Dos amigos, un destino marcado por la sangre y una búsqueda desesperada. Cuando su amiga de la infancia desaparece sin dejar rastro, Joan y Ralph deberán despertar el poder oculto de sus linajes. Desde las sombras de la Hermandad del AMO hasta los secretos prohibidos de civilizaciones ancestrales, descubrirán que la realidad es solo un velo... y que para rescatar a quien aman, primero deben aceptar quiénes son en realidad.
En el juego del AMO, la lealtad es un mito y la sangre es la única moneda. ¿Estás listo para cruzar el umbral?
NovelToon tiene autorización de Maria Trinidad Raquel Reig Mateu para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
CAPITULO 19: REENCUETRO.
Una vez cruzada la frontera, el agente alertó a su supervisor. Joan una vez alejados de la zona fronteriza, se desvió por un camino polvoriento y vericueto hacia las montañas. Alzaba una gran polvareda. Llegaron a un profundo barranco y allí bajaron, para empujar el coche al fondo del abismo.
Se adentraron por la montaña. Yendo con mil ojos para no ser pillados por la guerrilla. A mediodía llegaron a una cueva, donde se refugiaron. Los chicos fueron a por comida mientras que las chicas esperaban su llegada. Evitaron encender un fuego para no llamar la atención. Tras comer, los cuatro amigos descansaron sentados y apoyándose en la pared.
Al despertar siguieron su camino hasta el pueblo más cercano. Se adentraron por la zona de mercado, Vicky iba delante de Joan que la rodeaba por la cintura para tenerla más controlada en un mar de gente. También Ralph cogió por la cintura a Annie siguiendo los pasos de Joan.
Llegaron hasta la zona portuaria. Joan buscaba un motel discreto donde pasar la noche sin levantar muchas sospechas. Las chicas iban delante muy seguidas de cerca por los chicos.
De una tienda de souvenirs salieron una pareja, con bolsas de regalo. Se dirigieron hacia el mercado, cuando las dos jóvenes se quedaron paradas casi en estado de desconcierto al reconocer a la joven que iba con su! Estás.
- ¡¡¡¡Dios mío, Sally!!!! Estás … estás- exclamó Annie al reconocerla. Sally, atónita, vio a las dos chicas, No podía creer lo que sus ojos veían, pero la incredulidad fue mayor cuando su mirada se enfocó en Ralph y Joan.
En eso, dos ninjas cayeron como losas encima de los chicos, Ralph dio un grito desgarrador cuando notó que una Shiruken se clavaba con furia en la zona del omoplato derecho Joan se volteó hacia su amigo, notando un hilo fino que le estaba provocando una herida en su cuello. Annie y Vicky se volvieron aterradas.
Ese instante un furgón negro aparcaba ante ellos y de su interior salieron tres matones, uno era el que conducía y los otros dos por la puerta corrediza lateral.
- ¡Raaalph! – reclamó preocupado, forcejeó para desquitarse al ninja, pero éste le amenazó apretando el hilo en su cuello para degollarlo.
Joan lejos de aplacarse cogió impulso al apoyarse en el hilo y a pesar de sentir como el hilo le cortaba la piel y parte de la carne alzó con furia la cabeza para golpear en la cabeza al ninja justo entre la boca y la nariz que lo quebró y cayó fulminado.
Se echó encima del otro ninja y lo desnudó limpiamente. Los matones le apuntaron para dispararle, pero una voz les detuvo. El jefe rodeó el vehículo con parsimonia, apareciendo por la parte delantera entre la bruma del motor.
- ¡Quietos! – apareció el jefe con un puro, con la tranquilidad de quien cree tener el poder en sus manos. - Vosotros debéis ser los famosos desertores ¿me equivoco?
Ralph se levantó ayudado por Joan. Annie se lanzó a auxiliar a Ralph, mientras que Vicky se apostó al lado de Joan. Sally quedó perpleja. Los chicos guardaron silencio manteniendo tensión en la mirada y desconfianza.
Si decidís entregaros ahora, me resultará mucho más fácil ser… considerado con vuestros acompañantes – les amenazó con la sutileza de un negociador que lleva ventaja.
Vaya, que decepción –dijo sarcástico Ralph apoyándose en su amigo con la tranquilidad de sentirse seguro de si mismo. - y yo que pensaba que el furgón era para llevarnos a un hotel de cinco estrellas y qué tú eras el guía con ese puro de antorcha que me llevas.
- No me dais otra alternativa – de un zarpazo sujetó del cuello a Sally, y le encañonó la sien con su pistola. Ni Joan ni Ralph se inmutaron; seguían con su mirada fría y calculadora
Has cometido un grave error – le advirtió Joan. - No tienes al rehén adecuado para ir por las malas.
