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Mi Amor Verdadero

Mi Amor Verdadero

Status: En proceso
Genre:Amor eterno
Popularitas:844
Nilai: 5
nombre de autor: Estefany Zárraga

A sus 23 años, Alejandro Rodríguez es la personificación del poder sin límites. Frío, implacable y dotado de una mente calculadora que convierte la ambición en destino, no hay negocio ni objetivo personal que se le resista. Él lo tiene todo, excepto lo único que el dinero no puede comprar: el sentimiento. desde la muerte de su hermano por culpa de una mujer lo ha convencido de que el amor es debilidad, condenándolo a vivir en una opulenta soledad, un rey en un trono sin corazón.
Con 21 años, Azul Estrella Luna García ha vivido toda su vida con doloroso pasado el maltrato que vivió con su madre y el abandono de su padre y abandonada en una un orfanato a los cuatro años a forzado su vida con impulso graduándose de diseño gráfico y administración de empresas
¿Podrá Alejandro derribar su muro del cinismo y volver a creer en el amor Azul dejara sus miedos para darle una oportunidad a la felicidad

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Capítulo 10: El Santuario de las Cicatrices

La mansión de los García, que usualmente era un faro de luz y proyectos, se había convertido esa noche en un mausoleo. Ricardo García permanecía sentado en el gran sofá de cuero de su biblioteca, con la mirada perdida en el fuego que consumía los troncos en la chimenea. La fotografía de Azul a los tres años estaba arrugada entre sus dedos, manchada por las lágrimas de un hombre que lo tenía todo, pero que acababa de descubrir que el perdón de su primogénita no estaba a la venta.

El peso del silencio

—Me odia, Elena —susurró Ricardo cuando su esposa entró con una bandeja de té que nadie probaría—. Me mira y solo ve a un monstruo. Tiene razón... un padre debe mover el cielo y la tierra. Yo moví montañas, pero ella estaba en el abismo.

Sus cuatro hijos estaban presentes, cada uno lidiando con el rechazo de maneras distintas. Jaen (25 años), el mayor, apretaba la mandíbula con una furia contenida. Steven (23 años), que compartía la edad y la intensidad de Alejandro, no dejaba de pensar en la mirada de su hermana. Sofía (20 años) lloraba en silencio, y Alex (21 años), el que más se parecía a Azul, sentía que una parte de su propio pecho se había roto.

—Dijo que sus ojos verdes eran una maldición —sollozó Sofía—. Papá, ¿cómo pudimos ser tan felices aquí mientras ella pasaba por ese infierno?

—No lo sabíamos, Sofía —respondió Ricardo con voz ronca—. Pero ese es el problema. El no saber no nos quita la culpa. Ella nos ve como los "hijos perfectos" de ojos azules, y nosotros somos el recordatorio viviente de todo lo que le robaron. No nos va a perdonar, y tiene todo el derecho del mundo a no hacerlo.

El refugio del Rey de Hielo

Mientras los García se hundían en las sombras de la culpa, en el ático de Alejandro Rodríguez, el mundo se había detenido. Alejandro había llevado a Azul a su santuario privado, un lugar donde nadie, ni siquiera sus socios más cercanos, tenía permitido entrar.

La lluvia seguía azotando los cristales, pero dentro, la temperatura había subido. Azul estaba de pie frente al ventanal, envuelta en una de las camisas de seda negra de Alejandro. El contraste de la tela oscura contra su piel pálida y sus ojos verdes, aún enrojecidos por el llanto, era una visión que Alejandro no podía soportar con indiferencia.

Él se acercó por detrás. Ya no era el magnate implacable; era solo un hombre que había encontrado su otra mitad en el dolor. Sus manos grandes y firmes se posaron en la cintura de Azul, atrayéndola contra su pecho.

—Deja de pensar en ellos —susurró Alejandro cerca de su oído—. Esta noche, el mundo exterior no existe. No hay padres, no hay hermanos, no hay pasados rotos. Solo estamos tú y yo.

Un momento de entrega absoluta

Azul se giró en sus brazos, buscando desesperadamente el ancla que Alejandro representaba. El beso que comenzó bajo la lluvia en el capítulo anterior se transformó aquí en una llama voraz. Fue un encuentro profundamente íntimo y apasionado, donde no solo se unían sus cuerpos, sino sus cicatrices.

