NovelToon NovelToon
Debajo De Tus Sábanas

Debajo De Tus Sábanas

Status: En proceso
Genre:Romance / Amor prohibido / Traiciones y engaños
Popularitas:2.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Miliarias

Todos sabían que Víctor Moreira se había convertido en un hombre solitario tras su reciente y complicado divorcio con Ángela. Desde entonces, se había concentrado exclusivamente en una sola cosa: ser un padre intachable, enfocado en su trabajo y, sobre todo, en proteger el bienestar de su hija Angélica, una adolescente de quince años.
Pero nadie sabía sobre esos deseos sexuales que se encendieron con cada mirada recibida por Cecilia Morales, su nueva secretaria de veinte años. Una joven que fingía ser tímida, discreta y sumamente profesional ante el mundo, cuando en realidad ocultaba fantasías intensas y deseaba a ese hombre mayor y con autoridad solo para ella.

NovelToon tiene autorización de Miliarias para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 1

El silencio de la oficina a las siete de la tarde tenía un zumbido particular, de esos que se te meten en la cabeza cuando llevas horas leyendo el mismo contrato corporativo. Víctor Moreira se frotó el puente de la nariz, sintiendo la rigidez del cuello tras un día idéntico a todos los anteriores desde que firmó el divorcio. Sobre el escritorio de caoba, su teléfono vibró, rompiendo la calma. El nombre *"Ángela"* brilló en la pantalla.

Víctor dejó escapar un suspiro pesado antes de contestar.

—Ángela, te dije que la pensión ya está depositada —soltó, sin preámbulos, manteniendo la voz baja y controlada que usaba para no perder los estribos.

—*No te llamo por eso, Víctor* —la voz de su exesposa llegó cargada de esa ironía tan suya—. *Angélica quiere quedarse el fin de semana con sus amigas del colegio y ya sabes lo que pienso de esa libertad a los quince años. Pero claro, como tú estás tan "ocupado" reconstruyendo tu vida de soltero, seguro te da igual.*

—Tengo treinta años, Ángela, no estoy jugando a ser un adolescente. Estoy trabajando. Y Angélica es una chica responsable, si sus notas siguen bien, no veo el problema. Lo hablamos luego, estoy en medio de algo importante.

Colgó antes de escuchar la réplica. Tiró el teléfono sobre la mesa y se reclinó en su silla de cuero negro. *"Un hombre solitario, concentrado en su trabajo, en sus hobbies y, sobre todo, en su hija"*. Así lo definían todos los que lo conocían fuera de esas cuatro paredes. Había sido padre a los quince, había cargado con el peso de una familia antes de saber quién era él mismo, y ahora que todo se había roto, su único norte era ser el pilar perfecto para Angélica. El sexo, el romance y cualquier atisbo de deseo personal eran lujos que simplemente había decidido enterrar.

Hasta que dos golpes suaves en la puerta de vidrio templado interrumpieron sus pensamientos.

—Adelante —dijo Víctor, recuperando al instante su postura rígida, abotonándose el saco del traje oscuro con un movimiento mecánico.

La puerta se abrió y Cecilia Morales dio un paso hacia el interior del despacho.

Víctor la recorrió con la mirada en un segundo que pareció estirarse más de la cuenta. Tenía veinte años recién cumplidos, pero su forma de vestir proyectaba algo distinto: una falda de tubo negra perfectamente entallada que terminaba justo sobre sus rodillas, una blusa blanca cerrada hasta el último botón y el cabello rubio cenizo perfectamente peinado. En sus manos sostenía una carpeta con su currículum. Parecía la definición exacta de la discreción y la timidez.

—Buenas tardes, señor Moreira. Soy Cecilia Morales. Vengo por la entrevista para el puesto de secretaria ejecutiva —su voz fue suave, casi un susurro educado, mientras daba unos pasos hacia el frente.

—Llega tarde, señorita Morales. Cinco minutos tarde, para ser exactos —señaló Víctor, con un tono frío que pretendía imponer la distancia habitual de un jefe.

—Lo lamento mucho. Hubo un retraso en la línea del metro, pero le aseguro que la puntualidad es una de mis mayores virtudes —respondió ella, manteniendo la vista fija en él, sin titubear.

Eso llamó la atención de Víctor. La mayoría de las chicas de su edad se habrían puesto nerviosas ante su tono autoritario, pero Cecilia permanecía imperturbable. Su postura era sumisa, recta, con las manos entrelazadas sobre la carpeta, pero en sus ojos oscuros había un destello que contradecía esa timidez superficial.

—Siéntese —ordenó él, extendiendo la mano hacia la silla frente a su escritorio.

