wason llegaba…
nadie cometía errores.
Entró sin detenerse.
Sin mirar a nadie.
Hasta verla.
Catalina estaba en la cama.
Inmóvil.
Conectada a máquinas.
Respirando gracias a un aparato.
El sonido del monitor marcaba cada segundo con una frialdad insoportable.
Henry se acercó lentamente.
La miró.
Y por primera vez…
no supo qué hacer.
—¿Qué pasó?
—Un vehículo fuera de control… aún estamos investigando…
No escuchó el resto.
Su atención estaba en ella.
—Catalina…
No hubo respuesta.
—Despierta.
Nada.
Pero en ese mismo instante…
Catalina abrió los ojos.
No en ese mundo.
Sino en otro.
Su antiguo departamento.
Las plantas.
El aire cálido.
El silencio familiar.
Se incorporó de golpe.
Su respiración se aceleró.
—No…
Miró alrededor.
Todo era igual.
Todo era como antes.
Pero ella…
no era la misma.
—No… no… no…
Se llevó las manos al rostro y comenzó a llorar.
Un llanto profundo, desesperado, lleno de angustia.
—No quiero volver…
Se abrazó a sí misma, temblando.
—No otra vez…
Las lágrimas no se detenían.
—Henry…
Su voz se quebró.
—Henry…
Porque ahora entendía.
Ese mundo…
ya no era solo un lugar.
Era él.
Mientras tanto, en el otro mundo, Henry seguía ahí.
Sin moverse.
Sin apartarse.
Mirándola.
Esperando.
—¿Por qué no despierta?
Nadie tenía respuesta.
Pero él…
lo sentía.
Algo estaba mal.
Muy mal.
Su mirada se endureció.
—Quiero saber quién fue.
El aire cambió.
—El conductor.
—Su familia.
—Todo.
Su voz ya no tenía dudas.
Ni paciencia.
—Encuéntrenlo.
Porque esto…
ya no era un accidente.
Era personal.
Muy personal.
Y en algún lugar, entre dos mundos que no deberían tocarse…
una historia comenzaba a romperse.
Y quizás…
a cambiar para siempre.
💕💕💕💕..... 💕💕💕💕..... 💕💕💕💕..... Y así… todo cambió en un segundo
Catalina despertó… pero no donde quería…
no donde estaba su corazón
Rodeada de lo que alguna vez fue su mundo…
pero sintiéndose más perdida que nunca
Porque ahora… su lugar ya no está ahí…
su lugar… está con él
Y duele… duele darse cuenta que lo que antes era tu vida…
ya no se siente como hogar
¿Podrá volver?
¿O este es el precio de todo lo que empezó a sentir?
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quiero leerte y saber qué piensas
Con cariño,
Luna Auol 🌸