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Latidos Que Se Esconden

Latidos Que Se Esconden

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido / Malentendidos / Romance
Popularitas:921
Nilai: 5
nombre de autor: Autor lucia

Desde la ventana de su habitación, Mireya aprendió a escapar sin salir de casa.

A sus dieciséis años, el mundo le quedaba grande: discusiones detrás de las paredes, una bebé llorando en la habitación contigua y la palabra separación flotando como una sombra imposible de ignorar. Pero al otro lado de la calle había algo distinto. O alguien.

Ryan.

Veintiuno. Cabello castaño arrulado. Ojos verdes imposibles de olvidar. Siempre tranquilo. Siempre ajeno a la mirada que lo observaba cada tarde.

Él nunca la notaba.

Hasta que el destino decidió que una ventana no sería suficiente para mantenerlos separados.

Y lo que comenzó como simple curiosidad... estaba a punto de cambiarlo todo.

NovelToon tiene autorización de Autor lucia para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 11

Capítulo 11: Sorpresa y misterio.

El parque sigue lleno de ruido cuando llego con Ian y Chelsy. Luces por todas partes, juegos, gente caminando con helados. Por un momento pienso que será un día normal. Distracción. Nada más.

—Ahí están los demás —dice Ian, señalando un grupo cerca de la zona de juegos.

Miro y reconozco a mis amigos del colegio.

—Hola —digo.

—Qué bueno que viniste —responde uno de ellos.

No es una conversación larga. Tampoco la necesito.

Lucas se acerca.

—Pensé que no vendrías.

Me encojo de hombros.

—Cambié de idea.

Él sonríe.

—Me alegra. Va a venir un amigo pronto.

Parpadeo.

—¿Un amigo?

No entiendo a qué se refiere.

Antes de que pueda preguntar, Chelsy levanta la mano y grita:

—¡RYAN ES POR ACÁ!

El nombre me golpea sin aviso.

Volteo y lo veo. Es Ryan con Ashlie. Agarrados de la mano. Caminando como cualquier pareja.

Como si fuera normal.

Como si no hubiera pasado nada.

Como si no los hubiera visto ese día en la puerta.

La incomodidad vuelve. Pequeña, pero presente. No es rabia.

Es un recuerdo.

La forma en que le hablé a Ashlie.

La mirada de Ryan. Sus palabras.

No quiero pensar en eso. No hoy.

Así que desvío la mirada.

—Voy por helados —digo.

No es una excusa elaborada. Es lo primero que se me ocurre. Ian asiente.

—Buena idea.

Chelsy sonríe.

—Trae de chocolate.

—Está bien.

Me alejo.

El ruido del parque queda atrás por un momento.

Helados. Eso es simple.

Algo que puedo hacer sin pensar demasiado.

Llego al puesto y la fila es corta. Gente pidiendo sabores. Nada especial. Me quedo esperando y mientras lo hago, escucho voces. No son conversaciones normales. Son gritos. Vienen de una zona más oscura del parque, donde la luz de las atracciones no alcanza del todo. No veo bien. Solo sombras. Una figura femenina y otra masculina. La chica habla primero.

—¡Eres un mentiroso!

—Te vi con ella. No te hagas el inocente.

El chico responde, frío.

—Estás imaginando cosas.

—Y yo te digo que estás equivocada.

—¿Equivocada? Por favor. No me trates como si fuera idiota.

El chico suspira.

—No te trato como idiota. Pero estás diciendo cosas que no son verdad.

—Eres un infiel. Lo vi.

El chico se queda quieto un segundo.

—Basta. No voy a seguir escuchando tus estupideces. No estuve con nadie. Y si vas a inventarte historias, hazlo en otro lado.

—¿Cómo dijiste?

—Lo que oíste. Estás hablando mierda. Cosas que no pasaron. Y no voy a quedarme callado para que te sientas mejor.

—Eres un imbécil.

—Y tú estás loca si crees que voy a aguantar tus acusaciones.

—No vuelvas a hablarme.

—No tenía intención de hacerlo. No me interesa lidiar con gente que se inventa problemas.

—Eres un mentiroso.

—Ya basta. No voy a seguir escuchando tus tonterías. Si quieres estar enojada, adelante. Pero no vengas a culparme por cosas que no hice.

La chica se queda callada. El silencio pesa. No es un silencio tranquilo. Es un silencio lleno de rabia. Ella se da la vuelta bruscamente y se va.

—Ojalá te pudras, maldito hijo de perra. Te odio Jack Williams.

El chico no responde. Solo la observa alejarse. La tensión se queda en el aire. Y yo sigo parada allí. No debería mirar. No es mi asunto. Pero la escena fue demasiado intensa para ignorarla.

Al principio no reconozco al chico. La luz es mala. Las sombras cubren su rostro. Solo veo el cabello rubio cuando gira un poco la cabeza. Y entonces lo entiendo.

Es Jack.

El mismo chico de la tienda. El mismo que me dijo que estaba hecha mierda. El mismo que ahora acaba de discutir con alguien.