Cecilia se acomodó con elegancia. El aroma de su perfume, algo dulce pero con un toque amaderado y maduro, inundó de inmediato el espacio entre los dos. Víctor tomó la carpeta, abriéndola para revisar sus referencias. Excelente promedio, recomendaciones impecables de su universidad, pero un bache extraño: había dejado su último empleo a tiempo parcial de forma abrupta hacía apenas unos meses.

—Veo que trabajó en una firma de abogados el año pasado, pero renunció de un día para otro. ¿A qué se debió? —preguntó Víctor, clavando sus ojos penetrantes en ella.

Cecilia tragó saliva, y por primera vez, un ligero matiz de incomodidad cruzó su rostro. No iba a decirle a su posible nuevo jefe que su exnovio, un tipo celoso y controlador que trabajaba en esa misma firma, la había expuesto y humillado ante todos tras descubrir los fetiches y fantasías que ella guardaba en su intimidad. No iba a contarle que la habían tildado de "rara" por gustarle el juego de roles y la sumisión.

—Diferencias personales con la administración, señor —respondió Cecilia, modulando su tono para sonar profesional—. Busco un ambiente donde se valore la eficiencia absoluta y donde las jerarquías se respeten con seriedad. Me gusta saber exactamente quién da las órdenes y cumplirlas al pie de la letra.

La forma en que pronunció la última frase hizo que Víctor detuviera la lectura del currículum. La miró fijamente. Había una extraña vibración en las palabras de Cecilia. Ella fingía ser la secretaria perfecta y recatada, pero la forma en que sostenía el borde de su falda y cómo sus ojos recorrían la figura imponente de Víctor —sus hombros anchos, su mandíbula marcada y esa naturalidad con la que dominaba la habitación— delataba algo más.

Cecilia, por su parte, sentía que el corazón le latía en la garganta. Al ver a Víctor en persona, toda la fachada de frialdad que había planeado se desmoronaba por dentro. Ese hombre de treinta años, con su aura de padre protector pero jefe implacable, encendía de inmediato cada uno de los fetiches que su ex había criticado. El tono de voz de Víctor, firme y autoritario, la hacía querer doblegarse de una manera que nada tenía que ver con el trabajo de oficina.

Víctor cerró la carpeta con un golpe seco que resonó en el despacho. Cecilia dio un leve respingo, enderezando aún más la espalda.

—El trabajo aquí es demandante, señorita Morales. No tolero errores, no tolero chismes y mi vida privada, así como los asuntos de la empresa, son estrictamente confidenciales. Si busca un jefe blando, este no es el lugar.

Cecilia se humedeció los labios con un movimiento lento, un gesto inconsciente que capturó la atención de Víctor por completo.

—No busco un jefe blando, señor Moreira. De hecho, prefiero la firmeza. Me adapto muy bien a los hombres que saben exactamente lo que quieren y cómo dirigir —respondió ella, con una discreción tan letal que rozaba la provocación.

Un silencio denso cayó entre ambos. Víctor sintió una corriente cálida recorrerle la espalda, un impulso que hacía años no experimentaba. Esa joven lo estaba retando con la mirada mientras mantenía las manos perfectamente quietas sobre sus piernas. Había un juego de poder implícito que acababa de comenzar.

—Bien —dijo Víctor, levantándose de la silla, rompiendo el hechizo—. El puesto es suyo. Empieza mañana a las ocho en punto. No vuelva a llegar tarde.

Cecilia se puso de pie, suavizando su expresión con una sonrisa tímida que ocultaba el torbellino de pensamientos oscuros que ya cruzaban su mente.

—Muchas gracias, señor Moreira. Le prometo que estaré completamente a su disposición.

Cuando Cecilia se dio la vuelta para salir, Víctor no pudo evitar seguir con la mirada el vaivén de sus caderas bajo la falda entallada. Se quedó solo en el despacho, con el perfume de ella flotando en el aire y una certeza incómoda en el pecho: su ordenada y solitaria vida estaba a punto de salirse de control.

1
Kookie
ojalá subas capitulos muchos
Kookie
tuvieron un bebé
Kookie
ya se la ganó
Kookie
tanto tiempo pasó
Kookie
entiendo a Ceci
Kookie
ya empezó el juego
Kookie
la odiosa de su ex esposa
Kookie
se está poniendo bueno
Kookie
la niña le dió su merecido a esa bruja
Kookie
no tenía que irse
Kookie
más trasfondo de la madre
Kookie
uffffff
Kookie
Ya le confesó 🤭🤭
Kookie
Más capitulos plis
SAQ
Red
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play