Lena una joven moderna estudiante de primer año de la universidad, muere en su camino al centro universitario cuando una pared en construccion cayo sobre ella.
Abre sus ojos en un lugar que no conocía pero había estudiado a la perfección, la antigua china, justamente en una historia de amor que había leído hace poco.
fanática de dramas e historias relacionadas a esta cultura se vio inmersa en una de las historias que leía.
Pero el colmo era que reencarnó en una mendiga estafadora que aparecía y moría en medio capítulo. sabía su fin, aún así algo la llevo a querer continuar y no darse el tiempo de morir.
El secundario, aquel que amaba a la protagonista pero estaba destinado a no ser.
El duque Xi.
Lena tomo como misión conquistar a ese hombre, para hacerlo necesitaba algo.
Un nombre, edad, una familia que la respaldará y sabía exactamente como conseguirlo, lo había leído.
¿lograra conquistar a su secundario?
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Cap 11
Lena se durmió rápidamente por lo que no se dió cuenta que dos horas después Sean entró a sus aposentos.
Se sienta frente a la cama en silencio solo a mirar a la dama dormida.
“¿Que me pasa con esta farsante? Es una molestia total y ni siquiera logró descubrir de qué parte del mundo viene, su forma de hablar es tan diferente, ese acento… aún así me intriga tanto, quisiera estrangularla pero a la vez no, me confunde”
Evidentemente aunque Lena conoce bien en chino antiguo su pronunciación no está al nivel, sus manos callosas son un signo claro de que vivió una mala vida y de su cuerpo no puede decir nada ya que aún no lo ve.
Lena genera en Sean una curiosidad exagerada, no es igual a nadie el imperio y mucho menos a la sofisticada Aria, la mujer las educada del imperio.
Sean se recuesta en su asiento mirando al techo.
“Aria” —pensó y el recuerdo de cómo se conocieron apareció en su cabeza.
En la cacería de otoño, la primera a la que asistió con seis años. La niña más linda y delicada de todas.
Junto a sus padres visitaba el palacio imperial con frecuencia y cada vez que veía a esa niña le gustaba más, aunque ella ni lo determinaba.
Los años pasaron y siempre fue así, hasta que con trece años ella le habló por primera vez.
Sean sintió tanta vergüenza que no respondió al saludo de esa niña y corrió a los brazos de su padre a contarle.
“Mi padre”
El cerebro es tan dañino que rápidamente recordó su muerte, hacía tiempo que no lo recordaba o se obligaba a no hacerlo.
Una guerra hace cinco años en la frontera, su padre tuvo que ir y murió en batalla.
“Madre”
Su madre al no soportar el dolor de la noticia murió en el acto, su corazón explotó del dolor.
Sean que pasó de un recuerdo a otro no pudo soportarlo, se levantó y salió de la habitación de Lena.
—Ren, vamos al campo de entrenamiento.
Ren asintió como siempre, era común ver a Sean golpear esas maderas cada vez que algo le molestaba o no lograba entenderlo.
Mientras Lena dormía plácidamente, Sean volvía a descargar su frustración en los muñecos de madera.
A la mañana siguiente Lena después de arreglarse se dirigió al comedor, pensó que volvería a comer sola pero se equivocó, Sean la esperaba sin tocar los platillos, se levantó al verla entrar.
—Buenos días, Sean.
—Buenos días esposa. —Lena lo miro y negó con la cabeza.
—Decídete, ¿soy o no soy tu esposa?
—Eres y a la vez no. —le sirvió Camarón en el plato —come.
—Bien, hoy no tengo ganas de pelear contra ti. —Lena le vio los puños, noto que estaban más rojos que el día anterior —¿Volviste a entrenar?
—Claro, tengo que mantenerme en forma.
—Tendré que prepararte un regalo, hoy saldré con unas doncellas.
—Está bien, si necesitas monedas dile a Ren.
—Te tomo la palabra. Aunque yo tengo mis propios fondos.
—Esa es tu dote, no la toques. —Lena miró a Sean, sabía que alguien como él jamás permitiría que ella gastara lo suyo. —come.
Lena sonrió y llevó su mirada al plato.
Ambos comieron en silencio.
Lena en su cabeza seguía pensando en aquellas mujeres y Sean solo pensaba en sus deberes, día por día era lo mismo.
Al terminar ambos se levantaron. Lena miró a Sean.
—Recuerda que mañana debemos ir con los He.
—Lo sé, ya lo tengo preparado.
Lena se acercó a él, lo jaló de la camisa para bajarlo un poco y habló a su oído.
—Aún no te he hecho mío, espero que no me abandones en la mansión. —Sean se sonrojo al instante, se levantó, arregló su ropa y sin decir palabras caminó hacia la puerta.
—Descarada —dijo antes de desaparecer.
Lena que noto el sonrojo sonrió ampliamente y dió un pequeño grito de satisfacción.
“Mi villano se sonrojo, ya casi está listo”
“Próximamente me comeré ese bombón” apretó su puño en forma juguetona.
Lena sabía que estaba en el camino a conquistar a su secundario, necesitaba más tiempo, pero la visita a los He podría ser un problema.
El viaje a la capital imperial se alargaría, la visita coincide perfectamente con varios banquetes en el palacio a los que por supuesto Sean debe asistir.
Salió corriendo tras él y lo detuvo.
—Sean levanta tu mano. —no cuestionó, solo lo hizo.
Lena unió su mano a la ajena, las miró un momento.
—Listo — bajó la mano y colocó ambas tras su espalda caminando hacia la entrada, dejando desconcertado a Sean.
Salió de la mansión en compañía de las doncellas que Sean le asignó.
Lena fue directo a una tienda de telas, habló con la modista, tras darle un boceto y muchas monedas
—Vendré mañana temprano, por favor tenlo listo.
—Cómo diga, señora.
Lena salió y pasó por la tienda de postres, compró algunos que llevó de regreso.
Regreso a su residencia quedándose en el patio, entre tantas hermosas flores que lo adornaban se relajo, sabía que al regresar a la ciudad imperial no tendría tanto tiempo libre como ahora.