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La Villana Solo Quiere Al Duque

La Villana Solo Quiere Al Duque

Status: En proceso
Genre:Viaje a un mundo de fantasía / Mujer poderosa / Época
Popularitas:14.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Yamila22

¿Qué pasa cuando solo quieres dormir, pero el universo te convierte en la villana más temida del imperio?
Tras morir por exceso de trabajo en su vida pasada sin haber tenido jamás unas vacaciones, nuestra protagonista despierta en un mundo de fantasía. ¿Su reacción? ¡Por fin el descanso eterno! No me importa dónde estoy ni conozco a nadie, solo sé que no pienso mover un dedo. Su plan es perfecto: ser una vaga profesional y recuperar todos sus años de sueño acumulado.
El pequeño problema es que ha reencarnado en el cuerpo de la Duquesa Cassandra, la villana más fría y despiadada del reino, famosa por su mirada sombría (que en realidad es solo cara de sueño) y su temible poder militar.

NovelToon tiene autorización de Yamila22 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 1 El glorioso y patético fin de una adicta al café

Existen muchas formas dignas de morir. Podrías caer combatiendo a un dragón, sacrificarte para salvar a la humanidad o, al menos, resbalar con una cáscara de plátano de manera espectacular para salir en los videos más graciosos de internet.

Yo no tuve esa suerte. Mi muerte tuvo el glamur de una papa rancia olvidada en el fondo de la despensa.

—Por favor, Yamila, necesito el informe de las métricas de rendimiento para ayer —dijo una voz chillona a mi lado.

Era mi supervisor, un hombre cuyo mayor logro en la vida era llevar corbatas con dibujitos de patitos y recordar la contraseña del Wi-Fi de la oficina.

—Ya casi está, jefe —respondí, o al menos eso intenté. Lo que salió de mi boca fue un quejido gutural que recordaba al de un zombi con resaca.

Llevaba exactamente veinticuatro horas seguidas pegada a la pantalla de la computadora. Mi dieta de los últimos tres días se había basado estrictamente en café instantáneo frío, galletas saladas rancias y pura fuerza de voluntad. ¿Vacaciones? Qué palabra tan graciosa. Creo que la escuché una vez en un comercial de televisión mientras programaba una hoja de cálculo a las tres de la mañana. En mis veinticinco años de vida consciente, jamás me había tomado un maldito día libre. Si no estaba estudiando para ser la mejor de la clase, estaba encadenada a un cubículo intentando que los gráficos de barras de la empresa subieran como la espuma.

Mi cuerpo ya no funcionaba con sangre; funcionaba con cafeína y el pánico constante de recibir un correo electrónico con el asunto: "URGENTE".

—Excelente. Cuando termines, revísame la base de datos de los clientes del año pasado. ¡El éxito de la empresa depende de tu rendimiento esta noche! —añadió el hombre, dándome una palmadita en la espalda antes de irse a su casa a cenar un filete caliente y dormir ocho horas completas.

Lo miré alejarse. En ese momento, sentí un tic violento en mi ojo izquierdo. Un tic rítmico, casi musical. Tic, tic, tic.

«Rendimiento», pensé, mientras mis dedos entumecidos seguían tecleando como los de un robot averiado. «Qué bonita palabra. Ojalá el rendimiento me pagara la terapia».

Entonces ocurrió. Sentí un pinchazo agudo en el pecho. No fue un dolor poético ni desgarrador; fue más bien como si un duendecillo interno me hubiera clavado un tenedor en el corazón por pura diversión. Mis ojos se desenfocaron. Las filas de Excel empezaron a bailar frente a mí, transformándose en una masa verde y blanca que mareaba.

—Vaya... qué sueño —murmuré para nadie.

Mi cabeza, que en ese momento pesaba lo mismo que un yunque de hierro, cayó plomiza hacia adelante. El teclado de la computadora me recibió con un frío y plástico abrazo. Mi frente presionó una combinación aleatoria de teclas. Si tuviera que adivinar, creo que morí enviando un correo masivo lleno de la letra "JJJJJJJJJJJJ" a toda la junta directiva. Un final digno de una profesional.

Lo último que cruzó por mi mente antes de que todo se volviera negro como el café sin azúcar no fue un arrepentimiento profundo, ni el rostro de mis familiares, ni un recuento de mis pecados. Fue un pensamiento puro, cristalino y absoluto:

«Si hay otra vida después de esta... juro por Dios que me voy a rascar la panza hasta que me salgan raíces. No voy a levantar ni un lápiz. Es más, si veo un gráfico de barras, lo quemo».

El silencio que siguió fue absoluto. No había alarmas, no había teléfonos sonando, no había notificaciones de Teams interrumpiendo mi paz. Era el paraíso.

