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Error 44

Error 44

Status: En proceso
Genre:Mafia / Posesivo / Amor prohibido
Popularitas:3.2k
Nilai: 5
nombre de autor: valeria isabel leguizamon

Ella es de la Dea se infiltra en la mafia para buscar un arma química llamada Error 44 Pero nada será tan fácil, la corrupción la mafia y el jefe mafioso obsesionado con ella

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Capitulo 2

La agencia de logística Vega ocupaba tres pisos completos de un edificio de fachada gris en el corazón de la ciudad. Nadie preguntaba qué se logística exactamente. Nadie quería saberlo.

Renata había sido asignada al área de administración. Una secretaria más. Una cara sin importancia. Pero su expediente incluía dos datos que la mano derecha de Sloan había subrayado en rojo: primeros auxilios y enfermera titulada. En una organización donde los hombres volvían rotos de sus «encargos», eso la convertía en algo más que una mecanógrafa.

La instalaron en un pequeño consultorio improvisado junto a la sala de juntas. Gasas, hilo de sutura, analgésicos, una camilla que había visto días mejores. Y un cartel en la puerta que decía: ATENCIÓN MÉDICA.

Renata lo leyó y sonrió para sus adentros. Cuatro años entrenando en artes marciales, dos en manejo de armas de fuego, uno en técnicas de interrogación avanzada… y la DEA la había infiltrado como enfermera de sicarios. El universo tenía sentido del humor. Un sentido retorcido, pero humor al fin.

Pasó tres días sin ver a Sloan. Escuchó su nombre en cada pasillo, en cada susurro. Sloan no perdona. Sloan no olvida. Sloan mata con la misma indiferencia con que otros respiran. Los hombres le temían. Las mujeres le deseaban. Y Renata… Renata esperaba.

El encuentro llegó el cuarto día, aunque no como ella imaginaba.

Eran casi las once de la noche cuando el ascensor se detuvo en el piso de administración. Las puertas se abrieron con un silbido hidráulico y de su interior emergió un hombre de hombros anchos, mandíbula cuadrada y mirada de quien ha visto demasiada sangre. Era Vargas, la mano derecha de Sloan. Y venía arrastrando a su jefe.

—No me toques, carajo —gruñó Sloan, soltándose del brazo de Vargas con un movimiento brusco.

* Sloan*

Sangraba. La sangre empapaba su camisa blanca desde el costado izquierdo hasta el cinturón. Su paso era firme, pero el rastro escarlata que dejaba tras de sí delataba la gravedad de la herida.

—Necesitas puntos, jefe —dijo Vargas con la paciencia de quien está acostumbrado a lidiar con niños malcriados.

* Vargas*

—No necesito nada —escupió Sloan, y su voz era hielo y fuego al mismo tiempo—. Me lo coso yo en mi puta oficina como siempre.

—Hoy no. La hemorragia es interna. Si no te lo cierran bien, te desangras antes del amanecer.

—Entonces que venga el maldito médico de siempre.

—Está de vacaciones en Cancún. Y usted le dio permiso, ¿recuerda?

Sloan maldijo en voz baja. Maldijo a Vargas, al médico, a Cancún, a las vacaciones, al sol, al mar y a la puta madre que los parió a todos. Maldijo con una creatividad que Cielo, desde el fondo del pasillo, tuvo que admirar en silencio.

—Tenemos a la nueva —insistió Vargas, señalando hacia el consultorio—. Enfermera titulada. Primeros auxilios. Lo deja como nuevo.

Sloan alzó la mirada. Vio el cartel de ATENCIÓN MÉDICA. Vio la puerta entreabierta. Vio la luz tenue que salía de su interior.

Y vio a Renata

Ella estaba de pie junto a la camilla, con las manos enguantadas y una bandeja de instrumental quirúrgico recién preparada. No sonrió. No saludó. No hizo ningún gesto que pudiera interpretarse como servilismo o miedo. Solo lo miró. Directo a los ojos. Como si él no fuera el hombre más temido del país, sino un paciente más. Una herida más. Un problema más que resolver.

Sloan se quedó quieto. Por un segundo, solo uno, su máscara de indiferencia se resquebrajó.

—No —dijo, pero esta vez su negativa sonó débil, casi automática.

—Jefe… —empezó Vargas.

—He dicho que no. Esa mujer no me toca.

