Elena Rossi, la princesa consentida de los Rossi, tras la disolución de la trinidad, busca un nuevo comienzo académico en Manhattan. Sin embargo, el pasado de los Rossi es un lazo de sangre imposible de cortar, y las mafias locales no tardan en rastrear sus pasos en Nueva York.
Para sobrevivir en este nueva etapa de su vida, Elena no estará sola. Cuenta con el amparo constante de Christopher Sterling, un frío y letal custodio profesional encargado de su seguridad perimetral. En medio de balaceras en callejones húmedos y persecuciones a alta velocidad, la estricta relación jerárquica y el protocolo de un contrato laboral por su padre empiezan a desmoronarse.
Entre la adrenalina del peligro y la soledad de las noches, un sentimiento profundo e indomable transformará a la heredera y a su sombra en un equipo indestructible y un amor que atravesará todas las barreras que les pondrá la vida en el camino.
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Capitulo 2
El vacío que sentía en el pecho no se iba a curar quedándome encerrada en mi habitación de la mansión. Pasé toda la noche dándole vueltas a las palabras de Camilo y, aunque me costara aceptarlo, tenía razón en algo: el antiguo equipo de los tres Rossi ya no existía y yo necesitaba encontrar mi propio rumbo antes de que la melancolía me terminara de hundir. No podía pretender que mi hermano y mi primo descuidaran a sus esposas y a sus hijos para hacerme compañía, ni tampoco quería pasar el resto de mis días siendo una presencia invisible que solo se encargaba de auditar las cuentas de la galería de Chelsea desde el anonimato de las pantallas
Al amanecer, tomé una decisión que me heló la sangre pero que sentía indispensable para mi supervivencia emocional. Sabía que si me quedaba en Chicago, la rutina me iba a terminar asfixiando y la tentación de meterme en los asuntos de la empresa de Camilo iba a estar siempre latente. Necesitaba distancia, aire nuevo y un desafío que pusiera a prueba mi capacidad intelectual lejos de las computadoras de la central y del apellido que tantas puertas nos había abierto en el distrito financiero
Decidí que lo mejor era retomar mis estudios académicos y realizar una especialización en finanzas internacionales y gestión de capitales en una universidad de prestigio, pero bien lejos de Illinois, en la costa este, donde nadie me conociera como la analista del clan Rossi
Bajé al comedor principal con las ideas claras y una firmeza que no sentía desde hacía semanas. El desayuno estaba servido sobre la inmensa mesa de caoba y mis padres, Fabián y Estefany, compartían un café americano mientras leían los diarios de la mañana, disfrutando de esa tranquilidad que la disolución de los conflictos con los Moretti les había otorgado de forma definitiva
Me paré en el umbral, vestida con un pantalón de vestir y una blusa clara, respirando hondo antes de interrumpir el silencio de la estancia
— Buenos días, papá, mamá... Necesito que hablemos un momento sobre mi futuro en la organización — anuncié, capturando la atención de ambos de forma inmediata con mi tono de voz pausado y formal
Mi madre dejó la taza sobre la porcelana y me miró con esa agudeza que la caracterizaba, intuyendo que mi anuncio no era una simple formalidad de la oficina
— Sientate, Elena ¿Qué es lo que te preocupa tan temprano? — preguntó mi padre, doblando el periódico y acomodándose en su sillón con esa postura de autoridad que siempre conservaba
— Tomé la decisión de irme de Chicago por un tiempo — solté sin anestesia, manteniéndoles la mirada para demostrarles que no era un impulso inmaduro — Voy a inscribirme en un posgrado de economía y administración de empresas en Nueva York. Necesito mantener mi mente ocupada en algo que dependa únicamente de mí y creo que alejarme de la mansión es la única forma de encontrar mi propio camino ahora que la situación está tranquila en el centro
Mis padres se miraron entre sí, procesando la información con la seriedad que correspondía a un cambio tan drástico en la estructura de la casa. Mí madre suspiró, entrelazando sus manos sobre la mesa mientras me observaba con una mezcla de orgullo y preocupación materna
— Entiendo perfectamente cómo te sientes, hija — comenzó mi madre, suavizando su semblante aristocrático — Sé que las cosas cambiaron mucho desde que tus hermanos armaron sus propias vidas y que esta casa te puede resultar un poco solitaria en este momento. Estudiar afuera es una excelente oportunidad para que demuestres tu valor en otros ámbitos, pero no podés olvidar quién sos ni el apellido que llevás
— Tu madre tiene razón, Elena — intervino mí padre, apoyando los codos sobre la madera — No tenemos ningún inconveniente en financiar tus estudios ni en que te instales en Manhattan el tiempo que sea necesario. Te ganaste ese derecho después de tantos años de dedicación exclusiva a las cuentas de la firma. Sin embargo, que la Comisión haya desaparecido no significa que estemos exentos de envidias o de algún competidor que intente utilizarte para presionarnos en el puerto norte
— Sé perfectamente cómo cuidarme, papá — le respondí, sintiendo que la rigidez de mi carácter Rossi salía a la superficie — Manejé la seguridad informática de la corporación durante cinco años y sé detectar cualquier anomalía antes de que se convierta en un peligro real
