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DOMANDO A LA BESTIA

DOMANDO A LA BESTIA

Status: Terminada
Genre:Amor prohibido / Malentendidos / Romance / Completas
Popularitas:5.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Azly colon

Él juró protegerla del mundo, pero no sabe cómo protegerse de ella. Entre reglas rotas y secretos compartidos, Alexander descubrirá que su cicatriz no es lo más difícil de sanar, y que, a veces, para ser libre, hay que dejarse domar.
¿Podrá la luz de Isabella iluminar la oscuridad de la Bestia, o terminará ella consumida por sus sombras?

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capitulo 19

Narrado por: Alexander

El silencio es un ruido ensordecedor cuando has vivido quince años con el zumbido de la guerra en los oídos. Estoy de pie frente al ventanal de mi dormitorio en la mansión Thorne, observando cómo los primeros rayos de un sol pálido bañan los jardines que, hace apenas unos días, fueron escenario de emboscadas y sangre. La propiedad está en calma. Los hombres de Miller patrullan con una relajación que me resulta casi insultante, pero necesaria.

Varga ha muerto. El imperio de Marcus ha sido desmantelado desde sus cimientos legales. Soy, técnicamente, un hombre libre. Pero mientras miro mis manos, todavía veo el rastro invisible de la pólvora.

—Alexander... vuelve a la cama.

La voz de Isabella es un bálsamo de seda que corta la neblina de mis pensamientos. Me giro y la veo entre las sábanas grises, su cabello castaño esparcido como una mancha de chocolate sobre la almohada. La luz del amanecer delinea la curva de su hombro desnudo y la suavidad de su espalda. Verla así, en mi santuario, después de haberla visto empuñar un arma en la montaña, me provoca una punzada de posesividad que me quema el pecho.

Me acerco a la cama con lentitud, despojándome de la bata de seda negra. El aire frío de la habitación me eriza la piel, pero el calor que emana de ella es un imán irresistible. Me deslizo bajo las mantas y la atraigo hacia mí, pegando su espalda contra mi pecho. Siento su suspiro de alivio, la forma en que su cuerpo se amolda al mío como si siempre hubiera estado destinada a llenar los huecos de mi armadura.

—No puedo dormir —susurro contra su nuca, inhalando su aroma a jazmín y a esa fragancia de mujer que me vuelve loco.

—Es el eco, Alexander —responde ella, girándose en mis brazos para mirarme a los ojos. Sus pupilas azules están nubladas por el sueño y por una ternura que todavía me cuesta procesar—. El eco de la guerra tarda en apagarse. Pero ya no tienes que luchar. Ya no hay nadie fuera esperándote con un fusil.

—Hay otros lobos, Isabella —digo, acariciando la línea de su mandíbula con mi pulgar—. Los abogados de la corporación de tu padre, los socios silenciosos de Varga que ahora querrán su parte del pastel... El mundo empresarial es un nido de víboras más peligroso que cualquier sicario.

—Déjalos que vengan —ella sube su mano por mi torso, trazando las cicatrices que ya conoce de memoria. Sus dedos son eléctricos, despertando una respuesta inmediata en mi cuerpo—. Hoy no somos el CEO de Thorne Industries y la heredera de Colón. Hoy solo somos nosotros.

Me besa con una lentitud tortuosa, saboreando mis labios como si fuera la primera vez. Es un beso que sabe a paz, a una tregua ganada con sangre. Mi mano baja por su costado, perdiéndose en la curva de su cadera y subiendo hasta encontrar su pecho, que late con una urgencia que coincide con la mía. La sensualidad de este momento es diferente a la de la montaña; no hay desesperación, solo una exploración profunda y hambrienta.

Me posiciono sobre ella, apoyando mi peso en los antebrazos para no lastimarla. Sus piernas se envuelven alrededor de mi cintura, tirando de mí hacia su calor. El contacto de nuestra piel desnuda es un incendio controlado. La miro a los ojos, buscando cualquier rastro de duda por lo que vio en la finca de Varga, pero solo encuentro una devoción absoluta.

—Eres mi redención, alegría —le digo, mi voz bajando a un gruñido ronco.

—Y tú eres mi hogar, Bestia —responde ella, arqueándose hacia mí.

Nos unimos en un movimiento fluido y profundo. El tiempo parece detenerse en la habitación mientras nos movemos al ritmo de nuestra propia respiración. Cada embestida es una forma de borrar el pasado, de construir un presente donde solo importa el roce de nuestra piel y el sonido de nuestros nombres susurrados en la penumbra. El clímax nos alcanza como un amanecer lento y glorioso, dejándonos abrazados, sudorosos y finalmente, en paz.

Horas más tarde, el mundo exterior llama a la puerta.

Miller me espera en el despacho con una pila de carpetas que huelen a juzgados y a tinta fresca. Me he vestido con un traje gris hecho a medida, recuperando la imagen del ejecutivo implacable, pero la sensación de la mano de Isabella en la mía hace unos momentos sigue quemando mi piel.