Alejandro la levantó con una urgencia que ella respondió rodeando su cintura con sus piernas. La llevó hacia la cama de sábanas de hilo, sin romper el contacto de sus labios. Cada caricia de Alejandro era una promesa silenciosa de protección; cada respuesta de Azul era un grito de libertad tras años de opresión.

En la penumbra de la habitación, iluminada solo por los relámpagos ocasionales, Alejandro descubrió la verdadera belleza de Azul. No era la perfección que él siempre había buscado en sus negocios, sino la cruda y hermosa realidad de una sobreviviente. Sus manos recorrieron la espalda de Azul, trazando el camino de su fuerza, mientras ella exploraba la vulnerabilidad que él solo le permitía ver a ella.

Fue un acto de intimidad verdadera, donde el "Rey sin corazón" entregó hasta el último gramo de su control. Por primera vez, Alejandro no calculaba; solo sentía. Y Azul, por primera vez en sus veintiún años, no sentía miedo. El dolor del rechazo a su padre y la amargura de su infancia se disolvieron en el calor del cuerpo de Alejandro.

—Eres mía, Azul —susurró él contra su piel, con una voz cargada de una devoción casi religiosa—. Nadie volverá a tocarte, nadie volverá a hacerte llorar.

—Y tú eres mío —respondió ella, hundiendo sus dedos en el cabello de él—. El único que vio la luz en mis ojos verdes cuando todos los demás solo veían sombras.

ambiente en el ático de Alejandro se volvió denso, casi eléctrico. Ya no era solo el consuelo tras la tormenta; era una necesidad primitiva de borrar el pasado a través del contacto. Alejandro la estrechó contra la pared de cristal, donde el frío de la lluvia del exterior contrastaba con el fuego abrasador que emanaba de sus cuerpos.

Sus manos, usualmente calculadoras y gélidas, temblaban mientras recorrían la espalda de Azul. Él hundió el rostro en el hueco de su cuello, aspirando el aroma a vainilla y lluvia que lo volvía loco.

—Dijiste que no tenías nada que ofrecer —gruñó Alejandro contra su piel, su voz era un murmullo ronco y hambriento—. No tienes idea de que eres lo único que me hace sentir vivo. Eres mi redención, Azul.

Azul le devolvió el beso con una ferocidad que lo sorprendió. Sus dedos se enterraron en el cabello de Alejandro, tirando de él con una desesperación que gritaba años de soledad. En ese momento, ella no era la "hija abandonada" ni la "diseñadora eficiente"; era una mujer reclamando el único refugio que el destino no le había podido arrebatar.

—Rómpeme, Alejandro —susurró ella entre besos febriles—. Rompe lo que queda de mis miedos. No quiero pensar en el azul de sus ojos, solo quiero perderme en la oscuridad de los tuyos.

Alejandro la cargó, envolviendo sus piernas alrededor de su cintura, y la llevó hacia la cama. Cada prenda que caía al suelo era un peso menos del pasado. Cuando sus cuerpos finalmente se fundieron, no fue un acto de delicadeza, sino una colisión de dos estrellas rotas. Fue una entrega total, desesperada y profundamente íntima. Alejandro la besaba como si quisiera tatuarle su nombre en el alma, y Azul se aferraba a él como si fuera el único aire puro en un mundo de humo.

En la penumbra, el ritmo de sus respiraciones se volvió uno solo. Alejandro se detuvo un segundo, mirándola a los ojos —esos ojos verdes que ella tanto odiaba— y los besó con una ternura que le dolió en el pecho.

—Tus ojos son el bosque donde quiero perderme para siempre —le dijo, antes de volver a reclamar sus labios con una pasión que no conocía límites.

Esa noche, el Rey en su trono de hielo finalmente se derritió, y la niña del orfanato descubrió que sus cicatrices, al ser tocadas por las manos correctas, podían convertirse en alas.

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𝐄𝐜𝐥𝐢𝐩𝐬𝐞 𝐋𝐮𝐧𝐚𝐫
que les parece la novela les gusta poco a poco voy a ir subiendo los capítulos
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