Premisa: Él es un hombre de negocios muy exitoso pero solitario, que necesita una pareja para cumplir con las expectativas familiares y cerrar un trato importante. Le propone a ella, una chica creativa y libre, fingir que sean esposos por un año a cambio de resolverle todos sus problemas económicos.
El problema: Las reglas eran claras: "prohibido enamorarse". Pero cuanto más fingen, más real se siente.
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Capítulo 2: Lo poquito que tengo y lo mucho que sueño
Hola, soy Katherine Guevara, tengo 19 años. Nací el 8 de septiembre de 2006 en Medellín Colombia. Allá crecí entre calor, risas y gente echada pa’ lante, pero la vida no siempre fue tan bonita como suena.
Mi familia siempre ha sido humilde, de esos que luchan todos los días pa’ conseguir lo del diario. Mi papá trabajaba en lo que saliera, y mi mamá siempre rebuscándose con ventas pequeñas, comida, lo que fuera. Nunca nos faltó el amor, pero sí muchas cosas.
Hace un tiempo tomamos una decisión difícil: dejar Barranquilla y venirnos pa’ Armenia, buscando una mejor oportunidad. Nos dijeron que acá había trabajo, que la vida era más tranquila, que se podía salir adelante. Y bueno… aquí estamos.
Pero la realidad fue otra.
—Mija, tocó meternos en esto —me dijo mi papá un día, con la cara cansada.
—¿En qué, pa? —le pregunté.
—En el cacao… es lo único que salió.
Y así fue. Terminamos trabajando en el campo, cogiendo cacao bajo el sol. No es fácil, la verdad. Uno llega a la casa cansado, con las manos marcadas y la espalda doliendo, pero toca, porque peor es no tener nada.
—Tranquila, mi amor, que esto es temporal —me dice mi mamá siempre.
Yo le sonrío, pero en el fondo sé que no es tan sencillo.
Yo no he terminado el colegio. Me tocó dejarlo porque no había cómo seguir pagando, y además tenía que ayudar en la casa. Eso es algo que me pesa… porque yo sí quería estudiar, tener una profesión, ser alguien más.
A veces me quedo mirando a la gente que pasa, bien vestida, tranquila, como si no tuvieran preocupaciones… y me pregunto cómo será vivir así.
Pero bueno, no todo es tristeza. Yo soy de las que no se rinde fácil. Siempre trato de verle lo bueno a las cosas.
Todas las mañanas, antes de salir, me paro frente a una estampita de la Virgen que tenemos en la casa.
—Virgencita, ayúdeme pues… mándeme un trabajito bueno, algo que me ayude a salir adelante —le digo bajito.
No pido lujos, ni plata de sobra. Solo una oportunidad.
Una tarde, mientras estábamos descansando después de trabajar, le dije a mi mamá:
—Ma, yo no quiero quedarme toda la vida en esto.
Ella me miró, con tristeza pero también con esperanza.
—Yo sé, mi niña… usted nació pa’ algo más.
—Entonces ayúdeme a buscar trabajo, lo que sea, pero algo mejor.
—Claro que sí, mija. Algo va a salir, ya verá.
Mi papá, que estaba escuchando, intervino:
—Pero tenga cuidado, ¿oyó? No todo lo que brilla es oro.
—Sí, pa, yo sé.
La verdad, me da miedo salir a buscar sola, pero más miedo me da quedarme igual.
Yo no soy de rendirme. Me gusta arreglarme, verme bonita aunque no tenga mucho. A veces me pongo a imaginar cómo sería mi vida si todo cambiara… si encontrara un buen trabajo, si pudiera ayudar a mis papás, si pudiera volver a estudiar.
—Usted tiene algo especial —me dijo una señora un día en el pueblo—. No deje que la vida la apague.
Esas palabras se me quedaron.
Porque sí… yo quiero algo más. No sé cómo ni cuándo, pero sé que algo va a pasar.
—Virgencita, no me suelte —le vuelvo a decir cada noche—. Yo voy a hacer mi parte, pero usted ayúdeme también.
Y aunque a veces todo se vea difícil, yo sigo creyendo.
Porque la vida puede cambiar en cualquier momento… y yo estoy lista pa’ cuando eso pase.En mi casa somos tres hermanos. Yo soy la del medio. Tengo una hermanita de 16 años que se llama Valentina Guevara, y la verdad ni siquiera ha podido entrar al colegio como debería, porque no ha habido plata. Eso a mí me duele resto, parce, porque uno quiere que los más pequeños tengan oportunidades. A veces la veo con ganas de aprender, de salir adelante, y me dan más fuerzas pa’ seguir buscando algo mejor.
También tengo un hermano mayor de 21 años que se llama Sebastián Guevara. Él sí logró terminar el colegio en Manizales antes de que nos viniéramos, juicioso y todo, pero hasta ahí llegó, porque pa’ la universidad no ha habido cómo. Igual él trabaja con mis papás en lo del cacao, ayudando en todo lo que salga. Es callado, pero muy responsable, siempre pendiente de la familia.
Sebastián además tiene su mujer, que se llama Daniela Ríos, ella tiene 18 años, es decir, tres años menor que él. Ella también es de Medellín y es bien querida con todos nosotros. A pesar de que la situación no es fácil, entre todos tratamos de apoyarnos, de no dejarnos caer, porque sabemos que algún día las cosas tienen que mejorar.
nuestra protagonista es la de negro
vusate