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“El Ryokan Sakura: La Humana Y El Oni”

“El Ryokan Sakura: La Humana Y El Oni”

Status: En proceso
Genre:Pareja destinada / Viaje a un mundo de fantasía / Mundo de fantasía / Fantasía épica
Popularitas:744
Nilai: 5
nombre de autor: Cube Things

Hola, soy CubeThings.

Me gusta escribir historias que se sienten… más que solo leerse. Historias que mezclan fantasía, romance y emoción, donde los personajes no son perfectos, pero sí intensos.

Amo los mundos tipo anime: yokais, magia, destinos entrelazados… y amores que no se construyen de un día para otro.

Mis historias suelen ser slow burn, con tensión, misterio y personajes que se marcan entre sí de formas que no siempre entienden.

Si te gustan las historias que te hacen sentir, que te envuelven poco a poco… entonces estás en el lugar correcto.

NovelToon tiene autorización de Cube Things para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El Umbral Entre Dos Mundos

Los árboles se abrieron lentamente, como si cedieran el paso… y entonces Hikari lo vio.

El templo.

Se alzaba frente a ella, oculto en un claro silencioso, como si hubiera sido olvidado por el mundo… pero no abandonado del todo.

La estructura era antigua, de madera oscura, desgastada por el tiempo y la intemperie. El techo curvado estaba cubierto de musgo y pequeñas plantas que habían encontrado vida entre las grietas, como si la naturaleza lo hubiera reclamado poco a poco.

Algunas vigas estaban torcidas.

Otras, ligeramente fracturadas.

Pero aun así… seguía en pie.

Firme.

Digno.

Hermoso.

Un torii más grande se levantaba frente a la entrada, sus pilares manchados por los años, el rojo casi desvanecido, convertido en un tono apagado que contrastaba con el verde que lo invadía.

Cintas de papel colgaban de una cuerda sagrada, moviéndose suavemente con el viento.

Shide.

Hikari no sabía por qué lo sabía… pero lo sabía.

El aire ahí era distinto.

No pesado.

No amenazante.

Pero sí… profundo.

Como si cada rincón del lugar guardara algo.

Memorias.

Voces.

Presencias.

Dio un paso hacia adelante.

El suelo crujió suavemente bajo sus pies, cubierto de hojas secas que nadie había barrido en mucho tiempo.

A los lados del camino que llevaba al altar principal, dos estatuas guardianas permanecían en silencio. Sus formas estaban erosionadas, cubiertas de musgo y pequeñas grietas, pero aún conservaban una expresión severa, protectora.

Vigilantes.

Siempre vigilantes.

Hikari sintió un ligero escalofrío recorrerle la espalda.

No de miedo.

Sino de… respeto.

Se acercó lentamente.

Cada paso parecía más consciente que el anterior.

Más real.

Más importante.

El viento sopló entre las estructuras, haciendo que la madera crujiera suavemente, como si el templo respirara.

Como si la hubiera estado esperando.

Hikari se detuvo frente al altar.

Era sencillo.

Una superficie de madera, desgastada, con marcas de años que contaban historias que ella no podía entender.

Pero aun así…

se sentía sagrado.

Bajó la mochila con cuidado.

Sus manos temblaban ligeramente mientras la abría.

Por un momento, dudó.

Miró a su alrededor.

El silencio era absoluto.

Demasiado perfecto.

Como si el mundo entero hubiera contenido la respiración.

Hikari tomó la urna.

La sostuvo entre sus manos, con más cuidado del necesario.

—Abuelo… —susurró.

Su voz sonó pequeña en ese lugar.

—Ya llegamos.

El viento se levantó.

Esta vez más fuerte.

Las hojas se movieron.

Las cintas de papel danzaron en el aire.

Y por un instante…

el templo dejó de sentirse vacío.

Como si algo… hubiera despertado.

Colocó la urna con cuidado sobre el pedestal.

Sus dedos permanecieron ahí un segundo más, como si al soltarla también tuviera que soltar algo dentro de ella.

El aire cambió.

Primero fue un susurro.

Luego, un golpe seco de viento que atravesó el claro, haciendo que las hojas se levantaran en espiral y las cintas de papel vibraran con un sonido agudo.

Hikari levantó la mirada.

El cielo… se había oscurecido.

No poco a poco.

De golpe.

Como si alguien hubiera corrido un velo sobre el mundo.

El primer trueno retumbó en la distancia.

Y entonces—

La lluvia cayó.

Fuerte.

Violenta.

En cuestión de segundos, el templo, el sendero, todo quedó cubierto por una cortina de agua que golpeaba la madera, el suelo, las hojas… con un ritmo caótico, casi ensordecedor.

Hikari retrocedió instintivamente, cubriéndose con el brazo.

—¿Qué…?

No había visto nubes.

No había sentido el cambio antes.

Y sin embargo… la tormenta estaba ahí.

Como si hubiera sido llamada.

El viento sopló con más fuerza, colándose entre las estructuras del templo, haciendo crujir la madera antigua.

La lluvia comenzó a empaparla en segundos.

Su ropa se pegó a su piel, el cabello oscuro cayéndole sobre el rostro.

Miró alrededor, buscando refugio.

Y entonces lo vio.

El interior del templo.

Oscuro.

Silencioso.

Esperándola.

Dudó.

Solo un instante.

Pero el siguiente trueno fue más cercano, más fuerte, sacudiendo el aire.

No tenía opción.

Hikari corrió hacia la entrada, subiendo los escalones de madera con pasos rápidos, resbalando ligeramente por el agua.

