Alguna vez as imaginado que pasaria si sales con tu mejor "amigo? soy Lixy Soledo y vivo con mi mejor amigo mejor dicho él vive conmigo! Damon Falcó el chico que cualquier chica quiere al lado, guapo y carismático pero es mi mejor amigo, y ahí una regla! y la regia es! No salimos con amigos!
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capítulo 3
La primera mañana bajo las nuevas reglas de la suite no se sintió como un despertar cualquiera. El aire en la habitación parecía haber cobrado una densidad distinta, cargado de una electricidad estática que hacía que el más mínimo roce fuera capaz de incendiar la calma. Lixy Soledo abrió los ojos lentamente, sintiendo el calor reconfortante del cuerpo de Damon a su lado.
—Damon... —murmuró ella con la voz todavía ronca por el sueño.
Él, que ya estaba despierto observando el techo, giró el rostro hacia ella y le dedicó una sonrisa que no era la de un simple amigo, sino la de un hombre que acaba de aceptar un desafío peligroso.
—No quiero levantarme... —se quejó Lixy, estirando los brazos y volviendo a hundirse entre las sábanas, buscando el calor de su compañero.
—Ya es hora, mi niña —respondió él, extendiendo la mano para acariciarle el cabello negro y ondulado con una delicadeza que le erizó la piel.
Lixy sonrió, cerrando los ojos ante el contacto.
—Lo sé, lo sé... pero estoy muy a gusto —respondió, rodeando la cintura de Damon con sus brazos y pegándose a su pecho firme.
Damon soltó un suspiro contenido. Tenerla así, tan cerca y tan vulnerable, era una prueba de fuego para su autocontrol.
—Tengo que ir al bar —dijo él, tratando de recuperar la compostura—, pero antes de eso necesito el desayuno y una ducha.
Lixy se incorporó lentamente, sentándose sobre el colchón. Su cabello caía en cascada sobre sus hombros, y sus ojos azules brillaban con una picardía renovada.
—Ujum... —asintió ella.
Damon se enderezó, preparándose para salir de la cama.
—Déjame ducharme primero, ¿sí?
Lixy ensanchó su sonrisa, una expresión que Damon conocía bien y que siempre precedía a algún problema.
—¿Y si me ducho contigo? —lanzó ella, con una naturalidad que desarmó a Damon.
Él se detuvo en seco, mirándola fijamente.
—¿Segura?
—¡Yes! —exclamó Lixy antes de saltar de la cama y correr hacia el baño, dejando a Damon procesando la invitación.
### La Temperatura del Baño
—Mi niña... —llamó Damon entrando al cuarto de baño, donde el vapor comenzaba a empañar los espejos.
—¡Jajaja! ¿Qué pasa? —preguntó ella desde el otro lado de la mampara.
—No te quites la ropa —ordenó él con voz ronca, tratando de mantener la mirada en un punto neutral.
Lixy asomó la cabeza, mirándolo con una coquetería desbordante.
—¿Por qué?
Damon tragó en seco. La imagen de Lixy bajo el vapor era suficiente para hacer que cualquier hombre olvidara sus principios.
—Mejor... sal del baño —sentenció él, sintiendo que su voluntad flaqueaba.
*(Lo quiero provocar)*, pensó Lixy con una satisfacción interna. Sabía exactamente qué botones apretar. En lugar de salir, se subió con agilidad a la encimera de mármol del baño. Se sentó allí, dejando caer su largo cabello negro hacia atrás mientras recargaba sus manos sobre la superficie fría. Con un movimiento lento y deliberado, abrió las piernas y elevó un poco el dobladillo de su vestido, fijando su mirada azul en los ojos de él.
—¿Qué estás pensando? —preguntó Damon, aunque la respuesta era evidente.
—Nada —respondió ella, acompañando la palabra con una mirada coqueta que gritaba todo lo contrario.
—Algo estás tramando... —Damon se acercó, atraído por el magnetismo de la situación—. Estás siendo una niña muy atrevida.
Lixy no retrocedió. Al contrario, estiró un pie y, enganchando el tobillo tras la pierna de Damon, lo jaló hacia ella con una fuerza sorprendente.
—No creo... —susurró.
Damon terminó entre sus piernas, con las manos apoyadas a ambos lados de la encimera, rodeando la cintura de Lixy. Su cercanía era absoluta; podía sentir el calor que emanaba de su piel.
—Deja de jugar —dijo él, aunque sus manos no se movían de su lugar.
Lixy respondió envolviendo sus piernas alrededor de la cintura de él, cerrando el espacio. Su mirada bajó lentamente hacia el pecho descubierto de Damon, admirando la firmeza de sus músculos y los tatuajes de rosas que ahora conocía, para luego subir de nuevo hasta encontrarse con sus ojos. La tensión era casi dolorosa.
Damon tragó en seco una vez más. Se inclinó y, en lugar de lo que Lixy esperaba, le dio un beso suave y casto en la frente.
—Deja de estar provocándome y déjame bañar, que se me hace tarde.
—¿Yo? ¿Provocándote? —Lixy soltó una risita desafiante. Colocó una mano tras la nuca de él, obligándolo a inclinarse un poco más. En un movimiento rápido, se acercó a su pecho y mordió la piel con fuerza controlada, dejando una marca que Damon sentiría por el resto del día.
—¡Gruñe! —Damon soltó un sonido gutural, una mezcla de dolor y deseo contenido—. Hdic... ugh... ¡grr!
Lixy lo soltó y sonrió con aire triunfal.
