“La noche que Alessia Duarte perdió su taller, también conoció al hombre que podía cambiar su destino… o destruir su corazón.”
“Sebastián Ferrer pensó que solo había encontrado a una costurera talentosa… hasta que descubrió que ella era la mujer que podía derrumbar todos sus secretos.”
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Celos en la terraza
El aire de la terraza se volvió pesado.
Sebastián permanecía en la entrada, observando la escena con una expresión difícil de leer.
Pero sus ojos estaban clavados en Daniel.
Daniel levantó una ceja con calma, como si no le sorprendiera verlo allí.
—Pensé que estabas con los inversionistas.
Sebastián dio un paso hacia ellos.
—Terminé.
Su mirada pasó brevemente por Alessia y luego volvió a Daniel.
—¿Interrumpo algo?
Daniel apoyó un codo en la baranda.
—Solo hablábamos.
Sebastián no respondió.
El silencio entre los dos hombres era tenso.
Alessia lo notó de inmediato.
—Daniel me estaba contando algo sobre la empresa —dijo intentando suavizar el momento.
Daniel sonrió ligeramente.
—Sí algo así.
Sebastián dio otro paso más cerca.
Ahora estaba justo frente a ellos.
—Perfecto.
Luego miró a Alessia.
—Necesito hablar contigo.
Daniel cruzó los brazos.
—¿Ahora?
Sebastián ni siquiera lo miró.
—Sí.
Alessia dudó un segundo.
Pero finalmente asintió.
—Está bien.
Daniel la observó unos segundos.
Luego suspiró.
—Te veo después.
Cuando Daniel pasó junto a Sebastián, sus hombros casi chocaron.
Pero ninguno se movió, Fue un pequeño desafío silencioso.
Cuando Daniel desapareció dentro del salón Sebastián volvió a mirar a Alessia.
El ambiente seguía cargado.
—¿Qué te estaba diciendo?
Alessia parpadeó.
—¿Daniel?
—Sí.
Ella dudó.
—Nada importante.
Sebastián inclinó ligeramente la cabeza.
—Lo escuché decir que le gustas.
El corazón de Alessia dio un salto.
—Sebastián
Él dio un paso más cerca.
—¿Es verdad?
—¿Qué?
—¿También te gusta?
Alessia lo miró sorprendida.
—¿Por qué preguntas eso?
Sebastián tardó un segundo en responder, sus ojos se habían oscurecido un poco.
—Porque no me gusta la idea.
El silencio cayó entre ellos.
Alessia lo observó con atención.
—No sabía que eso te importaba.
Sebastián pasó una mano por su cabello, ligeramente frustrado.
—A mí tampoco me gusta que me importe.
Aquella respuesta tomó a Alessia por sorpresa.
El viento movió suavemente su cabello, El vestido vino brillaba bajo las luces de la terraza.
Sebastián la observó unos segundos más, Luego habló en voz más baja.
—Esta noche cuando saliste a la pasarela Alessia sintió que su corazón empezaba a latir más rápido.
—¿Sí?
Sebastián dio un paso más. Ahora estaban muy cerca.
—Todos te estaban mirando.
—Los inversionistas.
—Los fotógrafos.
—Todos.
Sus ojos bajaron por un momento hacia el vestido.
Luego volvieron a los de ella.
—Y no me gustó.
Alessia frunció ligeramente el ceño.
—¿No te gustó el desfile?
Sebastián negó con la cabeza.
—El desfile fue perfecto.
Su voz bajó un poco más.
—Lo que no me gustó fue darme cuenta de que no soy el único hombre que te mira de esa manera.
El aire entre ellos cambió, Alessia sintió un pequeño escalofrío.
—Sebastián... Pero él ya estaba demasiado cerca.
Su mano se apoyó suavemente en la baranda, justo al lado de la mano de ella.
—Esto se está volviendo complicado.
Alessia levantó la mirada.
—¿Por qué?
Sebastián la sostuvo durante unos segundos.
—Porque eres mi diseñadora.
—Trabajas para mí.
—Y aun así…
Se detuvo.
Como si estuviera pensando si debía decir lo siguiente.
Alessia esperó.
—¿Y aun así qué?
Sebastián suspiró.
Luego finalmente lo dijo.
—Aun así no puedo dejar de pensar en ti.
El corazón de Alessia se aceleró.
El silencio volvió.
Pero esta vez era diferente.
Más íntimo, Más peligroso.
Sebastián levantó la mano lentamente.
Sus dedos rozaron suavemente el brazo de Alessia.
Un gesto pequeño.
Pero hizo que la piel de ella se estremeciera.
Sus ojos bajaron un segundo hacia sus labios.
Y Alessia lo notó.
El momento estaba a punto de romperse.
Pero justo entonces una voz apareció desde el interior del salón.
—¡Sebastián!
Uno de los organizadores del evento lo estaba llamando.
Sebastián cerró los ojos un segundo, Molesto.
Luego se apartó lentamente.
—Tengo que ir.
Alessia asintió.
—Claro.
Pero antes de entrar al salón Sebastián se detuvo.
La miró una vez más, Y dijo algo que hizo que el corazón de Alessia volviera a acelerarse.
—Esta conversación no ha terminado.
Luego desapareció dentro del salón.
Alessia se quedó sola en la terraza, Intentando recuperar la respiración.
Porque ahora entendía algo muy claro.
La tensión entre ella y Sebastián Ferrer acababa de cruzar una línea peligrosa.
Y en ese mismo momento al otro lado del salón Valentina los había visto salir juntos hacia la terraza.
Sus ojos se estrecharon lentamente.
Porque lo que acababa de presenciar confirmaba algo que empezaba a sospechar.
Sebastián Ferrer estaba empezando a enamorarse de Alessia Duarte.