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Reencarné Como El Extra Que Muere En El Capítulo 3 (¡Y El Villano Se Enamoró!)

Reencarné Como El Extra Que Muere En El Capítulo 3 (¡Y El Villano Se Enamoró!)

Status: En proceso
Genre:Romance / BL
Popularitas:8.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Annyaeliza

Morí atragantado con un hotdog y reencarné en mi novela BL favorita.
¿Suena épico? No lo es, porque ahora soy el extra que muere en el capítulo 3.
Mi plan: pasar desapercibido y sobrevivir.
La realidad: el villano frío y temido del imperio se enamoró de mí.
Entre malentendidos, romance accidental y un destino que se salió del guion,
haré lo imposible por no morir otra vez…
aunque eso signifique robarle el corazón al villano.
✨ BL + comedia + reencarnación
✨ Villano obsesivo x extra caótico
✨ Final feliz (si no muero antes)

NovelToon tiene autorización de Annyaeliza para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 10: Cómo Arruinar una Reunión Importante sin Proponértelo

Mi plan para la tarde era simple, humilde y, en retrospectiva, ingenuo: llevar unos documentos desde la oficina de Lucien hasta el ala de archivos sin derramar nada, sin tropezar y sin convertirme en una anécdota que alguien contaría con risa nerviosa en una cena formal.

El corredor principal estaba más concurrido de lo habitual. Soldados iban y venían con pasos rápidos; sirvientes susurraban entre ellos como si el aire estuviera cargado de malas noticias. El ambiente tenía esa tensión que se pega a la piel, la que te hace caminar más despacio sin saber por qué.

Llevaba un cuenco de agua para mí —porque el médico había decretado que yo era una planta delicada que necesitaba hidratación frecuente— y un paquete de documentos sellados para el ala de archivos. Intentaba concentrarme en mi respiración y en no pensar en botas caras, reuniones importantes o personas con títulos demasiado largos.

Camina. Respira. No mires puertas entreabiertas, me dije.

Escuché voces.

Reconocí la de Lucien de inmediato: firme, controlada, con ese tono que no necesitaba subir de volumen para hacerse notar. La otra voz era distinta: más aguda, con un deje de condescendencia que se notaba incluso a través de la madera de la puerta.

—El Consejo no negocia condiciones, lord Blackthorne —decía la voz ajena—. El Consejo recuerda obligaciones.

No mires. No escuches. No existas, insistí en mi cabeza.

Existí.

Me acerqué lo suficiente como para distinguir sombras moviéndose al otro lado de la puerta entreabierta. En mi defensa, no fue curiosidad pura: quería saber si el pasillo estaba despejado para pasar sin interrumpir. En mi acusación, estaba peligrosamente cerca del marco.

La puerta se abrió de golpe.

Yo, que estaba inclinado con la sutileza de un espía de tercera categoría, perdí el equilibrio. El cuenco de agua describió un arco perfecto y el contenido cayó con una precisión cruel sobre las botas pulidas del emisario del Consejo.

El sonido del agua fue el único ruido en el corredor.

Luego, silencio.

—Oh —dije, con la voz más pequeña que me salió—. Esto es… un mal comienzo.

El hombre miró sus botas como si hubiera descubierto una ofensa personal en forma líquida. Levantó la vista hacia mí con una expresión de desprecio tan limpia que parecía practicada frente al espejo.

—¿Quién es este muchacho? —preguntó—. ¿Por qué hay sirvientes rondando en una sala de audiencia?

Lucien giró la cabeza hacia mí. Durante una fracción de segundo, vi sorpresa en su mirada. Luego, nada. La máscara de lord volvió a su lugar.

—Está en mi casa —dijo con calma—. Mida su tono.

—Sus sirvientes deberían conocer su lugar —replicó el emisario—. Este descuido es una falta de respeto al Consejo.

Tragué saliva. La vergüenza me subía por la nuca como una fiebre.

—Lo siento —dije, inclinándome—. Fue un accidente. Limpiaré las botas, traeré otro cuenco, lo que sea necesario.

El emisario chasqueó la lengua.

—No me interesa tu torpeza. Me interesa la disciplina.