Me siento incómoda. No por la pelea en sí. Sino por la forma en que terminó. La chica estaba furiosa. Dolida y él… él fue frío.

Directo. Sin un gramo de paciencia. “Estás loca.” “Deja de hablar mierda.”

Las palabras resuenan en mi cabeza. No sé qué pasó antes de llegar. No sé si la chica tiene razón o no. Pero la forma en que Jack respondió… fue como una pared. No dejó espacio para nada. Ni para explicaciones. Ni para emociones. Solo cerró la conversación y eso me deja un sentimiento raro.

No de compasión. No de tomar partido. Solo la sensación de que las peleas nunca terminan bien. Alguien se va herido. A veces los dos.

Miro a Jack. Está de espaldas ahora. Como si la discusión ya no existiera. Como si nada le afectara. Pero eso no significa que esté bien. La gente se pone armaduras. Y las armaduras no dejan ver lo que hay debajo. No sé por qué pienso en eso. No debería importarme. No lo conozco realmente. Solo fragmentos.

El chico de la tienda. El comentario duro. La escena del parque. Nada más.

Respiro hondo. El puesto de helados sigue allí. Ian y Chelsy me esperan.

El día continúa. El parque sigue lleno de vida, risasúsica. Gente disfrutando. Pero la discusión quedó flotando en mi cabeza. Como un eco. Y por un segundo me pregunto qué habrá pasado. No la historia completa. Solo el dolor. La rabia. La razón por la que la chica gritó. Y la razón por la que Jack respondió así. No lo sé. Y no es mi problema. Pero la escena me hace pensar.

Escucho un suspiro que me hace sobresaltar.

—¿Y ahora resulta que escuchas conversaciones ajenas?

No suena grito. Tampoco amabilidad. Es una pregunta seca.

—No era mi intención —respondo—. Solo… pasé por ahí.

Él me mira un segundo.

—Ajá.

Cruza los brazos.

—Y por supuesto que escuchaste todo.

Siento la cara caliente.

—No quería.

Jack levanta una ceja.

—Claro que no querías. Por eso te escondes en la oscuridad como un espía.

Parpadeo.

—No me escondía.

Él sonríe sin humor.

—Sí, lo hacías. Muy mal, por cierto.

Bajo la mirada.

—Lo siento.

Él suspira otra vez.

—Da igual.

No es un perdón. Tampoco una agresión. Solo indiferencia.

Me muerdo el labio.

—No quería meterme.

Él se encoge de hombros.

—Ya lo hiciste.

Silencio.

No sé qué decir. No quiero que piense que soy una entrometida. Solo fue mala suerte. Estaba allí y escuché.

Y ahora me siento tonta.

Jack me observa.

—Eres muy obvia, ¿sabes?

Frunzo el ceño.

—¿Qué?

Él señala la zona donde estaba la discusión.

—Si vas a escuchar, por lo menos hazlo bien. Cualquiera te habría visto.

Me pongo más roja.

—No intentaba esconderme.

Jack sonríe apenas.

—Eso lo empeora.

Abro la boca para responder, pero las palabras no salen.

Me siento ridícula.

Como una niña atrapada haciendo algo prohibido.

Él suspira.

—Mira, no importa.

No suena amable.

Solo práctico.

—Fue una discusión. Nada más.

Las palabras caen sin emoción.

Como si la pelea no significara nada.

Como si la chica no hubiera llorado.

Como si las cosas fueran simples.

No sé si lo son. No conozco la historia.

Solo vi fragmentos.

Y quizás eso no me da derecho a opinar.

—Lo siento —repito.

Jack me mira.

—Ya lo dijiste.

Asiento.

—Lo sé.

Otro silencio.

El parque sigue alrededor.

Risas.

Música.

Gente disfrutando.

Como si la escena de antes no existiera.

Jack se queda quieto. No parece enojado.

Tampoco amable. Solo… presente.

Y entonces habla.

—¿Cómo te llamas?

Parpadeo.

—Mireya.

Él asiente.

—Mireya.

Lo dice como probando la palabra.

Luego pregunta:

—¿Y tu apellido?

Me sorprende.

—Collins.

Jack levanta una ceja.

—Collins.

Lo repite.

—Suena bien.

No sé si es un cumplido. Tampoco suena burla.

Solo comentario.

Y por alguna razón me pone nerviosa.

—¿Por qué lo dices así? —pregunto.

Él sonríe apenas.

—Así cómo.

—Como si fuera… no sé. Especial.

Jack se ríe.

No es una carcajada.

Solo aire por la nariz.

—No dije que fuera especial.

Parpadeo.

—Entonces…

Él se encoge de hombros.

—Suena bien. Más que Mireya. Más original.

Lo dice como si fuera obvio.

Y me quedo sin palabras.

No es un insulto.

Tampoco un gran cumplido.

Solo… un apodo.

—¿Collins? —pregunto.

Jack asiente.

—Sí.

Frunzo el ceño.

