Nicolas Peltz, es un detective, que se convierte en el protector de Eva II, una creación genética, del científico Elias Vance, quien la creo con el fin de que sea un banco donante de órganos viviente para su hija biológica que sufre una enfermedad degenerativa. La existencia de Eva II sale a la luz después de que el laboratorio del doctor Vance, se incendiará. El detective Peltz se convertirá en el protector y defensor de Eva II, luchará para que la vean como humana y a la vez ella se convierte en una ayuda invisible para el detective para que no pierda la custodia de su hija de cinco años Clara. ¿Pelts conseguirá que se reconozca a Eva II como humana? ¿Eva II podrá vivir lo que es tener una familia? ¿Qué pasara cuando la verdadera Eva resurja? ¿La reconocerá como su gemela o la repudiará como fenómeno?
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Capitulo 2 -Proteger a Eva 2
#NICOLAS
La joven, ahora liberada de su prisión de cristal, me seguía con la mirada. No había terror en sus ojos ámbar, solo una profunda, casi hipnótica, calma. El susurro de "Eres único" flotaba en el aire helado, una confesión íntima en medio del desastre.
-Detective, necesitamos evacuarla.
La voz del Sargento Miller, áspera y autoritaria, rompió el hechizo. Miller era un veterano, un hombre de reglas y protocolos.
-No sabemos qué es. Podría ser peligrosa, un experimento…
-¿Un experimento?.
Me gire, la calma de la joven contrastando bruscamente con la rabia contenida que sentía.
-¿Es eso lo que ve, Sargento? ¿Un objeto? Yo veo a una mujer, asustada, confinada en una jaula como si fuera un animal de laboratorio.
Los bomberos y peritos que se habían agolpado alrededor de la cámara murmuraban. Algunos asentían, otros miraban con curiosidad malsana a la figura inmóvil de la joven.
-Con todo respeto, Detective.
Intervino una científica forense, con los guantes de látex arrugados y el ceño fruncido.
-Su estado, su apariencia… Es anómalo. No ha reaccionado, no ha hablado… No tenemos ni idea de lo que el Droctor Vance estaba haciendo aquí.
-Ella habló.
Dije con la voz firme.
-Y lo que el Doctor Vance estaba haciendo es secuestrarla y someterla a sabe Dios qué. Esta mujer es una víctima, no un espécimen. La vamos a sacar de aquí y la vamos a tratar como lo que es: un ser humano.
Miller dudó, pero la convicción en mis ojos era inquebrantable. Además, como detective, tenía fama de ser un sabueso. Si decía que había algo más, lo había.
-De acuerdo, Peltz. Pero con escolta médica y policial. Y una observación exhaustiva.
-Como debe ser.
Asenti, volviéndome hacia la joven. Ella seguía mirándome, y una chispa de algo, ¿agradecimiento?, ¿reconocimiento?, pareció cruzar sus ojos. Le ofreci mi mano. Ella la tomó. Su piel era fría, pero el contacto la ancló a la realidad.
La alce en brazos, para que sus pies no se lastimaran.
Mientras saliamos del laboratorio en ruinas, entre el humo y las luces intermitentes de las sirenas, el mundo exterior era un shock para ella. Sus ojos se abrieron, absorbiendo cada detalle con una intensidad que traspasaba la aparente pasividad.
La mañana siguiente, mientras la joven (a la que había bautizado provisionalmente como "Eva" en mi informe, por la obvia conexión con la hija del científico) era trasladada a un centro especializado, la verdad comenzó a desvelarse, más grotesca de lo que cualquiera hubiera imaginado.
García, con el rostro pálido y una pila de archivos en las manos, entró en mi oficina.
-Detective, los peritos han encontrado algo en la caja fuerte secreta del despacho de Vance. Diarios, registros médicos, archivos de investigación… Todo relacionado con su hija, la pequeña Eva.
Deje mi café a medio beber.
-Ya sabemos que su hija estaba enferma. ¿Qué más?
-No es solo eso (García tragó saliva). -Hay datos de otra Eva. Una paciente designada como "Eva II" o "El Proyecto Eva". Un registro de crecimiento, de desarrollo celular… Comparaciones con la hija enferma.
Frunci el ceño.
-¿Está diciendo que el Doctor Vance tenía a dos hijas? ¿O que esta joven… Es una de ellas?
-Peor, Detective. Mucho peor.
García me entregó un documento. Era un informe genético. Las huellas dactilares de la joven encontrada en la cámara coincidían al cien por cien con las muestras genéticas de la hija de Vance, la Eva enferma.
Un silencio opresivo cayó sobre la oficina.
-Elías Vance no tuvo una segunda hija. La creó. Genéticamente. Como una copia de la primera (La voz de García era apenas un susurro, cargada de horror)
-Y la razón… Está aquí.
García me pasó otro archivo. Era una tabla de compatibilidad sanguínea y tisular. Una lista de transfusiones. Donaciones de médula ósea. Incluso, un registro de una posible extracción parcial de órganos. Todo de "Eva II" para "Eva I".
La habitación se heló. El horror se apoderó de nosotros.
Elías Vance no había creado un ser humano. Había cultivado un recurso. Una hija para su hija. Un banco de sangre y órganos viviente.
-Dios mío…
Murmure, mi estómago revuelto.
"La frialdad de la joven, su silencio, su aparente falta de emoción… Adquirían un nuevo y desgarrador significado. Ella había sido despojada de su humanidad mucho antes de que la encontraramos".