—Señor Thorne, tenemos un problema legal —dice Miller, entregándome un documento con el sello de la fiscalía general—. Parece que algunos de los "socios" de Marcus no están contentos con la liquidación de sus activos. Han presentado una impugnación al testamento, alegando que la señorita Isabella no es apta para administrar la herencia debido a su "asociación coactiva" con usted.

Siento que la sangre se me hiela. Quieren usar nuestra relación, la misma que nos salvó, para destruirnos legalmente.

—¿Asociación coactiva? —mi risa es gélida—. Creen que soy el secuestrador de la heredera.

—Creen que pueden asustarla para que firme un fideicomiso controlado por ellos —añade Miller—. Y hay más. Un tal Julián Valente, el antiguo brazo derecho de Marcus, ha solicitado una audiencia privada con ella. Dice tener información sobre "la verdadera naturaleza" de la muerte de sus padres que usted ha ocultado.

Aprieto los puños sobre el escritorio. Los lobos han olido la sangre y están empezando a rodear la mansión, pero esta vez no traen granadas; traen citaciones y mentiras envueltas en seda.

Isabella entra en el despacho en ese momento. Lleva un vestido verde esmeralda que resalta el brillo de sus ojos. Se detiene al ver nuestras caras.

—¿Qué pasa? —pregunta, acercándose a mí.

—Los amigos de tu padre han decidido que quieren jugar, Isabella —le explico, mostrándole los documentos—. Quieren invalidar tu derecho a la herencia alegando que te tengo bajo mi control. Y un tal Valente quiere hablar contigo sobre mis secretos.

Ella toma el papel y lo lee en silencio. Su expresión no es de miedo, sino de una fría indignación que me recuerda por qué es la mujer perfecta para estar a mi lado.

—Valente... —susurra ella—. Recuerdo que mi padre decía que Julián era su "perro fiel". Parece que el perro se ha quedado sin dueño y busca una nueva mano que le dé de comer.

—No tienes que verlo, Isabella. Yo me encargaré de él —digo, levantándome.

—No, Alexander —ella pone una mano en mi pecho, deteniéndome—. Dijimos que esto sería diferente. Ya no eres mi guardián y yo no soy tu prisionera. Si quieren cuestionar mi capacidad, les demostraré que la hija de Marcus Colón aprendió del mejor estratega de la ciudad. Voy a ver a Valente. Y voy a hacerlo bajo mis propias reglas.

La miro con una mezcla de orgullo y temor. , y aunque las armas de fuego han callado, la guerra de influencias y sombras legales será igual de letal. Los lobos creen que pueden separar a la Bestia de su luz, pero no saben que la luz ahora tiene colmillos.

—Miller, prepara la sala de reuniones pequeña —ordeno, mi voz recuperando su autoridad—. Que el equipo de seguridad esté en alerta máxima, pero de forma discreta. Si Valente se atreve a faltarle al respeto, yo mismo le enseñaré cómo se manejan los activos en esta casa.

Isabella me mira y me da un beso rápido en la mejilla antes de salir. Su confianza es embriagadora.

Me quedo solo en el despacho, mirando el horizonte. La mansión Thorne ha sobrevivido a un asedio físico, pero ahora debe sobrevivir a la ponzoña de la duda y la ambición. Mientras ajusto mi corbata, sé que la verdadera prueba empieza ahora. Porque no solo estoy protegiendo un imperio; estoy protegiendo la vida que acabamos de empezar a construir entre las ruinas.

El amanecer de los lobos ha llegado, pero se han olvidado de una cosa: los lobos solo son peligrosos hasta que se encuentran con algo más oscuro que ellos. Y yo... yo todavía tengo mucha oscuridad guardada bajo mi piel.

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Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Te da miedo enamorarte y no lograr protegerla de ti mismo 🤣, esta muy buena 👏👏👏
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Hay bestia, tu serás el domado por Isabella, estas muy seguro de que ganarás 🤣👏👏👏
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Tanto miedo le tienes a Isabella que no quieres ni que te mire, eres un blanducho no mas 🤣👏👏👏
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Tu derribaras las barreras de ese corazón de hielo 👏👏👏
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Comenzó muy buena, pero triste para Isabella, ciando se entere 👏👏👏
Edith Hernandez
muy bonita la novela
Ivis Medina
muchas cosas no tienen sentido pero aquí de paso, como va a dejar una carta el Marcus protegiendo al fénix ? el fénix no existía antes de su muerte,
Ivis Medina
muchas cosas no tienen sentido pero aquí de paso, como va a dejar una carta el Marcus protegiendo al fénix ? el fénix no existía antes de su muerte,
Susy
Excelente historia me encantó♥️♥️♥️
Susy
Que capítulo 😈
Susy
Triste 😔
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