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La Heredera Del Invierno

La Heredera Del Invierno

Status: Terminada
Genre:Romance / Escuela / Reencuentro / Completas
Popularitas:2.2k
Nilai: 5
nombre de autor: ska

Allegra Vance, una joven heredera criada entre lujos y excesos en la costa californiana, es enviada contra su voluntad a un internado aislado en las montañas del norte de Inglaterra tras protagonizar un escándalo que amenaza la reputación de su familia.

Lo que comienza como un castigo se transforma en un proceso de confrontación interna: el frío del lugar, la rigidez de las normas y el rechazo de sus compañeras actúan como catalizadores de una verdad que Allegra ha evitado durante años: el vacío dejado por la muerte de su madre y su incapacidad para construir vínculos reales.

En ese entorno hostil, donde cada gesto es observado y cada error tiene consecuencias, Allegra deberá decidir si sigue siendo una máscara brillante… o si se permite romperse para reconstruirse.

NovelToon tiene autorización de ska para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 2: Bienvenida al fin del mundo

El problema no fue el frío.

Fue que nadie le advirtió que podía sentirse así de… invasivo.

Allegra lo notó en cuanto bajó del coche.

No fue una sensación progresiva. No fue una transición amable. Fue un golpe directo, seco, como si el aire mismo hubiera decidido rechazarla.

Frío.

Pero no el frío elegante de una tarde invernal en California. No el tipo de frío que se combate con un abrigo caro y una sonrisa para las fotos.

Este era distinto.

Este se metía en los huesos.

El conductor abrió la puerta trasera sin decir una palabra. Allegra dudó apenas un segundo antes de bajar, apoyando el tacón sobre la grava húmeda. El sonido fue áspero, ajeno. Todo lo era.

El paisaje no ayudaba.

Montañas grises, cubiertas por una niebla densa que parecía arrastrarse entre los árboles como si tuviera vida propia. El edificio del internado se alzaba frente a ella, oscuro, imponente, demasiado grande para un lugar donde se suponía que vivían adolescentes.

Piedra antigua. Ventanas altas. Ninguna luz cálida.

Perfecto.

—¿Es aquí? —preguntó, más por inercia que por necesidad.

—Sí, señorita.

La respuesta fue breve. Final.

Allegra entrecerró los ojos, evaluando el lugar como si pudiera encontrar un error en la construcción, algo que justificara que todo aquello fuera un malentendido.

No lo encontró.

El conductor sacó su equipaje del maletero. Dos maletas grandes. Una más pequeña. Todo perfectamente organizado. Todo perfectamente inútil en ese entorno.

—Buena suerte —añadió él, antes de cerrar el coche.

No sonó como un deseo.

Sonó como una despedida definitiva.

El vehículo se alejó sin dramatismo, desapareciendo en la niebla en cuestión de segundos. Allegra lo observó hasta que no quedó nada que ver.

Y entonces se dio cuenta.

Estaba sola.

—Genial —murmuró.

Ajustó el abrigo, levantó el mentón y empezó a caminar hacia la entrada. Cada paso resonaba más de lo que debería, como si el lugar estuviera amplificando su presencia solo para recordarle que no pertenecía allí.

Las puertas se abrieron antes de que pudiera tocarlas.

Una mujer la esperaba al otro lado.

Alta. Delgada. Cabello oscuro recogido con una precisión casi intimidante. Su expresión era neutra, pero no amable.

—Señorita Vance —dijo.

No fue una pregunta.

Allegra se detuvo frente a ella.

—Depende de quién pregunte.

Un segundo de silencio.

Evaluación.

—Soy la subdirectora Whitmore. La estábamos esperando.

Claro que lo estaban.

—Espero no haber interrumpido nada importante —respondió Allegra, con una leve inclinación de cabeza que rozaba lo irónico.

Whitmore no reaccionó.

—Sígame.

Y eso fue todo.

Sin bienvenida. Sin presentación. Sin interés.

Allegra caminó tras ella, observando cada detalle: los pasillos largos, las paredes cubiertas de retratos antiguos, el sonido apagado de pasos en la distancia. Todo olía a historia… y a reglas.

Muchas reglas.

—El internado funciona bajo normas estrictas —comenzó Whitmore, sin girarse—. Horarios, vestimenta, comportamiento. Esperamos que todos los estudiantes las respeten.

—“Esperamos” suena optimista —murmuró Allegra.

La mujer no se detuvo.

—No es una sugerencia.

Por supuesto que no.

Doblaron un pasillo y llegaron a una sala amplia. Varias chicas estaban allí. Algunas sentadas, otras de pie. Conversaciones bajas, risas contenidas.

Todo se detuvo cuando Allegra entró.

Fue sutil.