-Nunca he visto algo así.
Dijo García, su entusiasmo juvenil reemplazado por una expresión de shock.
-Un padre… Usar a una de sus hijas… Como un… Un repuesto. Para la otra.
El terror era palpable. La ciencia, en las manos equivocadas, podía ser más monstruosa que cualquier demonio. Nadie en esta sala, acostumbrados a la crueldad humana, había imaginado una depravación así. La verdad era un puñetazo en el alma.
Hasta para mi, el hombre cuya cicatriz había sido tocada por la inocencia forzada, ahora tenía una misión que iba más allá de la justicia. Tenía que devolverle a Eva lo que le habían arrebatado.
De ahora en más mi objetivo era protejerla, contra todos y contra todo.
-Quiero que me informen del progreso de Eva, como esta, si terminaron de analisarla.
Ordene conteniendo el horror que sentia por la revelación de esas pruebas.
-Si detective Peltz, a su orden. Respondio Garcia saliendo presuroso.
Ese dia me reuni con mi amigo, con el unico que entre tragos puedo hablar con libertad.
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La luz tenue del bar "El Oso Negro" apenas lograba disipar la sombra que se cernía sobre mi. El ambiente era el habitual: un murmullo constante de conversaciones, el tintineo de los vasos y un tenue olor a cerveza y tabaco. Mario, un gigante de hombre apodado cariñosamente "Oso" por su tamaño y su corazón noble, me esperaba en su mesa de siempre, con dos cervezas ya servidas.
(Mario: el oso)
-¿Qué pasa, Nico? Tienes cara de haber visto un fantasma.
Dijo Mario, empujando una de las jarras hacia mi. Su voz era grave, pero tranquilizadora.
Tomó un trago largo, sintiendo el frío líquido quemar un poco en mi garganta. Mire a mi amigo, mis ojos reflejaban una mezcla de asombro, preocupación y una extraña euforia.
-Algo mucho más extraño que un fantasma, Oso.
Comenze, bajando la voz.
-Necesito contarte algo que… Va a sonar a locura.
Mario asintió, su expresión seria. Con los años, había aprendido que cuando yo hablaba así, lo que venía solía superar cualquier ficción.
-Conocí a una mujer. Se llama Eva.
-Ah, ¿Con qué es una mujer, eh? (una sonrisa asomó en los labios de Mario). -¿Y esa es la cara que pones cuando conoces a una mujer? Deberías verte en el espejo.
-No es eso, Mario. Es… Diferente. La encontré. No, espera, la rescaté. De un lugar que parecía sacado de una película de ciencia ficción. Un laboratorio, Oso. Como si fuera… Un conejillo de indias.
Mario frunció el ceño, la sonrisa borrada de su rostro.
-Un conejillo de indias, Nico, ¿Qué demonios significa eso?
Me inclinó sobre la mesa, mi voz apenas un susurro.
-No sé cómo explicarlo. Es como… Si no fuera… De este mundo. O al menos, no de la forma en que tú y yo lo somos. No tiene recuerdos de una infancia, no sabe lo que es ir a la escuela. Y hay un tipo… Un doctor, que la creó.
El "Oso" parpadeó, luego tomó un trago de su cerveza.
-Mira, Nico, te juro que si esta es una de tus bromas de detective, te voy a…
-No es una broma, Mario.
Lo interrumpo, con una vehemencia que disipó cualquier duda.
-Es real. Está pasando. Y lo más increíble… Es que es una persona. Una persona con sentimientos, con emociones. Es… Pura.
Hice una pausa, mirando la espuma de mi cerveza.
-Y no sabes, Mario… Siento… Siento la necesidad de cuidarla. De protegerla de todo esto. De este mundo que no entiende.
Mario se quedó en silencio un momento, procesando las palabras que pronuncie. Su mirada se suavizó, un atisbo de comprensión brillando en sus ojos pequeños y profundos.
-Nico, déjame decirte una cosa.
Dijo finalmente, apoyando una mano enorme en mi hombro.
-Si lo que dices es cierto, y yo te creo, entonces eres el único que puede protegerla de verdad.
Lo mire confundido.
-¿A qué te refieres?
-Me refiero a que tú la ves como una persona, ¿verdad? Como una mujer que necesita ser cuidada y amada (explicó Mario, su voz firme). -Pero los demás… La mayoría de la gente… La vería de otra forma. La verían como un fenómeno. Una curiosidad. Una exhibición. Algo para poner en un circo. Un objeto de estudio, de burla, de explotación.
Asentí lentamente, la imagen de Eva, frágil y herida, inundando su mente.
-No puedo permitir eso.
-Exacto. Y por eso, tú eres su mejor oportunidad. Tú no la juzgas por cómo fue creada, sino por quién es. Mantén eso. Sé su escudo, su refugio. Y si alguien intenta ponerle un dedo encima, me avisas. El Oso tiene buenos puños para gente que ve a las personas como objetos.
Senti un nudo en la garganta. Mi amigo no solo me había escuchado, sino que había comprendido la magnitud de lo que sentía y la gravedad de la situación.
-Gracias, Oso. No sé qué haría sin ti.
Mario me dio una palmada en la espalda.
-Para eso estamos los amigos, detective. Ahora, cuéntame más de esta Eva. Y de este doctor loco. Esto va a ser más complicado que cualquier caso que hayamos tenido.
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