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Renacer

Renacer

Status: Terminada
Genre:Venganza de la protagonista / Maltrato Emocional / Autosuperación / Completas
Popularitas:52.1k
Nilai: 4.9
nombre de autor: Crisbella

Miranda Saavedra. Un nombre que en los círculos financieros es sinónimo de respeto, fortuna y un orgullo inquebrantable. Como presidenta de uno de los conglomerados más influyentes del país, su presencia intimida a los tiburones de la industria y su mirada es capaz de desmantelar cualquier defensa antes de que se pronuncie la primera palabra en una junta.
Pero esa armadura de seda y acero fue forjada en el fuego.
Hubo un tiempo en que Miranda era otra mujer: una esposa dedicada que creía en la paciencia y en el refugio de un hogar, soñando con una familia que nunca llegó. Esa vida "perfecta" se desintegró en un solo instante, convirtiéndose en un infierno de sombras cuando el mundo que conocía la traicionó, siendo secuestrada para ser vendida al mejor postor.

NovelToon tiene autorización de Crisbella para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Aliados

Lissandro se quedó de pie en medio del garaje, escuchando cómo el eco del motor del auto de Miranda se desvanecía en la distancia. El silencio que quedó después era pesado, de esos que te hacen zumbar los oídos. Por un segundo, se sintió completamente solo, a pesar de tener a su hija a pocos metros y a un ejército de hombres vigilando cada rincón de la propiedad.

Se pasó una mano por la cara, frotándose los ojos con cansancio. La confesión que le había hecho a Miranda le pesaba en el pecho como si fuera de plomo. Había pasado años construyendo una vida perfecta para ella, una identidad nueva, una seguridad inquebrantable, pero se dio cuenta de que lo había hecho sobre un terreno podrido. La verdad siempre encontraba una forma de salir a la superficie.

—Señor, el vehículo de la señora Saavedra ha cruzado el puente. Está fuera de nuestro perímetro inmediato —dijo una voz a través de su auricular.

—Síganla de lejos, como acordamos. No intervengan a menos que ella lo pida —respondió Lissandro con voz ronca.

Se giró hacia Lía, que lo observaba con una calma que a veces le daba escalofríos. La niña no lloraba ni hacía preguntas difíciles, simplemente estaba ahí, procesando todo con una inteligencia que a veces Lissandro deseaba que no tuviera.

—Lía, ve con Diana. Tienes que entrar en la habitación de seguridad. No es un juego, ¿está bien? —le dijo, agachándose para quedar a su altura.

La niña asintió y le dio un abrazo corto antes de marcharse con la niñera. Lissandro la vio desaparecer por el pasillo y suspiró. Ahora le tocaba a él. No podía ir tras Miranda, ella había sido muy clara, pero no iba a quedarse sentado mientras el mundo se caía a pedazos.

Caminó hacia su despacho y sacó un teléfono que guardaba bajo llave en un cajón del escritorio. No era el móvil de última generación que usaba para la bolsa, era uno viejo, con la pantalla un poco rayada. Marcó un número que no había usado en años.

—Espero que tengas una buena razón para llamarme a esta hora, Saavedra —respondió una voz masculina al otro lado.

—Han vuelto, Mateo. Helios está aquí y tienen a Andrés Lara —dijo Lissandro sin rodeos—. Necesito que verifiques la dirección de Alexa. No puedo enviar a mis hombres habituales, están demasiado expuestos. Necesito a alguien que no exista en los registros.

Hubo un silencio al otro lado de la línea. Lissandro podía oír el sonido de un encendedor.

—Te advertí que esa gente no olvida. Quieres que saque a la mujer de ahí antes de que lleguen ellos, ¿verdad?

—Exacto. Saca a Alexa de su casa y llévala al punto de encuentro seguro. No dejes que la policía se involucre, esto tiene que ser limpio.

Lissandro colgó y se dejó caer en su silla de cuero. Miró las pantallas de seguridad que mostraban los alrededores de su mansión. Todo parecía tranquilo, pero él sabía mejor que nadie que esa era la calma antes de que todo saltara por los aires.

Le dolía el pecho al pensar en la mirada de Miranda cuando se fue. Era una mirada de decepción pura. Ella tenía razón: él la había usado al principio. Pero lo que no sabía era que, en el proceso, él se había vuelto dependiente de ella. Sin Miranda, todo ese imperio de cristal no significaba nada.