—¿Por qué? —preguntó Vargas, y había una pizca de diversión en su voz—. ¿Le tiene miedo a las agujas?

Sloan lo fulminó con la mirada. Pero no respondió. No podía responder. Porque la verdad, aunque nunca la admitiría, era que no le tenía miedo a las agujas. Le tenía miedo a la forma en que ella lo miraba. Como si pudiera ver a través de él. Como si todo lo que él era —el poder, el dinero, la sangre— no fuera más que una capa fina de barniz sobre una madera podrida.

—Que se acerque ella —dijo Sloan al fin, y su voz sonó ronca, derrotada—. Pero que no me mire así.

Vargas alzó una ceja, confundido. Cielo, en cambio, entendió perfectamente.

—No puedo coser una herida con los ojos cerrados, señor Sloan —dijo, y su voz fue un latigazo suave—. Así que va a tener que aguantarse. Como todos mis pacientes.

Sloan entró al consultorio. No caminó: se arrastró, como un animal acorralado que sabe que ha perdido la batalla pero se niega a perder la guerra. Se sentó en la camilla sin que nadie se lo indicara. Se desabotonó la camisa con dedos temblorosos —de dolor, de rabia, de algo que no sabía nombrar— y dejó al descubierto la herida: un tajo limpio, profundo, que aún rezumaba sangre oscura.

Renata se acercó. No preguntó qué había pasado. No ofreció palabras de consuelo. Solo desinfectó, anestesió, y comenzó a coser con una precisión que parecía coreografía.

Sloan la observó en silencio. Vio sus manos firmes. Su respiración pausada. Sus pestañas que no se inmutaban ni siquiera cuando la aguja perforaba la piel inflamada.

—Eres nueva —dijo, no como una pregunta, sino como una constatación.

—Sí.

—¿Cómo te llamas?

—Cielo.

Sloan soltó una risa corta, amarga.

—Cielo —repitió, como si probara un veneno—. En mi puta vida he conocido a nadie con menos cara de cielo que tú.

Ella no respondió. Dio el último punto, cortó el hilo, y colocó una gasa limpia sobre la herida.

—Ya está —dijo, dando un paso atrás—. No se moje la herida en cuarenta y ocho horas. Si le duele, tome esto.

Le tendió un frasco de analgésicos. Sloan lo tomó sin mirarlo. No apartaba los ojos de ella.

—Vargas —dijo sin volverse—. Vete.

—¿Jefe?

—Vete. Y cierra la puerta.

Vargas vaciló un instante. Luego obedeció. La puerta se cerró con un clic que sonó a sentencia.

Sloan se puso de pie. A pesar de la herida, a pesar de la sangre, a pesar de todo, seguía midiendo varios centímetros más que ella. La sombra que proyectaba la cubría entera.

—Cielo —dijo, y su voz era apenas un susurro—. Vas a durar aquí dos semanas. Tres si tienes suerte.

—¿Por qué? —preguntó ella, sin inmutarse.

—Porque no me gusta que me miren como tú me miras. Y no me gusta que me cuelguen puntos como tú me los has colgado. Con seguridad. Con desprecio. Como si yo fuera un perro callejero al que estás haciendo un favor.

Renatainclinó la cabeza. Lo estudió. Lo midió. Lo pesó en la balanza invisible que todos los depredadores llevan dentro.

—Si yo fuera usted, señor Sloan —dijo al fin—, me preocuparía menos por cómo lo miro y más por quién le ha clavado un cuchillo en el costado. La herida es limpia. Profunda. Quien se la hizo sabía exactamente dónde cortar para que usted se desangrara despacio. Eso no es un ataque. Eso es un mensaje.

El silencio se hizo tan denso que podía cortarse con el mismo cuchillo que ella describía.

Sloan no respondió. Dio media vuelta y salió del consultorio sin mirar atrás. Pero en el umbral se detuvo. Solo un segundo. Solo el tiempo justo para decir:

—Mañana a las ocho. Cambio de vendaje.

Y se fue.

Renata tase quedó sola frente a la camilla manchada de sangre. Exhaló el aire que no sabía que había estado conteniendo.

—Mañana a las ocho —repitió para sí misma, y esbozó una sonrisa que no llegó a sus ojos.

El juego había comenzado. Y Sloan, sin saberlo, acababa de hacer la primera jugada.

