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ENTRE MAREAS

ENTRE MAREAS

Status: Terminada
Genre:Amor prohibido / Amor eterno / Amante arrepentido / Completas
Popularitas:3.1k
Nilai: 5
nombre de autor: mailyn rodriguez

Completa

Sofía Marchetti llegó a Puerto Sereno con dos maletas, un equipo de buceo y el corazón roto. Vino a estudiar los arrecifes de coral. A esconderse del mundo. A recordar quién era antes de que un hombre la convenciera de que no era suficiente.

Lo que no esperaba era a Andrés Villareal.

Alto, silencioso, con las manos curtidas por el mar y una mirada que no sabe mentir. Un hombre que no juega, no esconde, no promete lo que no puede cumplir. Todo lo contrario a lo que Sofía conocía.

Pero Sofía aprendió a desconfiar. Y las heridas que no se ven son las que más duelen.

Entre buceos al amanecer, noches con olor a sal y un océano que parece guardar secretos, dos personas que no buscaban nada terminarán encontrándose de la única manera que el mar permite:

Sin aviso. Sin red. Sin vuelta atrás.

NovelToon tiene autorización de mailyn rodriguez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 23 — El nuevo heredero

El martes por la mañana, Caracas se sentía más pesada que nunca. Andrés estaba sentado en una silla de plástico rígido en la sala de espera, con su camisa de siempre — ya gastada y arrugada por las horas de viaje — y sus botas de trabajo manchadas de la arena de Puerto Sereno.

Valeria dormía con la cabeza en su regazo, y Elena descansaba apenas unos minutos en el sofá frente a ellos. Andrés se miró las manos. Estaban limpias, pero él sentía el olor a pescado y salitre impregnado en la piel, un olor que en esa clínica de lujo parecía una ofensa.

Marcela apareció por el pasillo. Lucía impecable, como si no hubiera pasado la noche en vela. Se detuvo frente a Andrés y lo miró con una mezcla de lástima y oportunidad.

—Andrés, mírate — dijo ella, en voz baja —. Tu padre está ahí dentro luchando por su vida. Tu madre está agotada. Tu hija está durmiendo en un pasillo. ¿De verdad vas a seguir jugando al pescador orgulloso mientras tienes el poder de cambiar esto en un segundo?

Andrés levantó la vista. Sus ojos azules estaban inyectados en sangre por el cansancio.

—No es un juego, Marcela.

—Entonces firma. — Ella sacó una carpeta de cuero de su bolso —. Son los documentos de sucesión inmediata. Si firmas ahora, las cuentas de Rafael se desbloquean para ti. Podrás mover a tu familia a una suite privada en esta misma clínica, tener enfermeras personales para Elena, y comprarle a esa niña una cama de verdad donde descansar. Deja de ser un don nadie en la ciudad y reclama lo que es tuyo por derecho.

Andrés miró a Valeria. Luego miró a Elena. Y finalmente miró a Sofía, que regresaba de la cafetería con unos jugos. Ella se detuvo al ver la carpeta.

—Hazlo, Andrés — dijo Sofía, acercándose. Le puso una mano en el hombro —. No es por el dinero, es por la seguridad de ellos. No dejes que el orgullo te impida cuidar a los que amas.

Andrés exhaló un suspiro largo, que parecía llevarse años de resistencia. Tomó el bolígrafo que Marcela le ofrecía. Con un trazo firme y rápido, firmó los documentos.

—Ya está — dijo Andrés. Su voz sonó diferente. Más profunda. Como si el peso de los millones acabara de caer sobre sus hombros.

La transformación fue inmediata.

Dos horas después, Elena y Valeria estaban instaladas en una suite privada de la clínica con todas las comodidades. Andrés, bajo la insistencia de Marcela, había ido a una tienda exclusiva cercana. Cuando regresó a la habitación, Sofía casi no lo reconoció.

Llevaba un pantalón de vestir oscuro que resaltaba sus piernas largas y fuertes, y una camisa de lino azul marino que se ajustaba a su pecho ancho y sus hombros macizos. Se había afeitado el pelo, aunque todavía rebelde, estaba peinado. Ya no era el lanchero de Puerto Sereno; era Andrés Villareal, el heredero del imperio del puerto.

Sofía lo miró y sintió un calor conocido recorrerle el cuerpo. Andrés se acercó a ella. Su presencia era ahora más imponente, cargada de una seguridad que el dinero solo había venido a confirmar.

—¿Te gusta lo que ves? — preguntó él, con esa media sonrisa que la volvía loca.

—Me gustas tú, con o sin camisa de lino — dijo Sofía, rodeándole el cuello con los brazos —. Pero te queda muy bien el papel de dueño del mundo.