—¡Pfff! Ya, ya está bien —dijo, dándole un empujoncito juguetón para bajar de la encimera.
Damon, con la respiración entrecortada, solo pudo señalar la salida.
—Sal de aquí.
—¡Ja, ja, ja! Sí, sí, iré al otro baño —respondió ella, ya en la puerta—. Tardaré un poco, así que, ¿podrías hacerme un jugo de zanahoria cuando termines? ¿Porfis?
—Bien —suspiró él, derrotado por la audacia de su amiga.
### El Desafío de las Orejas de Gata
Tiempo después, se encontraron en la cocina. El aroma del desayuno recién hecho llenaba el ambiente. Damon observaba a Lixy mientras ella mordía una de las galletas que él había preparado.
—Están buenas —comentó él.
Lixy se llevó el dedo índice a los labios, mordiéndolo suavemente mientras lo miraba.
—Lo sé... —tomó un vaso de jugo y le dio un sorbo—. Gracias.
Se acercó a él y le plantó un beso rápido en la mejilla.
—Me voy, que se me hace tarde para mis cosas.
Damon sonrió y le devolvió el gesto con un beso en la frente, pero al verla caminar hacia la puerta, sus ojos se abrieron de par en par.
—¿Irás vestida así?
Lixy se giró con una sonrisa coqueta, haciendo que su minifalda se moviera con ella.
—¿Así cómo?
—¿Un top? ¿Orejas de gata? ¿Minifalda? —Damon enumeró cada prenda con una mezcla de desaprobación y admiración forzada.
—¿Tan mal me veo? —preguntó ella, fingiendo inocencia.
—No es eso... —balbuceó él, incapaz de decir que se veía demasiado bien.
Lixy simplemente le guiñó un ojo, tomó su bolso y salió de la suite, dejando a Damon solo con sus pensamientos.
—¡HDTPM! —exclamó Damon para sus adentros, frustrado y fascinado al mismo tiempo.
### Confesiones en el Bar
Cuando Damon llegó al bar, su expresión no era la de alguien que ha tenido una mañana tranquila. Ulices, siempre atento, no tardó en acercarse.
—¿Y esa cara, jefe? —se burló.
—Cállate.
—Dime, ¿qué pasa? —insistió Ulices.
—Ponte a trabajar.
Cecilia, otra de las compañeras, se acercó al escuchar la discusión.
—¿Quién es la bruja de la que tanto te quejas? —preguntó ella, habiendo captado fragmentos de la conversación anterior.
—Lixy —respondió Damon sin rodeos.
—¡OMG! ¿Pero por qué? —exclamó Cecilia.
—No deja de provocarme —confesó Damon, frotándose la nuca—. Es como si lo disfrutara. Es difícil contenerme desde que decidimos intentarlo pero "sin intimidad". Es una tortura, y esa bruja no para.
—Pero si tú fuiste quien le propuso eso, ¿no? —recordó Cecilia con una sonrisa cómplice.
—¡Me arrepiento! —gritó Damon, provocando las risas de Ulices.
—¡Ponte a trabajar, Ulices! ¡Y tú también, Cecilia!
### El Beso que Cambió el Juego
Al caer la noche, Damon estaba distraído en la barra cuando sintió unas manos suaves cubriéndole los ojos por detrás. Un aroma familiar a jazmín lo invadió.
—¿Margaret? —bromeó él, sabiendo perfectamente quién era.
—Justo —respondió Lixy, soltándolo mientras reía.
—Es broma, mi niña —dijo Damon, girándose para verla.
Lixy lo rodeó por la espalda, abrazándolo con fuerza mientras él servía una copa de vino.
—¿Vamos a casa? ¿O aún no terminas? Estoy muerta.
—También yo —admitió él—. Vamos. El baño nos ayudará a relajar el cuerpo.
Caminaron juntos de regreso a la suite, compartiendo el silencio cómodo de quienes se conocen de memoria. Al llegar, Lixy se dejó caer en su cama, exhausta por el día.
—Y dime... —soltó ella de repente—, ¿tus "conquistas" no te han buscado?
Damon sonrió de lado.
—¿Por qué preguntas?
—Soy curiosa.
—No te voy a contestar eso —respondió él con misterio.
Lixy se incorporó un poco, preparándose para dormir.
—Bien... descansa, Damon.
—Tú igual.
—¿Y mi beso? —reclamó ella, esperando el habitual roce en la frente.
Damon se acercó lentamente. Esta vez no se detuvo en su frente. Tomó su nuca con firmeza pero con delicadeza, obligándola a levantar un poco el rostro. Se inclinó y capturó sus labios en un beso suave, pero cargado de una intención que la dejó sin aliento. Fue un beso real, una promesa de lo que estaba por venir.
*(Joder... no esperaba esto)*, pensó Lixy, correspondiendo al beso con el corazón latiéndole en la garganta. *(Él siempre me besa la frente... esto es nuevo)*.
Damon se separó con una risa interna, notando la sorpresa en los ojos de ella. Sabía que había ganado este asalto.
*(Se sorprendió)*, pensó él con satisfacción mientras se retiraba a su propia habitación.
Lixy se quedó mirando al vacío, tocándose los labios todavía húmedos.
*(Me las vas a pagar, Damon Falco)*, juró para sí misma, con una sonrisa que auguraba una guerra de seducción sin cuartel.
Lixy...qué fue eso ???....celos !!...no qué no ? /Slight//Chuckle//Chuckle//Proud/