Alice, de 19 años, conoció a Alexei Fiore, quien se sintió atraído por ella y le propuso ser su novia. Ella rechazó, pero él ordenó atacar a su padre, dejándolo gravemente herido. Incapaz de pagar las cirugías, Alice terminó aceptando el trato de Alexei.
(En edición)
NovelToon tiene autorización de Eilish Xan para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Prólogo (Editado)
Prólogo
[narra autora]
Dicen que la vida puede cambiar en un segundo, y para Alice ese segundo fue el día en que conoció a Alexei Fiore. Un hombre con poder, arrogancia y un misterio tan oscuro como sus intenciones. Ella jamás pensó que rechazarlo tendría un precio tan alto.
El destino, cruel e inevitable, la obligó a tomar una decisión: vender su libertad para salvar lo único que le quedaba, su padre. Desde ese instante, su vida dejó de pertenecerle.
Entre lujos que nunca pidió y cadenas invisibles que no podía romper, Alice descubriría que los acuerdos con el demonio no se firman con tinta, sino con lágrimas… y que amar al hombre equivocado puede convertirse en la peor de las condenas.
...ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ...
(Presentación)
[narra Alice]
Me llamo Lucy Alice Manoban Dubrow… aunque la verdad, prefiero que me llamen Alice. Suena más ligero, menos cargado de recuerdos. Estudio en la Universidad Manhattan, uno de esos lugares prestigiosos donde todos parecen tener la vida resuelta, menos yo. Se supone que aquí los graduados reciben múltiples ofertas de trabajo apenas salen, y quizá algún día me pase lo mismo. Pero si soy honesta, no siento pasión por lo que estudio. Derecho nunca fue mi sueño; fue solo lo “conveniente”, lo que los amigos de mis padres recomendaron… y lo que mi padre decidió pagar.
Caminar por los pasillos de esta universidad siempre me hace sentir extraña, como si llevara un letrero en la frente que dijera: no pertenezco aquí. Sus miradas lo dicen todo. Sus familias tienen poder, dinero, apellidos importantes… yo no. Y para colmo, las chicas me odian. Según yo, es por este cuerpo de “reloj de arena” que nunca pedí, y que más que un regalo, ha sido un peso desde mi adolescencia.
No me siento especial. No me siento dichosa. Me siento reprimida, invisible, como alguien que simplemente existe. Quizá mis pensamientos tan pesimistas vienen de mi infancia rota. Nací en una cuna de oro, con un padre rico y una madre hermosa. Todo parecía perfecto… hasta que ella nos abandonó. A mi padre y a mí. Yo era apenas una niña, y créanme, una niña necesita a su madre.
Después de eso, mi mundo se desmoronó. Papá perdió sus negocios, su dinero y su dignidad en el alcohol y en mujeres. Pasamos años terribles, viviendo al día. Dos años oscuros que me marcaron para siempre. Pero un día, él volvió a levantarse, resurgió como el hombre fuerte que siempre quise que fuera. Se empeñó en ser el mejor padre para mí… y lo logró.
Pero nunca volví a ver a mis hermanos, Kendall y Charles. Ella se los llevó consigo. A veces me pregunto por qué no me llevó a mí también… aunque, en el fondo, le agradezco. Gracias a eso crecí con mi padre, con sus errores, sí, pero también con su amor.
Hoy sigo sintiéndome inútil. Estudio algo que no me apasiona, mientras él trabaja duro para pagar la casa y parte de mi universidad. Aun así, la vida me ha puesto pequeñas oportunidades en el camino. Una vez, un diseñador famoso que dio clases en la universidad me invitó a un casting para una pasarela. Dijo que tenía una belleza única: cabello negro intenso, piel blanca, ojos turquesa, ondas que parecían de muñeca… pero papá me obligó a rechazarlo. Decía que era peligroso.
Y quizá tenía razón. Pero desde entonces, esas palabras del diseñador resuenan en mi cabeza cada vez que escucho los murmullos de los demás.
En cuanto a mi vida sentimental… bueno, no hay mucho que decir. Solo tuve un novio. Un novio al que no amo, pero que todavía se cuela en mis pensamientos de vez en cuando, porque me marcó con su traición. Me engañó. Su disculpa fue tan vacía que hasta hoy me da rabia recordarla.
Esa experiencia me bloqueó. Me convenció de que no necesito a un hombre para ser feliz. Soy yo y nada más. Nadie más. Ni aunque me pagaran saldría con alguien. O al menos, eso digo. Aunque si lo pienso bien… ¿quién en su sano juicio pagaría por salir conmigo? Quizá solo digo tonterías.