Esa noche, el alivio llegó por partida doble. El médico jefe entró a la suite con una sonrisa.

—El señor Villareal ha despertado. Sus signos son estables y está respirando por sí mismo. La crisis ha pasado.

Elena soltó un sollozo de alivio y salió corriendo hacia la UCI. Andrés y Sofía se quedaron solos en la suite por un momento. La tensión de los últimos días, el miedo a la pérdida y la adrenalina de la nueva realidad estallaron entre ellos.

Andrés cerró la puerta con llave.

Se giró hacia Sofía y la tomó por la cintura, pegándola a su cuerpo. Ella sintió la dureza de su pecho contra sus senos generosos, y la firmeza de sus manos grandes recorriéndole las curvas que tanto lo obsesionaban.

—Necesito sacarme este estrés de encima, mujer — susurró Andrés al oído de ella, su aliento cálido haciéndola temblar —. Te necesito a ti.

La pasión fue diferente esa noche. Fue urgente, casi salvaje. En la cama de la suite de lujo, Andrés la poseyó con un hambre que parecía no tener fin. Tres veces se entregaron el uno al otro en la oscuridad de la habitación, con el ruido de Caracas afuera siendo solo un eco lejano. Andrés se perdía en la suavidad de la piel de Sofía, en la abundancia de su cuerpo que parecía diseñado para sus manos.

A la mañana siguiente, la luz del sol caraqueño inundó la habitación. Sofía abrió los ojos y se encontró con los ojos azules de Andrés mirándola con una ternura infinita. Él estaba apoyado en su codo, recorriéndole el contorno de la cara con el pulgar.

—Buenos días, mi mujer — dijo él.

—Buenos días — respondió ella, estirándose con una sonrisa perezosa. Pero de repente, una sensación extraña le recorrió el estómago. Un leve mareo, una náusea fugaz que nunca antes había sentido.

Se incorporó despacio, llevándose una mano al vientre.

—¿Estás bien? — preguntó Andrés, preocupado.

—Sí... solo un mareo. Debe ser el cansancio de estos días.

Andrés la atrajo hacia él y la besó con pasión una vez más, la tradicional "mañana" que nunca faltaba. Pero mientras la abrazaba, sintió una protección nueva hacia ella, un instinto que iba más allá de lo que había sentido antes.

Bajaron a ver a Rafael. El hombre estaba despierto, pálido pero con los ojos negros brillantes de alegría al ver a su hijo y a Elena juntos junto a su cama.

—Andrés... — susurró Rafael.

—Aquí estoy, papá. Y ya firmé. Todo está en orden.

Rafael sonrió y le apretó la mano. Luego miró a Sofía.

—Cuida a mi hijo, muchacha. Y a lo que viene.

Sofía se quedó helada. ¿Lo sabía? ¿Un hombre al borde de la muerte podía ver lo que ellos aún no sabían? Se tocó el vientre otra vez.

Andrés la rodeó con el brazo, orgulloso, con su nueva estampa de hombre poderoso pero con el corazón intacto del pescador. Ahora tenía millones, tenía el respeto de la ciudad y el amor de su mujer. Pero lo que más deseaba era volver a Puerto Sereno para criar a su hija y, quizás, a ese nuevo Villareal que ya empezaba a latir en el silencio de la mañana.

Esa mañana Sofía escribió en su cuaderno:

Andrés ya no es un don nadie en la ciudad. Hoy camina con la frente en alto y el peso de su apellido. Rafael está vivo. Elena es feliz.

Pero siento algo diferente en mi cuerpo. Una marea interna que no conocía. Si lo que sospecho es cierto, Andrés no solo firmó por su pasado, firmó por el futuro que ya llevamos con nosotros.

Caracas ya no me da miedo. Porque ahora, somos tres.

Fin del Capítulo 23 ✨

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Helizahira Cohen
Muy bonita, romántica, sencilla y corta me gusta
Helizahira Cohen
te equivocaste de nombre ella hablo de Rodrigo y apareció Ricardo, bueno un error se entiende, Andres debe calmarse es pasado
Helizahira Cohen
Esas cosas pasan mas a menudo de lo que uno cree
Helizahira Cohen
No hay comentarios, es bonita, romántica pero esta narrada bien, sigo leyendo, ojalá vean tu trabajo
Helizahira Cohen
Es bonita y la escritora es mi paisana venezolana, describe nuestro mal y menciona nuestras palabras, Cambur = banana
mailyn rodriguez
hola querido lector! tu opinión es muy importante para mi.
mailyn rodriguez
Gracias 🥰
Cliente anónimo
Es muy bonita la historia.🥰
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