Bajo el cielo de Madrid
Camila viaja a España con su pequeña hija buscando una nueva oportunidad. Lo que nunca imaginó era que su vida cambiaría al conocer a Nicolás Ferrer, uno de los futbolistas más importantes del mundo.
Él lo tiene todo... excepto paz. Ella solo busca empezar de nuevo. Pero cuando el destino insiste en cruzar sus caminos, ambos deberán decidir si están dispuestos a arriesgarlo todo por un amor que nunca debió existir.
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Un nuevo hogar
Capítulo 1: Un nuevo hogar
El avión comenzó a descender mientras el amanecer teñía de naranja el cielo de Madrid. Camila apoyó la frente contra la ventanilla y sintió cómo un nudo se formaba en su garganta. Había imaginado ese momento cientos de veces, pero vivirlo era completamente distinto.
A su lado, Lola, su hija de cinco años, dormía profundamente abrazando un pequeño oso de peluche de color beige. Su cabello castaño caía sobre su rostro y una leve sonrisa se dibujaba en sus labios, ajena a todas las preocupaciones que invadían a su madre.
Camila respiró hondo.
—Llegamos, mi amor... —susurró, acariciándole el cabello.
Apenas unas horas antes habían dejado Argentina. Atrás quedaban su familia, los abrazos de despedida, las lágrimas contenidas y una vida que ya no podía ofrecerles el futuro que tanto deseaba para su hija.
Cuando el avión aterrizó, el corazón de Camila latía con fuerza. Tomó la mano de Lola y descendieron entre los demás pasajeros.
—¿Este es Madrid? —preguntó la pequeña mientras observaba el enorme aeropuerto.
—Sí, princesa. A partir de hoy empieza nuestra nueva aventura.
—¿Vamos a vivir acá para siempre?
Camila sonrió.
—Espero que sí.
Mientras caminaban hacia la zona de equipajes, sintió el peso de la incertidumbre. Había conseguido alquilar un pequeño departamento durante un mes gracias a los ahorros que reunió antes de viajar. Después de eso... todo dependía de encontrar un trabajo.
No podía fallar.
Porque ya no luchaba solamente por ella.
Luchaba por Lola.
Media hora después, un taxi las llevaba por las calles de Madrid.
Camila no dejaba de mirar por la ventana.
Las avenidas, los edificios antiguos, las cafeterías que recién abrían sus puertas y la tranquilidad de aquella mañana hacían que todo pareciera un sueño.
Lola apoyó la cabeza sobre su hombro.
—Mamá...
—¿Sí?
—Me gusta este lugar.
Camila besó su frente.
—A mí también.
Quería creer que aquella ciudad les regalaría la oportunidad que tanto necesitaban.
Después de veinte minutos llegaron al edificio donde vivirían.
Era sencillo, de ladrillos claros y balcones pequeños llenos de flores.
El departamento estaba en un tercer piso.
No era grande.
Una cocina integrada al comedor, una habitación para las dos, un baño y un pequeño balcón desde donde podía verse parte de la ciudad.
Pero era suficiente.
Camila dejó las valijas junto a la puerta y observó el lugar en silencio.
—¿Te gusta?
Lola comenzó a recorrer cada rincón.
—¡Mamá! ¡Tengo una ventana enorme!
La ilusión de su hija hizo que, por primera vez en mucho tiempo, Camila sonriera de verdad.
—Sí... es toda tuya.
Mientras Lola acomodaba su peluche sobre la cama, Camila abrió una de las valijas.
Sacó algunas fotos familiares.
Una de sus padres.
Otra de Lola cuando era bebé.
Las colocó sobre una pequeña repisa.
Era su manera de sentirse un poco más cerca de casa.
Más tarde salieron a comprar algunas cosas para el departamento.
Recorrieron un supermercado cercano.
Pan.
Leche.
Frutas.
Pasta.
Algunas galletitas que Lola insistió en llevar.
—Solo porque hoy es un día especial —dijo Camila entre risas.
Cuando regresaban caminando, Lola levantó la vista.
—¿Mamá?
—¿Sí?
—¿Vamos a estar bien?
La pregunta la sorprendió.
Se agachó hasta quedar a la altura de su hija.
—Claro que sí.
—¿Lo prometés?
Camila sintió un nudo en la garganta.
—Te lo prometo.
Y aunque por dentro estaba llena de miedo, sabía que esa promesa era lo único que podía ofrecerle.
Esa noche, cuando Lola ya dormía, Camila abrió su computadora portátil.
Tenía que comenzar la búsqueda de empleo cuanto antes.
Ingresó a distintos portales de trabajo.
Administrativa.
Recepcionista.
Asistente.
Secretaria.
Enviaba currículums uno tras otro.
Las horas pasaban sin que apenas lo notara.
Cerca de la medianoche recibió una notificación en su correo electrónico.
"Gracias por postularse. Su perfil ha sido preseleccionado para una entrevista laboral."
Frunció el ceño.
Abrió el mensaje.
Era una importante empresa española perteneciente al Grupo Ferrer, un conglomerado de empresas conocido en todo el país.
La entrevista sería dentro de dos días.
Camila sonrió por primera vez desde que había llegado.
Era solo una entrevista.
Pero también podía ser el comienzo de todo.
Apagó la computadora y salió al pequeño balcón.
Madrid brillaba bajo la luz de la luna.
El aire fresco acariciaba su rostro.
—Por favor... que esta sea nuestra oportunidad —susurró.
Sin saberlo, a pocos kilómetros de allí, Nicolás Ferrer, uno de los futbolistas más importantes del mundo y dueño del grupo empresarial donde Camila acababa de conseguir una entrevista, terminaba un entrenamiento nocturno.
Todavía no conocía a Camila.
Ni imaginaba que aquella mujer cambiaría su vida para siempre.
Pero el destino ya había comenzado a escribir su historia.