Se levantó, tomó su arma de la caja fuerte y revisó el cargador. Si Helios quería una guerra por algo que pasó hace diez años, la tendrían. Pero esta vez, Lissandro no iba a jugar siguiendo las reglas del mercado financiero. Esta vez, iba a defender lo único que le daba sentido a su vida, aunque tuviera que quemar todo Nueva York para lograrlo.

Salió del despacho con paso firme. Tenía que confiar en que Miranda sabía lo que hacía en su vieja casa, y él tenía que asegurarse de que, cuando ella volviera, todavía hubiera una familia esperándola.

Mientras tanto, Alexa estaba en su habitación, caminando de un lado a otro con el teléfono en la mano, esperando una respuesta de Miranda que no llegaba. El silencio de la casa se vio interrumpido por un crujido seco en la planta baja. Se le heló la sangre; sabía que Víctor no regresaría hasta tarde y que el personal ya se había retirado.

​Cuando se asomó al pasillo, tres sombras se materializaron desde la oscuridad de la escalera. No vestían uniformes de policía ni el traje elegante de los escoltas de Lissandro. Eran hombres de aspecto rudo, con chaquetas oscuras y movimientos tan precisos que apenas hacían ruido al caminar.

​—¿Quiénes son ustedes? —logró preguntar Alexa, retrocediendo hacia su cuarto con el corazón a punto de salirse del pecho.

​El hombre que iba al frente, un tipo con una cicatriz en la ceja y mirada gélida, levantó las manos en señal de paz, aunque no bajó la guardia.

​—Tranquila, señora De Las Casas. Venimos de parte del señor Saavedra. Tenemos órdenes de sacarla de aquí antes de que el "regalo" de Helios llegue a su puerta.

​Alexa se quedó paralizada. El nombre de Helios en boca de un extraño la hizo comprender que la amenaza era real. No había tiempo para preguntas.

Alexa llamo a su esposo quien llegó más rápido que una bala, sus ojos se ensancharon al ver a esos sujetos en su casa, pero más se sorprendió ante la petición del jefe de los hombres.

​—Tienen tres minutos para recoger lo esencial —sentenció el hombre—. El coche espera afuera y no es el suyo.

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ada cecilia diaz leon
No entiendo, en el capítulo anterior dice que llegó a la casa de los de La Vega y vio una luz encendida en el segundo piso y de bajo del carro y entro por un callejón. Ahora resulta que los hombres de Lisandro la interceptaron unas calles antes de llegar 🙄
Elita Diaz Man
.
Rosa Ariza
Bravo ☺️☺️☺️🤭por lía al parecer de tal palo tal astilla, ese desgraciado de Andres se merece lo q le pase por mala gente
Lidia Nohemi
muy bonita historia te felicito sigue adelante con nuevas historias que impacten ésto que escribiste estuvo fuerte pero se que la vida es así en las personas con dinero y multimillonario bendiciones para todos hermosa familia que tengan un excelente día muy bendecido 🙏❤️🌹🥰🥰🥰🥰🥰🥰🥰
Daiana Martínez
muy buena novela
Lidia Nohemi
Helios ni siquiera se dió cuenta que de ésa forma los ayudo a acercarse más y a perdonar
Maria Cantillo
hay que avanzar con mentiras tapadas verdades entre veladas pero sobretodo proteger su familia
Maria Cantillo
bueno sirvió para que surgiera una verdad
Maria Cantillo
una mentira sobre otra🤭🤭
Maria Cantillo
resultó un vivo aquí que cree se las sabe todas ummm☺️☺️
Maria Cantillo
buen truco
Maria Cantillo
Es duro saber la verdad pero es mejor que te la cuente quien tapo todo disque por amor por salvarla 🤣🤣🤣
Maria Cantillo
vaya sorpresa que descubren
Maria Cantillo
todo plan basado en mentiras cae😭😭😭
Maria Cantillo
se desenfoco y cayo
Maria Cantillo
son opciones
Maria Cantillo
vaya sorpresa que hay
Maria Cantillo
vaya sorpresa
Elia María Ramírez Rodríguez
Muy bonita novela solo dejo un cabo suelto debería de aver terminado bien a bien de Elena 😡
Elia María Ramírez Rodríguez
Disfruten de la paz que tienen en este momento no se olviden de Elena es un ser malvado 🌷
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