Valeria sobrevive a un matrimonio gélido refugiándose en un cuarto secreto, donde plasma en lienzos los sueños húmedos que tiene con un hombre desconocido que la adora. Tras descubrir la cínica traición de su esposo, el dolor se transforma en una sed de venganza diseñada con la precisión de una obra de arte. En esta batalla por su amor propio, la línea entre la fantasía y la realidad se rompe cuando el hombre de sus pinturas aparece frente a ella, desatando un deseo prohibido que podría ser su salvación o su ruina.
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capitulo 9
CAPÍTULO 9
La mañana llegó con la luz del sol filtrándose por los grandes ventanales de la oficina principal. El ambiente estaba cargado de expectativa y nerviosismo. Era el día en que se presentarían los planos definitivos y se decidiría el futuro del lugar.
Adrián entró al despacho con su paso firme y elegante, vestido impecablemente, irradiando esa autoridad silenciosa de quien acostumbra a dominar cualquier situación. Se dirigió a su escritorio y, antes de sentarse, cruzó una mirada breve pero intensa con Valeria. Fue solo un segundo, pero bastó para recordarles su amor prohibido y la alianza que habían hecho para proteger lo que era suyo.
—Buenos días a todos —dijo Adrián con voz serena y profunda, tomando asiento—. procedamos a revisar el proyecto final. Como saben, la responsabilidad y la decisión final recae en mí, así que espero que todo esté en orden.
La Tensión antes de ver los planos
Julián estaba de pie, inquieto, moviendo las manos y sin poder estar quieto. No dejaba de mirar a Adrián de reojo, sintiendo un nudo en el estómago. Aunque quería parecer seguro, su miedo era más fuerte.
Beatriz estaba a su lado, o mejor dicho, al lado de Adrián, comportándose con total naturalidad, como si nada pasara. Delante del poderoso CEO, ella era la novia dulce, atenta y sumisa, sin dirigir ni una sola mirada cómplice a Julián.
—Estoy ansioso por mostrarles mi visión —dijo Julián intentando sonar fuerte, pero su voz salió un poco temblorosa—. He preparado todo para maximizar las ganancias, eliminando lo que ya no sirve, como esa vieja galería de arte.
Beatriz sonrió falsamente ante Adrián.
—Claro, mi amor... digo, Julián tiene muy buenas ideas para los negocios —dijo ella corrigéndose rápido, mirando siempre con respeto al jefe—. Lo importante es que el patrimonio crezca y sea productivo.
Julián la miró rápido y luego bajó la voz para que solo ella lo escuchara un segundo:
—Cálmate, recuerda nuestro plan. Una vez que tiremos eso, el dinero de Valeria será nuestro y seremos felices. Pero... —miró aterrado hacia Adrián—, tengo que andarme con muchísimo cuidado con él. Es un hombre que impone demasiado, si algo sale mal o se enoja, puede destruirme la vida entera. Es mejor no contradecirlo.
La Verdad en los Planos
Adrián hizo una seña y los planos fueron desplegados sobre la gran mesa de madera. Todos se acercaron a mirar.
Julián frunció el ceño, confundido. Buscó las marcas de demolición, las líneas rojas que indicaban donde iba a derribar, pero no estaban. Por el contrario, veía detalles de restauración, refuerzos estructurales y una protección total alrededor del edificio histórico.
—E-Esto... esto no es lo que acordamos —tartamudeó Julián, palideciendo—. Aquí dice que se conserva, que se restaura... ¡Yo quería demolerlo!
Adrián lo miró con calma fría, apoyando sus codos en la mesa y juntando las manos frente a su rostro, con esa postura inconfundible de jefe supremo.
—Tú puedes tener tus deseos, Julián, y puedes proponer lo que quieras —respondió Adrián con voz pausada pero contundente—. Pero recuerda bien quién soy y qué poder tengo aquí. Yo soy el CEO, yo soy quien aprueba y yo soy quien firma la realidad final.
—Pero... ¿por qué cambió todo? —preguntó Julián asustado.
—Porque mi decisión es firme y absoluta —lo cortó Adrián mirándolo a los ojos—. El museo de Valeria tiene un valor histórico y sentimental incalculable. Yo he decidido que se queda, que se mejora y que se blinda por completo. Tus ideas de derribar... simplemente no las aprobé. En mis empresas, lo que yo digo que se hace, se hace; y lo que yo rechazo, desaparece del papel y de la realidad.
Julián sintió que las piernas le temblaban. Era verdad. Adrián tenía todo el poder. Él podía firmar lo que fuera, pero si el gran Aponte decidía lo contrario, no había nada que hacer. Se sentía pequeño, insignificante frente a aquel hombre elegante y peligroso.
Beatriz, viendo que su amante estaba perdiendo y que Adrián estaba firme, cambió la cara al instante.
—¡Oh, qué maravilla! —exclamó sonriendo hacia Adrián—. Es una decisión brillante, señor Aponte. Conservar la historia es lo más elegante y correcto. Usted siempre tiene la razón absoluta, usted es quien sabe manejar todo perfectamente.
Ella fingía adoración, pero por dentro hervía de rabia al ver que se le escapaba el dinero y la fortuna que tanto quería quitarle a Valeria.
El Pacto Cumplido
Al terminar la reunión, todos salieron del despacho. Adrián se quedó un momento atrás con Valeria, cerca de los planos.
—Lo ves, mi amor prohibido —le susurró él con ternura y orgullo—. Te prometí que protegería lo tuyo y así lo hice. Usé todo mi poder y mi autoridad para asegurar que nada ni nadie pudiera tocar tu refugio. Él quiso destruirlo, pero no pudo contra mí.
Valeria lo miró con los ojos llenos de lágrimas de felicidad. Él era su héroe, su protector, el dueño de su corazón y del destino de todo.
Julián se acercó a la puerta, cabizbajo y humillado.
—Entendido, Adrián... —murmuró sin levantar la vista—. Usted es quien manda de verdad, usted tiene el control total. Yo... yo solo acato sus órdenes.
—Así me gusta, Julián —respondió Adrián sin piedad pero con elegancia—. Recuerda siempre quién tiene el poder aquí, y así te irá bien.