Pero suficiente.

Las miradas se dirigieron hacia ella casi al mismo tiempo. Curiosidad, juicio, desinterés. Una mezcla incómoda que Allegra conocía demasiado bien… pero nunca desde este lado.

Perfecto.

Whitmore avanzó un paso más.

—Estudiantes —anunció—. Esta es Allegra Vance. Se incorporará al grupo a partir de hoy.

Silencio.

Nadie aplaudió. Nadie sonrió.

Una chica de cabello negro perfectamente recogido observó a Allegra con una calma que no era precisamente amistosa. Sus ojos eran oscuros, penetrantes.

Evaluando.

—Espero que se adapten —añadió Whitmore—. Señorita Thornbridge, se encargará de orientarla.

La chica dio un paso al frente.

—Por supuesto.

Su voz era suave.

Demasiado.

Whitmore asintió y salió de la sala sin mirar atrás.

Dejándolas solas.

Allegra sostuvo la mirada de la chica.

—¿Siempre es tan acogedor aquí o tuve suerte?

Un par de risas bajas se escaparon en algún rincón.

La chica —Thornbridge— ladeó apenas la cabeza.

—No solemos recibir visitas tan… comentadas.

Ah.

Así que ya lo sabían.

Allegra sonrió, lenta, elegante.

—Qué alivio. Temía pasar desapercibida.

Esta vez nadie rió.

Interesante.

Thornbridge dio un paso más cerca.

—Aquí no importa quién eras antes de llegar.

—Eso suena sospechosamente a que sí importa.

Una pausa.

Medida.

—Importa cómo decides comportarte ahora.

Allegra la observó un segundo más, evaluando.

—Entonces creo que nos llevaremos bien.

—Lo dudo.

Directo.

Sin adornos.

Allegra dejó escapar una breve risa.

—Me gustan los retos.

—Esto no es un juego.

—Todo lo es.

Sus miradas se sostuvieron un segundo más de lo necesario.

Y luego, Thornbridge se giró.

—Ven. Te enseñaré tu habitación.

Allegra la siguió, sintiendo las miradas aún clavadas en su espalda.

No eran miradas de admiración.

No eran miradas de envidia.

Eran peores.

Eran miradas de alguien que ya había decidido no darle la bienvenida.

Cuando salieron de la sala, el murmullo regresó de inmediato.

Allegra no necesitaba escuchar para saber que hablaban de ella.

Siempre lo hacían.

Pero esta vez era distinto.

Esta vez, no tenía el control.

Subieron una escalera estrecha. El aire era aún más frío en los pisos superiores.

—Aquí —dijo Thornbridge, deteniéndose frente a una puerta.

La abrió sin ceremonia.

La habitación era… pequeña.

Dos camas. Dos escritorios. Una ventana estrecha.

Nada más.

Allegra dejó la maleta en el suelo, observando el espacio con una expresión difícil de leer.

—Acogedor —comentó finalmente.

—Compartes habitación.

—Eso ya lo noté.

—Tu compañera llegará más tarde.

Allegra asintió, caminando hasta la ventana. Afuera, la niebla seguía cubriendo todo.

—¿Algo más que deba saber? —preguntó, sin girarse.

—Sí.

Allegra levantó una ceja, reflejada en el vidrio.

—Sorpréndeme.

Thornbridge hizo una breve pausa.

—Aquí nadie está interesado en impresionarte.

Allegra sonrió.

—Qué tragedia.

—Y tampoco en agradarte.

—Eso lo hacen más interesante.

Silencio.

—Buenas noches, señorita Vance.

La puerta se cerró.

Y por primera vez desde que había llegado, no hubo testigos.

Allegra se quedó quieta unos segundos.

Luego exhaló lentamente.

Sus hombros descendieron apenas.

Miró la habitación otra vez.

Pequeña. Fría. Real.

No había música.

No había luces.

No había nadie.

Caminó hasta la cama y se sentó, con cuidado de no arrugar la ropa.

El silencio volvió.

Ese silencio incómodo, pesado.

El mismo del avión.

El mismo que no sabía cómo llenar.

Allegra apoyó los codos en las rodillas, mirando el suelo.

—Solo es temporal —murmuró.

No sonó convincente.

Ni siquiera para ella.

Afuera, el viento golpeó suavemente la ventana.

Y por primera vez, la idea se formó con claridad.

Esto no iba a ser un castigo corto.

Esto iba a cambiarlo todo.

Allegra Vance, la chica que siempre había tenido el control… acababa de entrar en un lugar donde eso no significaba absolutamente nada.

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Paulina Larrain
Me gusta, es distinto a lo demás que he leído. 🥰
Paulina Larrain
Está interesante, comienza distintas a otras
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