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UNA DAMISELA EN APUROS, EL REGRESO DE CASSIDY

UNA DAMISELA EN APUROS, EL REGRESO DE CASSIDY

Status: Terminada
Genre:Traiciones y engaños / Batalla por el trono / Reencarnación / Mundo de fantasía / Completas
Popularitas:69.1k
Nilai: 5
nombre de autor: CINTHIA VANESSA BARROS

Cassidy Boone ya murió dos veces. La primera, de una bala por la espalda en el Viejo Oeste. La segunda, de vieja y en paz, después de una vida que le costó sangre construir. Y justo cuando creía que por fin iba a descansar, un dios la agarra del cuello del alma y le encaja una tercera: *"Tengo una misión para ti."*

Despierta en el cuerpo de Aurora, princesa heredera e hija del ministro de guerra. Gorda, humillada y recién asesinada por su propio prometido y su hermanastra en una "caída del caballo" que de accidente no tuvo nada. Ahora carga con dos vidas de recuerdos, un cuerpo que odia, una madrastra que la quiere muerta y un castillo donde nadie se baña, todos apestan y el veneno se sirve con una sonrisa.

Aquí no hay revólveres ni abogados. Solo su cabeza, un libro de hierbas y unas ganas feroces de no morirse una tercera vez.

NovelToon tiene autorización de CINTHIA VANESSA BARROS para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

PRÓLOGO: Una se muere para descansar. Nadie le avisó al de arriba.

Emilia Reyes se murió vieja, en su cama, con las manos flojas sobre la colcha y la ventana abierta para oír el jardín.

No fue como la primera vez.

La primera vez ella era Cassidy Boone y le entró una bala por la espalda en un camino de tierra roja, con la cara en el lodo y el sabor a hierro en la boca, por culpa de un idiota y un reloj de oro. Esa muerte fue rápida, sucia, humillante.

Esta se la ganó.

Se murió despacio, con el cuerpo cansado de tanto vivir, con los huesos crujiendo y la respiración haciéndose corta como una vela que se acaba. Afuera se oía el agua de la fuente del ángel. Adentro se oía su propio corazón, cada vez más lento, tomándose su tiempo, como si también supiera que ya no había prisa.

Pensó en Daniel, en sus ojos de miel, en cómo decía su nombre real contra su cuello cuando los niños ya no escuchaban. Pensó en Roy montando a caballo, en Aurelia gritando órdenes, en Tomás mirando una hormiga como si contuviera el universo. Pensó que había vivido dos vidas y que, sumando todo —los muertos, las balas, el veneno, la manguera, el bate, tres hijos y un hombre que la esperaba cada noche—, no le había ido tan mal para ser una forajida analfabeta que empezó robando diligencias.

Ya voy, pensó. Denme un segundo, que ya voy.

Y cerró los ojos.

El corazón dio un golpe.

Otro.

Y se paró.

Después, como la última vez, no hubo nada.

No hubo luz al final del túnel, ni ángeles con arpas, ni parientes muertos formados en fila para recibirla. No hubo puertas de oro. No hubo, sobre todo, descanso, que era lo único que había pedido.

Hubo oscuridad. Espesa, tibia, callada.

Y ella flotó en esa oscuridad con la paz de quien por fin llega a casa después de un viaje larguísimo.

Duró poco.

—Alma interesante.

La voz no vino de ningún lado. Vino de todos. Grave, enorme, aburrida, como si llevara siglos diciendo lo mismo y ya le diera pereza.

—Dos vidas. Trece muertos. Un imperio levantado de la nada. Un cuerpo que odiabas convertido en algo que amabas —una pausa—. Poco común. Muy poco común. Justo lo que necesito.

Cassidy —porque en la oscuridad ella volvía a ser Cassidy, la de siempre, la de abajo de todo— habría fruncido el ceño si hubiera tenido cara con la cual fruncirlo.

—¿Quién carajos eres tú?

—Eso no importa.

—A mí sí me importa. Me acabo de morir. Bien muerta. Contenta. Y me vas a explicar quién eres antes de que...

—Tengo una misión para ti.

El silencio que siguió fue de ella. Un silencio de pura incredulidad.

