Jack Matías siempre creyó ser un chico normal… excepto por los extraños poderes que habitan en su interior. Pero cuando descubre la existencia de un mundo mágico oculto y una mitología completamente distinta a la contada por la humanidad, su vida cambia para siempre.
Guiado por antiguas divinidades y perseguido por fuerzas desconocidas, Jack emprenderá un viaje donde descubrirá su verdadero origen, el poder de la naturaleza y el destino que une a dos mundos.
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Madre tierra
Hace 300 años, los dioses del Olimpo se reunieron para enfrentar una amenaza de niveles caóticos. Ares, el dios de la guerra, intentaba rehacer el mundo. Los humanos habían dejado de creer en los dioses y la fuerza del Olimpo se había debilitado con el paso de los años. Zeus, Artemisa, Athena, Hades y los demás dioses no tuvieron más opción que enfrentar la realidad: estaban siendo olvidados.
Pero Ares no pensaba de la misma manera.
Con toda su magia, convocó a cientos de elfos de distintos reinos para que lo obedecieran y libraran junto a él una de las guerras más sangrientas y decisivas contra el Olimpo y la misma humanidad.
Artemisa, quien había estado ocultando a los humanos del mundo mágico, lideró junto con Zeus y el resto de los elfos una resistencia para evitar que Ares consiguiera su objetivo.
La guerra comenzó. Sangre se derramó y miles de vidas se desvanecieron.
Al final, solo quedaron Ares y los dioses de la resistencia. Pero la energía del dios de la guerra superaba a la de cualquier exhausto dios del Olimpo.
Sin embargo, hubo un guerrero elfo que se levantó entre todos aquellos nobles guerreros caídos en batalla.
Era conocido como El hijo de la tierra, el mortal más poderoso de todos los tiempos.
Gea, su maestra, lo había entrenado durante años para poder hacerle frente al dios de la guerra.
Su nombre era Kaos.
Y así comenzó su batalla por el futuro de la humanidad y el de su propia raza.
Los dioses restantes ayudaron al noble guerrero, brindándole la poca energía que les quedaba.
Una pelea extensa y devastadora se llevó a cabo entre los restos del reino de los elfos.
En un movimiento decisivo, Kaos consiguió herir de gravedad a Ares, pero, como consecuencia, fue atravesado por la espada de oscuridad del dios de la guerra.
Kaos le sonrió a su diosa Gea antes de cerrar los ojos por última vez.
Ares se desvaneció, dejando únicamente su casco de guerra.
Los dioses del Olimpo se reunieron y mantuvieron el casco del dios de la guerra oculto mientras recuperaban su energía.
La diosa Gea lloró por su joven guerrero caído, quien solo tenía 24 años.
Todo el Olimpo le organizó una ceremonia en su honor y enterraron su cuerpo en el Salón de los Héroes, en el reino de los elfos.
Pero no solo se honró al joven Kaos, también a los demás elfos caídos en batalla, incluso a aquellos que habían caído en las promesas de Ares.
Al pasar los meses, los dioses se recuperaron de la batalla y decidieron usar su magia divina para sellar la oscuridad de Ares. Su sello duraría 300 años, tiempo en el cual debían preparar un plan para el resurgimiento del dios de la guerra, pues no podían destruirlo por completo.
Sin embargo, Gea se negó a entrenar a otro guerrero.
Los años pasaron. La humanidad continuó con su vida sin saber jamás lo que había ocurrido.
Mientras el reino mágico prosperaba, la humanidad, por otro lado, demostraba cada vez más su capacidad destructiva: contaminación, guerras, bosques enteros destruidos, ríos secos y especies extintas.
Gea, quien veía todo esto, decidió romper las reglas por primera y última vez.
Con toda su energía vital, convirtió su cuerpo en magia elemental que cubriría al príncipe del reino de los elfos y a su futura prometida.
Gea se había ido, pero no sin antes dejar un mensaje a los dioses:
La unión de los futuros reyes del reino traería a la vida a un hermoso niño, una representación de la misma naturaleza. Un héroe que salvaría al mundo de la mano humana y de la ira del dios de la guerra cuando este despertara.
Este niño sería valiente, honesto, lleno de amor y, lo más importante, poseería una gran nobleza.
Sería conocido como el tercer y último Hijo de la Tierra.