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Tere Roque 🇨🇺
claro Renata xq x algo el refrán "" el amor 💘 es la fuerza k mueve la tierra 🌎 y k todo lo puede"" ❤️❤️❤️❤️💛💛💛💛💜💜💜💜💚💚💚💚
la potaxia 63
🥰🥰
la potaxia 63
/Frown//Frown/
Tere Roque 🇨🇺
CLARO """ÉSOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO LOOOOO SABE LA BLIBLIA ""
Tere Roque 🇨🇺
🤣🤣🤣🤣SÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍ
Tere Roque 🇨🇺
🤣🤣🤣🤣 nada k tuvo lo k kería y a kien desdaba desde siempre, a su niña antes y ahora mujer Renata y cm dice el refrán ""el amor 💘 es la fuerza k mueve la tierra 🌎 y k todo lo puede ""🤣🤣🤣
Tere Roque 🇨🇺
❤️❤️❤️❤️💛💛💛💛WAOOOOOOO 🔥 🔥🔥🔥🔥🔥🔥🔥🔥🔥🔥🔥SÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍ
Tere Roque 🇨🇺
fuete y claro 👍🏻 sin miedo 😨 al éxito ❤️❤️❤️
Tere Roque 🇨🇺
x algo el amor 💘 es la fuerza k mueve la tierra 🌎 y k todo lo puede 🤣🤣🤣❤️❤️❤️❤️🔥🔥🔥🔥
Tere Roque 🇨🇺: 🤣🤣🤣🤣🤣
total 2 replies
Tere Roque 🇨🇺
❤️❤️❤️❤️❤️WAOOOOOOO 🤣 🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🔥🔥🔥🔥🔥🔥🔥🔥
Tere Roque 🇨🇺
Renata trankila k x imprudente te puede costar la vida 💛 o k el plan de la DEA pa'l ""error 44"" kde sin solución y sin resolver 🔥🔥🔥🔥
Tere Roque 🇨🇺
😬😬😬😬 uyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyy k será lo k pasará ahora con ell@s 🔥🔥🔥🔥🔥🔥🔥🔥🔥🔥🔥🔥🔥🔥🔥🔥🔥🔥
Tere Roque 🇨🇺
🔥🔥🔥🔥🔥 y ahora k arda 🔥 Troya y lo k tenga k arder 🔥 🔥🔥🔥🔥🔥🔥🔥🔥🔥🔥🔥🔥🔥🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣
Tere Roque 🇨🇺
EPALE xq tb tú Renata-Cielo lo reconocistes a él cm mismo él te reconoció sólo k el mandó a investigarte 1ro y x éso llegó a tí mientras tú lo recordaste siempre lo conociste en todo mmto 😬😬😬🤣🤣🤣🤣🔥🔥🔥💕💚💘
Tere Roque 🇨🇺
hayyyyyyyyyy k tierno y lindo mmto n recuerdo duro 🔥 pa' él pr tb hermoso 💚 💕 🔥💘
Tere Roque 🇨🇺: sííííííííííí ya lo leí, y de verdad 👍🏻 me encanta 💖 la novela nuevamente gracias x ✍️ y compartirlas con nostr@s 💕💚❤️
total 2 replies
Tere Roque 🇨🇺
mira tú 🔥🔥🔥
Tere Roque 🇨🇺
WAOOOOOOO EPALE vaya promesa 🔥🔥🔥🔥🔥
Tere Roque 🇨🇺
debe ser 1 amor 💘 bonito tb en su mundo 🌎
Tere Roque 🇨🇺
¿¿¿ Será????🤭🤭🤭🤣🤣🤣🔥🔥🔥😬😬😬
Bunny 🐇: 🤣 es que si la descubre no dirá nada porque no quiere que le hagan daño a su cuchurumina jajajaj 🤭
total 1 replies
Tere Roque 🇨🇺
WAOOOOOOO HASTA AHORA ENCUENTRO SÚPER BUENA LA NOVELA SON 🤏🏻 CAP PR SIEMPRE EL K CAP K SIGUE ESTÁ MEJOR K EL ANTERIOR ASÍ K YO SEGUIRÉ LEYENDO Y EN ESPERA DE LAS ACTUALIZACIONES
Tere Roque 🇨🇺: x nada y a ml me está encantando leerla
total 2 replies
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