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EL SECRETO DE LA DOCTORA

EL SECRETO DE LA DOCTORA

Status: Terminada
Genre:Aventura / Mundo de fantasía / Traiciones y engaños / Completas
Popularitas:10k
Nilai: 5
nombre de autor: Maria Laura Perez

Una traición que rompió sus ilusiones. Una noche que cambió su destino. Un secreto que el tiempo no pudo borrar.
Durante dos años, ella defendió sus propios límites frente a las constantes exigencias de su pareja. Guiada por sus convicciones y el apoyo de sus amigas, se negó a ceder ante la presión de los noviazgos modernos… hasta la noche del cumpleaños de él, cuando decidió dar el paso por convicción y sorprenderlo.
Pero la verdadera sorpresa la esperaba tras la puerta de la habitación: su novio en la cama con su propia secretaria.
Con el autocontrol y la frialdad que solo un estudiante avanzado de medicina domina en situaciones límite, no hubo gritos ni lágrimas. Sacó su teléfono, grabó la evidencia y se marchó con el corazón destrozado. Horas más tarde, perdida en la ciudad, terminó en un bar exclusivo con música y karaoke donde el alcohol anestesió el dolor, entregándose por primera vez a los brazos de un enigmático desconocido.

NovelToon tiene autorización de Maria Laura Perez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 16: Migajas de azúcar y promesas

La pastelería resultó ser un refugio pequeño y acogedor, con mesas de madera gastada, ventanales empañados por el calor de los hornos y un aroma envolvente a manteca hojaldrada, vainilla y canela recién molida.

El dueño, un hombre mayor de delantal blanco que conocía a Víctor desde hacía años, los acomodó en una mesa apartada junto a un rincón iluminado por lámparas de luz ámbar. No hubo reverencias serviles ni preguntas indiscretas; solo una bandeja humeante con chocolate espeso, medialunas tibias con brillo de almíbar y una taza de café negro sin azúcar para Víctor.

Emma devoró su porción con un entusiasmo desbordante, balanceando las piernas bajo la banqueta y dejando un bigote gracioso de chocolate sobre el labio superior.

—Está muy rico —anunció la niña, lamiéndose los dedos con una satisfacción absoluta.

Víctor, que jamás en su vida había tenido que lidiar con servilletas de papel ni manchas infantiles, tomó una servilleta de la mesa con una concentración casi solemne. Se inclinó hacia la pequeña y le limpió la comisura de la boca con una delicadeza milimétrica, temiendo raspar su piel sensible.

—El chocolate es para comerlo, no para usarlo de pintura, señorita —dijo él con un tono grave que no logró disimular la ternura que se le escapaba por los ojos.

Emma soltó una carcajada traviesa y apoyó la barbilla sobre la mesa, mirándolo de hito en hito.

—Tienes las pestañas largas como las mías —comentó la niña con esa franqueza desarmante propia de su edad—. Y tomas el café amargo como el abuelo de mi libro de cuentos.

Elena, que sostenía su taza entre las dos manos para calentarse los dedos, sintió un pellizco en el estómago al verlos frente a frente. La similitud física era innegable, pero lo que más le impactaba era la sintonía involuntaria: la misma forma de arquear la ceja izquierda cuando algo les llamaba la atención, el mismo modo de ladear la cabeza para escuchar con atención. Emma había heredado el alma analítica de un hombre que apenas acababa de entrar en su mundo.

—Emma —dijo Elena, buscando encauzar el momento con suavidad—, ya está oscureciendo. Es hora de volver a casa para que te des un baño y te pongas el pijama.

La niña suspiró, pero asintió sin protestar. El agotamiento del día empezaba a pesarle en los párpados.

El regreso a pie fue más pausado. La noche había caído del todo sobre la ciudad, encendiendo las farolas que proyectaban sombras alargadas sobre las veredas limpias de lluvia.

Víctor llevaba a Emma en brazos; la pequeña se había rendido al sueño apenas cruzaron la primera esquina, apoyando la frente contra su hombro ancho y respirando con calma rítmica. Elena caminaba a su lado, con el bolso colgado al hombro y las manos resguardadas en los bolsillos del abrigo. El silencio que compartían ya no era la guerra fría del hospital ni la tensión hostil del reencuentro; era una tregua densa, cargada de preguntas que ambos sabían que debían formularse.

—No puede seguir llamándote «el señor del paraguas» por mucho tiempo —soltó Elena en un murmullo, rompiendo el compás de sus pasos al doblar hacia la entrada de su edificio.

Víctor se detuvo bajo la marquesina iluminada del portal. Acomodó a Emma contra su pecho con un movimiento firme de su brazo izquierdo antes de girarse hacia Elena.

—¿Cuándo crees que sea prudente decírselo? —preguntó él. En su voz no había exigencia, sino un respeto escrupuloso por el criterio maternal de ella.