O eso creía yo, hasta que sentí algo sumamente molesto. Algo áspero y húmedo me estaba lamiendo la mejilla.

—Déjame en paz, jefe... el informe ya lo envié —protesté, intentando apartar la molestia con la mano.

Pero mis dedos no tocaron el borde de plástico de mi escritorio de melamina. Tocaron tierra. Tierra húmeda, hojas secas y algo que se sentía sospechosamente como musgo blando.

Abrí un ojo. Luego el otro.

Lo primero que vi no fue el techo blanco de la oficina con sus tubos fluorescentes parpadeantes. Fue un cielo de un azul tan limpio que resultaba insultante, enmarcado por las copas de unos árboles gigantescos cuyas hojas brillaban con un extraño tono plateado.

Me senté de golpe, arrepintiéndome de inmediato porque la cabeza me dio tres vueltas. A mi lado, una criatura redonda, peluda y de color rosa con alas de mariposa me miraba con ojos enormes. Al ver que me movía, el bicho chilló y salió volando, dejando un rastro de purpurina flotando en el aire.

Me miré las manos. No estaban mis dedos amarillentos por el uso del teclado ni mis uñas mordidas por la ansiedad. En su lugar, tenía unas manos blancas, suaves, impecables, con uñas perfectamente limadas que parecían no haber tocado el agua de fregar en toda su existencia. Llevaba puesto un vestido de seda de un color granate tan oscuro que casi parecía negro, lleno de encajes complicados, corsés que me cortaban la respiración y capas de tela que pesaban una tonelada.

—A ver, recapitulemos —dije en voz alta, descubriendo que mi voz ahora sonaba extrañamente elegante, profunda y aterciopelada, como la de una actriz de teatro antiguo—. No sé dónde carajos estoy. No conozco absolutamente a nadie. Y este vestido cuesta más que mi riñón en el mercado negro.

Me puse de pie con torpeza, tropezando con los bajos de la falda gigante. Miré a mi alrededor. Era un bosque, sí, pero no un bosque normal. Las flores cambiaban de color cuando las mirabas de reojo y el aire olía a una mezcla de pino y vainilla cara.

Cualquier otra persona en mi situación habría entrado en pánico. Habría gritado buscando ayuda, se habría preguntado por su familia o habría corrido desesperada buscando una carretera. Pero mi cerebro, frito por años de explotación laboral, procesó la información de una manera completamente diferente.

Analicé la situación con la frialdad de un auditor fiscal:

No hay computadoras.

No hay señal de celular.

No veo a mi supervisor por ninguna parte.

Estoy en medio de la nada.

Una sonrisa lenta y gloriosa se dibujó en mi rostro.

—¿Esto significa... que no tengo que ir a trabajar mañana? —le pregunté a un arbusto cercano. El arbusto no respondió, pero sus hojas vibraron ligeramente.

Me estiré, escuchando cómo mi nueva espalda crujía deliciosamente.

—¡Sí! —exclamé, arrojando los brazos al aire—. No sé qué clase de alucinación colectiva o viaje psicodélico es este, pero me lo compro. ¡Estoy oficialmente de vacaciones!

A unos metros de distancia, un riachuelo cristalino corría pacíficamente. Me acerqué con la intención de lavarme la cara y ver qué clase de rostro tenía ahora. Al asomarme al agua, el reflejo casi me hace caerme hacia atrás de la impresión.

La chica del agua era una belleza deslumbrante, pero de una manera intimidante. Tenía unos ojos de un morado intenso, una melena ondulada de color violeta que le caía por los hombros y unos rasgos tan afilados que podías cortar papel con ellos. Pero lo más llamativo era su expresión. Incluso cuando intentaba sonreír de alegría por mis vacaciones, el reflejo mostraba una mueca fría, altiva y letal. Parecía el tipo de persona que te mandaría a ejecutar solo porque respiras demasiado fuerte en su presencia.

—Vaya... tengo cara de pocos amigos. Bueno, no importa. Debe ser el estrés postraumático de la oficina —me consolé a mí misma, restándole importancia.

Decidida a comenzar mi primer día de descanso absoluto, divisé una roca plana y cubierta de musgo que parecía el colchón de hotel de cinco estrellas más cómodo del universo. Se veía perfecta para una siesta de unas catorce horas.

—Muy bien, cama de piedra, tú y yo tenemos una cita —anuncié alegremente.

Caminé hacia ella, pero como nunca en mi vida había usado un vestido con tantas capas, mi pie izquierdo se enredó con el dobladillo del derecho. Perdí el equilibrio por completo.

