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ANTES DEL PACTO ESPIRITUAL

ANTES DEL PACTO ESPIRITUAL

Status: En proceso
Genre:Malentendidos / Elección equivocada / Traiciones y engaños
Popularitas:567
Nilai: 5
nombre de autor: Margaret Gimenez

Black fue uno de los asesinos cazarrecompensas más temidos del Clan Luna Negra, hasta que un desamor y el alcohol lo empujaron al Bosque Oscuro, donde debía morir.

Pero sobrevivió… pagando un precio.
Un collar sellado con un anillo lo convierte en el guardián espiritual de Daily, la nueva y más joven líder del clan Yshir, cuyo poder es más una maldición que una bendición. Ex cazadora de monstruos y demonios, Daily está convencida de que el amor es una estupidez innecesaria.

Atados por un sello divino que ninguno pidió, deberán convivir mientras fuerzas hambrientas de poder, monstruos, demonios y antiguos secretos se alzan. Fingir que no sienten nada será parte del trato… porque cuanto más intenten romper el vínculo, más cerca estarán de perderse a sí mismos.

NovelToon tiene autorización de Margaret Gimenez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El guardián que no se movió

Elva encontró a Black en su departamento.

El lugar era sobrio. Ordenado. Demasiado silencioso para alguien que, según el Consejo, representaba una pieza clave del equilibrio.

Él estaba apoyado contra la ventana, mirando la ciudad desde lo alto. No parecía sorprendido de verla.

—Soy Elva Sereth —se presentó con formalidad—. Dama asignada a la señorita Daily.

El nombre bastó.

Black soltó una risa seca.

—Así que esa mujer molesta te manda ahora. ¿Qué quiere?

Elva frunció levemente el ceño ante el tono.

—No fue ella quien me envió.

Él giró apenas el rostro.

—Entonces.

—El líder mayor quiere hablar contigo —dijo ella, acercándose con cautela.

Black se quedó en silencio un segundo.

Luego mostró la mano donde el anillo brillaba débilmente bajo la luz.

—Está bien —respondió con ironía—. Tal vez ya encontraron la forma de deshacerme de esta molestia.

Movió ligeramente los dedos, haciendo que el metal reflejara un destello frío.

Elva no respondió.

Pero sintió algo extraño.

No desprecio.

Tensión.

Salieron juntos del edificio.

El aire estaba pesado esa tarde.

Demasiado quieto.

Y entonces cambió.

No fue un sonido.

Fue una presión.

Dos presencias descendieron desde lo alto del muro exterior como sombras que tomaban forma humana al tocar el suelo.

No vestían símbolos de ningún clan.

Sus energías eran densas. Compactas.

Uno llevaba guantes negros hasta el codo. El otro, una capa gris que no se movía con el viento.

—Así que este es… —dijo el de la capa con voz baja.

Elva se colocó inmediatamente frente a Black.

—¿Quiénes son?

—¿Quiénes son? —preguntó Black al mismo tiempo, con tono aburrido.

El hombre de los guantes sonrió apenas.

—No hemos venido por ninguno.

Sus miradas se desviaron hacia la mano de Black.

—Hemos venido a negociar.

Elva sintió el cambio en la vibración del suelo.

Miró a Black.

Una presión incómoda oprimió su pecho.

—No lo permitiré.

—¿Deshacerte de ese anillo no sería conveniente? —añadió el de la capa, ignorándola—. Podemos ayudarte.

Black no respondió.

Pero sus ojos se oscurecieron apenas.

Elva no esperó más.

Desenvainó su energía en un movimiento limpio y atacó primero.

—¡No, espera! —alcanzó a decir Black.

Demasiado tarde.

El choque fue inmediato.

Rápido.

El hombre de los guantes bloqueó el golpe con una sola mano.

Sin esfuerzo visible.

Demasiado fuerte.

El segundo apareció detrás de ella con una velocidad antinatural.

Elva giró a tiempo para interceptar el impacto, pero la diferencia de poder era evidente.

Su energía fue empujada hacia atrás.

Retrocedió varios pasos.

Black seguía de pie.

Observando.

Tranquilo.

Demasiado tranquilo.

—¿No piensas intervenir? —escupió uno de los atacantes.

Black no respondió.

El siguiente golpe fue directo hacia él.

Elva se interpuso sin dudarlo.

El impacto la lanzó varios metros atrás.

El aire abandonó sus pulmones de golpe.

Cayó sobre la piedra.

El mundo giró.

Intentó levantarse.

No pudo.