—¿Por qué?

Él se mete las manos en los bolsillos.

—Porque es más original.

Lo dice con naturalidad. Como si no fuera gran cosa y no sé cómo reaccionar.

No esperaba un apodo. Ni conversación.

Mucho menos de él.

El chico de la tienda.

El que fue frío en la discusión.

El que me dijo que estaba hecha mierda.

Y ahora me llama Collins.

Me siento extraña. No incómoda.

Solo… sorprendida.

—Está bien —digo.

Jack sonríe apenas.

—Perfecto, Collins.

Me encojo un poco.

—No me llames así todo el tiempo.

Él levanta una ceja.

—¿Por qué no?

—Es raro.

Jack se ríe otra vez.

—Más original.

No sé si burlarse.

Pero no parece malintencionado.

Solo su forma de hablar. Directa.

Sin adornos.

Y por alguna razón…

no me molesta tanto.

—Está bien —digo—. Pero solo Collins.

Él asiente.

—Trato hecho.

No es una amistad. No es nada profundo. Solo una conversación.

Un apodo. Un momento.

Y sin embargo… se siente diferente.

No mejor. No peor.

Solo distinto.

---

Pov: Ryan

La idea de venir al parque no me entusiasmaba. Ashlie insistió. “Vamos, será divertido.” No tenía ganas, pero Lucas también dijo que irían todos. Así que vine. Ahora estoy aquí, con el grupo. Y ella también.

Mireya. La misma chica de la discusión. La que se puso a la defensiva. La que habló sin pensar. No debería importarme. No la conozco, pero todavía recuerdo lo que pasó. La forma en que habló con Ashlie.

La mirada. Las palabras. No me gustó. Y todavía me molesta.

—¿Todo bien?

Es Lucas. Asiento.

—Sí.

No quiero hablar del tema. No aquí. No ahora. Pero la veo. Trayendo los helados. Sonriendo como si nada. Como si no hubiera pasado nada. Como si no hubiera hablado de más.

—Niñita egocéntrica.

Las palabras salieron sin pensar. Quizá fue demasiado. Quizá no. No sé. Solo sé que me irritó. No por lo que dijo, sino por la actitud. La forma en que se metió en algo que no le correspondía. No soy un santo. Lo sé. Fui frío. Directo. Pero no voy a fingir que la discusión fue culpa mía. Ella escuchó. Se entrometió. Y luego reaccionó como si fuera víctima. No me gusta eso.

—Gracias.

Es Lucas tomando su helado. No respondo. Miro a Mireya. Está con sus amigos. Trata de sonreír. Pero se ve tensa. No me sorprende. Las palabras duelen. Las mías también. No era mi intención hacerla sentir mal. Pero tampoco voy a disculparme por decir lo que pienso.

—¿Todo bien?

Es Ashlie. Asiento.

—Sí.

Ella me observa.

—Te ves molesto.

No quiero hablar de eso.

—Estoy bien.

No insiste. Eso lo agradezco. No necesito conversaciones largas. No aquí. El parque está llego de gente, pero yo sigo pensando en la discusión. En la chica. En lo que dijo. En cómo reaccioné. Fue una pelea. Nada más. No debería darle más vueltas. Pero lo hago. Porque no me gusta dejar cosas sin resolver. Ni situaciones incómodas. Y ahora todo se siente así. Incómodo.

—Vamos a la rueda.

Es Lucas. Asiento.

—Está bien.

Empezamos a caminar. El grupo se mueve. Risas. Conversaciones. Gente disfrutando. Yo también debería. Pero no puedo. La escena de la discusión vuelve a mi cabeza.

La chica llorando. Mis palabras. La rabia. No me arrepiento de todo. Pero quizá fui demasiado duro. No por ella. Sino por la situación. No sé.

No importa. Fue una pelea. Ya pasó. Debería seguir adelante.

—No deberías haberla llamado así.

Es Lucas, en voz baja. Lo miro.

—¿A quién?

Él suspira.

—A Mireya.

Frunzo el ceño.

—Fue lo que pensé.

Lucas me observa.

—No significa que tengas que decirlo.

No respondo de inmediato. Porque tiene razón. No tenía que decirlo. Podía quedármelo. Pero lo dije. Y ahora las cosas están tensas. No me gusta. Pero tampoco voy a retractarme.

—Da igual.

Es lo que digo al final.

—No siempre da igual.

Lucas niega con la cabeza. No respondo. Porque no sé qué decir. No quiero convertir esto en un drama.

No lo es. Solo una discusión. Solo palabras. Pero las palabras se quedan y a veces pesan.

Miro a Mireya otra vez. Está con sus amigos. Ríe un poco. No sé si es genuino o si solo intenta aparentar. No es mi asunto. No la conozco y no quiero juzgarla.

Pero tampoco voy a fingir que me cayó bien. No después de lo que pasó.

1
Mary Ney
Más capítulos por favor ☺️ gracias escritora
Yelitza Goyo
interesante 🤔🤔
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