Lucien dio un paso al frente. No levantó la voz. No necesitó hacerlo.

—Mi gente no se humilla aquí —respondió—. Y nadie en esta sala es tan importante como para olvidar eso.

El aire se tensó como una cuerda. Los soldados en el fondo del corredor parecieron enderezarse un poco más.

—¿Está cuestionando la autoridad del Consejo? —preguntó el emisario, con una sonrisa fina.

—Estoy marcando un límite —dijo Lucien—. En mi territorio, nadie trata a otro como si fuera menos.

Yo miraba el suelo, deseando fundirme con las baldosas.

Lucien me miró de reojo.

—Elian, sal del pasillo.

Obedecí de inmediato. Di un paso atrás… y otro. Esta vez no tropecé, lo cual consideré un pequeño triunfo personal. Cuando estuve fuera del ángulo de la puerta, apoyé la espalda contra la pared y respiré hondo.

Genial. Derramaste agua sobre un emisario. Si esto fuera una competición de autosabotaje, acabas de ganar medalla.

Escuché voces elevadas al otro lado de la puerta, pero no quise quedarme a escuchar. Me alejé unos pasos, intentando recuperar la dignidad que había perdido junto con el cuenco.

Unos minutos después, Lucien salió de la sala. Su expresión era de calma controlada, la clase de calma que no promete nada bueno para quien la provoca. Se detuvo frente a mí.

—No te acerques a reuniones del Consejo —dijo.

—Prometido —respondí—. Mis habilidades con líquidos y diplomáticos no son compatibles.

Lucien no sonrió.

—No fue el agua lo que me molestó —continuó—. Fue la forma en que te hablaron.

Me encogí de hombros.

—Estoy acostumbrado.

—No deberías estarlo —respondió—. No mientras estés bajo mi techo.

Lo miré, sorprendido por la firmeza de la frase.

—Gracias por… —busqué palabras—. No dejar que me traten como si fuera menos.

Lucien asintió, breve.

—No lo permitiré aquí.

—Eso suena a política de la casa.

—Lo es.

Me tendió los documentos.

—Ve al ala de archivos. Y… —se detuvo—. Camina por el otro pasillo.

—Entendido. Ruta segura activada.

Caminé con más cuidado que nunca. Cada paso era una victoria contra mi propio historial de torpezas. Cuando dejé los documentos en su lugar, me permití exhalar.

En el camino de vuelta, me crucé con Aurelian.

—¿Qué pasó? —preguntó, notando mi expresión—. Hay rumores de un altercado.

—Solo regué a alguien importante —respondí—. Nada grave. Hidratación forzada.

Aurelian rió suavemente, pero luego su expresión se volvió seria.

—Lucien no suele intervenir así por nadie.

—Tal vez le caigo en gracia —dije, intentando sonar ligero.

—Tal vez —repitió Aurelian, pensativo.

Cuando regresé a mi habitación, me senté en la cama y miré mis manos. Aún me temblaban un poco, pero no de miedo, sino de algo que no sabía nombrar del todo. Lucien había puesto un límite por mí, frente a alguien que representaba poder real.

No te acostumbres, me dije. Las protecciones cambian. Las casas también.

Y aun así, esa tarde dormí un poco más tranquilo.

1
Quica Romero
No, es un espectro que regresó para vengarse y fastidiarlos por el resto de sus miserables vidas.😈😆😈🤣😈😉😈
Quica Romero
Pues te aviso 🪧 que ya lo hiciste al decir que te volverías "sombra 3" "árbol del fondo", "sombra que pasa" o simplemente "fondo".🤷‍♀️
🎵🎶Fondo, fondo, fondo🎶🎵🤣😆😈😆🤣😉
Ethan Maison Halen
/Joyful//Joyful/Lo amo!!
Blanca Rodriguez
Me encanta 😍
penecito2
QUE VERGÜENZA JAJAJAJAJAJAJAJJAJA
Maru19 Sevilla
Jajajaja ya es protagonista 🤭
Maru19 Sevilla
Es muy entrenida🥰
Luna cristal Rodriguez
🤭 amo tus novelas
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