—¡Ay, mamá! —grité, agitando los brazos como un molino de viento averiado.

Intenté apoyarme en el aire, buscando desesperadamente algo de lo que agarrarme. En mi mente, mi instinto de supervivencia de la vida pasada se activó, el mismo que me hacía reaccionar rápido cuando se caía la taza de café sobre los papeles importantes. De alguna manera, sentí una extraña energía caliente acumulada en la punta de mis dedos y, sin querer, la liberé de golpe mientras caía de bruces contra el suelo.

¡BOOOOOOOOOOM!

Un estruendo ensordecedor sacudió el bosque. Una columna de fuego oscuro y chispas moradas se elevó hacia el cielo, arrasando con tres árboles centenarios, vaporizando el riachuelo por completo y dejando un cráter humeante de diez metros de ancho a mi lado. La onda expansiva me revolvió el pelo y me dejó la cara salpicada de hollín.

Me quedé tirada en el suelo, boca abajo, con una ramita clavada en el peinado y los ojos como platos.

—¿Pero qué de...? —tosí, escupiendo un poco de humo—. Solo... ¡solo quería no caer de cara! ¿Qué clase de física tiene este lugar de porquería? ¡Casi me auto-elimino en mi primer día de vacaciones!

Me quejé dramáticamente, rodando sobre el césped mientras me agarraba la rodilla raspada. El dolor era real, la torpeza era mía, y todo me había salido absolutamente mal en menos de cinco minutos.

Lo que yo no sabía, mientras lloriqueaba en el piso porque mi vestido de seda se había manchado de tierra, era que a pocos metros de distancia, ocultos tras los arbustos, un grupo de caballeros imperiales con armaduras de plata observaba la escena con el rostro pálido y los dientes castañeando de terror.

—Por los dioses... —susurró el capitán de la guardia, temblando mientras miraba el cráter humeante—. La Duquesa Cassandra acaba de destruir un bosque sagrado con un parpadeo... y mírenla, se está riendo en el suelo de lo fácil que fue. ¡Es una psicópata despiadada!

Mis vacaciones malditas acababan de comenzar.

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Paola Cordero
Y yo pence que Iván a ser la tortugita coja el pollito al velador o el salto del ropero jajjaja🤣🤣😂😂😂🤣🔥🔥🔥🔥🔥🔥🔥🔥🔥🔥🔥🔥🔥🔥🔥
Paola Cordero
Jajajaj esta novela es un peligro para la salud pública ajjajaja jajajajajaj
Edith Leyva
realmente está muy buena no paro de reírme 🤭🤭🤭y de imaginarme a ese bombón 😍🥰🥰🥰
Paola Cordero
Ay si fuera la condesa te diría esto Bendita sea la tuerca del tornillo del eje de la llanta del camión que trajo el cemento para hacer la banqueta donde está parado este monumento!". Gidion ❤️❤️❤️❤️❤️
Paola Cordero
Ay si me cruzar con un bombón así me lo comí con limón y sal dale no más dale
Paola Cordero
Ayy jajja llevo 4 capitulo leído y ya me dio un ataque de tos 1 aguantarme de aser me pis y 2 ataques del corazón de tanto reírme 🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣 ayy y 1 enamorarme de ese bombom épico el agarrar la camisa y cerras como si fuera una damicela en apuros noo Dios jajajajajajajajajajaja jajjajaja eso le pasa por ser tan rico. Jajajajajaj
Ivon Caraballo
jajajaja tan bello Félix capaz también es un renacido entre locos se entienden
Esther Martinez
Ja ,ja ,ja ,si que está bastante divertido /Facepalm//Facepalm/
Esther Martinez
Ja ,ja ,ja ,si que está bastante divertido /Facepalm//Facepalm/
Ivon Caraballo
jajajaja demasiado buena
Ivon Caraballo
jajajaja demasiado bueno...el príncipe quedaría mínimo común múltiplo escuchamos y no juzgamos.😂🤣
Ivon Caraballo
jajajaja 🤭 pobrecita lo que quiere es descansar..al parecer va a tener que trabajar más
Limaesfra🍾🥂🌟
🤣🤣🤣🤣 bueno...
Limaesfra🍾🥂🌟
vamos duquesa hace que los bunkers sean mas equipados🤣🤣
Maru Parera
fideo oxigenado 🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣
Maru Parera
silenció, silenció mis antenita de vinil están detectando la presencia de la zorripanda 🤣🤣
Maru Parera
🤣🤣🤣🤣🤣🤣
Limaesfra🍾🥂🌟
mmmmm🔥🔥🔥🔥
Laura
🤣🤣🤣🤣
Laura
y no olvidemos la parte de arrodillarse todas la noches 🫦🫦
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