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CAPÍTULO 23-La primera fase _Silencio antes del cerco.
Los días no se detuvieron.
Se deslizaron unos sobre otros con una calma engañosa, convirtiéndose en semanas… y luego en meses.
El ducado Echeverría cambió.
Ya no era el mismo lugar marcado por
secretos ocultos en sus pasillos y susurros contenidos tras puertas cerradas. Bajo la nueva administración, todo parecía avanzar con orden, con una estabilidad cuidadosamente construida.
Sacha fue reconocida.
Aceptada.
Observada.
Algunos con respeto.
Otros… con cautela.
Simone, por su parte, se recuperaba lentamente. Su presencia, aunque aún frágil, devolvía cierta calidez al ambiente. Y las visitas de los príncipes comenzaron a volverse algo habitual, casi natural… como si el destino insistiera en entrelazar sus caminos.
Pero incluso en esa aparente tranquilidad…
Había algo más.
Algo que no se veía.
Que no se decía.
Que no descansaba.
Porque mientras el ducado aprendía a respirar de nuevo…
En las sombras…
Alguien ya había comenzado a moverse.
La noche no cayó.
Se desplegó.
Como una tela oscura extendiéndose con intención… cubriendo cada rincón donde la vigilancia se relajaba, donde la rutina se volvía predecible.
Y el templo…
Comenzó.
En una sala subterránea, iluminada apenas por velas alineadas con precisión milimétrica, varias figuras permanecían de pie alrededor de un mapa del ducado.
No había caos.
No había dudas.
Solo… estrategia.
—Fase uno —anunció la voz principal, fría, carente de emoción—: aislamiento.
Un dedo descendió sobre los puntos marcados.
—Cortaremos la información.
—Distorsionaremos la percepción.
—Y debilitaremos los lazos que sostienen su entorno.
Otra figura habló, sin levantar demasiado la voz:
—¿Objetivos?
—Tres.
El dedo se movió.
—La administración.
—La confianza interna.
—Y… la estabilidad emocional de la heredera.
Silencio.
—No la atacaremos directamente.
—Aún no.
Una leve pausa.
—Primero… la hacemos dudar.
Esa misma madrugada…
El primer movimiento ocurrió.
En la oficina principal del ducado, el mayordomo revisaba documentos bajo la luz tenue de una lámpara.
Todo parecía en orden.
Hasta que dejó de estarlo.
—Esto… no cuadra…
Sus dedos se detuvieron sobre un registro.
Cifras alteradas.
Firmas que no coincidían.
Fechas… movidas apenas lo suficiente para no ser evidentes.
Pero él no era cualquiera.
—Alguien manipuló esto.
Su expresión se endureció.
Y lo que no sabía…
Era que no era un error aislado.
Era el inicio.
A la mañana siguiente, los rumores comenzaron.
Sutiles.
Casi invisibles.
—Dicen que los recursos están desapareciendo…
—Que la nueva administración no es tan estable como parece…
—Que tal vez… reconocer a una niña fue precipitado…
Las palabras no tenían origen claro.
Pero se repetían.
Se multiplicaban.
Como una infección.
En el ala este…
Sacha escuchaba.
No directamente.
Pero lo suficiente.
De paso.
De eco.
De silencios incómodos cuando ella aparecía.
Se detuvo.
—Ya empezaron…
Murmuró.
Sus ojos no mostraron sorpresa.
Solo… confirmación.
Mientras tanto…
En la habitación de Simone…
Algo cambió.
No en ella.
Sino a su alrededor.
El médico asignado fue reemplazado esa mañana.
Sin anuncio.
Sin consulta.
—Orden administrativa —había dicho el nuevo, con una sonrisa demasiado neutra.
Edward no se movió de su lugar.
—¿Quién autorizó esto?
—Viene con sello oficial.
Edward no respondió.
Pero sus ojos… se endurecieron.
Algo no encajaba.
En los jardines…
Domini caminaba lentamente, observando a los guardias.
—Han cambiado los turnos…
Murmuró.
Uno de los soldados evitó su mirada.
Otro… tardó en responder al saludo.
Pequeños detalles.
Pero suficientes.
—Interesante…
Al caer la tarde…
Sofía recibió el tercer informe del día.
Irregularidades.
Rumores.
Cambios no autorizados.
Su expresión no cambió.
Pero sus dedos… apretaron el papel.
—Esto no es casualidad…
Dijo en voz baja.
El mayordomo asintió.
—Nos están probando.
Sofía levantó la mirada.
—No.
Una leve pausa.
—Nos están cercando.
En el templo…
Las velas seguían ardiendo.
Sin prisa.
—La semilla está plantada —informó una de las figuras.
—Bien.
—¿Reacción?
—Confusión inicial. Sospecha interna en aumento.
Una leve inclinación de cabeza.
—Perfecto.
Otra voz intervino:
—El cambio de personal médico fue exitoso.
—El sujeto asignado ya está dentro.
Silencio.
Evaluación.
—No actúe aún.
—Solo observe.
—Y reporte cualquier debilidad emocional de la heredera… o de su círculo cercano.
Una pausa.
—Especialmente… la otra niña.
En una zona apartada del templo…
El espía escuchaba.
No todo.
Pero lo suficiente.
Su respiración era inestable.
—Esto es más grande de lo que pensé…
Sus manos temblaron levemente.
Pero no de miedo.
De comprensión.
—No quieren solo atraparla…
Alzó la vista.
—Quieren romperla primero.
Y por primera vez…
Dudó.
De regreso en el ducado…
La noche volvió a caer.
Pero esta vez…
Sacha no estaba en su habitación.
Estaba en el centro del despacho.
Rodeada de documentos.
Sofía frente a ella.
El mayordomo a un lado.
—Los números fueron alterados con precisión —explicó él—. No es un error humano.
—Los rumores no tienen origen identificable
—añadió Sofía—. Eso los hace más peligrosos.
Silencio.
Sacha cerró un documento.
Con calma.
—Quieren que dudemos entre nosotros.
Nadie respondió.
Porque era evidente.
—Y quieren que yo… me desestabilice.
Levantó la mirada.
Sus ojos… no temblaban.
—Error.
Sofía la observó.
—¿Tienes algo en mente?
Una leve sonrisa.
Pequeña.
Pero firme.
—Sí.
Caminó lentamente hacia la ventana.
—Si quieren jugar con sombras…
Miró hacia la oscuridad.
—Entonces no encenderemos la luz.
Una pausa.
—Nos moveremos dentro de ellas.
El mayordomo inclinó ligeramente la cabeza.
Interesado.
Sofía cruzó los brazos.
—¿Y eso significa…?
Sacha no se giró.
—Que no vamos a detenerlos.
Silencio.
—Vamos a dejarlos avanzar.
Una pausa.
—Lo suficiente.
Sus ojos brillaron apenas.
—Para ver… hasta dónde están dispuestos a llegar.
Lejos de allí…
En el templo…
Una de las velas se apagó.
Sin razón aparente.
Pero nadie lo notó.
Porque el plan…
Ya estaba en marcha.
Y la primera fase…
Había comenzado a dar frutos.