Al cruzar el umbral…

el sonido cambió.

La lluvia seguía cayendo afuera, intensa, imparable…

pero dentro…

todo se volvió más contenido.

Más profundo.

Más… extraño.

El aire era más frío.

Más denso.

Como si no solo estuviera entrando a un refugio…

sino a otro lugar.

Por un instante… sintió algo más.

Como si alguien estuviera cerca.

Como si… no hubiera estado sola en ningún momento.

Hikari respiró hondo, intentando calmar el latido acelerado de su corazón.

El agua goteaba de su ropa, formando pequeños charcos sobre el suelo de madera.

Miró hacia afuera.

La lluvia caía con fuerza.

Demasiada.

Como si no fuera a detenerse pronto.

—Genial… —murmuró en voz baja.

Pero algo en su voz no sonó convencido.

Lentamente… giró la mirada hacia el interior del templo.

Y el silencio…

la envolvió por completo.

De pronto, algo cambió.

No fue un sonido.

No fue una presencia.

Fue… su cuerpo.

Un peso extraño comenzó a caer sobre sus hombros, como si el cansancio que había estado ignorando durante todo el día finalmente la alcanzara de golpe.

Hikari parpadeó.

Lento.

Demasiado lento.

—No… —murmuró apenas, llevándose una mano a la sien.

Intentó mantenerse de pie, pero sus piernas se sintieron inestables.

El aire dentro del templo se volvió más denso, más cálido… casi envolvente.

Como si la estuviera acunando.

Como si quisiera que descansara.

—No me puedo dormir aquí…

Sus palabras salieron débiles.

Se apoyó contra una de las columnas de madera, respirando hondo, tratando de despejarse.

Pero sus párpados pesaban.

Cada vez más.

El sonido de la lluvia, constante y profundo, comenzó a volverse lejano… difuso… como si se alejara poco a poco.

Parpadeó otra vez.

Su visión se volvió borrosa.

Las sombras del templo parecían moverse con suavidad, casi como si respiraran.

—Solo… un momento…

Se dejó caer lentamente sobre el suelo de madera.

Frío al inicio.

Luego… extrañamente cómodo.

Sus manos se relajaron.

Su respiración se hizo más lenta.

Y antes de que pudiera darse cuenta…

la oscuridad la envolvió por completo.

No hubo sueños.

No imágenes.

No tiempo.

Solo… un vacío profundo y silencioso.

Hikari abrió los ojos.

Parpadeó.

Una vez.

Dos.

El sonido de la lluvia había desaparecido.

El aire se sentía distinto.

Ligero.

Claro.

Se incorporó lentamente, confundida.

—¿Cuánto…?

No sabía cuánto tiempo había pasado.

Miró hacia sus manos.

Secas.

Completamente secas.

Frunció el ceño.

Su ropa… también.

Ni una gota de agua.

Como si la lluvia nunca hubiera existido…

o como si ese mundo hubiera decidido ignorarla.

Un escalofrío suave recorrió su espalda.

Se puso de pie con cuidado, observando a su alrededor.

El interior del templo seguía ahí…

pero algo no encajaba.

La madera ya no se veía tan desgastada.

Las grietas… parecían menos profundas.

El aire… más limpio.

Más vivo.

Su corazón comenzó a latir un poco más rápido.

Caminó hacia la salida.

Cada paso resonaba más claro que antes.

Más… presente.

Al cruzar el umbral—

se detuvo.

El mundo… no era el mismo.

El claro estaba iluminado por una luz suave, dorada, que no provenía del sol como lo recordaba.

Los árboles se veían más altos. Más definidos.

Sus hojas brillaban con un verde intenso, casi irreal.

El torii frente al templo…

ya no estaba desgastado.

El rojo era profundo, vibrante, como recién pintado.

Las cuerdas sagradas colgaban intactas, sin señales de deterioro.

Las estatuas guardianas…

ya no estaban cubiertas de musgo.

Sus formas eran claras. Firmes. Imponentes.

Como si nunca hubieran sido tocadas por el tiempo.

Hikari dio un paso hacia adelante, con la respiración contenida.

—…¿qué está pasando…?

Su voz apenas salió.

El templo…

estaba vivo.

No en el sentido literal.

Pero sí… completo.

Como si hubiera regresado a un momento en el que no estaba roto.

Como si ella ya no estuviera en el mismo lugar.

Su pecho se tensó.

Una sensación extraña se instaló en su interior.

No era miedo.

No del todo.

Era…

desconcierto.

Asombro.

Y algo más.

Algo que no podía explicar.

Hikari giró lentamente sobre sí misma, intentando entender.

Pero no había nada que reconocer.

Nada que le diera una respuesta.

Solo ese lugar.

Perfecto.

Silencioso.

Esperando.

Y por primera vez desde que había llegado…

Hikari entendió algo con claridad.

Ya no estaba en su mundo.

Y lo más extraño…

era que una parte de ella no quería regresar.

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Edith 💋💕
carai este capítulo fue un poco intenso 🫣🫣🫣
Edith 💋💕
que estraño jaja las palabras se puede transformar en otra cosa /Facepalm//Facepalm//Facepalm/
Edith 💋💕
sigue subiendo esta muy bueno ☺️☺️
Cube Things: Gracias por el apoyo claro que seguiré subiendo un saludo
total 1 replies
Edith 💋💕
a las bestias 😱😱😱😱😱
Edith 💋💕
me sorprendió y me lo imagine es 🫣🫣🤩🤩Wouuu
Edith 💋💕
Wou lo sentí real me gusto el capitulo ☺️
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