NovelToon NovelToon
Te Amaré, Hasta Que El Divorcio Nos Separe

Te Amaré, Hasta Que El Divorcio Nos Separe

Status: En proceso
Genre:CEO / Matrimonio arreglado / Amante arrepentido
Popularitas:797
Nilai: 5
nombre de autor: YESRABI

Cinco años de matrimonio empañados por la distancia y un embarazo fallido llevan a Victor y Victoria al inevitable divorcio. El acuerdo es pacífico y la separación, inminente. Cada uno toma su propio camino; sin embargo, no pasa mucho tiempo antes de que el frío y reservado Victor Song descubra que desatarse del pasado es imposible cuando la mujer que dejó ir sigue siendo la única que desea.

NovelToon tiene autorización de YESRABI para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Un Día Más De Invierno, Como Es Común

El clic de la puerta resonó con mas fuerza de la que habría sonado en otro momento. De hecho, nuestro silencio ni siquiera debería haberme causado los estragos que le provocaron a mi pecho porque toda esta indiferencia ya era parte de mi vida desde hace cinco años. Y, aun así, continuaba ardiente el deseo de querer arrancarme el cabello.

—Te llevaré a casa —avisé cuando entendí que no había una razón por la cual quedarnos.

Victoria aceptó bajo su silencio conformista. Los rastros de la sonrisa que antes había deslumbrado mi oficina, se ocultaron de un momento al otro y se negaron a ver la luz otra vez. Ya no había siquiera un insignificante indicio de que esos labios curiosos se hubieran torcido. Y aquel sentimiento de impotencia me atrapó de nuevo, aunque decidí ignorarlo para seguirle el paso, mientras nos dirigíamos al estacionamiento.

El camino a casa no fue muy diferente de las otras veces. Victoria iba callada, con los ojos en el camino, y yo… Yo ahora peleaba contra el maldito instinto de querer observarla y asegurarme de que estuviera bien.

Porque esta mierda mía no estaba nada bien.

Afortunadamente, la fachada de nuestro hogar se distinguió con el paso eterno de los minutos. Mi corazón se alivianó casi de manera perceptible, pero volvió a pesar cuando Victoria bajó del auto sin dirigirme una miserable mirada. Sus dedos estaban aferrándose fuertemente al abrigo en sus brazos, clara señal de que algo la estaba molestando. Ella siempre tenía la manía de guardarse los corajes, sacándolos a flote únicamente cuando tenía algo que retorcer entre las manos. Y si no había algo cercano, ella respiraba hondo y fruncía el rostro, como si apretar los ojos fuera suficiente para deshacerse de la roca que le nacía sobre los hombros.

Me miré en el retrovisor y la sonrisa en mi rostro me perturbó. Me froté con las palmas, tratando de borrar la evidencia, y decidí bajarme del auto con tal de no seguir pensando en estupideces que probablemente solo terminarían por alimentar algo que definitivamente no tenía que seguir existiendo.

Un ápice de melancolía me arañó la espalda cuando llegué a la puerta. Abrí y dejé mis zapatos con una lentitud que me obligaba a pensar dramáticamente en este momento como el triste final de algo. Los recuerdos de una historia sin color me atormentaron hasta que pude recobrar la calma cuando el aroma a salteado de cerdo llegó a mi nariz.

—La mesa está lista, ve a lavarte las manos —demandó Victoria, asomándose por la puerta de la cocina.

—Y aún sigues dándome órdenes.

—Solo busco educarte, perro sarnoso.

Chasqueé la lengua, dirigiéndome al baño cuando Victoria desapareció de mi vista. Me lavé las manos y volví al comedor, donde, efectivamente, ya estaban los cubiertos y la comida lista para disfrutarse.

Si alguien me preguntara por algo mínimamente aceptable de esta mujer, sin duda respondería que sus habilidades culinarias eran pasables. Además, en este punto de la vida sería absurdo negarlo, puesto que ya estaba tan acostumbrado a su sazón como para simplemente ignorarlo.

Era una bruja manipuladora, después de todo.

—¿Quieres cerveza?

La miré de frente cuando habló. Su ceja estaba alta y su rostro brillaba por sí solo, porque llevaba un moño alto y despeinado, como si sus rizos no le importaran. Sus labios yacían húmedos por el sorbo de hace unos segundos, pero sus ojos… Sus malditos ojos seguían opacos y tristes, ahogándome con la necesidad de levantarme de la silla para darle una bofetada y decirle que no debería estar así.

Que yo haría lo que fuera para que no sufriera así.

—Claro —respondí.