—Una vida nueva —siguió la voz, sin notar el silencio o sin que le importara—. Un cuerpo nuevo. Un problema que resolver. Si sobrevives, te ganas otra vez lo que ya te habías ganado: un final. Descanso. Todo. Palabra.

—¿Palabra? —Cassidy soltó una carcajada seca, sin garganta con la cual reírse—. Acabo de vivir una vida entera y bien vivida. Enterré lo que tenía que enterrar. Me despedí. Cerré los ojos tranquila por primera vez en dos siglos. ¿Y me sales con que hay letra chica?

—Siempre hay letra chica.

—Que te jodan.

—Ya me lo han dicho.

—Pues te lo repito con cariño. Que. Te. Jodan. Yo me quedo aquí, en mi oscuridad, descansando, y tú te buscas a otra pobre imbécil con «potencial».

—No.

Y esa fue toda la discusión.

Porque la oscuridad se abrió debajo de ella como una trampa, y Cassidy Boone, que se había muerto dos veces y no pensaba hacerlo una tercera contra su voluntad, cayó.

Cayó maldiciendo. Con todo el vocabulario de dos vidas, en inglés del Oeste y en español de mansión, insultó a ese hijo de puta invisible mientras la oscuridad la escupía hacia abajo, hacia una luz que no era blanca ni de hospital, sino amarilla, sucia, temblorosa.

Luz de vela.

No. No, no, no. Otra vez no.

Lo primero que la golpeó no fue la luz.

Fue el olor.

Cassidy había olido cosas feas. Había dormido en establos, en burdeles, junto a cadáveres de tres días bajo el sol de Arizona. Creía saber lo que era la peste.

No sabía nada.

Este olor era una cosa viva. Le entró por la nariz y le bajó por la garganta como una mano sucia. Sudor viejo, grasa, humo, orín, y debajo de todo algo dulzón y podrido, como carne olvidada en un rincón. Le lloraron los ojos. Le vinieron arcadas.

Abrió los ojos de golpe.

Un techo de piedra. Vigas negras de hollín. Una cortina pesada, bordada, carcomida por las polillas. Una cama enorme con dosel, sábanas de una tela cara y mugrienta al mismo tiempo. Una vela gorda goteando sebo sobre una mesa de madera oscura.

Nada de blanco. Nada de máquinas. Nada de bip bip bip.

¿Dónde…?

Y entonces llegó, como la otra vez. Como un balde de agua helada, como mil imágenes metiéndose a la fuerza dentro de un cráneo que no era el suyo.

Una niña gorda llorando en un pasillo de piedra mientras otra niña, flaca y rubia, se lleva su muñeca.

Una mujer alta, de vestido negro y sonrisa fina, diciéndole que se siente derecha, que coma menos, que no avergüence a la casa.

Un hombre imponente, de uniforme y espada, dándole un beso en la frente antes de irse otra vez a la guerra. «Pórtate bien, hija.» Sin mirar los moretones. Sin ver nada.

Un príncipe de sonrisa perfecta que le toma la mano en público y le suelta los dedos como quien suelta un trapo en cuanto nadie mira.

Un caballo. El viento en la cara. Una rienda cortada limpia con un cuchillo. La caída. El suelo subiendo. El cuello.

Cassidy se sentó de golpe en la cama.

El corazón —joven, fuerte, aterrado— le golpeaba las costillas. Se miró las manos. Blancas. Gordas. Suaves. Dos anillos. Las uñas mordidas hasta la carne.

Otra vez no eran suyas.

Aurora, le sopló la memoria ajena. Aurora. Princesa heredera. Hija del ministro de guerra. La gorda. La tonta. La que nadie defiende.

—Ya despertó, alteza —dijo una voz a su lado.

Cassidy giró la cabeza.

Junto a la cama había una muchacha con cofia y delantal, las manos entrelazadas y la cabeza gacha. Y de ella —de su pelo, de su ropa, de su boca al hablar— venía buena parte de esa peste que le estaba haciendo llorar los ojos.

Cassidy la miró. Miró la vela. Miró la piedra negra de hollín, el dosel comido por las polillas, los anillos en esos dedos gordos que alguien había mordido de puros nervios durante años.

Y ató los cabos con la frialdad de dos vidas de atarlos.