— Eso no es suficiente cuando estás sola en una ciudad extraña — sentenció mi padre con un tono rotundo que no admitía réplicas — La única condición innegociable para que te demos el permiso y los fondos para trasladarte a Nueva York es que vas a llevar un guardaespaldas personal. Un hombre de nuestra total confianza que te va a acompañar a sol y a sombra, encargado de tu seguridad perimetral y de los traslados diarios entre el departamento y la universidad
La exigencia de mi padre me cayó como un balde de agua fría. La idea de buscar libertad y terminar atada a un custodio las veinticuatro horas del día me parecía una contradicción insoportable, pero conocía lo suficiente a Fabián Rossi para saber que si no aceptaba ese término, las llaves del departamento de Manhattan y la autorización de la firma jamás iban a salir de su despacho
— No necesito una niñera que me controle los horarios, papá — repliqué, intentando ocultar el fastidio en mi voz
— No es una niñera, Elena, es un seguro de vida — intervino mi madre, tomando la palabra con esa seriedad que ordenaba las discusiones familiares — Es un requisito indispensable para que tu padre y yo podamos dormir tranquilos mientras vos estás lejos de nuestra zona de control
— No lo sé mamá, debo pensarlo, sabes que no estoy acostumbrada a andar con una sombra pegada a mí — le digo saliendo del comedor
Comencé a caminar por los pasillos de la mansión analizando cada post y contra que generaba está situación, sabía que si quería irme para mantener mí mente ocupada debía aceptar, así que sin más remedio y ya habiendo tomado una decisión, volví al comedor donde mis padres aún seguían
— Está bien, acepto la condición — accedí, cruzandome de brazos — ¿Quién es el elegido para el puesto?
— El muchacho fue seleccionado de las cuadrillas de confianza que tiene tu hermano Franco y cuenta con las mejores referencias de la aduana — dijo mí madre
En ese momento, la puerta del comedor se abrió con suavidad y un joven alto, de porte imponente, hombros anchos y vestido con un traje oscuro impecable, ingresó a la sala, deteniéndose a pocos pasos de mi silla con una postura firme y profesional que denotaba una gran experiencia en el área de seguridad ejecutiva
— Buenos días señorita Rossi, me llamo Christopher Sterling y a partir de este momento quedo a su completa disposición para coordinar los detalles de su traslado a la costa este — se presentó el custodio, mirándome con unos ojos oscuros que reflejaban una seriedad absoluta y un respeto que me hizo sentir, por primera vez en mucho tiempo, el centro de atención de la sala
La presencia de Christopher en el comedor cambió por completo la energía de la mañana. Me quedé observándolo por unos segundos, analizando su postura recta y ese porte físico que compartían los hombres que habían trabajado bajo las órdenes de mi hermano en los muelles del sur. No parecía el típico matón de barrio que la Comisión solía contratar, tenía los modales finos de un profesional de la seguridad privada y una distancia prudencial que me infundió una extraña mezcla de tranquilidad y desconfianza
— Christopher ya tiene las directrices manuscritas de la gerencia para organizar el blindaje del piso de Manhattan y los vehículos que vas a utilizar en tus traslados diarios, Elena — me explicó mi padre, dándole un asentimiento de aprobación al joven — Él reportará directamente a mí cualquier novedad en el perímetro, pero su única ley en Nueva York será garantizar tu bienestar físico y tu tranquilidad para que puedas concentrarte en tus materias
— Entendido, señor — respondió Christopher con una voz baja y segura, manteniendo sus manos entrelazadas por detrás de la espalda
Me levanté de la mesa, dando por concluida la reunión antes de que la melancolía volviera a ganarme la partida. Miré al custodio de reojo y le hice una seña para que me siguiera hacia el pasillo lateral que conducía a la biblioteca principal de la propiedad
— Vamos a revisar los mapas del sector universitario en la oficina, Christopher... Si vamos a pasar los próximos meses juntos, prefiero que conozcas mis horarios desde el primer día — le sugerí con un tono formal que recuperaba esa elegancia que me pertenecía por derecho de sangre
— Como usted ordene, señorita Rossi — contestó él, abriéndome paso con un gesto de cortesía impecable mientras me seguía con pasos lentos y sincronizados
Mientras caminábamos por el pasillo de mármol hacia la biblioteca, sentí que la opresión en el pecho disminuía levemente. Seguía sintiéndome sola respecto a Camilo y a Franco, y la certeza de que el trío de nuestra juventud se había disuelto para siempre me seguía doliendo en lo más profundo de mi ser, pero ahora, al menos, tenía un objetivo claro en el horizonte
Dejaba Chicago para estudiar y para reconstruirme como mujer lejos del imperio legal de la familia, y aunque llevara una sombra armada a mis espaldas, el viaje a Nueva York representaba la primera página de una historia que iba a escribir con mis propias reglas, desafiando al destino que me quería ver recluida entre las paredes de la mansión.
Christopher