La última imagen antes de que su visión se oscureciera fue Black… inmóvil.

Daily sintió el momento exacto.

El instante en que el anillo dejó de vibrar como advertencia.

Y comenzó a vibrar como llamado.

Su brazalete ardió.

No como fuego externo.

Como un pulso interno.

Un latido que no era suyo.

Cuando cruzó el último edificio y vio el polvo levantarse en el terreno vacío, comprendió que no era un presentimiento.

Era un ataque real.

Elva en el suelo.

Dos presencias desconocidas.

Y Black de pie frente a ellos.

Sin moverse.

La ira no fue explosiva.

Fue fría.

Controlada.

—Aléjense de él.

Black sonrió al verla.

Burlón.

Y tomó asiento sobre una roca cercana, cruzando los brazos.

—Vamos, cariño —dijo con ligereza irritante.

Ella lo fulminó con la mirada.

—Cállate.

Los dos hombres se giraron.

El de la capa inclinó levemente la cabeza.

—La sucesora.

Interesante.

Daily no respondió.

La energía del brazalete descendió por su brazo como hilos tensos de luz.

El anillo respondió.

No como defensa.

Como apertura.

Algo dentro del vínculo estaba despertando.

El suelo bajo sus pies se agrietó apenas.

Uno de los hombres atacó primero.

Su movimiento era preciso.

Letal.

Daily levantó una barrera compacta.

Nueva.

No la había entrenado.

La había creado.

El impacto sacudió el terreno.

El segundo intentó rodearla.

Black ni se movió.

Daily extendió el brazo sin mirarlo.

—Ni se te ocurra.

El aire se volvió más pesado.

El segundo atacante lanzó una descarga directa hacia Black.

Daily la desvió antes de que lo alcanzara.

—He dicho que no lo toquen.

El de la capa sonrió.

—Tú y ese anillo le pertenecen a otro.

El anillo reaccionó con mayor intensidad.

Un pulso oscuro recorrió el entorno.

No era corrupción.

Era algo más antiguo.

Más profundo.

Daily sintió que su visión se agudizaba.

Que su respiración se sincronizaba con un ritmo compartido.

El hombre de los guantes retrocedió un paso.

—No estaba previsto que despertara tan pronto.

Black observaba todo.

Sin expresión.

Sin intervenir.

Daily avanzó.

No atacaba por rabia.

Atacaba con precisión absoluta.

Cada movimiento suyo forzaba a los intrusos a retroceder.

Ellos comprendieron al mismo tiempo que no estaban allí para vencerla.

Estaban para confirmar algo.

El de la capa levantó la mano.

—Es suficiente.

El segundo desapareció primero.

Antes de irse, el hombre de los guantes murmuró:

—El guardián no se mueve… esto será fácil.

Y se desvanecieron.

El silencio cayó de golpe.

El viento regresó.

Daily respiraba con dificultad.

La energía comenzó a retroceder lentamente hacia el brazalete.

Black se levantó con calma.

Caminó hasta donde Elva yacía inconsciente.

Se arrodilló.

Revisó su pulso.

Estable.

Daily lo observaba con rabia contenida.

—¿Por qué no hiciste nada?

Black levantó la mirada.

—No era necesario.

—Ella está herida.

—Está viva.

Daily dio un paso hacia él.

—Debiste ser su guardián.

—No.

Sus ojos se clavaron en los de ella.

—Por desgracia… soy el tuyo.

Esa respuesta no calmó nada.

Desde el camino cercano, figuras del clan comenzaron a aproximarse.

Habían sentido la perturbación.

Uno de los cazadores observó la escena.

Elva inconsciente.

Daily con rasguños visibles.

Black intacto.

—Es un inútil —murmuró lo bastante alto para que otros escucharan.

La palabra se expandió.

Black no reaccionó.

Ni un gesto.

Daily sí.

Pero no lo defendió.

Porque lo que más la inquietaba no era el insulto.

Era el despertar.

El anillo no había reaccionado al ataque.

Había reaccionado a ella.

Y algo dentro del vínculo acababa de abrirse.

Algo que ni siquiera Black parecía haber anticipado.

Mientras los sanadores se llevaban a Elva, el silencio entre ellos se volvió más denso que cualquier combate.

—La próxima vez… —comenzó Daily.

Se detuvo.

Black sostuvo su mirada.

—La próxima vez no será necesario nada.

El viento sopló entre las ruinas.

Y en lo profundo del vínculo que los unía, algo latió una vez más.

No como advertencia.

Como inicio.

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