A ver si entendí. Me morí bien. Un tipo invisible me sacó del descanso a patadas. Me metió en el cuerpo de una princesa gorda que se dejaba pisotear. A esta princesa la acaban de asesinar —caída del caballo, y un carajo— y todo el castillo huele a perro muerto por dentro.

Se pasó la lengua por los dientes. Sabían a metal y a algo agrio.

Sin revólver. Sin abogados. Sin un solo plan.

Sonrió.

No fue una sonrisa bonita.

—¿Cómo te llamas? —le preguntó a la muchacha que apestaba.

—Ismenia, alteza. Su dama de compañía. —La mujer levantó apenas los ojos, extrañada de que la princesa preguntara algo que se sabía de sobra—. ¿Se siente mal? El médico dijo que la caída pudo haberle…

—La caída —repitió Cassidy, despacio, saboreando la palabra—. Sí. Hablemos de la caída.

En ese momento la puerta se abrió sin que nadie llamara.

Y entró, envuelta en un perfume dulzón que apenas tapaba algo mucho peor, una muchacha rubia, flaca, hermosa, con una sonrisa que Cassidy ya había visto antes —en otra cara, en otra vida, colgada del brazo de otro marido—.

—Aurora, querida —ronroneó la rubia, y los ojos le brillaron con un placer enfermo que Cassidy conocía de memoria—. Qué susto nos diste. Todos pensamos que esta vez sí te nos ibas.

Esta vez.

Cassidy guardó esas dos palabras como quien guarda una bala en la recámara.

—Leonor —dijo, y le sonrió de vuelta con toda la dentadura—. Hermanita.

Que empiece el baile.

1
Guadalupe Flores
Listisima para la siguiente cassidy. Solo me falta mi soda que ya viene en camino. Y listoooo. Comenzamos
Guadalupe Flores
Solo tengo una duda se va quedar con las concubina las va dejar en el castillo o. Les va resarcir. Y falta saber quien la quiso matar en el castillo
Guadalupe Flores
😭 Fuerte capitulo. Cassidy y las hierbas que leíste tanto. Piensa mujer. Tienes el conocimiento y con la ayuda del Dios que te trajo va vivir.
Sandra Chana
Me encantó. Felicitaciones autora.
Guadalupe Flores
Otra vez error. Muerto el perro se acabó la Rabia.dale cuello
Guadalupe Flores
Y la prueba en la sabana?
Guadalupe Flores
Maldicion es de madrugada y no puedo dejar de leer. Mañana voy a parecer mapache
Guadalupe Flores
De México y sin duda Cassidi se gana toda la novela. He leído un centenar de novelas donde muchas veces gusta más el personaje antagonico secundario etc. Pero a cassidi no la tumba nadie
Guadalupe Flores
Esto está de infartooo
Guadalupe Flores
Inguesuuu. Este misterio está buenísimo. Y si le das lo mismo al Rey para que se vaya apagando 🤣🤣
Guadalupe Flores
Ese. Rey se cree listo pero Cassidi es más que se case y en la noche de bodas le de matarili. Y ella queda como la reina viuda he que tal. Luego después del luto se case con el guapo mayor🤣🤣
Guadalupe Flores
Y el Óscar a la mejor actuación es paraaaa. Cassidyyyy😂😂
Guadalupe Flores
Siii me encanta que hagas una zaga con cassidi. 😂
eljardindeadri
escritora una novela muy bonita de principio a fin. pero al,principio según con Daniel tuvo tres hijos y al final sali que no, y ella se llamaba Aurora por que los hermanos le decían cassydy. me hubiera gustado una historia por casa hermano, pero bueno vamos por la siguiente historia
Luz Angela Castillo Ramirez
😭😭
Sandra Chana
👏👏👏 chapeaux!
Margarita Acuña Cerda
Lo peor es el poder el rey hace lo que quiera ,ahítame este tiempo quien tenga poder hace lo mismo simi miremos al demonio de trump o los narcos 😔😔😔😔😔
Margarita Acuña Cerda
Y por favor hecha a las putizorras también 🤭🤭🤭3
Roxana Gardilcic
eres genial!! un nivela alucinante!!
Margarita Acuña Cerda
Oye autora es muy entretenida la novela me encanta🤣🤣🤣🤣🥰🥰🥰
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