Apenas Joan terminó de pronunciar la última sílaba, el "rehén" se desvaneció. Con un movimiento tan fluido que pareció imposible, Sally se revolvió bajo el brazo del jefe. Antes de que él pudiera reaccionar, un dolor agudo le recorrió el hombro al sentir cómo su propio brazo era retorcido hasta el límite de la articulación. El arma cayó al suelo con un ruido metálico sordo. El jefe, el hombre del furgón y el puro, estaba ahora inmovilizado, de rodillas, con la cara pegada al asfalto y el pie de la chica presionando su nuca con una precisión quirúrgica.
Ralph se acercó, pero con una sonrisa que helaba la sangre. Con una parsimonia insultante, le arrebató el puro de la boca al jefe y lo estampó contra el asfalto, aplastándolo con la suela del zapato hasta que no quedó más que ceniza.
Diles a tus mandriles que se relajen y guarden esos juguetitos —le espetó Ralph, agachándose para quedar cara a cara con él— si no quieren ver morir de verdad a su papi.
Uno de los matones, el más joven y temerario, cometió el error de pensar que era más rápido que la sombra de Joan. En un acto de desesperación, trató de levantar su arma, pero no llegó a poner el dedo en el gatillo.
Joan se movió con una ferocidad quirúrgica. Antes de que el primero pudiera disparar, le propinó una patada ascendente que le fracturó la muñeca, haciendo que la pistola saliera volando. Sin detener el impulso, giró sobre sí mismo y hundió el codo en el plexo solar del segundo, dejándolo sin aire antes de que tocara el suelo.
El tercero ni siquiera tuvo tiempo de apuntar; Joan lo interceptó con un barrido brutal que lo estampó contra el furgón negro con un estruendo metálico. En menos de tres segundos, los tres hombres yacían en el asfalto, desarmados y gimiendo de dolor.
—Os lo advertí —sentenció Joan, sin que su pulso se hubiera acelerado lo más mínimo—. No habría una segunda oportunidad.
Sally soltó el brazo del jefe con un último tirón seco, asegurándose de que la luxación lo mantuviera pegado al suelo unos minutos más. Ralph, con la satisfacción brillando en los ojos, subió al asiento del copiloto mientras los otros cuatro se acomodaban rápidamente en la parte trasera del furgón.
Joan se sentó al volante y arrancó el motor. El rugido del furgón negro, que antes sonaba a amenaza, ahora era la música de su libertad.
- Gracias por el préstamo —gritó Ralph por la ventanilla mientras Joan metía primera—. ¡Te lo devolveremos cuando el depósito esté vacío!
El jefe, con la cara pegada al asfalto y el hombro ardiendo de dolor, solo pudo ver cómo las luces rojas de su propio vehículo se alejaban por la calle hasta desaparecer en el tráfico de la ciudad. Se habían ido. Y lo habían hecho con la calma de quienes ya no le temían.
Salieron de la ciudad, Ralph se colocó la mano sobre la herida abierta y Annie se preocupó de inmediato. Sally se le adelantó y se colocó al lado de Ralph para vérsela. Primero le ayudó a quitarse la camiseta y el vendaje, al ver la herida sintió alivio.
- Menos mal que solo ha sido un corte limpio. – si vamos al hotel con mi botequín lo podré asistir sin miedo a que se te infecte.
-No estamos de turismo - la voz serena y seria de Joan dejó desconcertada a Sally. – si no estás conforme salta del furgón.
- ¿Qué?... Ralph está herido y necesita cuidados urgentes. – protestó Sally.
- Sally, deja de dramatizar – intervino Ralph- he estado en peores condiciones y Joan también por saber de ti.
- ¿Saber de mí? os fuisteis de Portantland en contra de mi opinión y la de mi madre, que os cuidó como hijos, estáis cinco años sin dar señales de vida y ahora la mala soy yo por irme de viaje unos días con Jack? – replicó ácida Sally cruzándose de brazos. - ¿Es que habéis hablado con mi madre?
- ¿Qué tiene que ver tía Rachel en esto? ¿Acaso te has ido sin su consentimiento? – se enfureció más Joan.
- No eres quién para darme sermones, tú te fuiste dejando a mi madre rota. ¿Y ahora vas de defensor de mi madre?
- Sally, Joan y yo no hemos hablado con la tía Rachel. Y no por falta de ganas – suavizó la tensión Ralph – sino porque tu hermana vino preocupada, por un mensaje tuyo bastante inquietante, lo que nos llevó hasta Vicky activando la hermandad.
- Continúa Ralph, no te cortes. – le instó Joan.
- Cuando conocimos a Vicky, descubrimos que tiene las cualidades de la doncella del ritual de Yucatán. La hemos traído con nosotros para protegerla de Bruno y su obsesionado ritual. Hemos hecho frente a muchos de los ninjas dracon que nos han salido por el camino, estuvimos a punto de morir en el Pozo del diablo. Allí descubrimos un portal al planeta Wytch. Si no llegan a estar con nosotros tu hermana y Vicky dudo mucho que lo hubiésemos contado.
Hubo un gran silencio.