—Pronto —admitió Elena, mirando a su hija dormida—. Los niños perciben más de lo que creemos. Si lo dilatamos, sentirá que le ocultamos algo malo, y esto no tiene nada de malo. Pero quiero que lo hagamos juntos, sin cuentos de hadas ni dramatismos. Con la verdad adaptada a sus cuatro años.

Víctor clavó sus ojos grises en los de ella, y una chispa de alivio templado iluminó sus facciones.

—Juntos. Me parece perfecto.

Se quedaron parados frente a la puerta de hierro. El frío de la noche contrastaba con el calor que emanaba de la cercanía de sus cuerpos. Era el momento de despedirse, pero ninguno de los dos dio el primer paso para separarse.

—Gracias por hoy, Víctor —dijo Elena en voz muy baja, mirándolo a los ojos con una sinceridad que no le concedía a casi nadie—. Por la pastelería. Por no forzar las cosas.

Víctor dio medio paso al frente, reduciendo el espacio entre ambos hasta que Elena pudo sentir el roce tenue de su respiración en el aire fresco.

—No te confundas, Elena —susurró él, y el tono aterciopelado de su voz envió una corriente eléctrica directa al centro de su pecho—. Puedo tener toda la paciencia del mundo con Emma porque es una niña y merece su tiempo. Pero contigo no pienso fingir que esto es solo un acuerdo de coparentalidad.

Elena contuvo el aire. El corazón le dio un vuelco desbocado contra las costillas.

—Víctor...

—No te apresures a levantar los escudos —la interrumpió él, bajando la vista hacia sus labios con una intensidad que la dejó sin defensas—. Cinco años atrás me bastó una noche para saber que jamás encontraría a otra mujer como tú. Y ahora que sé quién eres, la cirujana brillante, la madre intachable y la mujer orgullosa que no se rinde ante nada... no tengo la menor intención de quedarme solo como un visitante en la puerta de tu edificio.

Levantó su mano libre con una lentitud deliberada. Las yemas de sus dedos rozaron con infinita suavidad el pómulo de Elena, apartando un mechón suelto de su cabello rubio detrás de su oreja. El contacto de su piel cálida quemó como una brasa en la noche fría, provocando que Elena cerrara los ojos por una milésima de segundo antes de poder contenerse.

—Buenas noches, Elena —dijo él, retirando la mano despacio, como saboreando la victoria de haberla hecho temblar—. Te veo mañana en el hospital. A las ocho en punto.

Víctor se inclinó, depositó a Emma en los brazos de Elena con la misma reverencia de la noche anterior y, tras una última mirada que prometía mil batallas por venir, dio media vuelta y caminó hacia la esquina, donde su chofer aguardaba en la sombra con el motor encendido.

Elena abrió la puerta del portal con el pulso agitado y las mejillas ardiendo. Subió en el ascensor abrazando a su hija, sabiendo con una certeza demoledora que la tormenta exterior había terminado, pero que el verdadero huracán acababa de empezar dentro de su pecho.

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Jos Qui
yo no me confiaría de ese una persona que se siente humillada se vuelven más peligrosos 😳😳
maylen urquiza
simplemente maravillosa novela sin tantos dramas una narración exquisita y todo fluyó de maravilla gracias por deleitarnos con una obra tan perfecta como esa que nos sigas deleitando con tus obras nuevas y muchos éxitos tu carrera gracias
Maria Laura Perez: muchas gracias, a mí me gustan las novelas sin tantas vueltas 😍
total 1 replies
Dorkis Huerta
Buenas noches, muy linda.
Ada Zulma Lopez
MAGNÍFICA,, FASCINANTE NOVELA TRAMA ,NARRACIÓN UNA IMAGINACIÓN BONITA 😉 HASTA SE PODRIA DECIR CON REFLEXIÓN EN LA REALIDAD FELICITACIONES ESCRITORA GRACIAS POR COMPARTIR 🫂 😊 ✨️🌹🌟👌👏👏
Maria Laura Perez: 🥰 Gracias por tu aliento
total 1 replies
Ada Zulma Lopez
JAJAJA 😂 ES SÍ Ó SÍ NO TIENE DUDAS QUÉ LA DESEA EN SU VIDA😂 ;:::: ES UN DULCE DE LECHE🥹DE ESOS POCOS QUE HAY EN LA VIDA 💛
👌👏👏👏🌟🌹✨️💛
Maria Laura Perez
🤭el tiempo y las situaciones a veces son inmanejables y siempre exigen respuesta, de la forma y la manera que sea , culpable o inocente... gracias
Ada Zulma Lopez
No puede exigir nada El no prometió nada y se quedo con su inocencia, ella no pidió, nada ,porque el tiene tanta ???🤷
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