Victoria se levantó y volvió con un six de cervezas frías, que dejó sobre el comedor. Tomó una de las botellas y la colocó frente a mí. Luego, sin pedirlo, tomó un poco de las verduras dulces de acompañamiento para dejarlo en mi plato, provocando que los latidos de mi corazón empezaran a golpetear en mis oídos.

—Si no te molesta, dejaré mis cosas un par de días más mientras confirmo la ruta con la empresa de mudanza —habló suavemente, con la mirada fija en su plato.

—Tómate el tiempo que necesites —hablé con el mismo cuidado—. Esta también es tu casa, así que no hay problema.

Victoria asintió y me miró un instante, formando una sonrisa rota que solo me hizo sentir una creciente picazón en la nariz y en los ojos. Carraspeé, tratando de evadirlo, y me concentré por completo en el agarre de mis palillos y en la pesca de la carne y las verduras que había por ahí.

Nuestra interacción pareció morir en ese mismo momento y, poco a poco, las cervezas se fueron consumiendo más rápido que la comida. La cruda del día anterior no había terminado y pareció resucitar con la segunda ronda. De pronto me sentí bastante patético y me decidí a alzar la mirada sin miedo, pero me arrepentí al instante porque vi a Victoria con la mirada encima de mí. Sus ojos estaban irritados, sus mejillas y la punta de su nariz tenían un ligero rubor, pero lo que más me desconcertó fue el puchero que había en sus labios.

Estaba claro que se encontraba ebria; sin embargo, no podía decir cuál de los dos lo estaba más.

—¿Estás bien?

—Sí —respondió torpemente, recogiendo las lágrimas invisibles con sus manos.

Victoria pretendió levantarse de su lugar, pero sus manos temblorosas tropezaron, dejando caer el plato con la comida en el suelo. La mancha en el piso blanco era escandalosa porque el suelo siempre solía estar reluciente. El eco del vidrio roto y el golpe sorpresa aún resonaban ruidosamente dentro del silencio, pero todo aquello pareció no importarme demasiado porque mi primer instinto fue acercarme a ella y tomarle la mano.

No había heridas graves para preocuparse; es más, ni siquiera había una verdadera herida ahí. Su mano simplemente estaba manchada de comida, pero mi nula lucidez me exclamaba que Victoria estaba herida de muerte y que necesitaba ponerla en una cajita de cristal para que no volviera a lastimarse.

—Estoy bien —murmuró tratando de retirar su mano.

Sentí el vacío pleno cuando su piel dejó de rozar la mía. La vi con la intención de levantarse, pero la interrumpí, y en su lugar, decidí tomarla entre mis brazos para llevarla a la cocina. La dejé sobre la zona de preparación en la cocina, mientras acercaba el botiquín de primeros auxilios. Tomé la caja de toallas desinfectantes y sostuve su mano con fuerza casi nula. Victoria no reaccionó y simplemente me miró.

—Antes, ni siquiera atendiste el teléfono cuando tuve el aborto… En tu lugar, fue John quien firmó los papeles.

La mención de esas palabras me golpeó el pecho como si hubiera clavado una estaca. Mis manos temblaron. El valor de antes se volvió pura cobardía, llena de resentimiento y rencor contra algo que no sabía qué era, pero que me daba cólera de tan solo saberlo.

—Victoria…

—No te estoy reclamando —mencionó de nuevo, mostrando esa sonrisa rota—. Solo me parece curioso que hagas esta actuación tan absurda cuando tú y yo ya no tenemos una relación que nos una de esta manera.

—Tienes razón —jadeé el aire atorado en mis pulmones—. La única vez que tuve el valor de tocarte a voluntad propia fue porque mi propia madre tuvo la grandiosa idea de drogarme —solté su mano, tragando con dureza para deshacerme del nudo que empezaba a asfixiarme—. Me iré a dormir primero.

Victoria se mordió los labios, asintiendo con el propósito de no responderme. Dejé las cosas en la superficie de la barra sin intenciones de devolverlas a su lugar. Mis pasos de pronto se volvieron inestables y casi me vi corriendo a mi habitación.

Mi vida ahora mismo era un caos, pero mi mente y todo en mi interior parecían lo más cercano a un peligroso apocalipsis. La puerta tocó mi espalda y mis piernas cedieron hasta que el suelo me recibió por completo. El recuerdo prohibido había sido desenterrado de lo más profundo de mis entrañas.

Aquella culpa seguía atormentándome como un pecado que no sería perdonado ni por el mismísimo Dios. Pero ahora, estaba la absurda esperanza en mi cabeza que me decía que esta separación era lo mejor antes de que nos matáramos a nosotros mismos, o al otro. Quizá, después de todo, la única manera de salir adelante es simplemente no tener que verla nunca más.

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play