Una noche.
Un error que no recuerdo.
Y ahora… estoy embarazada.
No sé quién es el padre.
Pero él sí sabe quién soy yo...
Espero te guste.📌💢
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Capítulo 22
Aylin se despertó antes de que sonara la alarma.
No fue casualidad.
Abrió los ojos y se quedó mirando el techo unos segundos, en silencio.
—Hoy… —susurró.
Sí. Hoy sí.
Nada de seguir aplazando.
Se sentó despacio en la cama, respiró hondo y se llevó la mano al vientre.
Ya no era un gesto inconsciente.
Era… conexión.
—Siete semanas… —murmuró.
Y ya no podía seguir fingiendo que no pasaba nada.
En la cocina, su mamá estaba preparando el desayuno.
—¿Otra vez despierta temprano? Estoy empezando a sospechar —dijo sin voltearse.
Aylin se apoyó en la pared un segundo antes de acercarse.
—Mamá…
Ese tono.
Su mamá se giró de inmediato.
—Ok. Ese “mamá” no me gusta. Suéltalo.
Directa. Sin rodeos.
Aylin sintió cómo el corazón le latía más rápido.
—Yo…
Se detuvo.
Respiró.
Otra vez.
—Fui al médico hace unos días.
Silencio.
Su mamá no habló. Solo la miró.
Atenta.
—Y… —continuó Aylin— no era cansancio.
Pausa.
Las palabras pesaban más de lo que esperaba.
—Estoy embarazada.
Silencio total.
El aire pareció quedarse quieto.
Su mamá parpadeó una vez.
Dos.
—… ¿Qué?
No fue grito.
Fue sorpresa pura.
Aylin tragó saliva.
—Tengo siete semanas.
Ahora sí.
Todo estaba dicho.
Pasaron unos segundos sin que nadie hablara.
Su mamá dejó la cuchara sobre la mesa lentamente.
—¿Siete… semanas?
Aylin asintió.
—Sí.
Otra pausa.
Pero esta vez… más larga.
—O sea que… —su mamá se llevó una mano a la frente— ¿todo esto…?
—Sí.
—¿Los mareos?
—Sí.
—¿Las náuseas?
—Sí.
—¿Y tú me estabas diciendo que “todo bien”?
Aylin hizo una pequeña mueca.
—No sabía cómo decírtelo.
Silencio.
Pero no era enojo.
Era… proceso.
Su mamá caminó un poco por la cocina, pensando.
—Ok… ok… —murmuró— dame un segundo…
Aylin no se movió.
Solo esperó.
—Bueno —su mamá se detuvo frente a ella—. Primera pregunta.
La miró directo.
—¿Tú estás bien?
Eso la tomó por sorpresa.
Aylin asintió lentamente.
—Sí.
—¿Segura?
—Sí.
Su mamá la observó unos segundos más.
Y luego…
—Ok.
Soltó el aire.
—Entonces respiramos.
Aylin sintió algo aflojarse en su pecho.
No era rechazo.
No era drama.
Era… apoyo.
A su manera.
—Segunda pregunta —continuó su mamá—.
Cruzó los brazos.
—¿El papá sabe?
Ahí sí.
Aylin dudó.
—No.
Silencio.
—¿Y piensas decirle?
—Sí.
—¿Cuándo?
Aylin bajó la mirada un segundo.
—Hoy.
Su mamá asintió lentamente.
—Bien.
Pausa.
—Porque eso no es opcional.
—Lo sé.
Y esta vez lo decía en serio.
Su mamá suspiró y se acercó más.
—Ven acá.
Aylin frunció un poco el ceño.
—¿Qué?
—Ven.
La abrazó.
Así, sin aviso.
Fuerte.
Aylin se quedó quieta un segundo.
Y luego… respondió.
—No estás sola en esto —murmuró su mamá.
Ahí fue donde todo se volvió real de verdad.
Aylin cerró los ojos.
—Gracias…
—Eso sí —añadió su mamá, separándose—. Después hablamos de todo el drama que me ocultaste.
Aylin soltó una pequeña risa.
—Lo sabía.
—Obvio.
El camino al trabajo fue diferente.
Más ligero.
Pero también… más serio.
Porque ahora faltaba la otra parte.
Kael.
En la oficina, Aylin intentó actuar normal.
De verdad lo intentó.
Pero su mente no la dejaba.
Cada vez que escuchaba pasos cerca…
pensaba que era él.
—Aylin.
Y claro.
Ahí estaba.
Kael.
—¿Puedes venir un momento?
No era pregunta.
Aylin asintió.
—Sí.
Entró a la oficina.
La puerta se cerró.
Y el silencio volvió.
Pero esta vez… tenía peso.
—¿Pasa algo? —preguntó Kael.
Aylin lo miró.
—Sí.
Directo.
Eso ya era distinto.
Kael lo notó.
Se enderezó un poco.
—Te escucho.
Aylin respiró hondo.
No iba a rodearlo más.
—Lo que te dije ayer…
Pausa.
—Eso que iba a cambiar todo…
Kael no habló.
Pero su mirada se volvió más fija.
—Ya sé qué es —continuó ella.
Silencio.
Un segundo.
Dos.
—Estoy embarazada.
El mundo no se detuvo.
Pero se sintió como si lo hiciera.
Kael no reaccionó de inmediato.
No habló.
No se movió.
Solo… la miró.
—Tengo siete semanas —añadió Aylin, con la voz más firme de lo que esperaba.
El silencio se volvió más denso.
Kael finalmente parpadeó.
Procesando.
—… ¿Estás segura?
La pregunta fue baja.
Controlada.
—Sí.
Sin duda.
Kael pasó una mano por su cabello, girándose un poco.
Pensando.
De verdad pensando.
—Esto… —murmuró— no es menor.
—Lo sé.
Silencio otra vez.
Pero diferente.
Más real.
Más… importante.
Kael volvió a mirarla.
Y esta vez…
no había solo análisis.
Había algo más.
—¿Y el padre?
Ahí estaba.
Directo.
Aylin sostuvo su mirada.
—Eres tú.
Ahora sí.
Silencio total.
Kael no dijo nada.
Pero su expresión cambió.
No exagerado.
Pero claro.
Porque esa parte…
no la esperaba así.
—… Entiendo —dijo finalmente.
Pero no sonó indiferente.
Sonó… serio.
Muy serio.
Aylin no habló.
No se defendió.
No explicó más.
Ya había dicho lo necesario.
Kael caminó un par de pasos, sin alejarse demasiado.
—Siete semanas… —repitió en voz baja.
Conectando todo.
Recordando.
Encajando piezas.
Y entonces…
todo tuvo sentido.
Las reacciones.
Las ausencias.
Los cambios.
Se detuvo.
La miró otra vez.
—¿Qué piensas hacer?
Esa pregunta sí importaba.
Aylin no dudó.
—Tenerlo.
Sin rodeos.
Sin miedo.
Directo.
Kael sostuvo su mirada unos segundos más.
Y luego…
asintió.
—Bien.
Una sola palabra.
Pero firme.
El silencio volvió.
Pero ya no era incómodo.
Era… el inicio de algo nuevo.
Porque ahora sí…
todo estaba sobre la mesa.
Y nada…
iba a ser igual desde ese momento.