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El Velo Del Crepúsculo

El Velo Del Crepúsculo

Status: Terminada
Genre:Amor prohibido / Mundo de fantasía / Fantasía épica / Completas
Popularitas:1.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Darany Jimenez

El equilibrio del mundo se fractura cuando fuerzas antiguas despiertan desde el Velo que separa las realidades.
Silvan y Amara no confían el uno en el otro, pero el destino los obliga a luchar juntos mientras los reinos los señalan como una amenaza.
Cuanto más intentan separarlos, más evidente se vuelve que su vínculo no es casualidad, sino parte de un diseño prohibido que podría salvar el mundo… o destruirlo.
Perseguidos, marcados y temidos, deberán decidir entre huir solos o permanecer juntos y enfrentar una convergencia que cambiará la realidad para siempre.
El mundo teme su poder.
Ellos temen lo que empieza a nacer entre ambos.
Y el Velo observa.

NovelToon tiene autorización de Darany Jimenez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 2 — La heredera de la noche

Más allá de las Montañas de Sombra, donde la luz del sol apenas se atrevía a rozar la piedra, se alzaba el castillo de la Casa Noctis. Sus torres oscuras parecían arañar el cielo perpetuo del crepúsculo, y en sus pasillos resonaban ecos de siglos antiguos. Allí vivía Amara.

A sus veinticuatro años, la joven vampiresa caminaba por las galerías con una elegancia natural que contrastaba con la severidad del lugar. Su cabello oscuro caía como tinta sobre sus hombros, y sus ojos —profundos, atentos— parecían observar más allá de lo visible. Muchos la miraban con respeto, otros con cautela. Amara no era como los demás.

Mientras el resto de su estirpe celebraba la noche como un reino absoluto, ella encontraba belleza en lo prohibido: el amanecer.

Aquella tarde eterna, Amara permanecía junto a un balcón alto, observando el horizonte donde el cielo se aclaraba apenas. Era el límite entre su mundo y otro que solo conocía por relatos cargados de advertencias. Su mano descansaba sobre la barandilla fría mientras imaginaba cómo sería sentir el sol sin temor, caminar sin sombras persiguiéndola.

—Soñar con lo imposible te distrae —dijo una voz grave a su espalda.

Amara no necesitó girarse para reconocerla.

—Los sueños no son una debilidad —respondió con calma.

Malakor avanzó hasta colocarse a su lado. Su presencia imponía silencio. Sus ojos, afilados como cuchillas antiguas, se fijaron en el horizonte.

—Nuestra fuerza está en aceptar lo que somos —declaró—. No en desear lo que pertenece a otros.

Amara sostuvo su mirada. Había aprendido desde niña que Malakor hablaba en nombre de la tradición… pero también del miedo.

—Quizá lo que somos puede cambiar —dijo ella suavemente.

Un destello oscuro cruzó los ojos del anciano. No respondió. Se retiró con el eco de sus pasos marcando una advertencia que flotó en el aire.

Cuando quedó sola, Amara exhaló lentamente. Su pecho latía con una mezcla de desafío y esperanza. Sabía que sus ideas eran peligrosas para su gente, pero algo dentro de ella insistía: el mundo no estaba destinado a permanecer dividido.

Esa noche —o lo más cercano a ella— descendió al patio del castillo. Las antorchas ardían con fuego azul, iluminando estatuas que narraban antiguas guerras contra los elfos. Amara las observó en silencio. No veía enemigos en esas figuras… veía historia mal contada.

Cruzó el portón sin escolta. Nadie la detuvo. Su linaje le otorgaba privilegios, pero también una soledad que conocía demasiado bien.

El aire exterior era distinto: más libre, menos cargado de memorias. Avanzó entre los senderos rocosos que llevaban hacia el límite de su territorio. Allí, donde la noche parecía aferrarse con menos fuerza, sintió algo extraño.

Una presencia.

No era hostil. Tampoco familiar. Era… curiosa.

Amara cerró los ojos un instante, dejando que sus sentidos vampíricos exploraran el entorno. Percibió un eco lejano, como el latido de una vida que no pertenecía a su reino. Un elfo.

Su corazón —que rara vez reaccionaba— dio un golpe inesperado.

Abrió los ojos.

El viento trajo consigo el murmullo del bosque al otro lado de la frontera. No palabras, sino una invitación silenciosa. Amara no retrocedió. Permaneció allí, sintiendo que algo invisible comenzaba a entrelazar su destino con el de aquel desconocido.

Por primera vez, no temió a lo que vendría.

Sonrió apenas.

Y dio un paso más cerca del límite.

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Mónica viviana Motta
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